La noche de las pechugas vivientes

Pechugas de pollo

Era de la España de Carpanta, y le gustaba el pollo. Sobre todo los filetes de pechuga empanados. No demasiado acostumbrado a la compra, aquel hombre llamó por teléfono al pollero de confianza y le encargó unos filetes de pechugas de pollo. Son para empanarlos, no ponga muchos, estoy yo sólo, precisó. Sí, pero ¿cuántas pechugas?, insistía el pollero. Bueno, póngame ocho. Debió remachar quizás lo de los ocho filetes, pero creyó que habiendo dicho que eran sólo para él no habría malentendido alguno. Como no podía ir en persona a la carnicería le pidió a una vecina el favor de que se los recogiera y los pagara. La vecina se presentó en su casa con una bolsa y una cuenta de quince euros. ¿No es mucho para ocho filetes de pechugas?, preguntó. No, ten en cuenta que son ocho pechugas en filetes, total treinta y dos filetes. Primero se cabreó consigo mismo por no haberse explicado mejor, pero luego cargó contra el pollero, pues, aunque ocho pechugas den de sí treinta y dos filetes, a su entender, a nadie se le puede ocurrir que un hombre maduro se las cene empanadas de una sentada. Bueno, no habrá problema -se dijo- congelaré el resto. Vivía en el campo. Al atardecer el cielo se cubrió de espesos nubarrones cárdenos y entrada la noche descargó una tremebunda tormenta que convirtió el cielo en un apocalipsis de rayos y truenos. Saltaron los fusibles. Los fusibles estaban instalados en un armario exterior a la casa. El hombre salió con un paraguas y una linterna, abrió la tapa de los fusibles, los subió y vio que el diferencial no volvía a la posición correcta. Como no entendía nada de electricidad no quiso correr riesgos y se resignó. Fue a la cama con una vela. De repente, cuando a pesar de lo espantoso de la noche estaba punto de conciliar el sueño se acordó de las pechugas. Lamentablemente, se durmió. Y digo lamentablemente porque iba a ser víctima de una atroz pesadilla. Pechugas de pollo antropomórficas en proceso de putrefacción escaban del congelador, cercaban su habitación y se metían por las rendijas de puerta y ventanas como en aquella terrorífica película de Georges Romero. Reclamaban justicia y venganza. ¿Por qué nos compras de más, si luego nos vas a entregar a los gusanos? -chillaban con muy malos modos. Ni sabes comprar filetes nuestros ni sabes reaccionar ante el cuadro eléctrico- acusaban con gritos horripilantes sólo imaginables en pechugas de la peor calaña. Angustiado, se despertó entre sudores y palpitaciones. O al menos eso creía, porque al lado de la cama, vestida con un sayal de seda blanca a modo de vestal, y con una iluminación expresionista que acentuaba la dureza de su gesto, estaba la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega. Eso te pasa por haber tardado tanto en compartir las tareas del hogar y no saber comprar pechugas de pollo ni arreglar unos fusibles-le dijo en tono de inconfundible reproche. Y de entre los pliegues de su vestidura, sacó un Manual de Educación para la Ciudadanía que, con gesto altivo, le ordenó estudiar. Hasta que no lo apruebes -le advirtió inmisericorde- no te dejo escapar de esta pesadilla. Y, como alumno castigado con orejas de burro, cercado por los aullidos de aquellos fantasmas putrefactos, tuvo que empezar a estudiar en la truculenta noche de las pechugas vivientes.

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6 Respuestas a “La noche de las pechugas vivientes”


  1. 1 mamarrachi agosto 27, 2007 a las 11:27 am

    Glorioso post acerca de como el pollo es tan vengativo. Sorprende la presencia de la vicepresidenta, pero yo creo que fue alli más para salvas a las pechugas, que no tirene un sueldo como el de Rajoy y la vida esta cara, que para repernder al hombre. Pero es que claro, como se le ocurre al hombre. Yo me las habria comido todas…
    http://mamarrachi.wordpress.com

  2. 2 el candil de la sierra agosto 27, 2007 a las 1:43 pm

    No me extraña,Luis que relaciones a la Teresa Fernandez,con tus filetes son casi iguales, no tiene debate solo habla cuando tiene su microfono sin interrucciones.Algo tendra que ver seguro la PAJARRACA, con la limpieza ocasionada en esa casa.Por lo demas solo es un problema de paciencia con los seguros,telefonica,la compañia de luz , en fin,es una verguenza que se presuma de pais democratico con lo que esta cayendo.

  3. 3 ana agosto 27, 2007 a las 7:42 pm

    Pues menos mal que solo eran pechugas, imaginate las pesadillas que han tenido los calatanes de Barcelona,
    hace unas semanas, casi seguro, que a estos en vez de Teresa,les ha aparecido el Espiritu Santo.

  4. 4 sergio agosto 27, 2007 a las 10:10 pm

    A mi el corte electrico no me afecto casi nada. Nada más nos afecto en casa tres horas. Però la gente que haria con sus pechugas, cocinaqrlas y guardarlas en un tuper??

  5. 5 dentilla agosto 28, 2007 a las 4:54 pm

    Que estoy de acuerdo con Dª Mª Teresa, con que el carnicero no llegó a leerte el pensamiento y que por favor, cuando termines con el Manual de Educación para la Ciudadanía, me lo dejes para mi augusto esposo que tambien lo necesita.
    Sinceramente
    Dentilla

  6. 6 Esther González agosto 28, 2007 a las 7:18 pm

    Podrías haberle preguntado a Doña María cómo conservarlas en salazón o en alguna vinagreta…. Que para eso están los amigos, para ayudar.

    Besos a todos


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