La vida del Duende -como la de muchos, supongo-podría dividirse entre los años de septiembres ominosos y los de septiembres dorados. Antes de que en los Juegos Olímpicos de Munich irrumpiera un siniestro comando terrorista llamado Septiembre Negro y le sellara con el estigma de nefasto, este mes ya era sombrío para las muchachas en flor y los chavales de bigote incipiente . Se acababa el verano, se iba la chica con la que cantábamos a la guitarra en las noches estrelladas de agosto y, para colmo, pendía del cielo la amenaza de las asignaturas pendientes que podría caer y guillotinar los recuerdos azucarados de las vacaciones. Se acortaban los días, se alejaban los baños en el mar o en los ríos, descargaban, atronadoras, las tormentas. Por si ésto fuera poco, no se si Nicola di Bari, Nico Fidenco o uno de esos cantaba melancoliiii, en septiembreeee, eso sólo me quedó de tiii…Y nos despedíamos: ¿volvería ella el próximo verano? ¿Conocería a un chico con Mobylette o con Velosolex? ¿Se echaría novio?…Los inviernos eran larguísimos, y con tanto tiempo en el territorio hostil que era la ciudad podía pasar de todo. Yo odiaba septiembre. Nunca se evaporó del todo la pesadilla, porque aún hoy -consúltese a Freud- sueño a menudo que me tengo que examinar de alguna asignatura pendiente. Pero desde que el Duende es mayor y transita por el terreno de lo consciente, ve el final del verano y el suave aterrizaje del otoño como una liberación y un abrazo balsámico. Se que lo popular es el sol y el calor, los largos días y la vida al aire libre. Y lo entiendo en los países del norte, donde sufren inviernos que son cárceles oscuras y temperaturas que flagelan hasta el alma. Sin embargo cuento los días que debo ponerme abrigo para pasear y aquellos otros en los que salgo a cuerpo y advierto que vivo en un perpetuo verano sólo atemperado por otoños e inviernos francamente cordiales. Cuando del tercio norte para el sur de la península llueve de verdad -no muchos días, observe y lleve la cuenta- suele decir el Duende que llueve como en las películas. Quizás por eso siempre he encontrado en el frío y en la lluvia un aura de fascinación y misterio que no me ofrece a cambio el sartenazo del verano mediterráneo. Me congratuló mucho saber que Luis Buñuel, como cuenta su libro de memorias El último suspiro, era de la misma opinión. También mi colega Javier Capitán, es de estas rara especie de los enemigos del calor. Sin caer el exceso del romanticismo facilón que propicia la estación otoñal recién llegada, debo confesar que llevo dos días de campo entre soles, nubes y chaparrones y me han parecido una delicia. Ver como la naturaleza, aún con el tono crepuscular que impone la caída de la hoja, se recupera poco a poco del lanzallamas del verano meridional esponja el alma. Se vuelve a percibir el aroma de la tierra mojada, rebrota el pasto, el astro rey se retira a una hora prudente. Entretanto van cayendo de su árbol higos, avellanas y castañas. Paseaba el Duende con su nieta Marina y se las dio a probar, todo un descubrimiento cuando se tienen dos años A la niña le gustaron, y sonreía mientras repetía castañas, castañas. Por Candeleda celebran en noviembre las moragás, donde la gente las recoge y las come después de cocerlas con una flor silvestre llamada nieta. Supongo que les da un sabor anisado y agradable. El Duende se anticipó a la fiesta, y con su nieta propia, que es la rubita de la foto, las castañas le sabían más a gloria. Para que luego digan que septiembre y el otoño son tristones.
Septiembre y el otoño amable
Publicado septiembre 23, 2007 Música , Memorias personales , Sociedad 17 Comentarios
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Tienes razón Duende, Septiembre es un mes casi mágico. Por algo los poetas han cantado siempre a ese dorado especial de los árboles y a sus anaranjados atardeceres. Es el parétesis entre el sol y la nieve. Y si lo comparamos con el otoño de la vida,también es un paréntssis entre la juventud y la vejez, una época dorada en la que quizás vivamos con más intensidad que en ninguna otra. Donde el amor, si tienes la suerte de sentirlo,puede llegar a ser más profundo e intenso que en nuestra juventud donde hemos ido saltando de flor en flor, probando nuevas sensaciones a cada paso hasta llegar a este remanso que nos incita a pasear sobre la alfombra que nos brindan las hojas desprendidas del los árboles y de nuesros sentimientos.
Septiembre es la serenidad después del descontrol estival. Las cosas vuelven a su rutina y me parece necesario. En Mayo anhelo el verano, pero en Agosto ya estoy deseando que llegue el momento de ponerme el abrigo y dar algún paseo por la sierra. Me gusta el viento en la cara y los tonos naranjas con que se tiñe el campo, pero sobre todo, me gusta compartir un buen caldo caliente al finalizar una caminata. ¡Eso es vida!
Disfruta de tu Marina y si aún no las ha probado, dale unas avellanas, que ahora también es época y en Asturias hacen de ellas un motivo más para celebrar unas preciosas fiestas.
Saludos a todos.
Después del extasis del verano nos recogemos en Septiembre,es cierto, con el olor a tierra mojada estos dias que ha llovido por todo (y no muy gratamente en algunas zonas,pobres)vienen las nubes blancas bajas y la arena de la playa se endurece,el paiseje acentua los colores,son ahora más oscuros, las tardes se acortan e invitan a las tertulias con pañuelo sobre los hombros o al rincón del libro,los paseos son más pacíficos y si un niño nos recuerda que cada momento en maravilloso seguimos aprendiendo a vivir.
A mí también me gusta mucho el otoño, y el invierno: claro que vivo en una tierra que, cuando se porta como debe ser la cosa, los días invernales son gélidos y luminosísimos, que eso hace mucho. Va a ser que, de no poder disfrutar del mar a cuerpo gentil en verano, mi hábitat favorito es el sofá frente a una ventana que da a un parque de hoja caduca, con libros, pelis, discos y café con leche calentito.
Para mí, septentrional trasladado al sur, septiembre no es todavía la bendición, aunque este haya empezado con lluvias fuertes. Necesito algo más de bruma y de frío; el sudor me mata la piel. También unos trabajadores del Infoca me decían que septiembre solía ser el peor mes del verano, aunque no todo él sea verano, suele arder más que los otros (según me contaban). Y sin embargo, las noches de verano en el monte, para mí que vivo en una zona relativamente alta, con cielos claros y un fresco aceptable… Lo cierto quizá sea es que los meses son como nos los tomamos, dice mi parte razonable; pero en los agostos de cuarenta grados, ¡mi parte razonable tampoco sabe qué hacer!
Duende, gente que prefiere el invierno al verano hay mucha más de la que en general se piensa. Los amantes de la lluvia y el frío somos legión. Si el C.I.S. hiciese una encuesta…
A mí el frío me pone un mal humor terrible, en el invierno estoy tan pálida que la gente me pregunta si estoy enferma. Yo necesito sentir el sol en la cara y soporto el calor mucho mejor que el frío. Aún así me encanta septiembre, esa sensación de empezar de nuevo el curso, encontrarte de nuevo con los amigos y ver las novedades que siempre se presentan en esta época del año. El paisaje de septiembre en mi pueblo es precioso, el monte empieza a tomar tonos anaranjados, la uva cuelga de las cepas esperando que se vendimien y el sol tiene un color diferente.
Por cierto Duende, yo también sueño algunas veces que tengo alguna asignatura pendiente.
Que suerte tiene Marina de tener un abuelo Duende.
Yo prefiero el verano, pues en el pueblo donde vivo los inviernos son muy largos. Saludos.
Para mi septiembre es el mes del relax, es mi mes de vacaciones, sola o con mi hija, este año nos hemos ido a Gran Canaria, he leido, paseado, nadado, vamos una gozada, cuando, aterrizó el avión en Loiu, el corazón me dió un vuelco, que horror en ese momento empiezó mi nuevo año, mi marido y mi hijo encantandos de tener de nuevo a su esposa y madre en casa ( que alegria para ellos se acabó la cocina y la aspiradora, ha llegado la todoterreno) y ha esperar el nuevo año, lo peor es que mi hija insinua que para el año que viene no cuente con ella. Besos
Duende. tienes una nena preciosa
Me encantaría saber cuál es el pueblo de Mary Carmen, donde los inviernos son tan largos. Si puedo, lo visito.
La suerte es del Duende, no de la nieta. Está en esa edad en la que, bien dosificada -lo que no siempre se consigue-es el juguete más tierno y estimulante.
Ana, ¿donde queda Loiu?
Macu, también quiero saber cuál es tu pueblo. Tengo un cierto espíritu de DIABLO COJUELO, y me encanta levantar los tejados y ver cómo viven los demás.
Mi pueblo es Jumilla. Estuvisteis aqui con Las mañanas hace poco tiempo pero por culpa del trabajo no pude ir a veros.
Entiendo lo que dices de Marina. Yo tengo un duendecillo de 2 años que es la alegría de la huerta.
OTOÑO, palabra mágica. Odio el calor del verano, que me convierte en vaga irremediable, y me gusta el frío, que me devuelve la vitalidad. Recupero la calma, el orden casero nos pone a cada uno en nuestro sitio y doy gracias al cielo. Como cuando era pequeña y volvía al colegio, pienso que empieza un nuevo año. Hago balance, olvido lo malo, tengo firmes propósitos de conservar lo bueno y me enfrento al futuro con feroz optimismo. Éste, además, seré abuela. Mi optimismo, si cabe, está más desbordado.
Querido Duende.
Vaya bombón de nietecita.
Con razón se te cae la baba…
Yo ADORO el otoño. Odio el calor, las tres duchas diarias y seguir sudando, y sobretodo odio el mogollón, los atascos, la invasión que supone el verano en nuestras vidas. (vivo en Mallorca, y trabajo en turismo).
No quiero decir que el turismo sea inconveniente, pero siempre he defendido el apostar por la calidad, y no la cantidad. Fomentar el turismo sostenible, y defender al máximo el entorno natural, como única manera de poder garantizar un futuro a tu nieta, a mis hijos, y a lo hijos de todos ellos, si es que los tienen.
Entenderás entonces que desee la llegada del otoño, con el fresquito, la lluvia, y la posibilidad de pasear tranquilo por lugares que en verano seguro estaban muy concurridos.
Mallorca es una isla preciosa, y en los otoños inviernos y primaveras, hay ocasión de hacer excursiones preciosas, con la garantía de que si sale el sol, y con la luz que hay en el mediterráneo, pasas un día estupendo.
En fin, ¡VIVA EL OTOÑO!
Un abrazo.
Julián.
Propuesta otoñal:
En una duendemilesimadesegundo uno está en Mallorca, en el aeropuerto se puede alquilar un coche y desplazarse hacia el norte de la isla dirección Inca por la autovia y llegar a Campanet, allí hay un hotel estupendo se llama “Monnaber” su terraza da a un campo donde pastan las ovejas,y está rodeado de naturaleza y caminos antiguos para los carros de animales entre las montañas (ahora al ser temporada baja, los precios son algo mejores),en el pueblo se hacen unas alpargatas muy divertidas y artesanas seguro que a Marina le encantarían, los alrededores,Moscari,Selva merecen visita. Al día siguiente desde Campanet dirección a Polleça pueblo conocido por pintores y por sus galerias seguimos hacia el puerto dirección al cabo de Formentor,es una vista espectacular del mar y del inicio norte de la Sierra, seguimos hacia Alcudia dirección Ca’n Picafort – Arta para buscar el Parque Natural de la Albufera, observatorio de aves,donde se puede alquilar una bicicleta y recorrerlo,caminos de cañaverales y aguas dulces con puentes de madera y silencio en las casetas para observar. Siguiente punto,Petra, para comer en el Celler de Petra (comida tradicional,muy buena:frito mallorquín,tumbet,porsella rostida…)en el pueblo vivió Fray Junípero Serra.
Este fin de semana son fiestas en Calonge, pequeña aldea donde actua el grupo musical-teatral “Cucorba”(hacen un trabajo muy muy muy bueno para y con los niños).Desde Campanet hacia Felanitx se va a Calonge y ya que estamos vamos a Santanyí y de ahí a Cala Figuera para comer entorno de pescadores, mar y tranquilidad.
Ah ¡¡ la visita a la ciudad Palma, es muy bonita, ahí hay más bullicio,pero… el barrio antiguo hay que caminarlo y entre patios y mucho simbolismo en las fachadas de algunos edificios llegar a Can Joan de s’aigua, antigua cafetería en la calle Sans,para tomar una leche merengada con ensaimada, el teatro Sans está delante y quizás en cartel haya algo interesante…
en fin propuestas hay muchas…si alguien quiere más, será un verdadero placer…
un saludo¡¡¡
Hola Adela.
Veo que eres buena conocedora de Mallorca.
Un día quedamos, y cambiamos impresiones…
Saludos
Julian
P.S. Duende, No te ofendas; Es solo para hablar de ti, y recordar viejos tiempos en las ondas. Puedes mandar al padre Bonete como guardián del recato y la decencia.
No vi la película de Jaime Camino (creo) titulada UN INVIERNO EN MALLORCA. Tampoco he sido un gran lector de George Sand. Pero siempre admiré su iniciativa de recogerse en la isla, incluso entonces, que sería un paraíso en toda época del año. La debería conocer más, y no olvidaré seguir vuestros consejos. La rodeé por mar un verano, pero en otra visita aproveché para merodear por carreteras del interior y me quedé maravillado. QUizás porque estoy en edad de revisar la postal clásica, y me encanta descubrir cualquier pespectiva distinta.
Por cierto, BEARN, de VILALLONGA (Llorens, no el marqués de Castellbell). ¿No era una visión romántica y exquisita de “otras voces,y otros ámbitos” mallorquinos? Lamentablemente, la mayoría de las vecs unotiene que conformarse en viajar a través de la lectura.
Sí es cierto,”Bearn”era otra época ya pasada,digamos la frontera entre aquella mallorca de señores en sus fincas y la modernidad que aquí siempre llega más tarde, ahora le llamamos la época de decadencia y nos quedan las posesiones en ruinas, que recupera el gobierno para crear fundaciones y otras instuciones. Pero me atrevo a decir que el espíritu de rechazo al cambio continua en las generaciones actuales, ya lo describió con gran desprecio Jorge Sand y aunque moleste tenía razón, los estrangeros son los de europa y los de la península “forasters”(mismo significado en mallorquín),nos han ocupado siempre gentes de fuera,supongo que el aferrarse a la parcelita es por eso.De todos modos,si a un mallorquín se le valora la sobrasada que hacen en su casa y se interesan por como hablamos aquí, como se dice esto y lo otro, es amigo para toda la vida.
No soy tampoco muy lectora de Jorge Sand, pero debo decir que el paisaje lo describe maravillosamente y transmite las sensaciones y los olores de la naturaleza mallorquina.
Animo Duende¡¡ te garantizo, la sobrasada. El resto lo pones tu.