Era una historia triste en blanco y negro, un amor imposible de una dama otoñal por un joven espigado con cierto aire neurótico. Ella era Ingrid Bergman, y al joven lo encarnaba Anthony Perkins, que entonces hacía suspirar a las jovencitas. Partía de una novela de Françoise Sagan, y lo llevó al cine Anatole Litvak, pero al Duende lo que más le gustó de la película era Brahms, que aparecía en el título, en un concierto al que asistían los protagonistas y en la banda musical persistente, basada en el tema del tercer tiempo de su tercera sinfonía. Al Duende la película no le hizo vibrar, cierto, le dejó un regusto como el del plátano, que es sabor agradable, aunque menos que lo que promete su bonita piel. Pero guarda en su retina el plano final de Ingrid Bergman desmaquillándo ante el espejo su rostro mientras el piano subraya su desencanto con la melancolía de esos sutiles acordes del compositor hamburgués. El Duende no aprendió a amar a la Sagan, ni a Litvak, ni a Ingrid Bergman, que sólo le enamoró en Stromboli, pero sí a Brahms, como preguntaba el título.
Brahms era entonces plato fuerte en la programación de la ONE, que en aquella época, con el Teatro Real aún cerrado y el Auditorio Nacional ni siquiera en proyecto, tocaba en el Palacio de la Música de Madrid los viernes y sábados y en el Monumental Cinema los domingos. Este era el concierto al que íbamos los melómanos de precaria hacienda. Brahms era para el aficionado madrileño lo que Wagner para el adicto al Palau de la Música y al Liceo. Decían en Barcelona con cierta sorna que en los auditorios de Madrid aparte del obligado luminoso de salida de emergencias para incendios debería de haber otro con salida para caso de Brahms. Pero el Duende nunca utilizó esa salida. Era entonces un tierno jovencito con afán de cultivarse, sabía cómo sonaban Bach y Beethoven, y le faltaba la tercera B de la trilogía sublime para presumir de criterio musical. Inicialmente le costó tanto como abrir la pesada puerta de hierro de una catedral, pero una vez que penetró en el templo de sonidos del barbudo compositor se convirtió en un fervoroso devoto suyo.
Por eso cuando escucha el mismo tema de Aimez vous Brahms en un spot de el Corte Inglés siente como que desafina. Recuerda con humor la leyenda urbana -recogida por doña María en su biografía- de una mujer que cuenta a sus amigas cómo quiere ser enterrada: ni tumba, ni nicho, sino que me incineren y echen mis cenizas por las toberas del aire acondicionado del Corte Inglés, para que se esparzan por el único sitio donde de verdad he sido feliz.
Así se ponen sus grandes centros comerciales los fines de semana. Tanta gente entregada a la felicidad del consumo en el centro comercial que utiliza a Brahms mientras unos pocos raritos escuchan su música. Es otra alternativa, pero tiene su encanto, y hay que probarlo. Este nombre es sólo un monosílabo, poderoso y denso, pero sugiere algo tan elegante, sutil y poético como esa hoja amarilla que, después de balancearse en el aire, se posa delicadamente para alfombrar el otoño. A Ingrid Bergman le sonó regular, pero a otros Brahms nos sigue pareciendo música celestial.



Yo, que escucho música clásica con placer, pero no ocn demasiada atención, sí aprecio a Brahms.
Pero he oído decir a gente muy culta musicalmente que Brahms no era demasiado buen músico. Es más: Borges manifestó una vez su amor por Brahms y estos expertos vieron en esa afirmación la prueba del nueve, ya que el mismo Borges reconocía su incompetencia musical, y quienes le conocieron aseguran que nunca puso mucha atención a un disco ni a un concierto.
A mí Brahms no me parece mal, en absoluto, aunque prefiera a las otras dos B mencionadas: San Juansebastián y Don Ludwig.
Descubrí a Brahms, con su Primera Sinfonía, cuando tenía 15 años. Desde entonces soy una adicta, tanto a su música sinfónica como de cámara. Duende, disfruto con tu blog y me sorprende lo que coincido con tus opiniones, quizá por la proximidad en edad.
Brahms es mi “despertador”.
Me explico: Si mi despertar es perezoso, disipo toda duda escuchando las Danzas Húngaras. Mis favoritas son la Nº 5 y la nº 6.
En cinco minutos me cargo de energía y, por mi negra que se presente la jornada, me atrevo con el destino cotidiano.
P.D.: Ha sido un placer saludarte un Covarrubias
Javier.
Y qué se diría del maridaje entre Brahms y Charles Chaplin, en “El Gran Dictador” cuando el barbero judío, de vuelta en su barbería, afeita a un parroquiano a ritmo de danza húngara. Sublime.
Qué maravilla!!, de pequeña me iba a la sala de mi casa de provincias, tenía los techos altos y tres balcones que daban a una plaza por los que entraba el sol mediterráneo, allí ponía el disco de vinilo en un estupendo “pick-up” y bailaba sola hasta que me agotaba soñando que era una gran bailarina…
Mr. Duende I am cansada de decírselo.
Every time the same sing, please.
He reservado un apartamento en Madrid para el fin de semana del 25-10-2007 y poder asistir al evento, el concierto del maestro y el coro.
Please, I beg you.
How I must to tell you?
My english is very patatero, do yoys Knouw?
I insist, if I go to Madrid en los Jerónimos to the concert, the 25th November, may I ask you something?
Please answer me. I don’t Know japanese, even chinese (no sé como se escribe).
Si vous voulez, je peux vous le demander en franças aussi.
Avez vous l’amabilité de signer un autographe de votre libre?
Est-ce que vous avez chez vous un examplaire?
Pouvez vous me le dédier?
Je viens d’apprendre qu’on ne peut pas le demander. Depuis sa sortie il est epuisée, je ne sais pas quoi faire, je suis malade. S’il vous plaît dite moi oui, je vous en souplie. Je veux un autographe de ma doña María, elle est mon idole.
S’il vous plaît Duende, faites moi plaisir…
Qué pena, con qué poco se conforma el pueblo.
Ya lo vé señor mío, soy terriblemente cabezota. No me rendiré jamás. Le aconsejo, acepte mis peticiones, de lo contrario, se acordará de mí el resto de sus días…
Lola, lo siento. He hablado en el blog del domingo de una pareja de amigos íntimos con los que estuve en Asturias. Casan al primero de sus hijos ese fin de semana en San Sebastián, y ni por Haydn ni por la Orquesta y Coro de los Jerónimos dejaría de asistir a esa boda. Sintiéndolo mucho, no podré cantar en ese concierto.
Pero no te defraudaré. Te prometo ante todos nuestros amigos del blog que te firmaré el libro tarde o temprano. Je m´excusse, mais ce n´est pas posible par le moment. Et je vous assure que ce n´est pas une milongue, et perdonnez mois mon français macarronique. Je rassemble Mr.Soulier, nôtre president, n´est ce pas?
¡Je sui testig! un caballer te palabré.
je ne parle france, si bu ple, mesié e madam serieté,serieté.
Bueno, por fin ha habido respuesta. ¡Alabado sea el Señor!
Después del resultado, creo que me voy a dedicar a la política.
Don Duende está usted excusado, no se preocupe no he hecho ninguna reserva, quería una respuesta y ahí está con testigos incluida. Felicite a los novios de mi parte.
Creo que empiezo a entender a nuestros dirigentes, para conseguir algo no basta con decir la verdad.
¡Ay que ver lo que da de sí chapuerrear lenguas¡
P.D. Duende su francés es notablemente más aceptable que el mío, sólo un pequeño inciso, por favor puede usted tutearme.
Bob de Ca´s Barber, lo tuyo son las lenguas. Gracias por tu testimonio.