Como tantos españoles de su tiempo, el Duende recibió una educación religiosa. Ni que decir tiene que se lo creía todo. Dado que desde el principio le contaban que el hombre es un animal racional, procuraba analizar las verdades difíciles que a veces impone la fe a la luz de su inteligencia. No sería ésta muy larga, pero era lógica. Y sobre todo curiosa. Se fijaba, por ejemplo en lo que querían decir las palabras. Especialmente las que definían o adjetivaban muchas de las inquietudes del alma.
Hablo de la tentación, hijos -padre Bonete dixit. Cuántos conceptos nebulosos y cuántas palabras a mi modo de ver inadecuadas en torno a este espinoso tema. Recuerdo aquéllos libros que preparaban para el sacramento de la penitencia: propósito de la enmienda, dolor de corazón, decir los pecados al confesor, contrición perfecta…EL Duende se arrodillaba ante el confesionario del padre Cayo y, preocupado, se llevaba la mano al pecho. Qué horror, el corazón le latía tan pancho, y no le dolía nada. ¿Merecería a pesar de ello el perdón divino?
Peor era aún cuando desmenuzaba la diagnosis de pecado que facilitaban, a modo de guía, los piadosos libros de religión. Vayamos al sexo, que es lo que interesará todos. En el catálogo de horrores, junto a miradas lascivas y tocamientos libidinosos, se hablaba de posturas torpes. Yo miraba a Anita, una niña gorda que tropezaba en la comba cuando hacía doubles, y pensaba pobrecilla, qué torpeza, y lo peor es que no sabe que está pecando.
Además de las posturas, también prevenían los manuales contra los apetitos desordenados. Y aquí el Duende se rebelaba: ¿qué le importaba a Dios el orden de los platos en la mesa? Según eso, los maragatos, que empiezan por los garbanzos y rematan con la sopa su famoso cocido, eran todos pecadores. Menos mal que la mente va evolucionando. Ahora al Duende los apetitos no le asustan., y aunque conviva con algunos de los que los guardianes de su conciencia llamaban desordenados, cultiva muchos otros perfectamente ordenados.
Ejemplos de apetitos ordenados, todos ellos inocuos. Hay momentos en el que el cuerpo apetente del Duende pide bocadillo. No un manjar exquisito, no, sino precisamente un bocata, porque el organismo es así de caprichoso y tal hora, tal lugar o tal situación, está ordenada a ese apetito. Hay otros marcados por el síndrome de abstinencia del café con porras, y sólo esas porras, calientes y crujientitas esponjando el café con leche por el gaznate abajo pueden llenar ese momento de placer. En verano manda para merendar el apetito de Cola Cao frío con galletas maría, y aunque las haya mejores, han de ser esas, las de la clase maría. Hay horas para desmandarse y morder apasionadamente un bloque de buen jamón cocido. En otras debilidades más espartanas se echa de menos el huevo duro. Y cuando en las mantequerías de postín se exhibían esos monumentales quesos Emmental partidos por la mitad -eran los años del hambre- el Duende soñaba en traspasar el escaparate y comérselo todo. Dentro de un orden, claro.
Hoy, día de Todos los Santos, solemos recordar a nuestros muertos. La edad es tan sabia que, a medida que tienes más boletos para su rifa, le vas perdiendo miedo y respeto a la parca. De tal manera que al Duende, lejos de la melancolía, le invaden sobre todo recuerdos dulces de los que ya no están con él. Será deformatio patris Bonetensis, pero es invocar la memoria de su madre y volver a paladear aquellos buñuelos de crema que tal día como hoy preparaba. Colmaban un apetito más que ordenado- sólo se tocaba a tres o cuatro, problemas de la familia numerosa- pero sabían tan ricos y amorosos que gustaban como el más placentero de los pecados. Menos mal que la misericordia de Dios es infinita, porque hoy, en memoria de su madre, piensa engullir buñuelos de santo con apetito desordenado.

Ah! las madres, querido Duende, cuando las tenemos nos incordian a ratos y cuando nos faltan las echamos tanto de menos…hoy la mia se ha empeñado en hacer “cocarrois” una delicia a la que yo no voy a decir que no, y el desorden para mi es ahora un gran placer y un lujo, como cuando quiero lo que quiero. Mira me has dado una idea y voy a saborear los “cocarrois” a la salud de Sor Francisca (la madrastra del cuento de Cenicienta”, una monja Agustina que nos hacía comer unas rebolas de pescado que creo que tenian espinas y los niños llenábamos con ellas los bolsillos del babero todos aceitosos para tirarlas por lo alto de una tápia al patio del vecino, no cuento lo que pasó cuando el hombre delator se cansó de recogérlas.
¡Feliz día de todos los Santos!
Hoy yo también comeré buñuelos en memoria de todos aquellos que fueron actores protagonistas de mi vida y que hoy ya no están aquí. Les recuerdo con inmensa gratitud.
Exactamente el mismo desordenado apetito conque nos hemos trapiñado en casa una bandeja de buñuelos variados de postre: sólo nos ha dado la voluntad para guardar unos cuantos para la merienda, por si nos da pereza salir de casa a por más. Y hablando de confusiones catecismales: a mí me traía traía por la calle de la amargura lo de los enemigos del alma, porque lo del demonio lo entendía, lo de la carne lo asociaba a los viernes de Cuaresma y mira… pero lo del mundo, es que no había forma. Sólo comparable a la intriga que me provocaba una tal Porfía, que encima era madre nuestra (ya saben, lo del “Venid y vamos todos, con flores a María…).
Y por cierto, el foráneo muchacho éste que se hace propaganda un poco más arriba, ¿es un pirata, un espía o “lo cualo”?
Ah, y por cierto, que me parece a mí, Mr Ciprian, que problema, lo que se dice problema, el apetito desordenado por las cosas ricas de la vida, no lo es para ninguno de los de este blog, Duende al frente.
A mí la muerte me ha dado siempre mucho miedo. Pero miedo de verdad. De despertarme de madrugada con la certeza sólida de que me tenía que morir. Es algo horrible.
Es verdad que con los años ese miedo se va suavizando, y espero que poco a poco lo vaya tomando cada vez con más naturalidad.
Mientras tanto, pensar en nuestros muertos nos llena de dulzura, y los buñuelos ayudan. Los apetitos nos demuestran que estamos vivos, y dedicamos esta vida apetente y apetitosa, con cariño y reconocimiento, a nuestros queridos muertos.
Por eso somos capaces de hacer una fiesta a la muerte. Qué cosas.
(P.D.- A mí me pasaba lo mismo con la torpeza: no entendía nada).
(P.D.2.- Me he reído mucho con Ciprián. Qué tierno y encantador, ¿verdad?).
¡Ay, bendito sea el Señor! Qué alivio veo que no soy la única pirada descarriada en este blog abandonada de la mano del Señor, ese que está en los cielos, que dicen, yo nunca lo he visto. Y aquí la menda, piensa: o lo veo o no me lo creo. Quietos paraos! Que lo digo con todo el cariño del mundo, no seáis mal pensados. Vamos a ver, aquí el personal no piensa más que en jalar, joer, ni que fuérais unos muertos de hambre. Buñuelo por aquí, churrito por allá, menos mal que ya he comido, si no que mal se me pondría el cuerpo.
TRINI, me he reído mucho con “lo cualo”. En este bosque encantado aparecen duendeadictos como churros, ¿no os parece? ¡Mejor que mejor oiga! Lo de SAN CIPRIAN si que es poesía pura, lo demás…
Querido Duende, como siempre me sacas cien sonrisas y me tocas el corazón. Gracias por hacer tan dulce la nostalgia por los que ya no están.
Feliz día a todos
Veo que todos ya estais aprendiendo a poner caritas con risa y todo eso,y…nadie cuenta como. Pido por favor un voluntario/a enrollao que explique:
1- Como mete la foto al lado del nombre del comentario.
2- Como mete las caritas amarillas de risa.
Pero explicado en plan…receta casera para adultos que no han cocinado en su vida, prometo que lo he intentado y fracasado, quizas no sea la única del blog, animo a la solidaridad bloguera¡¡¡
Adela, las caritas aparecen automáticamente gracias a un programa. No hace falta que tengas nada instalado en tu ordenador, simplemente escribes donde siempre lo haces siempre, y si quieres una sonrisa pones seguidos dos puntos, un guión y la parte que cierra un paréntesis.
. Para mostrar sorpresa, pones dos puntos, el guión y una o 
Que quieres que haga un guiño entonces pones punto y coma, un guión y de nuevo la parte que cierra un paréntesis.
Si te das cuenta, al escribir esos caracteres y mirar de lado, efectivamente parecen una sonrisa y un guiño. Una vez envías tu comentario, la cara aparece en el texto que se publica. Las posibilidades son muchas. La cara de tristeza es como la de sonrisa pero con la apertura de paréntesis
Te mando un enlace de la wikipedia en el que puedes ver unos cuantos emoticonos (así se llaman)
http://es.wikipedia.org/wiki/Emoticono
Un saludo
Adela, mi arma a mi me pasa lo mimmo, quiero poné una afoto al lao de la lola, pero no sé cómo. A vé duendeamigos ¿cómo se hase? Duende, vamos a atrevernos si alguien nos explica cómo, a ponerle cara a los comentarios, así podrá llamarme fea si lo desea.
Para Adela: Voy a ver cuántos emoticonos me salen (si no sale un churro, o un buñuelo, o un hueso de santo…).
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Ya veo que seguimos en el bosque animado, por aquello de San Ciprián.
Hey, Ciprian. Would you like talking about ‘buñuelos’ (something like fried small pastry balls)? Perhaps you don’t know anything about them, hi hi! Anyway, be sure I’ll take a walk at your blog, of course.
Hablando de pecados y tentaciones, Duende, la imagen de los inmensos “emmentaler” para mí es una obsesión. No sé si tendrá alguna implicación freudiana, pero la primera vez que los vi fue en Paris, en una de esas mantequerías abiertas a la acera de Faubourg-Saint Antoine, siendo un estudiantillo trabajador de verano, y aquellas fauces abiertas mostrando sus inmensos agujeros tenían algo así como una invitación lasciva que abría el apetito… Es un recuerdo imborrable, que llevo siempre asociado a la ciudad de la luz. Ahora, cuando compro en el súper mis porciones del rico quesón envueltas en su funda plástica, aquel encanto ha desaparecido. Pero en cuanto termine estas letras voy a buscarlo al frigo…
Queridisimos¡¡ esta noche me lo leo todo y como no me salga la carita de risa¡¡¡ me tomaré la pastillita para dormir .
Sois todos un encanto, ADEMAS DE LOLA,ejem…que majos Dios mio¡¡
Vuelvo del día de fiesta otra vez al trabajo con una bandeja de huesos de santo para que los prueben mis compis y me encuentro este tema en el blog. Se me ha abierto el apetito, totalmente ordenado eso sí, y estoy deseando que llegue el rato del café para abrir el envoltorio, aspirar el olor de la yema y lanzarme a por un hueso.
Aprovecho para felicitar a Lola por sus relatos y decirle a Darabuc que a través de su blog he cogido varios títulos para iniciar a mi hijo en la lectura.
Duende, cuando vuelvas a Baeza date una vueltecita también por Úbeda y te recomiendo Segura de la Sierra, un pueblo precioso que descubrí de casualidad cuando regresaba de la Sierra de Cacerola, uy perdón, de Cazorla.
Me encanta entrar a tu blog y disfrutar de todos vosotros.
Exámen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de la enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia.
Con siete u ocho años era un proceso terrible:
El exámen de conciencia, vale, sin problema, eras consciente de lo que habías hecho mal, distinguías la mayor parte de las veces entre lo que se debía o no debía hacer. El dolor de los pecados, huy, terreno movedizo, creo que ya me condené, si le tiré de las trenzas es porque lo merecía, no me duele nada ese pecado. Propósito de la enmienda, pues nulo, porque cómo me llame tonto y feo otra vez, le tiro de las trenzas más fuerte o me lío a patadas. Y encima, como le dices los pecados al confesor porque ya estás allí arrodillado y te mira tu mamá, pero se los dices sin arrepentimiento ni ánimo de cambiar, cometes sacrilegio. Y sales de la confesión con los mismos pecados veniales que no te han sido realmente perdonados, más uno nuevo, el mortal sacrilegio. Y si te me mata un coche al salir del templo, al Infierno de cabeza y de por muerte.
Y en la siguiente ocasión, a ver quien es el listo que confiesa semejante paquetón. Así que la cosa va aumentando, una confesión falsa tras otra, hasta que un día dejas de confesarte y confías en que la misericordia divina sea de verdad infinita.
¿Verdad que los buenos son los de crema? Tambien he dado buena cuenta de unos cuantos. Pero tambien me sabían mejor los de mi madre.