Lejos del mundanal ruido

Pasamos de cuarenta millones, pero aún somos pocos para llenar el territorio nacional. Cada vez que el Duende viaja por él y se sale de la red nacional de carreteras, se colma de paisaje hermoso. Según las zonas, galante o bravío, húmedo o seco, arbolado o árido, montuoso o llano. Pero casi siempre vacío. En cualquier campo se pueden ver edificios abandonados: casas de labor, pequeños cortijos, alquerías, galpones, molinos, pajares, dependencias para el ganado, casas solariegas, iglesias arruinadas, incluso palacios dejados de la mano de Dios. Tan sólo habitados por las sombras, por las zarzas, que se van adueñando de ellos o por los fantasmas de un tiempo pretérito en el que la agricultura era decisiva para nuestra economía. Gran parte de nuestro campo se está quedando sin habitantes. La vida rural se extingue.

La reflexión me acompañaba viajando por la Galicia interior, por el valle de Incio y las sierras del Caurel y del Cebreiro, en la provincia de Lugo. Aquí me he reencontrado con El bosque animado, la novela de Fernández Flórez de la que Jose Luis Cuerda hiciera una deliciosa película. Por aquellos frondosos bosques de castaños y robles centenarios, que a menudo abovedan de sombra la estrecha carretera, ya no pasan sin embargo ni el bandido Fendetestas ni la Santa Compaña. Esta probablemente se ha jubilado por falta de clientela. Tan sólo algunas vacas apacentadas por una aldeana heroica cruzan el asfalto. Me cuentan que bajo la presidencia de Fraga se intentó impulsar la región, y que en el Caurel -una sierra de vegetación adusta y silencios sobrecogedores que es la mística del paisaje- se restauró a modo de reclamo la aldea de Seceda, toda pizarra y piedra. Pisas sus calles, pavimentadas con grandes lanchas, y parece que paseas por el medievo. Aunque en el medievo, claro, hubiera muy poca gente. En un recorrido caprichoso por 120 kilómetros no se cruzaría el Duende con más de una docena de coches. Otro dato: caminó por los alrededores del pantano de Vilasouto, y comprobó que hoteles rurales y restaurantes que hace cuatro años estaban abiertos han cerrado sus puertas. Tan lejos del mundanal ruido van quedando estos parajes…

Algún amigo muy viajado por Europa le comenta al Duende que eso es un privilegio. Dice que potencia nuestro papel de reserva natural del continente. Pero al Duende le sigue sorprendiendo, y le produce una cierta tristeza. No puede comprender cómo la inmensa mayoría nos agolpamos en gigantescas conurbaciones añorando el campo y, al propio tiempo, se hace tan poco para animarlo. Y habrá soluciones, supongo. ¿O no hay vida más allá de la agricultura? Hace muchos años en Estados Unidos faltaban médicos. Las televisiones se pusieron a producir telefilmes y series que presentaban al médico como un héroe social y en pocos años florecieron las vocaciones de galenos. Tal vez haga falta algo así para poner de moda la vida rural y estimular a los jóvenes a que la prueben. La vida en el campo quizás no sea la Arcadia feliz, pero nunca será tan hostil como la que soportan muchos urbanitas desarraigados.

Dos apuntes más. Nos sentamos a tomar un café en un bar de Cruz de Incio al pie de la carretera que cruza el pueblo. Un perro de esos que no tienen ni nombre ni dueño, se tumbó sobre el asfalto, y allí sesteó un buen rato, arregostado al sol sin que los coches perturbaran su siesta. Por cierto, Zapatero no mintió: el café costaba ochenta céntimos, con trago de aguardiente de la casa incluido. Lo que decía, tan lejos del mundanal ruido…

15 Respuestas a “Lejos del mundanal ruido”


  1. 1 Adela Octubre 15, 2007 a las 6:59 am

    Caray,Duende¡ que suerte tienes.Seguro que has disfrutado,leyendote disfruto yo tambien, algunas veces me he perdido así como tu , en esos paisajes y ciertamente es un buen encuentro. Aunque pienso que cuando uno tiene una añoranza y decide superarla encontrandose con lo que añora,el placer es mayor, lo que tenemos cada día tendemos a no valorarlo. En fin, algunos jóvenes que conozco buscan el campo, aunque como medio de vida hoy en día aún es difícil, pero como tu dices las modas empujan fuerte, en las islas ahora empuja lo ecológico, se vende muy bien y la falta de oferta hace que algunos se ganen bien la vida en huertos ecológicos que suministran a restaurantes y tiendas especializadas en garantizar estos productos, la cosa es lenta pero ya está llamando la atención de algunos.

    Un saludo enorme, encantada de encontrarte de nuevo¡¡

  2. 2 darabuc Octubre 15, 2007 a las 7:24 am

    Yo he hecho el viaje al revés, de la gran ciudad al pueblo pequeño y apartado, y, con matices, creo que toda la familia vive mejor. Prefiero que mi hija pueda salir a la calle y conocer el monte de primera mano, no por las fotos o las excursiones de una vez al año. Pero la economía no funciona, salvo por este paréntesis del ladrillo; aunque la cercanía de una autovía reciente ha permitido un auge del turismo rural, que aquí de momento no ha entrado en ningún valle, sigue por lo general al alza. (Quizá ayude que mi zona es relativamente excepcional en la región, más húmeda y boscosa.)

    Hay muchas cosas que nos faltan, especialmente, de actos culturales. Pero también me pregunto: si tuviera que pagar el triple por mi casa (aparte de que me resulta imposible, imaginando que no lo fuera), ¿qué me quedaría para ir al cine o al teatro?

    Y la otra cosa que no cambio por nada es la de dormir viendo, por mi ventana, la constelación de Orión, con su cintura mágica de cazador de sueños. Supongo que en una ciudad, incluso en una pequeña o metropolitana, eso empieza a ser un lujo impagable… O quizá sea que, al vivir en entornos rurales, uno se acostumbra a aprovechar lo sencillo, a gozar de lo que en realidad está al alcance de todos pero, con las prisas y los agobios de la ciudad, no es fácil ver. Aquí no podemos escoger qué deporte practicamos, por ejemplo: hay una piscina de verano, dos pistas de tenis algo abolladas, un campo de fútbol y una pista de baloncesto. Pero a cambio, en todo eso hay plazas libres, no hay que pagar cuotas de acceso que casi exigen un crédito… Qué sé yo. Mi duda principal es lo que dirá mi hija cuando tenga quince años y juzgue la infame traición de sus padres, que cambiaron Barcelona por un pueblo de ocho mil habitantes. Y supongo que entonces no le importará que, lo que cambiamos, era el alquiler de un sótano infecto sin luz ni ventilación por la propiedad de un piso normal, tirando a amplio. Me consuelo pensando que no es la edad de ser justos, sino apasionados…

  3. 3 wallace97 Octubre 15, 2007 a las 8:46 am

    En fin, como esperaba, Duende, no me has defraudado. He sentido las sensaciones que describes. ¡Qué maravilla! Siempre he dicho que los mejores espectáculos están en la naturaleza y son gratis, y que una persona es capaz de convivir con un puñado de personas, pero no con cuatro millones.
    Cada vez que pienso en el mundo rural o en las pequeñas ciudades, me toca volver a ser consciente de la cara de gilipollas que tengo. Se me puso al nacer en Madrid de padres nacidos en Madrid, y me aumenta día a día por no haber sido capaz de emprender la huída. En disyuntivas con sólo dos opciones, las parejas deberían de ser trío para que no fuese posible el empate.
    Darabuc, piensa una cosa: un niño criado en el campo siempre tendrá la opción de la gran ciudad, pero lo contrario es más que improbable. Si hubieras seguido en Barcelona, hubieras privado a tu hija de experimentar la otra opción. Ten por seguro que algún día te lo agradecerá.

  4. 4 Jorge Octubre 15, 2007 a las 8:53 am

    Duende, te has reencontrado con algo parecido a las descripciones que se “ven” el el bosque animado. Ese bosque es hoy un embalse, bueno hace años que lo es el de cecebre en la provincia de coruña, es mas hasta es un embalse que tiene cangrejos americanos para colmo. Queda un pequeño reducto de vegetación en la desembocadura del rio que alimenta el susodicho.
    Un saludo.

  5. 5 Zoupon Octubre 15, 2007 a las 9:31 am

    Hace unos años, dando un paseo por el monte, me encontré con un señor, cuya sorpresa por encontrar a un desconocido en un paraje remoto, nos dió la ocasión de trabar conversación. Resulta que él estaba pasando unos días en la cercana aldea en la que había nacido en los años cuarenta y tantos, y estaba dando un garbeo por sus paisajes de infancia.
    Y me esbozó su vida: Cuando era un niño, algunos mozos de su aldea habían emigrado a Barcelona, y cuando volvían era la locura: Bien vestidos, bien peinados y oliendo a colonia, parecían el colmo del éxito. Y todos los demás, que olían a estiercol, se querían parecer a ellos. Así que llegado el momento, y anticipada la herencia, él y sus hermanos varones se fueron a Barcelona, y sólo una, la chica, se quedó en la casa con sus padres.
    Con mucho esfuerzo compró un pequeño piso cerca de Barcelona (la dificultad de acceder a una vivienda no es sólo cosa de hoy) y trabajó como un negro en empresas relacionadas con la automoción.
    Contaba que a la vuelta de tantos años, al volver a su aldea natal, su hermana y su marido habían arreglado la casa paterna, que era de cantería, habían sacado las cuadras de la planta baja, habían puesto toda la propiedad a producir, ampliándola con tierras vecinas, y eran dueños de una ganadería ejemplar, muy moderna y que explotaban con sus dos hijos.
    Aunque lo del ganado tiene altibajos, esa explotación grande y mecanizada, llevada por la familia y poniendo los años buenos para compensar con los malos, derivó en una situación económica algo más que desahogada, y tenían de todo: Una gran casa, buenos coches, buenos dineros en el banco, buenas perspectivas para los jóvenes y una vida plácida más marcada por el tiempo atmosférico (la temperie) que por el tiempo cronológico.
    “Y pensar que yo renuncié a esto, para ir a tragar humo y trabajar doce horas al día, y que ahora me queda una pensioncita que no me permite ni el más mínimo exceso…”
    Os parecerá un cuento, pero me pasó de verdad.

  6. 6 DOLOROSA Octubre 15, 2007 a las 2:19 pm

    No conozco Galicia. Esta es mi asignatura pendiente. Pero sí conozco Asturias, Cataluña, Levante, las Islas. Extremadura, La Rioja…Y desdeluego Andalucía. En cada sitio he encontrado un paisaje, un rincón, difícil de olvidar. La pasada semana anduve por tierras granadinas y cordobesas. Soy sevillana pero Granada es una ciudad que me fascina, como me fascinan sus pueblos de La Alpujarra, de la costa y…precisamente, el pasado fin de semana descubrí, perdido en la montaña, un pueblo verdaderamente entrañable: Montefrío, que alberga un singular número de monunmentos de extraordinaria belleza y un paisaje inigualable. Llegué de noche y desde la carretera de 12 kilómetros de curvas contemplé sin salir de mi asombro un indescriptible panorama que me emocionó. España es un bello vergel y donde quiera que viajes, en cualquier rincón te encuentras con sitios que te hacen olvidar el ruído de la ciudad y donde puedes respirar a pleno pulmón, saturándote de una belleza que te llega muy adentro y se queda ahí para siempre.
    Posdata:
    Prometo, “Con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide” conocer Galicia.

  7. 7 Angelus Pompaelonensis Octubre 15, 2007 a las 6:37 pm

    Y tan lejos, Duende. Tan lejos que aún pueden verse mujeres arrodilladas haciendo la colada en el lavadero del pueblo, gente con muchos años a cuestas que vive con unas gallinas y una vaca, caseríos comunicados únicamente por estrechas corredoiras, donde ni el alma en pena de Fiz Cotovelo anda ya, y fragas infranqueables por la falta de limpieza, a riesgo de arder como la yesca a la menor chispa… Es otro mundo, tal vez perdido.

  8. 8 José Ramón Octubre 15, 2007 a las 8:38 pm

    Soy nieto y sobrino de agricultores. Es una vida muy dura. Revitalizar la agricultura es muy difícil.
    A los urbanitas nos seduce una imagen romántica del campo, pero una cosa es soñar y otra ordeñar una vaca.
    Sería muy hermoso, pero haría falta un entrenamiento brutal para intenarlo.

  9. 9 El Duende de la Radio Octubre 15, 2007 a las 11:32 pm

    Mientras la economía global nos permita comprar trigo de Ucrania más barato que el de Tierra de Campos no habrá manera de reactivar buena parte de nuestra agricultura. Seguramente ésta ya nunca volverá a ser lo que fue en nuestro PIB. Por eso mi utopía particular va más bien en otra dirección:descentralizar hacia núcleos rurales buena parte de oficios y profesiones que, gracias a las nuevas tecnologías, no tienen por qué implantarse en las grandes urbes.
    Bien mirado, hasta el Duende sólo necesita una linea RDSI y un ADSL para para poder ser un neocolonizador del campo abandonado.

  10. 10 lola Octubre 16, 2007 a las 6:12 am

    Está muy bien que la cesta de la compra se llene de productos de nuestra tierra, pero ¿cómo no vamos a comprar alimentos que vienen de la otra punta del planeta cuando a veces, son mucho más baratos?. Plátanos de Colombia 1,20 €/kg., plátanos de Canarias 1,80 €/Kg., sólo es un ejemplo. No te queda opción para tomar una decisión, es la economía de bolsillo la que cuenta. Mis padres también dejaron atrás su pueblo junto con la mayoría de sus hermanos. Quienes se quedaron, que fueron pocos, han salido adelante y en comparación viven mejor que los que se tuvieron que ir a la gran ciudad en busca del pan. Pero si no se hubieran marchado, el que quedó en el pueblo no viviría como lo hace ahora, porque vivió en la casa de los padres a los que cuidó como es costumbre y no tuvo que hipotecar hasta el último céntimo para tener un lugar donde vivir. Me parece que no se trata sólo que el urbanita se ensucie par ordeñar una vaca y trabajar el campo, creo que el problema está en si va a poder vivir de la tierra. Junto con mi marido dimos el salto de la gran ciudad al campo a una aldea de apenas 100 almas, pero no vivimos del campo. Hace algunos años, el pueblo contaba con más de 700 habitantes, con una escuela y un pequeño comercio que desaparecieron con los que tuvieron que marcharse. La tierra dió para vivir a los padres, pero no a los hijos que lo único que pueden hacer es comer los productos de la tierra que todavía cultivan sus padres, ya muy mayores. De un tiempo a esta parte la aldea crece, aparecen casas como setas, se asfalta el campo y los caminos para que los 4 x 4 puedan hacer rutas los fines de semana junto con las ruidosas motos. La aldea se ha convertido en una urbanización como cualquier otra. Antes desde mi ventana, veía un campo de albaricoques y escuchaba a los pajarillos todo el día, ahora sólo al amanecer. Las casas no me dejan ver el bosque. ¿Equilibrio o rentabilidad?

  11. 11 el candil de la sierra Octubre 16, 2007 a las 8:25 am

    Algo,a veces tiene que pasar en tu vida,para tomar la determinacion,de irse,pero me parece que por donde lo mires,hay motivos diferentes para por lo menos plantearse,apartarse del ruido habitual,es vida sana,reflexsiones a menudo.
    Soledades necesarias,olores,siempre recuerdos de la infancia,y sobre todo,acojida..lumbre,amigos,y el futuro por lo menos algo menos comprometido,vivo en una aldea que vivimos 6o personas,ahora se vienen a vivir,una pareja el ingeniero informatico ella dinamica estoy encantado.
    Duende la semana que viene encendemos el fuego.

  12. 12 Zoupon Octubre 16, 2007 a las 9:12 am

    Por cierto, Fendetestas ya no se casa en Soria, ahora trabaja en el departamento de riesgos de un banco, y la Santa Compaña, constituída en sociedad anónima laboral, ha puesto un servicio de tarot y adivinación a través de un 906 de esos.

  13. 13 candela Octubre 16, 2007 a las 2:34 pm

    Que bonitos y sugerentes todos los comentarios. Estoy convencida de que desde fuera, nadie pensaría que parten del soporte on line de un blog. O son muy cultos los partícipes o tienen una gran sensibilidad

  14. 14 El Duende de la Radio Octubre 16, 2007 a las 5:02 pm

    Suscribo lo de Candela. Sensibilidad y sentido del humor.

    Por cierto, Zoupon: ¿habrá `puesto Fiz de Cotovelo una consultora inmobiliaria? ¿Hay un Centro de Interpretación del Bosque Animado? ¿O habrá sido éste invadido por los eucaliptales?

    Por no ser excesivamente crítico, debo reconocer que en los muchos kilómetros recorridos por tierras de Lugo y hasta Sobrado de los Monjes en La Coruña me ha sorprendido ver pocos eucaliptos y tampoco muchas huellas de los pavorosos incendios del 2006. Se ve que tanto una plaga como otra se cebaron en otras zonas de Galicia. Que, salvo por ésto y por sus desmanes urbanísticos, me fascinará siempre.

    Mucchas ngracias querido Candil, Dolorosa, Lola, Angelus, Adela, Wallace, Darabuc, Jose Ramón, Jorge…Si fuerais columnistas de pago, no tendría presupuesto para tanto afecto comentarista.

  15. 15 Zoupon Octubre 17, 2007 a las 11:36 am

    En el interior de Galicia hace demasiado frío para que aguante el eucalipto de la costa, Eucalyptus Globulus, pero de unos años a esta parte se está plantando en zonas de clima más duro otra variedad, el Eucalyptus Nitens, mucho más resistente a las heladas, y que por desgracia se empieza a ver por doquier. No destacan mucho todavía porque la mayoría de las plantaciones son recientes y los pies no han crecido mucho. Muchos propietarios rurales que han abandonado el labradío y el prado están enamorados del eucalipto, porque casi casi se le ve crecer a simple vista, se puede plantar en densidades muy altas, no necesita cuidados, y en buenos terrenos es maderable en ocho o diez años.
    No obstante, como el precio de la madera de eucalipto ha bajado mucho debido a las masivas plantaciones que se hicieron en países pobres, también es cierto que se ven cada vez más repoblaciones con frondosas, que se cortan en turnos mucho más largos (pongamos cuarenta o cincuenta años), pero cuya madera es mucho más valiosa. Y mientras crecen ofrecen un sinfín de beneficios: Al suelo le aportan materia orgánica y humedad; al recolector, nueces, castañas y setas; al paseante, frescor veraniego y abrigo en invierno; al poeta, inspiración….
    De todas formas, al César lo que es del César: Cuando se pagaba bien, el eucalipto consiguió que muchas familias diesen esquizano a la miseria.
    En cuanto a Fiz (Félix) de Cotovelo, como el pobriño no acaba de encontrar quien por él vaya a San Andrés de Teixido, acude a terapia de grupo todas las semanas, en un gabinete que dirige Iker Jiménez.
    El Bosque Animado original, el de Cecebre, ya ni es bosque ni está animado. Pero por suerte aún quedan algunos bosques bien animados con los que uno se puede entender sin intérprete.


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