No va a reconocer España ni la madre que la parió, anunció en su día Alfonso Guerra. En alguna medida tenía razón. Por ejemplo, en el diario EL PAÍS de los viernes hay una desenfadada sección llamada SEX POPULI donde la gente supongo que más bien joven responde a preguntas tan trascendentes como si lo han hecho en un sitio público. Entonces va Vanesa, 33 años, Reus, secretaria, y responde, por ejemplo, que me pone hacerlo en lo alto de un buzón de correos, o en el sillín de la Yamaha de mi novio después de aparcarla en la puerta del CORTE INGLÉS. Para estas cosas hay que tener poco pudor y muy bien las articulaciones. Pero si la novia, compañera sentimental, amiga, rollito o como se le llame no reúne esos requisitos y es una chica sensible también puede que le guste recibir algo inmaterial -un pensamiento bien escrito, un poema o una sencilla canción-especialmente hecho para ella. Suena muy antiguo, pero es muy eficaz. Vivimos un mundo donde las cartas sólo traen publicidad o adeudos en nuestra cuenta corriente, y raramente el móvil o el correo electrónico nos recuerdan que somos gente maravillosa, y que alguien nos ama intensamente. Cualquier expresión de amor o de afecto que resulte original en la forma y romántica en el fondo ha de ser bien recibida. A algunos la idea les parecerá una chorrada, y se que muchos otros, aunque lo hayan pensado alguna vez, se sienten incapaces de hacerlo. En la guerra había soldados escribidores de cartas a la novia de un compañero analfabeto que se la dictaba. Y ahora, de la misma forma que hay cirujanos que arreglan la estética y decoradores que ponen bonita la casa de otros, hay profesionales de la escritura, de la música y de la imagen que harán este trabajo para quien lo solicite. Al Duende le han propuesto sumarse a una iniciativa así, y le ha parecido estupendo. Trabajar sólo para decir cosas agradables a quien seguramente se las merece, pero no las escucha porque no saben como decírselas. Qué buena idea. Si triunfa, lo de SEX POPULI se va a quedar pasado de moda, les digo. Y encima, sin castigar las articulaciones.
Archivos para 20 agosto 2007

Aunque uno se haga añejo no acaba de romper amarras con esa patria que es la infancia. Las patrias tienen su bandera, y para el Duende ésta la encarnaban los juguetes de hojalata: tartanas, motoristas, autobuses, cochecitos, camiones y otras muchas piezas de marcas como PAYÁ, RICO, SAN JUAN, VERDÚ Y HERMANOS, JYESA…Trabajaba yo en mi primera agencia cuando un día descubrí en la mesa del gran diseñador Pepe Cruz Novillo el famoso autobús de dos pisos de RICO. Era rojigualda, como la bandera de España: “probablemente para ir iniciando a los niños de entonces en el amor a los símbolos del llamado imperio”. Aquel autobús fue el chispazo que me devolvió la imagen y el aroma de la patria perdida. Y me propuse recuperarla. Durante algún tiempo busqué juguetes de hojalata como los que había visto años atrás en los escaparates de jugueterías, de cacharrerías y hasta colgando de una cuerda en tenderetes de feria. Junté más de doscientos piezas ingenuas y coloristas, como pequeñas teselas que componían el mosaico de la niñez. Y pensé que sería bonito exhibir y compartir el tesoro recuperado en la tierra que me hizo feliz. Es decir, en Candeleda, donde un antepasado puso pie y me permitió aprender las cosas del campo. Sería bonito reunir los juguetes de mi infancia en el espacio donde más disfruté de ella: ¿por qué no cederlos para una especie de pequeño museo? Sería UNA INFANCIA DE HOJALATA. Sólo un candeledano, entre los muchos a los que conté la idea, la apoyó con entusiasmo. Es Paco Gil, profesor de matemáticas y fundador de un colegio en Madrid. Tal vez por tratar con niños y entenderlos ha sabido ver el punto pedagógico y tirón turístico que puede aportar al pueblo esta curiosa iniciativa. Paco es inquieto y creativo, y está obsesionado por ligar casticismo y tradición con la innovación y la modernidad. Por eso ha abierto su Casa de la Judería a los juguetes del Duende. También por eso alimenta varias páginas webs que tratan de promocionar Candeleda y su comarca, y además me ayuda todos los días a actualizar este blog. Paco, el hombre que creyó en los juguetes de hojalata, está demostrando ser un gran amigo, que es algo que no puede faltar en ninguna infancia, Aunque sea, como ésta, una infancia recuperada sentimentalmente. De acuerdo, amigo: que nadie nos quite al niño que aún llevamos dentro.
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¿Dónde termina el simple lector curioso y comienza el que podríamos llamar lector culto? El Duende sólo es lo primero, y aunque busca en sus lecturas algo más que el simple entretenimiento, se estrella a menudo con libros que le superan. Uno de ellos fue Gárgoris y Habidis, un fenómeno editorial que dio a conocer al polémico Fernando Sánchez Dragó en los primeros tiempos de la democracia. Fue el libro de moda: si no lo leías, no accedías al parnasillo que otorgaba el placet de lo in. Caí en la trampa y le metí el diente. Por un galimatías de fechas, nombres y datos históricos tan pintorescos que parecían inventados, desfilaban desde Prisciliano a don Serafín Arrieta. El primero fue un obispo hereje del siglo IV que según el autor fue pieza clave para comprender la historia de España. Tan esencial, un suponer, como don Pelayo, el Cid o Isabel la Católica. El segundo era un marianista vasco con boina muy querido por todos los que estudiamos en el Colegio del Pilar de Madrid, no tanto por sus enseñanzas de historia como por repartir el material deportivo. Yo también fui alumno de don Serafín y jamás le oí hablar de Prisciliano. Como además me arrollaba la audacia erudita de Sánchez Dragó, cerré el libro sin rematarlo y lo almacené en el anaquel de arcanos que le dejan a uno pasmao. No hay mal que por bien no venga. Aquel vale todo que parecía descoser la cultura oficialista me sirvió para inspirar la obra maestra de Esmeralda Clamores Pitorros de mi España. Esmeralda presumía de que en el macrobotijo con diecisiete pitorros en el que se desarrollaba su espectáculo no era sólo la metáfora de la nueva España autonómica, sino el crisol donde su fundían los mejores libretistas, desde los padres de la Constitución, hasta Quintero, León, Quiroga, Gonzalo de Berceo, Santiago Bernabéu, Muñoz Román y Ramón y Cajal (sic). La apoteosis de la empanada mental. Para mayor surrealismo, aquella merdé culminaba en una escena final gloriosa: de cada uno de los diecisiete pitorros bajaba una vedette tapando sus curvas con los colores de su bandera autonómica y, alrededor de la patria (o sea, el botijón rojigualda) que les daba su razón de ser, cantaban el pasodoble Banderita en inglés, pa que se entere er mundo de lo que es España: little flag you are red, little flag you are yellow…Esmeralda ha repetido esta copla cientos de veces. El catedrático Andrés Amorós habla de ella y de Little flag en su libro Luces de Candilejas, un ameno repaso de la historia del espectáculo español en el siglo XX. El pintor Eduardo Arroyo, que es locuaz, vacilón y rompedor de mitos, cayó embrujado por ella en una larga noche de copas y cantares. Abocetó su rostro de folklórica racial y comprometida y luego modeló una escultura serial que aún se puede ver en galerías y salas de subasta. Esmeralda Clamores al fin triunfa. Aunque no estrene nunca su genial espectáculo, será la primera ficción radiofónica que entra en en la historia del arte.
- Gárgoris y Habidis, Fernando Sánchez Dragó
- Luces de Candilejas, Andrés Amorós. EDITORIAL AUSTRAL
- Eduardo Arroyo
Se supone que ni los duendes estamos para otra cosa que travesuras, ni agosto es mes para entrar en honduras. Pero qué le vamos a hacer: a veces el Duende, cual vulgar croqueta, se reboza de actualidad sombría y se convierte en material sensible. En estos casos es una suerte tener amigas como la doctora Blanca López Ibor. No es especialista en desarreglos de la mente, como pudiera sugerir su apellido, sino en oncología infantil. Lo que, a la postre, resulta a veces más eficaz para un deprimido que el más mullido diván de Freud. Mi querida doña María suele aplicar a sus cuitas una de esas frases-ungüento que prodiga la sabiduría popular. Todo es correlativo –sentencia creyendo que el prefijo le da más lustre a la relatividad de cualquier mal. Y tanto: todo es nada cuando tienes entre manos a un niño y su cáncer. Blanca es una mujer encantadora y atractiva, y puedes estar con ella horas sin saber que, como tanta gente admirable, ríe para escapar del dolor humano más acerado, que es el que se ceba en un niño. Vino alguna vez a RNE con sus enfermitos, que se apasionaban descubriendo en la radio a mucho duende camelista. Y esta experiencia nos llenó de satisfacción, como siempre que algún galeno valora nuestra risoterapia (término que me temo no existe). A veces, Blanca estremece a sus amigos con un SMS lacónico en el que pide una oración para uno de esos niños. Lamentablemente ya no le podrá curar, pero, de rebote, ese memento sana a otros muchos que nos pasamos de llorones. Viene a reconvenirnos, con cristiana inocencia: capullo, si vives…¿de qué te quejas?

Ni un día pasa uno sin leer los renglones torcidos de Dios. Cuando no es un jinete del Apocalipsis cabalgando por Irak es un terremoto de muchos grados en la escala Richter y miles de víctimas, generalmente lejos de la rica y noble Europa y casi siempre pobres. En un tiempo le buscaba raíces razonables a la fe, y recuerdo que leí un ensayo, creo que de Jacques Maritain, que trataba de conciliar la existencia de Dios con la del mal. Debo de ser algo corto de mollera, pero no salí nada convencido. Algún padre Bonete que me encontré en el camino le echaba la culpa de todo al pecado, como si en Perú, en Irak o en Darfour se acumulasen muchos más pecadores que en Saint Tropez o en Mallorca. Qué pena, porque buenas intenciones para entender tanto contradios como ofrece el mundo no me faltaron nunca. Recuerdo ahora a Lobo Antunes, un escritor al que he leído poco, pero al que admiraré siempre por esta frase que encabezaba uno de sus artículos: el azar es el pseudónimo que utiliza Dios cuando no quiere firmar. Y acabo con una oración improvisada:
¡Oh Señor todopoderoso!
Tú que eres perfecto,
haz un mundo del que no tengas que avergonzarte
Los demás haremos lo que podamos,
Pero, por favor…
…¡firma con tu propio nombre
al pie de la página de cada día!
AMEN
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Me acuso de haber dudado de Ti. Me acuso de tomarte poco en serio. Me acuso de andar como un funámbulo por la peligrosa cuerda del relativismo, jugando a que si por un lado me tira la razón, por el otro me salvará la fe. Yo, señor, dudaba de Ti porque desde la temporada 1995-1996 habías condenado a mi equipo no sólo a la mediocridad, no sólo al ostracismo, no sólo a la desesperación de la grada, no sólo al ridículo de sus directivos y técnicos…Sino, sobre todo, a no volver a jugar jamás al fútbol. Pero ayer…Ayer mi Atlético de Madrid volvió a un torneo europeo con todos los honores y ganó con autoridad, y divirtió al público, y marcó tres goles, más uno injustamente anulado por el berzotas de turno…Y además, oh Señor…¡jugó al fútbol!…Corrió, acorraló al rival, trenzó jugadas, hilvanó pases, se desmarcó con sentido, no pifió ni un balón en defensa…Y ahora, Señor, una curiosiad: lo de fichar a futbolistas serios como Forlán, Raúl García, Simao o Reyes, lo de convencer a Maniche y Seitaridis de que deben hacer aquello para lo que se les contrató y, sobre todo, lo de no poner al Kun Agüero en el banquillo, sino en el campo…¿es milagro tuyo, o es sólo sentido común?
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Carlos Herrera era entonces un tipo simpático y con abundante desparpajo que había inventado Las coplas de mi SER. Un programa donde, entre bromas y veras, con su ración de ternura y espoliques de ironía, devolvía el protagonismo a las folklóricas. Se lo merecían: sus coplas y tonadillas acompañaron muchas horas de plancha y fogón de nuestras madres. Se rescataba el tesoro de música popular que Basilio Martín Patino ya había reivindicado do con nostalgia y amargura en Canciones para después de una guerra, una película que emocionaba y enseñaba historia. Pero esa mirada compasiva al pasado inevitablemente franquista era superada por los sueños de grandeza y modernidad que vivía la España del cambio. La EXPO, los Juegos Olímpicos de Barcelona, el AVE, la movida madrileña, el ingreso de España en la Comunidad Europea, Almodóvar…Y las folklóricas, que habían saltado de la gramola a la tele, cada día más vecindonas lenguaraces. Por entonces en el Madrid de Tierno Galván alguien propuso levantar en el Polígono de Valdebernardo una esfera armilar gigantesca. El noble proyecto de Rafael Trénor -un artista valenciano de exquisito gusto- naufragó por culpa de un escándalo inmobiliario, pero ese monumento nonnato sirvió para alimentar la razón de ser de Esmeralda Clamores, una folklórica incomprendida que ha convivido con el Duende -sólo artísticamente- durante más de veinte años. Esmeralda, que presume de ser la inventora de la copla repentizá solía aparecer semanalmente en el tramo final de La verbena de la Moncloa y, con la ayuda inestimable del maestro Paco Mendoza y su piano y alentada por el Coqui, que era su manager, improvisaba con voz de urraca soprano una sentida copla en homenaje al personaje invitado. Ministros y ministras, alcaldes, presidentes de comunidades autonónomas, actores, escritores y otras eminencias de la época se llevaron su tributo lírico repentizao en la voz impagable de esta genial folklórica. Pero Esmeralda no se contentaba con el triunfo efímero. Contagiada por el delirio colectivo que nos hacía creernos en el país de Jauja, soñó estrenar la revista musical definitiva, el no va más del espectáculo, la fusión artística entre la España eterna y la del cambio. Se inspiró en la esfera armilar de Trénor para idear como espacio escénico un gigantesco botijo con diecisiete pitorros, porque, una es mu constitucional y muy autonómica, pero España es una unidá de botijo en lo universal. Y así es como nació Pitorros de mi España, la deuda permanente que la cultura tiene con esta brava mujer. Su vehemencia admirable y su ambicioso mensaje demandan otro blog. Y por respeto a la justicia histórica, se lo dedicaremos, palabra.
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Más que el fútbol me gusta el Atleti. Lo cual puede significar que soy adicto al romanticismo, al existencialismo sartriano (ya se sabe: la angustia de vivir, la náusea, etc) o al puro masoquismo. Qué le va a hacer uno, si la vida le hizo rojiblanco. Y sólo aprecio a Bernard Schuster por sus años en el Calderón, donde me deleitaba la elegancia de sus pases y la calidad de su champú (es una chorrada de observación, pero no me negarán que aquellos vaivenes de olas rubias cuando corría – no mucho, por cierto- sólo eran comparables a los de la testa de Luis Cobos). También aplaudí su trayectoria de entrenador en equipos digamos modestos. Hasta que ha llegado al Real Madrid, claro. Aquí podría contestar lo mismo que Luis Mazzantini, aquel torero que cuando se retiró se enganchó a la política. ¿Cómo se puede pasar de matador de toros a gobernador civil? -le preguntaron. Y el hombre no se anduvo con rodeos: muy sencillo, degenerando. Es el triste sino de los entrenadores que escalan posiciones y llegan a clubs de los llamados grandes. Salen del Getafe, donde han triunfado con jugadores como Casquero, Güiza y Pachón, que no entrarán ni en la agenda del Chelsea ni la del Milan, y en un Madrid que ata los perros con longaniza de ibérico puro aún les parecen poco Guti, Robiño, Saviola, Batista, Pepe, Metzelder, Cannavaro, Van Nistelroy, Sneijder, Drenthe…Siempre echando de menos a un Kaká o a un Robben. Aquí en el mundo del fútbol todos tiran con pólvora del rey, ya sea para comprar un defensa a cojón de mico o un extremo al precio de un pozo petrolífero. Se recalifica un solarcillo más y a seguir comprando. Ahora el llorón es el mismo Schuster que el año pasado tenía el mérito de hacer buen fútbol con jugadores buenos, no con estrellas. Le falta el valor de Mazzantini para reconocer que un buen entrenador puede degenerar rápidamente en nuevo rico del fútbol.
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Por ser la Virgen de la Paloma
Publicado agosto 15, 2007 Memorias de la radio , Sociedad 3 ComentariosHace unos días estuve huroneando en otros blogs. Quería aprender algo, y me asomé al de Joaquín Leguina, al que admiro como buen escritor después del mucho poder que tuvo en la política. Su post era un cuento breve escrito en primera persona: la historia de una conquista amorosa en un trayecto de ascensor. Me sorprendió positivamente por dos motivos: no mencionaba ningun tema de actualidad y, fantaseara o no, era de un tono intimista. Qué suerte la suya. Los escritores cuajados tienen la suerte de concitar el interés con sólo anunciar su nombre al pie de unas líneas. Y, a partir de ese momento, ganan nuestra complicidad con una historia o un pensamiento que no necesitan ni el glamour de Capote ni la autoridad intelectual de Kierkegard. ¿Se puede cocinar así también un post? Sea la respuesta positiva o negativa, hoy, por ser la virgen de la Paloma me voy a saltar las reglas a la torera. Es 15 de agosto, los pueblos de media España procesionan a sus vírgenes patronas, y muchas palomas, begoñas y otras advocaciones de la Señora celebran su onomástica. La paloma, a pesar del Espíritu Santo, de Noé y de Picasso, se ha convertido en una leyenda urbana ingrata. Carlos Herrera, que reparte ambrosía o vitriolo según le venga, les llama ratas con alas. Yo me quedé siempre en su primera buena fama, la de cuando estudiábamos -pásmate, gobierno- Historia Sagrada. Y desde las torcaces y mensajeras, a las de maíz o algunas otras de carne y hueso, casi todas me han caído bien. Tengo una hermana Paloma que es adorable, una de las personas más buenas y generosas que conozco. Otra Paloma de ojos verdes y frondosos como debió de ser el Edén, me volvió loco cuando yo no era más que un tímido estudiante. Lo pensó mejor, se casó con un italiano y hoy vive en la isla de Elba, donde espero que funcione la línea ancha para que constate que aún me acuerdo de ella cada 15 de agosto. Pero la última Paloma a la que quiero rendir hoy homenaje es a mi compañera de RNE Paloma Arranz, una de esas piezas fundamentales en cualquier programa donde preste su entusiasta colaboración. Es despierta, competente, servicial, sensible y está enseñada a no responder nunca sin una sonrisa. Tiene una voz refrescante que a mí me parece hermosa, y me identifico mucho con ella porque, como me ocurre a mí, a veces baila las palabras de su sitio . Muchas felicidades, Paloma. Y no olvides que la de Alberti también se equivocaba…y no por ello dejó de emocionarnos.
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No hay una buena caricatura sino un buen modelo. O, dicho de otro modo: la caricatura está en el personaje. Los duendes sólo moldeamos el material hasta conseguir un trasunto verosímil. Acuérdense de Fraga, de Bono, de Di Stéfano, de Antonio Gala, del aplaudidísimo -y, a mi gusto, también empalagosísimo- Boris Yzaguirre: qué poco hay que añadirles para elaborar una imitación plausible. Esta premisa se complementa con aquella otra conseja para el imitador: no te esfuerces en retratar a nadie que no sea muy conocido. Si el original no ha calado en la memoria popular, por perfecta que sea, de nada servirá tu recreación. A la ministra de Fomento Magdalena Alvarez, dentro de lo que cabe, le ha llegado el estrellato en un momento afortunado: los bromistas estamos de vacaciones, y hasta la presente crisis no era tan conocida. Aunque ayer improvisamos Javier y yo este podcast dedicado a ella, sus ruedas de prensa dan para infinitos sketches. No es, sin duda, ninguna incapaz: creo que pertenece al cuerpo de Inspectores de Hacienda, y que es mujer con preparación y, cuando quiere, con encanto. Con Alvarez Cascos, cierto, no quiso. Y con el micrófono delante parece que tampoco: seduce con su palabra como lo haría un miembro del extinto Cuerpo de Peones Camineros. ¿Irá en el cargo? Voz ronca, gesto poco simpático, expresión torpe, dicción nada delicada… Si uno no la viera -y no es mal parecida-, dudaría que habla una ministra. Con lo pulcro y bienhablado que es ZP, y la importancia de la comunicación para la imagen de cualquier gobierno…O esta Magdalena se consume pronto, o nos va a cundir más que la de Marcel Proust.
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No le pongas la cara a la voz que te ilusiona
Publicado agosto 14, 2007 Memorias de la radio 15 Comentarios
¿Quién dijo aquello de ojos que no ven corazón que no siente? Desde que he puesto en marcha este blog todos los días me entran comentarios. La inmensa mayoría de ellos, oyentes y de RNE y seguidores de muchas de las voces que ahora cesan. Algunos no nos vieron nunca, otros tan sólo aquel día que hicimos el programa en tal o cual ciudad. Pero en el fondo de casi todos late un corazón que parece sentirnos como cosa propia. ¡Qué responsabilidad!… Uno de mis mejores amigos radiofónicos se llama Miguel Angel Fernández, un barcelonés que un día decidió instalarse en un pueblecito del Somontano oscense y abrir un delicioso hotel rural con nombre sugerente: Posada de Lola. Viaja a Madrid con alguna frecuencia, y jamás dejaba de asomarse a los estudios para vernos en acción. Sois mi familia, me respondió una vez que le pregunté por el origen de su adicción. Esta dependencia se respira en numerosos comentarios en los posts, sobre todo cuando se refieren a los más veteranos, como Julio César. Considerándome -como creo que mis compañeros- tan querido, me pregunto a veces qué caras pondrán a nuestras voces. La radio no la ve nade, pero donde no trabajan los ojos lo hace la imaginación. ¿Nos verán altos, guapos, esbeltos, con barba? ¿Puede ser una voz el lápiz capaz de dibujar a quien no se ve? Suelo recomendar a los fan que todavía encuentra uno por ahí que no se afanen por vernos en directo. Yo sentía adoración de niño por Pedro Pablo Ayuso y por Joaquín Portillo -dos de los galanes del cuadro de actores de Radio Madrid- hasta que mi padre me llevó a un festival donde actuaban cara al público. Resultó que Ayuso era un señor con tripita cervecera, y Portillo otro cuya planta no cuadraba nada con el Diego Valor de los tebeos o con el que imaginaba yo al oír el serial de las tardes. Hoy en la radio hay caras ya muy conocidas de otros medios. Pero si el oyente se queda prendado de una voz, mejor que no se empeñe en ponerle cuerpo a su ilusión. Rembrandt no tenía por qué ser guapo, ni John Lennon sería seguramente el mejor conversador. Todo el que crea algo (desde una obra de arte a una ilusión radiofónica) seguramente da en ello lo mejor de sí. Detrás, se lo aseguro, solo quedamos gente corriente. Encantada, eso sí, de que, aunque los ojos no nos vean, los corazones nos sientan.

Si non é vero, é ben trovato… O sea, aunque pueda no ser cierto, es un acierto. Eso creo que pasó con el Leopoldo Calvo Sotelo que inventamos a través del llamado Poldo Mix, volumen recopilatorio de sus inolvidables chistes. Sí, no se quede estupefacto. Peridis lo caricaturizó en sus viñetas de EL PAIS como una esfinge, lo cual cuadraba perfectamente con la imagen hierática que el hoy duque de Ribadeo afectaba en sus intervenciones públicas. Pues bien, nosotros elegimos otra composición, como dicen ahora los actores para interpretar a un personaje. A don Leopoldo, que nunca fue un político popular y que lucía una imagen fría y más bien triste, unos cuantos periodistas se empeñaron en presentarle como un prodigio de ironía inteligente y un modelo de humor británico. El hombre había apuntado detalles. Por ejemplo, un día en el Congreso, para indicar que el pulcro presidente Lavilla tan justo en su palabra y con sobrada fama de hombre bueno ya ocupaba su sitio, como si fuera el Santísimo, avisó a su grupo parlamentario: vamos al escaño, que Landelino está expuesto. Otra vez, para marcar distancias entre la guerra de las Malvinas y lo que podría surgir un día entre España Reino Unido a cuenta de Gibraltar, fue sentencioso: aquel es un conflicto distinto, y distante… No creo que el pueblo llano se deshiciera en carcajadas por estas apreciaciones, pero nosotros tomamos el rábano por las hojas, y recreamos un Calvo Sotelo tan convencido de su vis cómica que se lanzó a emular a Chiquito de la Calzada contando chistes con un estilo muy peculiar. Imposible explicar que aún con tan poca gracia se puede construir un juguete cómico: hay que escucharlo. El caso es que el disparate hizo fortuna, y, paradójicamente, aún siendo el presidente más breve de nuestra democracia, es el único que no ha dejado de estar de actualidad permanente en nuestro carro de títeres. Sentido del humor sí tenía el original, y a veces con su dosis de veneno. Habíamos incluido un Poldo mix Capitán y yo en la viñeta cómica que precedía a la entrevista del día. Julio César Iglesias, que era entonces el presentador de Buenos días, no solía conocer de antemano nuestros propósitos, y se encontró de sopetón, tras la fantasía, al auténtico Calvo Sotelo, supongo que no precisamente contento. ¿Qué le ha parecido su caricatura? -se atrevió a preguntarle un poco titubeante para salir del apuro. Como todas, exagerada -puntualizó don Leopoldo- Lo que no entiendo es por qué, después de escuchar a la caricatura, tiene interés en el de verdad. Aunque Julio siempre fue un gran lidiador, después de aquel gañafón sólo pudo despachar una faena de aliño.
Puedes escuchar un capítulo del poldomix pinchando aquí.
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¿Cuánto tarda en arraigar el sonido de un programa de radio en el oyente? ¿Cuántos meses pasan antes de que éste se familiarice con un timbre de voz, un estilo de dicción o un discurso? ¿Cuántas semanas necesita une melodía para engancharse como un imperdible a un contenido radiofónico? No quiero desanimar a nadie, porque además el Duende no puede ser ejemplo: jamás se presentó citando su nombre y apellidos, y casi siempre habló por boca de otros. O sea, las pistas mínimas. Pasaban los meses, incluso algún año, y el menda seguía siendo un ovni de la radio. La moraleja es sencilla: el éxito en la radio se llama familiaridad, y hacer esa familia lleva su tiempo. No voy a poner en duda el talento y la profesionalidad de Juan Ramón de Lucas y de Tony Garrido, que serán los nuevos dueños de la mañana y la tarde de RNE. Pero les recomiendo paciencia. No se tomó Zamora en una hora, y Zamora, pese a ser la cuna de Julio César Iglesias, no es tan grande como esa especie de cuerpo místico que integran los oyentes de la radio pública en España y en la amplia comunidad hispanoamericana. Por eso, en medio del furor de cambiarlo todo de una vez y cuanto antes, hay que alabar que sobrevivan algunas voces ya clásicas en RNE. Una de ella es la de Pepa Fernández. Que no se me ofenda, pero creo que su mayor mérito es el hacer una radio tan sencilla como los nombres del programa y de su presentadora. Ni el sábado ni el domingo son días cualesquiera, y Pepa seguro que no es tampoco una mujer vulgar. Sin embargo nos habla de política, de cultura, de viajes, de gastronomía, de cine, de música y de mil cosas más sin pedanterías ni maximalismos excluyentes, como una persona amiga y cercana. Me ilustra la lectura de prensa de Giosto Maffeo -aunque la bordara, mientras la hizo, Ramón Pi- me priva ese genio que es Gustavo contando sus historias surrealistas, me divierte Pancracio Celdrán con su rebuscado castellano, casi parodiando su propia erudición, me enternece la nostalgia del musiquero de Íñigo, me interesan mucho las palabras moribundas de Alex Grijelmo y me parece socarrón y entrañable Forges. Eso sí, como no todo van a ser flores, diré que algunos tertulianos me cargan por redichos, lo de escuchantes me parece un cultismo pedante, y lo de los peludos para designar a los técnicos, una chorrada. No obstante No es un día cualquiera me parece el mejor magazine de fin de semana de la radio española, y me hubiera encantado formar parte de su equipo para ir por España con mi carro de títeres como iba Federico García Lorca con la Barraca. Es como el croissant recién salido de la tahona, como el primer café que uno lee tranquilo mientras lee el periódico, como ese rayo de sol tibio que traspasa el visillo e ilumina el fin de semana. Es la voz fresca y familiar de una mujer que, sin pretenderlo, llega muy lejos. Pues que dure: ¡viva la Pepa Fernández!
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Doña María quiere ser modernidad
Publicado agosto 12, 2007 Memorias de la radio , Sociedad 6 ComentariosMe dice doña María que está un poco mosqueá (sic) de ser considerada una antigualla. Más esfuerzos que hizo ella por incorporarse a la modernidad, imposible. Imagínense: venir del pueblo a la capital en los años sesenta, en aquellos vagones de tercera con asientos de madera más incómodos que el palo de un gallinero, servir en casa de una marquesa del barrio de Salamanca, hacer unos ahorrillos, conocer a un fresador sindicalista que hacía la mili en el cuartel de El Goloso de Madrid, casarse, comprarse una vivienda social en el Polígono de la Carretilla, más exactamente en el Bloque los Arándanos, y criar cuatro hijos con infinitos esfuerzos. Todo para encontrarse ahora con el sinvivir del esposo prejubilado, la menopausia encabritá (sic) las hapotecas disparás (sic), la Petra Mari en manos de un psicólogo porque se enamoró de Bisbal y no lo ha podido superar, y el resto de los hijos más viejos que un bosque, pero aún sin volar por cuenta propia. O sea, todo de lo más actual ¿Quiere más modernidá?-me dice. Y me cuenta que para ser fashion no les puso Telesforo, ni Eusebia, ni Cristeta ni Dióscuro, que eran todos nombres de familia o del día en que nacieron, sino Oscar Luis, Tatianita, Petra Mari y Rubén, este último en homenaje a un hijo de Pasionaria.. ¿Es eso antiguo?-se queja- ¡Digo yo que será más bien pogresista (sic) porque los que tienen cuartos bien que eligen para sus hijos nombres suntuarios! Y ella consideraba que, aunque era de origen campesino y clase obrera fetén, no iba a señalar a los suyos con ese marchamo por una cuestión onomástica. A ella le hubiera gustado además que sus hijos fueran brokeres, yurpis (sic) poceros -últimamente dan muy buen resultado- o ejecutivos de Telefónica, pero, velay las cosas, Oscar Luis después de haber sido repartidor de pizzas, mozo de pista de circo, cuentacuentos, guía de turismo y socorrista (al que, por cierto, jamás se le ahogó un bañista), sigue a los treinta y cinco años sin encontrarse a sí mismo, liado con una tragasables armenia y de okupa en una vieja fábrica del corredor del Henares. Mama -le decía cuando le cercaba la policía- Zapatero sacó las tropas de Irak, y eso estaba guay. Pero a mí no me saca de aquí como no me de una vivienda, que es lo que pide el pueblo. A doña María, que en el fondo es gente de orden, las espantadas del crío le llevan por la calle de la amargura, ella ya asimiló hace años que una cosa es predicar y otra dar trigo, y que gobernar no es hacer filigranas de repostería, como hace Zapatero. Pero hay que apoyarle, hijo, tiene carita de niño Jesús de Praga y encima es pogresista (sic), como nos cuadra nosotros. Por soñar imposibles, aspira a que Oscar Luis se integre en el sistema, aunque sea como paseador de perros, que es algo que empieza a estar de moda. Tatianita entretanto se casó con su novio Jeremy, el hoolligan redimido, que ahora no sólo no quema trenes cuando pierde el Liverpool sino que se ha hecho empresario y tiene un pub en Usera. Tatianita y Jeremy tienen dos hijas, Victoria (por la de Beckham) y Beyoncé, que es el de moda en Arándanos y aledaños. Finalmente Petra Mari quiere ser periodista del corazón en la tele, porque chilla mucho y cuenta las vergüenzas ajenas con mucha gracia, y Rubén va de artista, y sigue siendo el líder natural de Gangrena y Sirope, grupo de rock social rabioso y rompedor (mayormente de tímpanos). O sea, un cuadro de lo más actual, que no es óbice para que a ella -y se queja con razón- le vean más cerca de Rafaela Aparicio y de Gracita Morales , que en paz descansen, que de la modernidá (sic). Será porque no tengo un cuerpo Danone- se queja. Pero luego se acuerda de la gran Chus Lampreave – ¿qué tendrá ella que no tenga yo?- y ella misma se diagnostica. Si esta gladiadora del hogar y gruesa de los nervios que es servidora fuera una criatura de Pedro Almodóvar, otro gallo me cantaría. Razón tiene: todo es relativo. Te inventa la vida misma y eres una antigualla, la España de otro tiempo. Pero te imagina…¡Pedro!…y eres pura modernidad.
La vida en la radio es mucho más bella
Publicado agosto 10, 2007 Memorias de la radio 54 ComentariosLo siento, pero hoy me tengo que poner algo cursi y una miajita trascendente.
Hoy viernes se despide Julio César de El navegador. Y también hoy debía yo responder a una oyente que hace una semana me dedicó, con sentidas palabras, la banda musical de la película La vida es bella.
Me retó Julio César a que mi respuesta estuviera a la altura de tan poética dedicatoria. Y cumplo. Un soneto me mandó hacer Julio César, y a las órdenes del jefe me someto.
Allá va.
A Alicia,
la amiga de mis últimos días de radio,
que tuvo la delicadeza de dedicarme”La vida es bella”,
y que simboliza para mí el afecto de todos los oyentes
En RADIO NACIONAL, La vida es bella
me dedicó una oyente cariñosa
Y aquella melodía candorosa
aquí, en mi corazón, dejó su huella
Pues ahora que miro las estrellas
y en mis noches de agosto silenciosas
tantas vueltas le estoy dando a las cosas,
confirmo: qué razón tenía ella
Bella ha sido mi vida, ciertamente
en la radio, de duende sin malicia,
amistando a personas como Alicia,
bromeando con Julio y sus oyentes,
que son, sin duda, causa suficiente
de que hoy su adiós parezca una caricia
10 de agosto de 2007
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