Hay nombres más épicos para un velero. Valiente, Gallardo, Hidalgo, Audaz o incluso Temerario. Podrían haber recurrido a esos adjetivos que adornaban a los reyes cuando aún se estudiaba historia de España: Prudente, Justo, Noble, Ceremonioso, o hasta Deseado. Pero hubo un genio al que se le ocurrió lo de Bribón, y con eso nos quedamos. Más aún, a Bribón muerto, Bribón puesto. A saber qué ordinal sigue al barco que, con tan inoportuno nombre participa de nuevo en la Copa del Rey de Vela. ¡Vaya! Ignoro si el barco es de Patrimonio Real, de la Caixa o de José Cusí. También si el Rey tiene los mejores amigos y los más inspirados consejeros onomásticos. Pero el horno no está para bollos: ¿nadie dice que al Bribón hay que enmendallo, y no sostenello? Pienso en los malabarismos verbales de los locutores deportivos para evitar aquello de el Bribón del Rey ganó la regata… Las mayúsculas no se escuchan. Seguro que los muchos anasagastis agazapados, esperan además las lamentables resonancias de esta bribonada. Cámbienle el nombre al velero real. Pónganle Elegante, o Competente, o Campechano. Le cuadran mejor al Rey, y le darán menos carnaza al JUEVES.
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, Bribón, Don Juan Carlos

Felicidades por Blog don Luis. El delito de los nombres es relativo, cuando a uno se lo ponen y puede cambiarlo, es problema de él mismo. El caso es que te rebauticen después de muerto. Como no vele la familia por tu buen nombre… No escuchó a los descendientes de Juana la Loca decir que no estaba mal de la cabeza, que mejor pasara a la posteridad como Juana la Sensata.
Lo peor es cuando uno mismo pone el nombre sin saber la repercusión que eso puede traer. Mira que llamar a un barco real Bribón. Deja mucho a la imaginación. Con lo bien que hubiera quedado Surcador de tomentas.
En relación a nombres de barcos hay de todo, y “Bribón” no es de los más patéticos, aparte de ser una humorada que algún día sabremos. El problema en realidad son los necios que no saben nada de nada y opinan de todo, como el famosín Anasagasti (ejemplar de político que cualquier día veremos en Gran Hermano o similares bazofias de pseudofamosos), que confunde el nuevo “Bribón” de Josep Cusí (el 15º de la saga de “racers”) con el Fortuna (yate real). Si los tontos volasen, no harían falta ni sombrillas ni paraguas.
Me dicen que lo de perpetuar el nombre en los barcos de recreo que van perteneciendo a un mismo propietario es costumbre habitual. Si es así, bien están los nuevos bribones. Pero supongo que, sobre las costumbres de los navegantes, debe primar el sentido común. No es lo mismo un barco cualquiera que el barco donde regatea el Rey. Y aunque no comparto la pataleta abtimonárquica de Anasagasti, creo que más prudencia en la aventuras náuticas de S.M. beneficiarían a la institución.