El post anterior era un artículo que nunca le publicaron al Duende. No es el único, claro. Pero uno, que no es un dechado de perspicacia, se dio cuenta de que más que políticamente incorrecto, era incómodo. Aludía a las esquelas como esa badila que remueve el cisco de un brasero lamentable en nuestra historia reciente. ¿No hay muchos periódicos que podían haberla manejado con más mesura?
Lo mandó a dos periódicos, y ambos lo lanzaron a la papelera. Uno de ellos se excusó con el peregrino argumento de que hablaba demasiado de la competencia, como si lo que uno sugiere de ella fuera precisamente elogioso. Al margen de la opinión del autor sobre la memoria histórica, el Duende advirtió que criticar estas esquelas -que habrán dejado una fortuna en las cuentas de publicidad- es como subrayar la inmensa hipocresía que encubren los anuncios de putiferio. Qué pocos periódicos les hacen ascos.
No le gustaría al Duende que el post anterior levantara la polémica del ombligo de Ibarreche. Si se lee con ojos serenos, coincidirán en que hay tema para comentarios con sólo repasar las muchas esquelas pintorescas o incluso divertidas que uno recuerda. Pero si, a pesar del deseo del Duende de provocar más sonrisas que urticarias, se quiere destilar opinión sobre el espinoso tema de fondo, ruego al lector que se fije sólo en último párrafo, que juega con los versos de John Donne. Aquel que ve el vaso medio lleno, y recuerda que, si las esquelas fueran campanas, hoy deberían repicar. Paz y buen humor, por favor.

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El levantar lo que yo llamaría “Las cajas de Pandoras”siempre tiene resultados.
Los clásicos,desde tiempos inmemoriales,tienen sus adeptos.Tacharlos de oportunistas no tiene sentido.Existen como existimos todos los que hemos escuchado la Historia.
El enfoque con que se vean será siempre lo que nos lo traiga.
Permitidme que os recomiende un libro de Luis Carandell: “Tus amigos no te olvidan”. Es un libro agotado, raro, que acaso encontréis en alguna biblioteca o en librerías de viejo.
Trata de todas estas cosas, con humor negro y rara ternura.
“Murió de criminal difteria”.
“¡Marianita! Nos dejaste a los cinco meses.
¡Qué pronto empezaste a darnos disgustos!”
Jose Ramon,tengo ese libro en mi mano,me lo ha enviado mi
amigo JORGE PRADANOS,es magnifico.EDICIONES 99.DUENDE un fuerte abrazo.