![]()
Mi pincel es la voz, y me priva la pintura costumbrista. Un día advertí que en la radio faltaba la parodia del cura, tan presente en la literatura, el teatro y el cine español del último siglo (Galdós, Arniches, Mihura, Buñuel, Berlanga…) Ya era España medio laica, y la mitad de la audiencia no sabía lo que era una sotana, un manteo o unos ejercicios espirituales. Pero el padre Bonete, látigo implacable de la lujuria, se armó de latinajos, santorales, soflamas integristas y abundante socarronería, y sorprendentemente logró hacer parroquianos. Algo de la España rancia de este mosén sobrevivía en el inconsciente colectivo. Glotón, resabiado, crítico con la modernidad y fervoroso defensor de la única iglesia (aún espera que Julio César apostate la S final de su apellido, y el papa Ratzinger le aplaude en la sombra) ha sido, como muchas caricaturas, un anacronismo y una simplificación. Algún oyente riguroso le acusó de enemigo de la fe, pero sacerdotes como el padre Daniel, capellán del Atleti y mi amigo Juan Isasa, un marianista con mucho mundo, le dieron su nihil obstat. Abusó de santa Teresa – también entre pucheros anda Dios- para justificar su colaboración con Jorge Prádanos, un gastrónomo ilustrado. Pero aunque es orgulloso y le sobran malas pulgas, hoy pide perdón por haber herido susceptibilidades. Hay más alegría en el cielo por un pecador arrepentido, que por cien justos que perseveran, era su cita evangélica favorita. Y, arrepentido de ofender a las almas pacatas, aunque no de desayunarse unos huevos con torreznos cuando se tercia, monta en su vieja Guzzi Hispania y nos da su bendición final. La radio no es mala de suyo –dirá al despedirse- ¡Quedad con Dios, hijos míos!
Technorati Tags: Jorge Prádanos, Julio César Iglesias, Padre Daniel, Padre Bonete, RNE





Comentarios recientes