
Hace cuatro o cinco años Kathleen Turner fue noticia porque en un escenario del west end londinense se atrevió a salir desnuda sin ningún tapujo haciendo el papel de Mrs. Robinson en El graduado. Ya no era la jovencita de La joya del Nilo, y seguramente los pechos caídos hacia arriba de Peggy Sue habían cedido a la inexorable ley de la gravitación de los cuerpos. Atravesaba esa difícil edad en la que las actrices se quejan de que no hay ni guiones ni comedias para ellas. El mundo, y sobre todo el Corte Inglés, los prefiere jóvenes, y las leyes del mercado son implacables para todos. Pero aunque el hombre (y la mujer) es el hombre (y la mujer) y su circunstancia, la cuestión es si se puede manipular ésta a riesgo de modificar también la sustancia. Uno (o una) puede inyectarse botox, hacer virguerías con la silicona, coserse con hilos de oro, añadirse tetas o pectorales, plancharse las estrías, perfilarse los labios, teñirse las pestañas o estirarse la piel del rostro y sujetarla tras las orejas con palometas. Pero también puede degenerar y convertirse en una Barbie o un Ken que difumine los rasgos de la personalidad. El Duende acudió una vez a una cena de amigos y amigas que no veía desde hacía tiempo. Pudo saludar a todos por su nombre, pero con una fue necesariamente menos expresivo. La reunión era en una tasca, y sólo a la altura de la leche frita se percató de que sí, que era ella, la misma presentadora de televisión que durante cientos de telediarios había contado las noticias de forma creíble y con una sonrisa cautivadora. No era la Turner, ni mucho menos aquélla maravillosa Anne Bancroft que desarbolaba la inocencia del joven graduado con uno de los juegos de seducción más perturbadores de la historia del cine. Pero era una mujer madura atractiva, con una piel preciosa una mirada inteligente y una personalidad que, después de pasar por talleres, eran irreconocibles para los que la admirábamos. ¿Será que ya no confiamos en el espíritu que anima nuestro cuerpo? En la larguísima secuencia del baile de El gatopardo -otro peliculón- Visconti, que veía la belleza hasta en la decadencia, muestra en primer plano una rosa cuyo esplendor languidece junto a una taza de café en la que se adivinan los posos. No se por qué diablos tanta rosa madura desconfía hoy del encanto que se puede conservar sin ser el bibelot perfecto. No lo se, con lo que nos encandiló a todos Mrs. Robinson. Oración final aconsejable para gente con fe: no cargues la mano en mis patas de gallo. Pero de los excesos de la cirugía plástica, líbrame, Señor, porque pese a todo quiero seguir siendo quien era..
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siempre me duele pensar en como las gfamosas tratan de burlar al tiempo con tantos arreglos, sobre todo aquellas que han cobrado sus buenos millones de dolares en peliculas, y se niegan a dejar el trabajo y disfrutar de una larga y feliz jubilacion. por el contrario, admiro a Jodie Foster, que tiene valor suficiente para actuar cuando quiere, y aun llegan guiones a su casa. eso si es vivir la vida en el falso e ilusiorio mundo del Ho0llywood moderno.
Es este un tema caliente en Espania? Javier Capitán posteó también recientemente al respecto
http://elblogdelcapi.wordpress.com/2007/08/29/la-formula-de-la-perfeccion/
a raiz de una fórmula matemática para medir el atractivo sexual femenino.
La culpa del tuneo femenino la tienen los hombres. ¿Por qué una mujer a los 50 se vuelve invisible y un hombre comienza a ser un gran seductor? Esto se pude extrapolar a la barriga, las canas, los michelines… Pensad, tal vez sólo sea cuestión de cartera.
Cuando la cirugía estética remedie la artritis, la artrosis, la lentitud, el pasotismo, la falta de paciencia… me operaré. Mientras tanto: ¡Virgencita que me quedé como estoy!
(Las suscripciones ya están operativa)
Sacto, Begoña: me va a valer de mucho a mí el “tuneo” si la dichosa tensión no baja ni en ascensor… Otra cosa es ayudar a la suerte de irse manteniendo sana y ágil con una vida razonablemente sana, en la que según qué potingues echan una manita…
No lo entiendo ni lo entenderé nunca. En general casi todas las tuneadas parecen picadas por avispas. Están hechas como a puñetazos, llenas de bultos y al margen de que ninguna aparenta ser menor de edad (ej. Preysler no parece tener cuarenta y seis años, sino 56 bien llevados, para los que les guste). Personalmente me cambiaría antes por La Bening , Keton o Thompson que no sé si se han tuneado o no pero en cualquier caso están bien restauradas.Por extrapolar el tema, me parce espléndida Marisa Paredes que tampoco sé si ha entrado en la cultura del retoque.
Tengo algunas amigas que se han puesto Botox y palabrita que no están mejor que yo. Quizás algún “blogista” (?) dé testimonio de que es verdad, en caso contrario ruego abstenerse
Este verano paseando por la playa vi el cuerpo de una mujer tendida con el rostro tapado. Tenía pechos siliconados, nada de barriga ni de grasa, parecía una veinteañera. Cuando se descubrió la cara…..¡tendría más de sesenta años! Un poco ridículo, ¿no?
Tengo 32 años y espero llegar a ser una Mrs. Robinson y seducir a graduados con la misma dignidad que Anne Bancroft y Kathleen Turner.
Totalmente de acuerdo con camiseta. Tanto pinchazo acaba pareciendo una picadura de avispa. ¡Benditas las patas de gallo que salen de sonreir!.
Añado dos bellezones más a la lista de mujeres que no necesitan más que su personalidad para seducir: Geraldine Chaplin y Katharine Hepburn.
me había preguntado muchas veces qué pasaría con esos pechos siliconados y perfectos la pasar de los años; porque me parecía extraño que se mantuviesen erguidos y firmes como rocas a los sesenta y en todo caso un cuerpo va envejeciendo, quieras que no, y no parecía lógico que esa parte se quedase impasible. Por lo que dice Macu ya hay resultados visibles. ¿no da grima?
¡Qué tristeza! ¿No hay ningún señor, más que el Duende, que defienda que tenemos que mantenernos cómo somos? …dita sea. Pues a ellos también les cuegan las carnes, se quedan sin culo, tienen barrigas cerveceras y se les nota el paso del tiempo. Hala, ir pidiendo hora para el quirófano, bonitos.
¡Qué tristeza! ¿No hay ningún señor, más que el Duende, que defienda que tenemos que mantenernos cómo somos? …dita sea. Pues a ellos también les cuegan las carnes, se quedan sin culo, tienen barrigas cerveceras y se les nota el paso del tiempo. Hala, ir pidiendo hora para el quirófano, bonitos.
Camiseta seguro que pensamos en la misma, pero decirlo en la red sería, cuando menos, una falta de discrección,
Ahora comprendo porque mi cincuentañera madre va saltando y gritando por el pasillo que la arruga es bella. ¡Vaya subidón le ha dado!
no se como va esto ni a quien escribo, pero este duende es mucho duende
A esther: estupendas tus sugerencias. a las demás; totalmente de acuerdo. Esto de ser mujer implica además de infinitas cosas realmente importantes, que el listón de look está mucho más álto que en los machos, a los que se les excusa casi todo. A carmen; claro que tendrá un subidón tu madre cincuentona te añado un comentario de un amigo sesentón que además de gustarle mucho las señoras las ha jaleado siempre con mucha gracia… este verano cuando ibámos andando a la playa en nuestro un paseo diario,mis dos amigas y yo, nos adelantó con su moto y se paró sólo para decirnos “sabéis que os digo, os vengo viendo desde lejos y he llegado a la conclusión de como me gustan las señoras de mi edad”.
Sólo conozco a dos Chitas, una es familia. Me guatría identificarte
Hay algún hombre ahí???? Por favor que se manifieste!
Miedo me da, camiseta, pero aquí hay un hombre que está de acuerdo con el duende. Es estúpido pretender ser lo que no eres ya, te pomgas como te pongas. Lo más sano es combatir la inevitable decadencia física con aquello que decía el médico de la radio: Mucho trato, poco plato y mucha suela de zapato.
Una amiga, que ya ha cumplido los 60, dice que sólo echa de menos el abrigo cuando va a la playa.
!!!!!Torero!!!!! Joselepapos