(Publicado en MARCA 25 octubre 2007)
Lo avisó el poeta: Hay otros mundos pero están en éste. Había otras soluciones, pero también estaban en Raúl. No el del Madrid, el que da dolores de muelas a Luis Aragonés, según unos divinizado y según otros despreciado. No se trata del cásico por cuyo homenaje tanto se polemiza, sino de otro que sin tantos redobles de tambor va haciendo historia en un club y una selección poco acostumbrados a la gloria. Ay, Raúl Tamudo, qué grande eres. Y cuánto te debemos los que inconscientemente nos dejamos deslumbrar por las estrellas y ser guiados por los grandes predicadores del balón.
Salvo la pirula que le hizo a Toni en aquella final de Copa de tan infausto recuerdo para los Atléticos -entre los cuales se encuentra este duende- todas las suyas son buenas vibraciones. No abundaré demasiado en la maravilla de esa vaselina con la que apuntilló al Madrid el pasado sábado. Fue excepcional, pero en esta liga he visto goles de Javi Guerrero, de Sergio García, y de otros cuyos nombres no recuerdo que me hacen creer que, de cuando en cuando, algunos pies españoles adoptan la nacionalidad brasileña. Me refiero a su biografía, su record de goles con los periquitos, su rendimiento con la camiseta roja de España y, sobre todo, a su perfil humano.
En estos tiempos en que un canterano es visto por directivos y entrenadores con recelo, da gusto que alguno sea profeta en su tierra y permita soñar a los más jóvenes. A esos que son campeones de Europa o del mundo como juveniles y luego desaparecen o chupan banquillo en beneficio de un jugador importado. Tamudo ha conseguido superar esa maldición, y se lo merece. Le recuerdo cuando el Español le quiso traspasar al Glasgow Rangers, y el hombre no podía aguantar las lágrimas al despedirse. Es un gran futbolista, pero tan cumplidor y discreto que a ninguno se nos ocurriría adjetivarle como estrella.
Con su flequillo de Tintin, y ese aire de joven profesor universitario que le dan sus gafitas fuera del campo, Raúl Tamudo cae bien a todo el mundo. Y, si no el gran homenaje del otro Raúl, merece de largo estas líneas. Como escuché a un castizo que en un bar veía por la tele su último golazo, tará mudo, pero lo que ha hecho por el Español y la selección lo dice todo.


Lo único que entiendo de fútbol es cuando Luis Aragonés dice: ¡hombreeeeeeeeeeeeeee! Había alguien en la radio que lo imitaba muy bien y me reía mucho, ahora no me acuerdo cómo se llama. A pesar de mi ignorancia futbolística, el Duende es capaz de hacerme reír. ¿Cómo puede hacer una mayonesa con el poeta, el balón y los jugadores? ¡A mí sin el huevo no me sale!.
Hombre, tal y como está el pátio, donde todo se compra y se vende y en fútbol no se compra ni se vende mal, algo tiene que tener el chaval que lleva ahí toda la vida anclado a su madridismo, desde luego fácil de comprar no es, y siempre he pensado que dice algo de la persona aunque desconozco el trasfondo y el ambiente futbolístico. Ah¡ y que siga casado con Mamen, la misma, siendo futbolista de élite, increible¡
Son RAULES,distintos,lo unico que se parecen es que los dos juegan al futbol,cada uno con su historia, mientras que uno despues de una derrota se recluia en su casa con su entonces novia,el otro celebraba en el asador Donostiarra,con un GUTI recien salido del Castilla,Contreras,Sanz,etc..etc pero el sentimiento hacia un club,creo que hay mucha diferencia,solo lo podemos apreciar los que sentimos desde fuera unos colores,al RAUL blanco le avalan que empezo muy joven,y era una pieza del manzanares,tuvo su suerte,en el terreno de juego,pero tambien,tuvo su mala suerte con su vida privada,en el sentido de que a ese nivel o eres de otra galaxia interiormente,y te respetan los medios,o no tienes vida privada.El RAUL PERICO,a dado muestras sobradas de lo que en estos tiempos es algo diferente,el amor a un club FELICIDADES ,R.C.DEPORTIVO ESPAÑOL por haber sabido retener con cariño a un jugador que lo veremos algun dia en la tribuna transmitiendo una filosofia de trabajo,dedicacion,y profesionalidad con sello responsable.
Creo que los dos Raúles son señas de identidad de sus clubes.
Y los dos vienen rebotados y rechazados en su más tierna edad del otro gran equipo de su ciudad.
Me entusiasman los dos. ¿Por qué echarlos a pelear? Que vivan los dos y hurra por los dos.
Me reí un montón el día en que el Duende, monotemático, recreó a su tocayo con aquello de: “¡Mátame! ¡Mátame, pero no mientas!” Estos días lo habríamos pasado muy bien con lo de: “¿Cuántos mundiales ha ganado Raúl? Ninguuuno. ¿Cuántos europeos? Ninguuuno”.