Uno de los villanos del comic y del cine a los que más ha envidiado el Duende es a Lex Luthor, el gran enemigo de Superman. No por su capacidad para poner en jaque al superhéroe, ni por sus inmensas riquezas. Sino porque, según confesaba en la primera película de la serie -sin duda la mejor- todos los días estrenaba calcetines. Algo que hace años, en la España austera y pobretona de la posguerra, era privilegio y tradición del Domingo de Ramos.
Si el Duende fuera multimillonario, incluso tan abominable como Luthor, no se dedicaría a hostigar a Superman con la kryptonita (por cierto, qué ridículo queda cuando su musculatura se desinfla, el paquete se jibariza y la braga náutica roja se le afloja). Tampoco tendría yates, ni jet particular, ni Rolls, ni casoplón en Marbella o en las islas Vírgenes. Pero estrenaría todos los días calcetines. Eso sí, siempre que el mayordomo desprendiera la etiqueta o cortara la antipática costura que les une. Trabajitos imbéciles, ni uno más, que bastante tenemos con la cruzada que es abrir un CD o librar al turrón de Jijona de su camisa de fuerza.
Los calcetines son unos de esos pequeños traidores que, con el pretexto de parecer insignificantes y pasar casi siempre inadvertidos, nos pueden amargar la vida. Se la amargaron al ex director del Banco Mundial Paul Wolfowitz, cuando aún en el cargo se descalzó para entrar en una mezquita y el fotógrafo captó unos tomatones en sus calcetines impropios no ya de un financiero de su alcurnia, sino de un director de sucursal de la Caja de Ahorros en la isla de Perejil. Qué bochorno: ¿se imaginan a Botín o los Albertos en semejante trance? Pocos días después de esta indiscreta instantánea, a Mariano Rajoy le jugaron otra mala pasada. Un paparazzi de cintura para abajo le sorprendió con los esa calva exagerada en el talón que presagia el agujero calcetinero. Imagínense: todo un señor registrador de la propiedad y representante de la derecha pulcra y atildada arrastrando esas miserias. Doña María ya lo diagnosticó hace tiempo: los calcetines se hacen de espaldas al pueblo, porque hasta el que asó la manteca sabe que su herida mortal se produce a la altura del borde del zapato. Los fabricantes son conscientes de ello -mantiene la doña-pero sinencambio los siguen haciendo con el refuerzo por debajo de ese nivel con el ojeto de forrarse aún a riesgo de dejar a Wolfowitz, a Rajoy y al Duende en ese ridículo espantoso que es un hombre con tomates en los calcetines.
No se en qué medida contribuye esta prenda al esplendor del PIB, pero dada la crisis del zurcido -ya no hay huevos para tan abnegada tarea- y la extrema sensibilidad de este gobierno, no entiendo cómo ZP no legisla al respecto o, al menos, subvenciona el decoro de los que no podemos ser Lex Luthor. Entretanto, al Duende le tortura la posibilidad de que, en cualquier momento, una aventura amorosa con Naomi Watts fracase por un calcetín traicionero que muestra sus vergüenzas en el momento de la verdad. Y qué decir de ese absurdo, ese arcano sin respuesta, esa náusea sartriana que le sobreviene cuando la lavadora fagocita misteriosamente a un calcetín y deja sola a su pareja.
¿Por qué se siguen fabricando calcetines de espaldas al pueblo? ¿Qué carajo se hace con un calcetín viudo? Demasiado reto para el pensamiento moderno. Al Gore, con los pies en el suelo, no mira sin embargo a sus talones, sino al tomate del ozono que está precipitando el cambio climático. El progreso impone agujeros que nos los zurce ni Dios.


Pero es que el pobre Lex tiene disculpa para el dispendio: no querrás verlo con la calva por arriba y por el talón, ¡calvo de la cabeza a los pies!
La prestigiosa universidad estadounidense de North Hampony ha hecho un estudio muy riguroso que indica que el número de tomates en los calcetines, a la altura del dedo gordo, disminuiría entre un 29% y un 52% (según calidades) si los usuarios de estas prendas se cortasen las uñas un 16,6% más a menudo.
Quzás ni los 10 científicos más prestigiosos del mundo no puedan pronosticar el estado de sus calcetines el día de mañana.
Y hablando de tomates, a quien habría que lanzar tomates es al animal salvaje ese de jersey rosa, que mientras habla con el móvil en un vagón de metro tiene la desfachatez y la cobardía de agredir a una menor, sólo por el mero hecho de ser colombiana. ¿A que no le hace lo mismo a un ruso de dos metros? ¿Dónde se meterá Superman en estos casos?
Me cuesta mucho desprenderme de cualquier prenda de vestir o calzar.Y como no me sobra el dinero alargo su vida hasta limites insospechados. Y tengo calcetines con tomates ¿pasa algo?
Hace algunos años se puso de moda vestir como los pobres de cuando yo era niño. En cuanto a algún famoso se le ocurra salir con sandalias y calcetines tomateros se acabó el problema.
Por mera curiosidad científica, que no tengo a mi primo a mano para que me lo resuelva: ¿North Hampony no es la misma Famosa y Prestigiosa Universidad que demostró, contra todo lo previsible, que nueve de cada diez mancos gastan poco los guantes (y el otro es el capitán Garfio)?
Sí, darabuc, es la misma, pero creo que los estudios fueron realizados por departamentos distintos. El que yo cito lo desarrolló el departamento de I+D del Instituto Tecnológico Superior de Calcetinería (Superior Technologic Institut of Sockery – Investigation & Research Department), financiado con una subvención del Fondo E. S. Gili para la Investigación Intrazapatera (E. S. Gili Intrashoely Investigation Fund). Es lo que distingue a los Estados Unidos, que hay especialistas en cualquier campo.
A mí mi mujer me tiene que descoser el hilito que une los calcetines nuevos, porque soy muy bruto, meto tijera y los desgracio. ¿Quién ha inventado esa estupidez que me complica la vida innecesariamente?
A veces gasto algún tomate, y me acuerdo de que cuando yo era niño mi madre me insistía siempre en que me pusiera calcetines y calzoncillos, si no nuevos a estrenar, al menos dignos, limpios y enteros, “por si tenía alguna desgracia”. Imaginaba con insoportable horror que “me pasara algo” y que me tuvieran que recoger de la calle en camilla y, para colmo, con calzoncillos sucios o calcetines tomateros.
Conclusión: Si llevas calcetines tomateros extrema el cuidado para que no te pase nada.
Como siempre el Sr. Duende me ha suministrado una dosis de sonrisa y otra de reflexión, Chapeau.
Nando, estoy con Vd. ¿donde estaba Superman mientras el energumeno del movil sacudía a la pobre chica? ¿y Batman, y Robin, y el Capitán América y los 4 Fantásticos?. Se dió cuenta que el viajero contiguo ni siquiera se atrevió a moverse, ese si que era un tomate. No me he visto en un trance igual, pero creo que no sería capaz de quedarme sin revelar mi verdadera identidad quijotesca.
P.D. Yo los calcetines viudos los dejo en el cajón y en segundas o terceras nupcias se emparejan con otros que corrieron su misma suerte. También para dificultar el misterio de la desapariciones al lavar suelo anudarlos, lo que además facilita la labor del emparejamiento, evitando ese otro problema tan feo de lucir un calcetín anciano en un pie y en pletórica adolescencia en el otro.
Es verdad que nunca sabes que sorpresa te puede dar un calcetín. Siendo niña, una de esas tardes destinadas a la costura de una buena gladiadora del hogar como era mi madre, era incapaz de tirar nada, por aquel entonces ya contaba con un master en el reciclado del hogar. La curiosidad me llamó a descubrir qué era eso de zurzir. Para iniciarme en el arte del coser, me dió un calcetín viejo con un tomate en la punta de los dedos. La niña ni corta ni perezosa, a falta de huevo, cogió un botón grande para frenar el roto y lo cosió dentro del calcetín, eso sí, del mismo color. Lo plegó y lo guardó donde correspondía, creyendo haber hecho la buena acción del día. El destino quiso que el dichoso calcetín fuese a parar a los pies de mi padre, sientiendo las molestias que le producía, pensó que le había crecido el pie o se le había quedado pequeño el zapato. Harto ya y después de algunas maldiciones, decidió ver qué pasaba y descubrió que dentro del calcetín a la altura del dedo gordo había cosido un botón. La bronca que me cayó fue tremenda, menos mal que nos invadió la risa y me libró de algo mayor. Desde entonces, los calcetines merecen mi mayor respeto, simpre te pueden jugar una mala pasada. Sigo con el reciclado en el hogar y cuando veo que un calcetín está a punto de dar tomates, lo relleno con un zurzido. Ya ves, joselepalos, pertenecemos a esa élite que usa calcetines con tomate y no pasa nada, ya que como dice doña María a los fabricantes les importa un pimiento esa poblemática, de paso, contribuimos a no aumentar sus beneficios.
Duende, dices con mucha razón, que “ya no hay huevos para tan abnegada tarea”. A más de un joven habría que explicarle el doble sentido, porque seguramente sólo le encuentre uno. Nunca he zurcido un calcetín, pero tengo un huevo de esos.
En mi caso, después de que la lavadora fagocitase misteriosamente varios calcetines, la respuesta fue un atasco tal que hubo que levantar el suelo y cambiar el bote sifónico. Braulio debería poner solución a eso.
Si tuviera que hacer un máster en filosofía y/o sociología, quisiera que me lo diera Doña María.
Zoupon y darabuc, me he reído un huevo con lo de los americanos.
Inenarrable, amigos. He gozado con todas las respuestas. Y me quedo estupecto pensando que tanta inquietud filosófica sobre los tomates haya quedado hata ahora sin foro de debate.
Propongo, sin más, solicitar audiencia a Moncloa para que, metidos en juerga, el Presidente nos incluya en la nómina de subvencionables y creemos el IWIESTO (Instituto Wolfowitz para el Estudio de la Incidencia Social de los Tomates)
La historia de Lola, sencillamente deliciosa. ¿Por qué no la escribes y la mandas al concurso de la HUCHA DE PLATA de las Cajas? Más ahorro que el que demostraste, imposible.
Enhorabuena a todos. ¡Esto marcha!
Conservo un huevo de madera precioso que usaba mi madre para zurcir. Lo miro, pienso que no vale para nada y que lo voy a tirar, y al final vuelve a su sitio.
Reducir, Reutilizar, Reciclar y finalmente Recuperar para un uso distinto es lo que se nos propone para ser respetuoso con el medioambiente. Lo cumplo todo. Compro pocos calcetines (buenos, eso sí para que duren) y procuro que sean parecidos (negros, grises y marrones dan juego suficiente). Cuando ocurren desgracias tipo “misteriosa desaparición” (aún no lo entiendo, vivo en un bajo y no se me pueden caer al patio y mi lavadora no se ha atascado nunca ¿?), los junto y como decíais antes, forman parejas de segundas nupcias. Que se rompen… pues se cosen (siempre que el remiendo no sea visible) y finalmente cuando ya están inservibles, adoctrinada por mi madre, me acojo a la enmienda de las gladiadoras del hogar y, tal y como ya comenté en el blog del Capi, se los enfundo a la escoba para que vaya sacando brillo al suelo a la par que se lleva las pelusas.
Saludos a todos.
Eres muy amable Duende, si te he sacado aunque sólo sea una pequeña sonrisa, me doy por satisfecha. Mi única intención es pasar buenos momentos junto con los demás duendeadictos. Jamás podré devolverte tantos y tan buenos momentos que nos has hecho pasar en la radio. ¡Qué risa! Bueno, hasta que te canses de las tonterías que una ciudadana de a pie se atreve a contar. Te aseguro que cada vez que contesto, salvo en contados casos serios, siempre, siempre me pregunto a quién narices le importan mis chorradas. Cuando envío un comentario me digo a mí misma que es la última vez. Aprovecho la ocasión para pedirte por favor, que le hagas un homenaje a Curro el Meloso, junto con doña María son mis personajes preferidos. El verano en que Julio estaba de vacaciones y ya no volvería al programa, que dirigía Javier Segade, tuve la ocasión de dedicarle a Curro unas palabrillas por antena, en el contestador de Buenos Días, no sé si lo recordarás. Me dijo que “estaba mu emocionao”, me alegró mucho. Mira si me hizo ilusión que lo grabé y hasta se oye la gitarra con que Agapito acompañaba a Curro y las risas de fondo. Debo mucho a la radio de Julio César Iglesias y a todos, pero a todos sus colaboradores y técnicos. Gracias a tí y a todos de corazón.
Es increíble lo que puede dar de sí un humilde calcetín, en su vida real, en la virtual (no hay más que leeros) e incluso después de su jubilación. Tras ser estirado, restregado, estrujado, pisado, aromatizado a lo Cabrales con denominación de origen, y enviudado (¿de matrimonio homocalzar?) rinde apañados servicios como bayeta contra el polvo, limpiacristales o inmejorable sacabrillo a los zapatos. ¿Hay quién dé más de sí?
Si,si eso es lo que yo queria desir Angelus, esque yo empleo los calsetines de lana gorda o de algodón, por el campo con las botas de goma hase frio y si tienen tomates de esos,que mas da , el pie transpira. Cuando ya estan llenos de tomates por abajo,ya no me sirven de nada, bueno si, los junto y vienen muy bien para dar aseite a los muebles,una ves al año hay que sacar todos los mubles a la terrasa y darle una buena untada de aseite con los calsetines, ah y la madona de la posesión lleva una cosa que se llama pinquis o así (son de mujer medias,color carne solo para el pie,pero) y los tomates los enconde poniendo el talón en la punta y la punta en el talón, Mmmm,lo he visto.
LUZ, seguro que estás por aquí. Espero que estés bien. Necesito tu ayuda y que alumbres mi camino en esta travesía antes que acabe trufando de faltas a nuestra querida lengua española. ¡Qué vergüenza, zurcir lleva sólo una z y yo le he metido dos! Puede que tenga que ver el vídeo del Sr. Zapatero, acabo viendo zetas por todas partes. Vuelve con nosotros, por fa.
Halagada y enternecida me hallo, perspicaz Lola. Claro que estoy aquí. Cada día me asomo, aunque sea un momento, entre trabajo, hospital y labores domésticas. Pero me da tiempo nada más que a sonreír, enarcar las cejas y cerrar mi sesión, esperando ocasiones más favorables como por ejemplo hoy.
Respecto a mis pretensiones académicas, no me necesitáis… lo vuestro son meras erratas mayormente, que diría doña maría, que yo aprovechaba para jugar -con vosotros y conmigo misma- e irme introduciendo en este lugar haciéndome querer, deporte en el que soy maestra aunque a veces no del todo..
No obstante lo dicho, forma y fondo no son excluyentes ni debe ir ninguno en detrimento del otro.
Ah! y sobre el tema del día, decirte que también me he reído con tu botón, que también me sorprende como al duende lo que da de sí el tema, la de experiencias que todos compartimos. Cuento la mía: mi marido ha estado a punto de matarme varias veces acusándome de tirárselos a la basura y me tildaba de mentirosa compulsiva cuando se lo negaba. El hecho era que le desaparecían y nunca lo entendí, aunque tenía-tengo perro y eso… Pero acabó tomando medidas drásticas: se compró más o menos 2.000 pares muy repetitivos para juntar viudos en su caso, me quitó una bolsita de esas de lavar ropa delicada y optó por juntar en ella muchos pares y echarlos a lavar juntos con prohibición de sacarlos de la bolsa para su secado. Los esconde en su armario o en cualquier sitio hasta que decide que el momento ha llegado. La medida es dramática por lo de “en cualquier sitio”, que aunque sea dentro de nuestro cuarto no me hace ninguna gracia. De hecho las pérdidas han disminuido pero no eliminado del todo. No sólo tiene magia el duende. Son cosas que pasan. Hasta pronto.
Pero Duende, un día amargado por un calcetín? o un bochorno por un tomate?,no es para tanto, sería peor llevarlos sucios,total los hombres poderosos tambien son humanos y con miserias como los demás, esas cosas los acercan más al pueblo, no iba Doña Leticia con su neverita a la playa? pues eso, con y para el pueblo.Deberían de aconsejarlo los gabinetes de imagen.
En mis pies suele ir uno de cada color, debido a que no entran en el bombo de la lavadora a la vez y claro en esta dinámica nunca lo conseguiré, también los colores aunque sean del mismo par uno está más desteñido que el otro, por mezclar los colores en la lavadora (sin querer), total que ya no es ningún ridículo espantoso si alguien me pregunta digo que es para romper la uniformidad y ya está.
A Al Gore podría habersele ocurrido lo de ser ecologista antes, cuando mandaba en U.S.A, no te parece? en fin está bien que ahora lo sea y le escuchen los que mandan pero cuando te pagan 20 kilos por una conferencia pues…no se si lo importante es el medio ambiente o…otra cosa, es un tema que da mucho que decir.
BUENOS dias,aproveghando que algun viernas,porla mañana viene un vendedor ambulante a nuestra aldea,el otro dia borron t cuenta nueva ocho pares y cuatro camisetas termicas,los calcetines son como las personas que nos vamos quedando solos,sueltos,erosionados por el uso,y tambien con algun roto.UN ABRAZO PARA TODOS.
Sí Candil, algunos tienen la suerte de dar con alguien que aún zurce y tiene preferencia por arreglar rotos y descosidos, pero como digo es cosa de fortuna.
No le dije al Duende que lleva razón sólo en una cosa con los calcetines, es dramático sólo en caso de aventura amorosa, ahí si, por favor que nadie se presente con un calcetin roto, hunde el…momento(por no decir otra cosa)completamente, ya queda algo ridículo el señor con los calzoncillos y los calcetines subidos (ahi miramos para otro lado y se supera), no me lo quiero imaginar con un dedo del pie asomando ¡SOCOOOOOORRRROOO! ME VOY!.