
No es necesario creer en la política: basta con soportarla. Pero qué quieren que les diga, estoy tan fuera de la moda que, aunque no me fío de la política, creo en los políticos. Más exactamente, en algunos políticos. Mal que nos pese, los necesitamos. Mi amigo Paco Torres, yendo más lejos que yo, proclamaba contra el tradicional anticlericalismo de los progres que aunque no creía en Dios, sí creía en los curas, porque los había conocido magníficos. Algo así me pasa a mí con los políticos como el que, desdichadamente, acaba de morir. Fue uno de los arquitectos de la constitución más duradera y eficaz de nuestra turbulenta historia, y, siendo su trabajo tan importante, pasó por la política discreta y elegantemente. Como dijera Andreotti, si en los demagogos e histriones que se sientan en el hemiciclo manca finezza, a Gabriel Cisneros la finura le sobraba. Vino alguna vez a nuestras Verbenas de la Moncloa, subrayando con su sonrisa ante Julio César Iglesias, Javier Capitán y el menda que no hay por qué hacer un drama de la res publica. Le llamaban padre de la Constitución. Y puesto que todos los demócratas somos un poco hijos de su carta magna, me despido de él con afecto y sentimiento. Gracias, papá, y descansa en paz.
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Suscribo lo dicho por el autor, siempre me cayo bien, descanse en paz, creo q ya la merecia.
Pero, aprovechando lo del Pisuerga y tal, ya q se menciona la Constitucion, ddigo yo, o mejor, pregunto:
¿ Tantos PADRES y ninguna MADRE ?, nou se, nou se…