Descartes de Descartes

Griferia

Uno de los deportes favoritos del Duende es provocar a los personajes importantes sacudiendo su guindo particular para que caigan en los problemas cotidianos de doña María. Cierto que la buena mujer ya está jubilada de la radio, y que la nostalgia es un error, pero cuando el Duende acude a Descartes no siempre le ilumina el camino. Del ilustre pensador recuerda el cogito ergo sum y la genial sentencia de que el corazón tiene razones que la razón desconoce. Nada de eso le resuelve sin embargo pequeñas puñeterías que nos amargan tontamente la existencia . Para eso hay que acudir a los descartes de Descartes, que abundan en el pensar de doña María.

Primer descarte: coincidió el Duende en Covarrubias con personajes de mucho peso intelectual. Se alojaban en un hotelito tan sencillo que hasta se entendía la grifería del cuarto de baño, comentario positivo que fue jaleado por los concurrentes. En sus viajes con la radio, doña María confesó haber pasado muchas fatigas para entender el cuadro de mandos del baño en un hotel sofisticado: botones, termostatos, reguladores de presión, grifos semiocultos que te disparan desde puntos inesperados….¡Con lo bien que funcionaban los grifos de agua caliente con su puntito rojo y los de agua fría con su puntito azul! Los académicos y profesores universitarios que escucharon el comentario estaban de acuerdo: no siempre el progreso nos facilita los usos del cuarto de baño. A menudo, más bien nos los complica.

Segundo descarte. Afecta a un problema de lo que Alberto Corazón llamaría señalética equivocada, aunque en realidad los que se equivocaron fueron los personajes que en unos mingitorios públicos se metieron en el que no correspondía a su sexo. Había entre los confundidos un ex Secretario de Estado de Cultura, varios líderes de opinión y un registrador de la propiedad, oposición para mentes preclaras y bien amuebladas. Bueno, pues aún así varios eligieron la puerta que no les correspondía. ¿Por qué? Pues porque un diseñador genial había decidido sustituir el clásico icono del muñequito y la muñequita por un símbolo más propio para un egiptólogo que para quien, normalmente apresurado, acude a cambiarle el agua al canario. Los intelectuales también tienen vejiga, y a la hora de hacer pis vuelven a recordar aquello de que los experimentos mejor con gaseosa.

Tercer descarte: la conspiración de las bombillas. Mantiene doña María que cuando una bombilla se funde en casa, varias compañeras por solidaridad deciden suicidarse. Ahora el problema es más grave, porque la rosca, como todo hallazgo útil que sólo peca de ser antiguo, tiende a ser sustituido por nuevas fórmulas como la que en estos días la torturan: Se trata de unas bombillas halógenas que dan mejor luz, sí. Pero que, eso sí, se sujetan en su agujerito por un aro circular de alambre que, eso sí, se deforma al sacar la bombilla fundida y no sirve para sujetar a la nueva. Total, que la buena mujer está desesperada, porque ahora las bombillas que debían estar encajadas en su guarida cuelgan del techo como los chorizos puestos a secar en la casa del pueblo. Y eso le rompe la estética, poblemática en la que ni los intelectuales de Covarrubias ni el Descartes ese le van a aclarar, y que sólo resolverá el electricista previo pago de su visita. Moraleja: que eso del pogreso en las bombillas también es mu correlativo.

Y no descarten que el Duende siga recordando otros descartes de Descartes.

6 Respuestas a “Descartes de Descartes”


  1. 1 Ernesto Allende Cafrune Octubre 8, 2007 a las 10:09 am

    Totalmente de acuerdo con doña Maria en las tres cosas.

    Mismamente tengo esas bombillas en un pasillo de casa y cuando deciden suicidarse, las paso canutas para cambiarlas.

    Otros descartes podrían ser los manuales de instrucciones para montar, por ejemplo, un apaarato de luz.

    Da la impresión que están pensados mas como puzles que como una guía de ayuda.

  2. 2 José Ramón Octubre 8, 2007 a las 1:46 pm

    Me pasa lo mismo. Hace poco cambié una lámpara halógena, que encima está colocada en un sitio incomodísimo de mi casa (eso sí es culpa mía), y me las vi y me las deseé para ponerla “comilfó”, mientras hacía equilibrios como los de las cabras de los titiriteros.
    De señalética urinaria tengo también una mala experiencia. Una vez en un restaurante, con la urgencia comprensible en estos casos, me tuve que parar en seco ante dos puertas con sendas señales: una llave y el ojo de una cerradura. Se conoce que yo es que soy muy cortito para estas cosas, pero pasé un buen ratillo dándole vueltas a la mollera sin entender. Cuando súbitamente lo comprendí, entré un poco avergonzado, por mi torpeza y por la grosería de las señales.
    (Alguna otra vez, en la duda, he abierto una puerta un poquito, muy discretamente, hasta ver por la rendija los inequíviocos -por ahora- urinarios anclados a la pared).
    P.D.- ¡Qué falta nos hace Doña María para denunciar tantos atropellos!

  3. 3 lola Octubre 8, 2007 a las 3:57 pm

    ¡Ay doña María! Esta mujer es una enciclopedia ambulante, sabe de todo y se atreve con lo que sea. Yo le estoy eternamente agradecida porque me ha enseñado muchas cosas hasta me inició en el aprendizaje de la lengua francesa que ahora me resulta tan útil. Todavía recuerdo sus primeras clases, una regla que nunca se me ha olvidado es que los franceses todo lo terminan en “e”, por eso si al pan le dicen “pen”, al vino “ven”, lógicamente el queso tiene que ser“ques”.Me encanta recordar a doña María, la sabiduría de la calle no está reñida con la académica. Ahora que está jubilida y tiene más tiempo ¿por qué no hace más visitas al Duende? Podría el Duende dedicarle un apartado a sus personajes, bajarlos del recuerdo y darles una nueva opurtunidad. No sé, por ejemplo: “las poblemáticas de doña María”, como no “el santoral del Padre Bonete”, “Curro el Meloso y su copla”, etc. Por cierto, había un japonés que aparecía por el Corral de la Pocha de vez en cuando, ¿dónde está ahora? Porque me gustaría seguir con las clases de japonés. Un cariñoso saludo para todos ellos.

  4. 4 darabuc Octubre 9, 2007 a las 4:57 pm

    Yo debo haber acumulado ya unas diez bombillas por cambiar o lámparas por instalar, de modo que he preferido hacer pinitos de ciego antes que manejar toda clase de destornilladores a cuál más ínfimo, palanquitas en las que no me caben los dedos o incluso un foco mágico en el que, según las instrucciones, debo quitar la bombilla con una ventosa. Lo que uno llega a ver sin luz, es casi increíble…

    Me hace recordar que, de niño, después de que en el colegio nos enseñaran lo que era el braille, me dediqué a practicar para ir preparado por si me quedaba ciego de pronto (me temo que teníamos una profesora de Religión que cada día nos amenazaba con el fin del mundo y, a esa edad, yo me creí que era de verdad normal que te cayera un tiesto en la cabeza y te mandara al infierno por no haber confesado todos los pecados a tiempo). Por suerte, bastaron unos cuantos rodillazos y patinazos sin consecuencias para hacerme pasar del bando de los agoreros al de los optimistas.

    ¿Para cuándo un partido político optimista, por cierto? Yo lo votaría con ganas; nunca he votado a las oposiciones de tipo “El país se hunde”, porque si algo está claro, es que este país no se hunde; yo creo que ya no es el país inestable de los siglos más recientes.

  5. 5 Adela Octubre 26, 2007 a las 6:40 pm

    Pues un novio que tuve, me invitó a un congreso que nos alojó en el Hotel Arts de Barcelona (no pagaba el novio,por supuesto se habría ido solo)y…Uauuuuuuu,todo de diseño¡ las ventanas de la habitación automáticas con un botoncito (de esto hace mil años, ahora ya es más normal),la cosa es que quise poner música ¡tenía CD y todo! y…no había manera, venga a tocar el cristalito tipo pueta que impedia poner el CD, apreté, empujé, arratré y nada al final me quedé con el cristal en las manos, vaya que me lo cargé. Parece ser que sólo con el suave roce de mi mano delicada SIN TOCAR, ¡se abria solo! como por arte de mágia, soy sensible pero tanto…
    Algunos se rieron de mi, pero yo más,tuve que dejar al novio, demasiado complicado.

  6. 6 Bob de Ca's Barber Noviembre 16, 2007 a las 7:01 pm

    Hoy he acompañado a la madona otra ves a Ikea, ¡mira! se merienda bien, las madalenas son estupendas, ha comprado un ASPVIK ARMARIO/PERSIANA (bien caro lo he encontrado se ve que los gana dulses),y me ha dicho que lo recogiera yo mientras ella miraba las mostasas (haser cola no le va bien), la cosa es que la xica de allí me dise: -tiene que pasar el código de barras del ticket por el mostrador. Y yo, no sabía cual, habia un montón de mostradores.Colgao a la pared he visto como un ojo de miotaurus que me miraba y rosaban allí los tiquetes todas las personas y hasía la máquina “blum,blum”,pues yo lo mismo y no hasía nada, he disimulado y me he puesto a la cola por si me colaba y mirando a los nuevos que iban al ojo ese ¡y les funsionaba!,la curiosidad me ha matao y atropello a un xico y le digo: -Oye como lo hases,para que funsione. Y muy majo él me lo hase por mi, después de golpe ¡mi nombre ha aparesido en una pantalla! en color VERDE(el que más me estimo), otros eran amarillos y otros rojos, no se bien por qué, ya encontraba era molestar mucho y ha salido otro xico de unas cortinas gritando mi nombre, ¡ME CONOSE!, yo creo no lo había visto nunca pero soy muy despistado y esa juventud crese tanto que…no se. He respirado cuando ha venido la madona,no le he contado nada, no me iba a cree…


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