¿Por qué no regresar a donde has sido feliz?

 Playa de San Pedro

Vuelvo a ver/ ese valle de San Cosme que tanto amé….Así empieza una habanera que escribió el Duende para un lugar de Asturias donde apareció con su mujer y tres criaturas y pasó las vacaciones de agosto de 1978. San Cosme es una barriada de San Martín de Luiña, concejo de Cudillero, en la zona occidental de la costa asturiana. Se enclava en las laderas del Valle de las Luiñas, que vierte al Cantábrico por el río Esqueiro. El que le descubrió esta bucólica postal fue su amigo Carlos Aguayo, arquitecto de profesión y acuarelista de devoción. Qué lugar…/aquí un hórreo, allá un castaño/ allá un nogal -decía otra estrofa. La habanera, facilona ella, contaba la historia de un indiano que regresa a este pueblín y se casa con la que fuera el amor de su infancia. Más o menos, como en la zarzuela Los gavilanes, que tampoco estaba obligado el Duende a ser muy original, y ya se sabe que este tipo de canciones cuanto más tópicas más resultonas. El arquitecto había encontrado ya a la dueña de su corazón, y sin tener que emigrar a América. Se llamaba Maribel, y era una de las muchas joyas naturales que adornan el valle. …Porque al fin…/ en el valle de las Luiñas/ junto a mi niña/…¡ya soy feliz! Los madrileñines, como nos llamaban en la aldea, se lo cantamos a coro a la docena de aldeanos congregados en el único bar de la aldea. Primicia absoluta y estreno mundial. Y a Manolo el mono, alcalde pedáneo, un paisano recio al que le rebosaba la pelambrera del pecho por el cuello de la camisa, se le escaparon dos lagrimones. La habanera cumplió su objetivo. Y la familia del Duende volvió a San Cosme todos los veranos hasta que sus polluelos se le desparramaron y comenzaron a volar por su cuenta.

Hay un apotegma que conseja no volver al lugar donde has sido feliz. Al Duende le es imposible asumirlo. Los veraneos se hacen gregarios, uno va a un sitio nuevo de la mano de un amigo y enseguida se quiere traer a otro, que a su vez arrastrará a alguno de los suyos. Como las cerezas en el frutero, que se enganchan entre sí al tirar de ellas y acaban saliendo en pandilla. Unos se asientan e el lugar para siempre, otros asoman sólo los veranos. Mis amigos de referencia, Félix y Begoña, gaditano él y valenciana ella, se han arreglado una casita encantadora con pomarada y me han invitado a pasar con ellos este increíblemente soleado puente otoñal. He vuelto a los parajes de antaño y me he sentido muy a gusto. Otros, celosos de su descubrimiento, desean guardar el secreto. No lo cuentes, no hables de la Luiñas le dicen uno. ¿Y por qué no? Los que somos de donde pacemos somos generosos: nos gusta dar a conocer nuestros pequeños paraísos.

En los primeros veranos, el cartero venía a la casita del Duende a caballo. Repartía el periódico -del día anterior- y cartas y postales. Aún se escribía la gente. Al atardecer, los duendecitos se acercaban a un caserío cercano a por la leche recién ordeñada. Todavía no era delito de lesa sanidad beber leche de vaca sin tratar. Probablemente habrán sido de las últimas generaciones en percibir ese grato ruidito, tan inconfundible, del disparo de leche desde el pezón de la vaca percutiendo en el cubo. A un niño de nuestra época en el campo eso le era tan familiar como el sonido del móvil ahora, pero el mundo cambia. Sobrevive el mismo panadero de Soto de Luiña que hacía exquisitas enfiladas y bollus preñados. Otros paisanos amigos, con los que tomaba un vasín y comentaba las cosas del lugar han desaparecido.

También el paisaje ha cambiado. La carretera Gijón-Ribadeo ha plantado unas enormes pilastras en el lecho del valle, para soportar el paso de la autovía que lo salva. De repente aquel paisaje de pintor costumbrista ha tomado un cariz de cuadro de Edward Hooper. En una décadas ya será una visión clásica. Arriba, en las brañas, giran unos de esos molinos blancos hipertiróidicos que generan energía eólica. Los fondos estructurales han asfaltado muchos caminos, y en general se ve todo más limpio y cuidado. Afortunadamente, aún no se observan terribles desmanes urbanísticos. La playa de San Pedro de la Ribera, muy mejorada, sigue abierta a un Cantábrico imbatible que le golpea a uno el rostro con el aire de la naturaleza brava y la sal de la vida.

Dice García Lorca al final de su Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías que también se muere el mar. Esperemos que quede en simple metáfora. Aunque, si el cambio climático llegara, no podrá arrebatar ya lo que el Duende disfrutó en el Valle de las Luiñas. A él regresó, y, pese al aforismo de marras, siguió sorbiendo su pequeña dosis de felicidad.

25 Respuestas a “¿Por qué no regresar a donde has sido feliz?”


  1. 1 lola noviembre 11, 2007 a las 9:43 pm

    Pequeñas dosis de felicidad tan necesaria para seguir adelante.

    ¿En qué sección del super podemos encontrarla?, ¿En refrigerados?, ¿Existe en paquetes de 12?, ¿Cuánto tiempo se conserva una vez abiero el envase? ¿Sabe alguien de alguna oferta interesante?

    Si el mar se muere, nos arrastrará mar adentro con él en busca de un nuevo mundo, porque difícilmente habrá lugar en la tierra para darnos cobijo.

    Por lo que pueda pasar, voy reponiendo día a día el stock de seguiridad en materia de felicidad. Por supuesto, aprovechando las ofertas que nos ofrecen las grandes superficies, sin olvidarme del first in first out.

    Doña María, ¿cómo podía vivir sin los grandes almacenes?

  2. 2 Elena noviembre 11, 2007 a las 10:44 pm

    He pasado en el Valle de las Luiñas los veranos más incoscientes y felices de mi vida, y también los más nostálgicos. Mis hijos llegaron siendo niños y hoy, alguno ya padre, vuelven al lugar donde descubrieron la libertad, la pandilla, el primer amor, la primera borrachera (menuda bronca), el verano más triste que nos hizo muy fuertes y nos unió como una piña, y yo,los mejores e incodicionales amigos (os reconceis ¿no?). Hoy sigo pasando el tiempo justo y necesario en ese paraíso que me robó el corazón y me desiquilibró la mente. Sé que la nostalgia es tracionera y no quiero que las cerezas, todos tenemos frutero, surjan como una maraña incontrolada, pero sin ver el Pico del Gallo, sin ir a la playa por el camino de Prámaro, sin subir a Arcallana entre bosques de castaños, sin hablar de lo divino y humano durante una larga caminata… mi vida sería otra.

  3. 3 José Ramón noviembre 11, 2007 a las 11:35 pm

    Sólo he ido a Asturias una vez, y me alojé en la casa de unos amigos de la Pola de Allande. Disfruté mucho. Me gustó muchísimo Asturias. Pero, sobre todo, me gustó la combinación del paisaje y la gente en general, y de mis amigos y sus familiares en particular.
    Nunca más he vuelto a Asturias. Esa combinación añorada ya no volverá a ser posible. Pero me gustaría volver, y tomarme unas castañas con los que quedan.

  4. 4 Trini noviembre 12, 2007 a las 8:07 am

    Pues depende de según y cómo: yo vuelvo a Asturias con frecuencia, pero nunca me es fácil porque me falta demasiada gente muy querida, inextricablemente unida a esa tierra, que se fue demasiado joven.

  5. 5 Adela noviembre 12, 2007 a las 8:26 am

    ¡Claro que hay que regresar donde uno fué feliz!,no podria evitarlo, gracias por compartir tus secretos,tomo nota. En Asturias siempre descubro un rinconcito hermoso entre casa y casa familiar.Mi madre es de allí, de Cangas del Narcea concretamente de la aldea de Argancinas, regresar al pueblo es recordar la infancia en los olores, el paisaje, los caminos, algunas aldeas entán muy intactas y parece increible pero uno se transporta y siente aquellas emociones.

  6. 6 Adela noviembre 12, 2007 a las 8:33 am

    José Ramón entonces regresa! Jamás pasé tanto frio como en la Pola, siempre he ido en invierno y tengo unas fotos de los chuzos del agua en una fuente increíbles, jamás lo había visto, esto en mallorca en inimaginable¡¡.Ay que ganas de escaparme yo también¡¡

  7. 7 Salvador noviembre 12, 2007 a las 9:53 am

    Yo también tengo recuerdos, muy recientes, de Luiña. De Soto de Luiña. De la Playa de San Pedro. De la Vieja Casa del Sastre, en donde fui feliz y no renuncio a volver a serlo, pronto.

  8. 8 Zoupon noviembre 12, 2007 a las 10:51 am

    No estoy seguro de que se deba volver a los lugares donde uno ha sido feliz. Creo que la mayor parte de las veces produce una gran nostalgia, porque el sitio ya no es igual, porque falta quien entonces te acompañó, porque ni uno mismo es ya el que fue. Aunque la nostalgia, en dosis adecuadas, es en muchos casos dulce y buena compañera, y de ella surge no pocas veces la alegría de vivir. En fin, la nostalgia es como las sustancias que en su justa medida curan y en demasía son veneno.
    Claro que si el sitio está en Asturias, la cosa cambia, porque a Asturias hay que volver siempre.
    ¡Quién estuviera en Asturias en todas las ocasiones!

  9. 9 Marlies noviembre 12, 2007 a las 11:18 am

    también yo fui feliz en San Cosme, en casa de Elba, con las vacas debajo de la casa y la panera al lado. Nuestro hijo gateando por el “prao”, descubriendo bichos. Al año siguiente ya caminaba y había que hacer varias veces al día una visita a las vacas, otras a la cabra y por supuesto al perrito. El niño descubriendo el mar. Y yo feliz porque nunca me harto del mar. La luz de la tarde sobre el valle, y los paseos, y las cenas del Chisco, y las natas de Elba…..Menudo empacho cogió Ana, la Amiga.
    Una ración moderada de nostalgia está muy bien, pero sin exagerar. A veces, en la nostalgía se aumentan las cosas y circunstancias. Entonces viene muy bien una vuelta al lugar para poner todo en su sitio justo. Y si se es feliz, mejor que mejor.

  10. 10 darabuc noviembre 12, 2007 a las 11:39 am

    Yo tomo otro hilo de la nota: reconozco que, muchas veces, me cuesta revelar la existencia de algunos sitios muy especiales: de una senda que al cabo de mucho lleva a una cueva con cascadita interior, por ejemplo, o del viejo camino de los cabreros que, aprovechando escalones de piedra, permite llegar también desde el nivel superior de la meseta, en una zona de fallas que parece ir desplomándose por trozos. Porque solo ver la cantidad de basura acumulada al principio del río, de latas y botellas que al parecer pesaban más vacías que llenas (había energía para traerlas, ¿y no para llevárselas?) se me cae el alma a los pies y me niego a abrir boca, casi siempre, sobre lo que puede haber más allá, si conoces la senda justa y tienes la paciencia de subir una pendiente nada agradecida y nada prometedora.

    Pero también es distinta la fragilidad de un rincón concreto y pequeño que la de todo un valle.

  11. 11 DOLOROSA noviembre 12, 2007 a las 12:26 pm

    VOLVER. Un tango argentino con una letra rebosante de nostalgia. Tiene razón Zoupon al decir que la nostalgia es a veces buena compañera. Yo diría que siempre es buena compañera. Porque los buenos recuerdos siempre nos alegran el alma y nos transportan a un mundo que quedó oculto en algún lugar de la mente que en ocasiones aparece y nos hace revivir momentos maravillosos que habíamos olvidado.
    Yo querría volver a muchos lugares y no descarto hacerlo alguna vez. Siempre me gusta volver a Granada (recuerdos de mi adolescencia). En Asturias estuve el año pasado y desdeluego también me gustaría volver. Y a otros muchos lugares donde fui dejando un poco de mí misma.

  12. 12 Begoña 2 noviembre 12, 2007 a las 12:49 pm

    Gracias duende!!!, creo que el Valle de las Luiñas se merece eso y mucho más, volver a los sitios donde has sido feliz es bueno, muy bueno, la nostalgia nos atrapa, las imágenes se agolpan y suele llegar un nudo a la garganta insoportable que nos obliga a tragar deprisa para no llorar, no quiero que esto suene a triste, de ninguna manera, al revés, lo malo es volver y recordar los sitios y gentes donde no fuimos felices, que también los hay. Ese trocito de Asturias es parte de mi vida, la playa, los “praos”, los “bollos preñaos”, las romerías, los paseos entre castaños recogiendo moras con un montón de niños para hacer después mermelada en las tardes de lluvia (que eran muchas), antes sí que llovía. Eso no volverá pero es maravillosos poder recordarlo con nostalgia porque como dice tu habanera, duende, fúimos felices…

  13. 13 Bob de Ca's Barber noviembre 12, 2007 a las 12:56 pm

    Yo antes siempre desia a donde iba, hasta hasia un dibujito para que lo encontraran,me daba igual quien fuese, turistas o algún conosido, ahora ya no lo hago porque es lo que dise Darabuc, la gente quiere entrar con el coche en el agua y poner el fumbol con la radio en ves de escuchar la naturalesa,así que solo lo digo si son de fiar,sino me hago el sueco y digo: ah, no, no este sitio es mentida no existe.

  14. 14 lola noviembre 12, 2007 a las 2:20 pm

    Bob de Ca´s Barber, Darabuc mucho agarrao veo yo por aquí, lo queréis guardar to pa vusotros. Pues ea, yo no voy a ser menos. Cuanto catalán por ahí suelto…(yo me incluyo.

    Me habéis matao con vuestra nostalgia, bastante tengo yo con la mía. También conozco esos parajes maravillosos de tierras asturianas, Cudillero y alrededores, no tengo más que añadir. ¡Wonderful!

    Por aquí, por los enfants de la patrie en el Pirieneo, conozco algunos lugares donde puede uno tomar los baños en aguas calientes, mientras contempla las montañas nevadas. Inútil que me preguntéis donde. Sólo para elegidos…

  15. 15 Macu noviembre 12, 2007 a las 4:29 pm

    Yo también tengo nostalgia de los fines de semana de invierno en la playa con mi padre, él pescando y mi madre, mi hermano y yo danzando por ahí. Ahora procuro hacer lo mismo con mi hijo, crearle sus buenos recuerdos para que le día de mañana pueda compartirlos. y paro ya, porque estoy llorando como una tonta.

  16. 16 Adela noviembre 12, 2007 a las 5:07 pm

    Un abrazo cálido, Macu.

  17. 17 lola noviembre 12, 2007 a las 5:28 pm

    Macu, ¿cómo somos las doñas! unas blandas, lloronas, sensiblonas, pero de tontas nada monada. Un kiss-ito

  18. 18 Esther noviembre 12, 2007 a las 5:48 pm

    Adela querida, qué bonita la Basílica y qué romántico un paseo por el puente que le dicen romano, pero que no lo es. ¡Qué dulce acabar con unas sidrinas en la vega del río y una pasajera conversación por la calle mayor! Se me pone un nudo en el estómago y pese a los años, aun sufro de vértigo al subir al Santuario del Acebo.¡Qué romería, que música!¡Qué devoción!. Lástima que no estemos todos, pero la nostalgia me trae recuerdos muy dulces. Macu, seguro que le estás regalando a tu hijo momentos muy dulces.
    Besos a todos.

  19. 19 Joselepapos noviembre 12, 2007 a las 5:56 pm

    Cambados (Pontevedra). Tres años de mi infancia en internado. Primeras navidades sin nieve. Atravesando un pequeño bosque, la Ria de Arosa toda para nosotros. Mejillones y almejas cocinadas en viejas latas con el mismo agua del mar. Excursiones a pié. Comidas en el monte. Naturaleza intacta. El “progreso” todavía por llegar. Quisiera y no quisiera volver a Galicia.

  20. 20 rigoberta noviembre 12, 2007 a las 6:25 pm

    pues yo creo que la nostalgia es magnífica y en muchas ocasiones,por no decir siempre, mucho mejor que lo que te depara el futuro. Ya sé que es una visión un poco pesimista pero yo diría que bastante realista… a mi me encanta recrearme en el asunto

  21. 21 Macu noviembre 12, 2007 a las 6:29 pm

    Vaya, muchas gracias por vuestros abrazos. Ay, que me ha tocado el duende la fibra sensible (como casi siempre). La nostalgia es buena, recuerdas los lugares visitados y a los seres queridos que ya no están (en este caso mi padre) con una visión exagerada, puede ser, ¿pero quien quiere recordarlos de otra forma?

  22. 22 Carlos e Isabel noviembre 12, 2007 a las 7:29 pm

    El Trasgu, Nubleru, Cuélebre, Xanas y demás duendes asturianos te echan de menos, como casi todos los que compartimos los veranos de San Cosme,tus footings entre carros de bueyes, o tu peculiar estilo intentando sin conseguirlo,regatear a los Cravis en la playa.
    Isabel y yo protagonistas de la Habanera del Valle de las Luiñas agradecemos tu cariñoso recuerdo de aquella maravillosa época que revivimos en nuestros hijos, que no conciben verano sin Luiña,ni amigos como los lagartijos. En la actualidad hay Luz potente que no se va casi nunca, los carteros van en citroen, hay calefacción en las casas y caminos por los que se llega a casi todos los sitios las matrículas anónimas y ya no te etiquetan de madrileño. Sabes que tienes nuestro Castrillín esperándote para cuando los Bragado se vayan a esquiar si después de todo les queda para ello. Nos veremos en San Sebastian el 24 para seguir recordando.

    Carlos e Isabel

  23. 23 El Duende de la Radio noviembre 12, 2007 a las 10:12 pm

    Cambia el clima, pero no el de este blog. Cada día se respira un ambiente más grato. Si esta episódica concesión a la nostalgia -que así entendida no es un error- ha concitado tantas reacciones, es que hay muchos que sintonizan con el Duende fuera del dial de la radio.

    Por cierto, perfecta la ilustración que ha buscado Juan. Sólo hay que imaginarla con la autovía aérea enmarcando el mar. Insisto en que apriori puede parecer un delito contra el medio ambiente, pero al margen de que no se puede negar a ninguna comarca el derecho al progreso (y esa carretera era endemoniada) la fusión de ingeniería y naturaleza tiene en este caso una cierta belleza. Insisto: un cuadro de Edward Hopper…

  24. 24 lola noviembre 16, 2007 a las 3:06 pm

    Querido el Candil de la Sierra,

    ¿nos has abandonado?
    ¿por qué no nos honras con tu presencia en este blog?
    ¿te encuentras bien?
    ¿qué tiempo hace en tu sierra?
    ¿mantienes encendio el fuego siempre?

    Comparte tu calor con nosotros, tus duendeamigos. Esto no es serio, aquí hay que cumplir todos los días.

    Si empezamos a marcharnos, ¿quién va a alimentar la candela?

  25. 25 el candil de la sierra noviembre 18, 2007 a las 7:30 pm

    Amigos no he abandonado ni abandonare nunca al duende ,ni a vosotros, e tenido que ausentarme por unos dias,posiblemente no tengo la suerte,de tener la profesion de LOLA,que le permite el tiempo necesario,para ser ARNICA,para nuestros comentarios,te agradezco lola,lo mas importante para mi,me has preguntado si me encuentro bien,y solo eso es suficiente.GRACIAS DUENDE y demas por transmitir un poco de sensibilidad .


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