La crisis de identidad del Duende es culpable de que no sepa aún si es actor o público, cómico o espectador, criticable o crítico. Su escenario fue el estudio de radio, algún plató de televisión o una sala de doblaje. Aunque nunca dejó de pensar que era gente corriente, allí coincidió eventualmente con figuras del show business. Y siempre le sorprendió la naturalidad con la que éstas le saludaban, como considerándole colega de toda la vida. Suelen ser muy simpáticos: unos de verdad y otros por pura estrategia, pues venden sueños, y hay que ilusionar a los soñadores. Enseguida te ríen, te abrazan y se despiden de ti con dos besos, como los franceses. Al Duende estas efusiones de cariño en público siempre le han dado vergüenza. En su casa eran poco besucones. La noche de Navidad como mucho, y sólo si había corrido el espumoso en abundancia.
Alguna de estas personalidades han elogiado alguna vez al Duende. Lo cual le enorgullece, pero al mismo tiempo le compromete. Porque si por una parte la admiración es recíproca, por otra la crítica debe ser libre. Y le molesta que pueda molestarle. Por ejemplo, guarda un excelente recuerdo del Pedro Ruiz que, en plena transición, irrumpió en el teatro con un divertidísimo espectáculo llamado Historias de un Ruiz señor. El Duende le otorga además a Pedro la primacía en la imitación de los políticos, y le está muy agradecido de que le preparase el terreno. Pero Pedro no se conformó con ser un excelente satírico. Cuando ya había triunfado, se convirtió en politólogo, filósofo, cantautor, predicador, y hasta flagelo implacable de esta sociedad adormecida. Todo payaso puede aspirar a ser Hamlet -es muy frecuente que los que se dedican a la risa acaben creyendo que es más importante la tragedia que la comedia. Pero corre el peligro de hacer pipí fuera del tiesto. Y algo de eso puede haberle pasado a Pedro.
Al Duende le gustaba más en su primer papel. De repente, a aquel joven travieso, lenguaraz y espontáneo le dio un ataque de trascendencia. Hizo un programa en Antena 3 donde pasaba del color al blanco y negro, del rapsoda al místico, de la risa al llanto. Y acabó empalagando. Primero declaró la guerra al poder, luego a la inteligentsia, yfinalmente al pueblo aborregado, en el que al cabo militamos todos. Desde entonces, como dice Pilar Cernuda, Pedro Ruiz no habla, sino que dice frases. Antes hacía parodias geniales y contaba historias muy ocurrentes. Ahora estrena Pandilla de mamones.
Y el mamón del Duende no se estira más, porque sólo buscaba la anécdota y ha acabado en la categoría. ¿Le estará pasando lo que a Pedro Ruiz?


Pues habría que hacer una reivindicación del beso y del cariño manifiesto. No pretendo criticar a la familia de nadie; la mía tiene dos ramas, la del beso lejano en los reencuentros de Navidad (donde cabe un palmo entero entre el labio y la mejilla) y la de los abrazos que primero te ponen nervioso y luego te infunden calor. Tímido como he sido siempre, y prefiero con mucho la segunda…
Del último aspecto, me parece difícil acertar a poner el límite en las propias valoraciones. Muy difícil. Porque ser timorato y negarse a valorar lo que vemos no ayuda a nada; quedarse a verlas venir no permite mejorar. Y en cambio, ser demasiado enfático y acabar perorando suele dar con el orador en el suelo, después de un patinazo sonoro. Los extremos son fáciles de detectar, pero en los casos grises, blanquinegros, los del día a día, no es fácil saber si uno peca de más o de menos. Supongo (pero qué sé yo) que es cuestión de atreverse, pero con humor y humildad. Es la mejor combinación que se me ocurre.
Carta abierta al Padre Bonete:
Se le acusaba de radiar un santoral que ya pocas personas poseían con esos nombres. Pues no cayeron en saco roto los citados. Desde Asturias le escribo, y quiero dejar constancia de los nombres contenidos desde ayer en el registro civil de esta tierra, por supuesto, que la suya:
Naiara Borrajo
Karen Granda
Jherisson Polanco
Jaasai Altamirano
Haydee Calvo
Gabor González
Isel Maldonado…
El Santoral vuelve a sus orígenes. Dentro de poco Facundo, Olegario, Constancio, por ejemplo, también se pondrán de moda.
No tenía ni idea de la existencia del programa de Pedro Ruiz en Antena 3, entre otras cosas porque para mí esa cadena no existe, pero por lo que yo he visto a Pedro Ruiz, tengo una idea positiva de él, y es por una razón: se ha enfrentado, y no ha tenido pelos en la lengua, cosa que no es habitual en este “pueblo aborregado”. En su última etapa en TVE me decepcionó cuando tragó con que le impusieran a los entrevistados, que por supuesto iban a vender su producto, y aquello no era nada natural, se le notaba a la legua que no estaba agusto. Afortunadamente duró muy poco.
En el enlace he visto lo que el propio Pedro Ruiz dijo refiriéndose al espectáculo Pandilla de mamones: “occidente está caduco, consumimos demasiado y estamos rodeados por un escenario que tiene poco que ver con lo que verdaderamente importa”. Y yo digo: ¿acaso no? Y en cuanto a la corrupción, para qué hablar.
Lo que ocurre es que cuando alguien se enfrenta, molesta, y si el molestado tiene el control de los medios es muy sencillo hacer campaña en su contra para desprestigiarle. Y muy sencillo también que los demás entren/entremos al trapo.
Como dice Wallace, la crítica negativa, el rajar incluso, es como una epidemia infecciosa. Yo recuerdo de mi infancia los chistes sobre Morán, que corrían por la escuela sin que nadie de los chavales supiera apenas quién era; y luego uno aprendía que era de los políticos más capaces de su tiempo. Pero se le colgaba el sambenito de que, según sus experimentos, al quitarle las ocho patas a una araña se quedaba sorda porque no venía al llamarla… Valga como ejemplo de la distancia entre imagen pública y realidad personal.
Pero aunque sea casualidad, también me llama la atención de que los tres temas que hablaban de eso (la nota original del Duende, mi respuesta y esa misma de Wallace) incluían la autocrítica o, al menos, el reconocimiento expreso de quizá uno esté equivocado.
Duende,en Barcelona me lo pasaba pipa,teniamos mesa en DON CHUFO,semanalmente era la hostia,si lo viese seguro nos abrazariamos,como contigo,nos veremos para el rastrillo,un abrazooooo.
Sobre su calidad artística, no me pronunciaré, porque a cada uno le parecerá una cosa. Pero basta con leer la presentación de su página web (pedro-ruiz.com) para darse cuenta de el tal Ruíz es de lo más soberbio que uno se puede encontrar, y su presunta heterodoxia suena más falsa que un billete de catorce euros.
En este mundo de apariencias, de todo fenomenal y maravilloso de algunos, seguro que esconde realidades que no serían de buen ver en las relaciones sociales. Conozco algunos que parecen ejemplares: felicidad exagerada, trabajo inmejorable, pareja genial, muchísimos amigos, besitos van, achuchones vienen, envidiables a primera vista. Un día te enteras que todo se acabó, llegó el divorcio, la familia perfecta se desmorona, aparecen los ataques recíprocos, los amigos si te vi no me acuerdo, en fin, un asco. Sé de otros que se casaron un día cualquiera, con la única presencia del juez y dos testigos, porque consideraban el evento como un simple trámite administrativo, vamos como si te renovaras el carné. El juez durante la ceremonia y para animar a los presentes recitó un poema. Cuando acabó dijo a los novios que preparasen los anillos, el novio asombrado exclamó: “¿anillos, qué anillos?”, parecía que le pidieran una llave plana del 16. En público nadie diría que son pareja, ningún signo que los delate, ni anillos, ni besos, ¡ni ná!. Décadas después les sigue uniendo el mismo amor.
¡Ay, el Duende no sabe quién es!
aunque grande,
chiquito se siente él.
Por qué te atormenta Duende,
si tus palabras,
las digas como las digas,
para nosotros,
siempre son bien recibidas.
Un poquito de ironía,
mucho de sabiduría,
una pizquita de humor
tan bueno para el corazón.
Acaso no ve el Duende,
que allá donde fuere
siempre vuelve,
y con los brazos abiertos
siempre le atienden.
Quede tranquilo y en paz
que sus palabras
no pueden hacer mal,
porque ellas tratan por igual
a fieles y detractores,
sólo bondad y sinceridad
pueden con los rumores
de algunos pocos señores
que con otros ojos ven
lo que ellas no dijeron.
Estoy de acuerdo contigo, Duende. Pedro Ruiz tiene ingenio, sin duda, y muchas más cualidades, pero peca de importancia y de trascendencia, y eso le resta eficacia (y a veces se pone muy pesado).
No obstante, tenemos que apoyar siempre a los bufones, porque ellos son los que se atreven a decir inconveniencias y a meter el dedo en el ojo y en la llaga.
(Vamos, creo yo, no sé).
En los momentos más duros de mi vida lo que más he agradecido ha sido un buen achuchón, afectuoso y sin palabras. Casi siempre cuando se habla los condicionantes sociales, el pudor y la vergüenza esconde sentimientos que sólo puede expresar el tacto. Pedro Ruiz, un petulante insoportable.
Evidentemente, sólo he conocido a Pedro Ruiz televidentemente . Le seguí algo en la primera parte de su andadura mediática. Desconozco su deriva humorística. No me gusta juzgar a quien sólo conozco a través de algunas apariciones públicas, sin embargo me parece que el comentario del Duende es acertado, matizado y sincero.
Me gusta el comentario y las resonancias emocionales que evoca en quien lo hace, sin herir, pero también sin morderse la lengua a la hora de dar su opinión.
Ya quisiéramos que las críticas que hacemos, oímos o leemos estuvieran tan ‘matizadas’.No se trata ni de halagar, ni de desollar al evocado.No es ninguna ‘mamonada’.
(Y algo mamoncetes sí que somos)
Evidentemente: hacen falta (o hacemos) los bufones. Véase si no la injusta suerte de Alvbert Boadella. No es que moleste demasiado, es que sobra soberbia en algunos gobernantes.
LOLA, eres un encanto. Espero no defraudarte.
Querido Duende si yo fuera rei…llenaria mi corte de bufones…
tendrían prioridad en las audiencias y crearía su propio departamento, además de proponerte a tí como Duendeministro Bufón…
De ninguna manera llevarias corbata, no se… la distinción sería el sombrero, sí, denota elegancia, me gusta uno de colorines además lo venden en Disney (es de calidad).
Necesito tanto reirme, que no hay precio para pagar a la gente que teneis ese don.
Es cierto que Pedro Ruiz en los últimos tiempos dice muchas frases, y la verdad cuando se empiezan a dar citas…cansa un poco,parece la voz de mi conciencia y empiezo a sentirme mal por momentos,me gusta cuando uno se rie de si mismo, y si te juntas con unos cuantos así lo pasas pipa, seguro. Suele pasar con gente muy inteligente que olvida la autocrítica, en fin todo no se puede tener,dice la frase popular…Mmmm, Adela, Adela…
Si en lugar de tantos programas de “corazón” hiciesen de Humor estariamos mas sanos, dado que pasamos tantas horas frente al televisor. Despues de una buena carcajada uno se siente como nunca.
Pedro Ruiz: no conozco a nadie más encantado de conocerse. Y por ahí hay algún otro que, como él, “se siente soñado”. Menos mal que ya no lo tenemos en la tele. Enhorabuena al Gran Duende y a Capitán por seguir divirtiéndonos, ahora en El Mundo. A ver si convencéis a Julio César para que haga una triunfal reaparición. Obrigado!
yo me quedo con la imagen positiva del personaje. Su programa de TVE “COMO PEDRO POR SU CASA” (1985) era una joya que fue lider de audiencia y estaba en boca de todos. Me acuerdo de hasta la sintonia. No dejaba titere con cabeza