(Foto de nasebaer’s, con algunos derechos reservados)
El café es una infusión exquisita para algunos. Distinguen: el de Colombia, el de Brasil, el de Costa Rica, el africano, el turco. Para el Duende sólo una costumbre y un tolerado estimulante. Cuando trabajaba para la marca Bonka se tuvo que empapar en la historia del café, por aquello de no tocar de oído. Parece que fueron unas cabras las que, ramoneando en unas matas, encontraron en sus frutos tiernos un motivo para ser más felices. El cabrero se apercibió de lo contentas que triscaban después de probar aquellos granos, así que siguió su ejemplo y pasó la bola. Hasta la fecha. Si el Duende fuera el Dios omnisciente que le contaban en el colegio, uno de los datos que le gustaría registrar es el del número de tazas de café que la humanidad ha tomado desde las cabras a esta parte. Hay que ser mucho Dios para que la cifra te quepa en la cabeza.
Así avanza la civilización: donde menos se espera, salta la cabra. Y con cualquier pretexto, se toma un café. Delicia o rito, para el Duende – en ocasiones tragaldabas, siempre goloso pero no lo que se dice un gourmet- el café es más que nada una costumbre. Contra el gusto general en España, odia el torrefacto, quizás porque estaba de moda cuando le despabilaba en sus tétricas noches de estudiante previas a un examen. Caían las horas tan inexorables como los párpados de puro sueño, y el Derecho Civil, de Federico de Castro, famoso hueso del claustro de profesores de la Universidad Complutense, esperaba abierto entre sus codos, como diciendo, anda, atrévete a aprenderme en lo que queda de tiempo hasta el examen, que te vas a enterar de quién es don Federico. Y se enteró, porque le cateó dos veces. El Duende cree que no vivirá noches tan parecidas a las del condenado angustiado esperando la visita del verdugo. Al alba, al alba, como cantaba Aute, aquel café torrefacto negro cual cucaracha le sabía sencillamente a muerte.
Se reconcilió luego con el café por la literatura, el cine y los viajes. No es lo mismo tomarlo en un café de Viena o de Ámsterdam -imprescindible uno de estilo art deco muy cerca del Rijksmuseum cuyo nombre ahora no recuerdo- o incluso en el Iruña de Pamplona o en Gijón de Madrid, que en la aséptica cafetería de suelo de mármol reluciente de la séptima planta del centro comercial que es la meca de nuestros días. Si ya no hay ambiente, ni tertulia, ni literatura, si no hay unos novios arrullándose, o un escritor buscando a la musa en el velador de mármol, o un opositor concentrado en sus apuntes, o una dama distinguida esperando al espía para pasarle un mensaje secreto, o un camarero añejo que te cuente historias de toreros, de artistas o de putas, el Duende piensa que el café no tiene mayor interés. Y no digamos si te lo sirven templadito o más bien tirando a frío, como pasa ahora en tantos establecimientos.
Porque esa es otra. Se baja el Duende de la moto aterido por la fresca matinal. Se mete la primera cafetería y pide un café con leche para entonar el cuerpo. Se lo acerca a los labios con toda clase de cautelas y al primer sorbo ya está helado. Perdone usted -se disculpa el jefe-, pero es que ahora con tanta variante en los desayunos de oficinistas nos vuelven locos. Café caliente con leche fría, mitad caliente mitad templada, descafeinado con fría, descafeinado con caliente, capuchino, descafeinado de máquina, cortado, bombón, americano, mediana…¿Quién se acuerda ya de que el café con leche era uno, y siempre echando bombas? El lujo de la oferta variada, de la libertad de elección y del cambio de costumbres. Poco es ya lo que era: a la tortilla de patata la deconstruyen, lanzan el helado de fabada y cualquier día hacen compota de callos a la madrileña. Aquí no cabe el que inventen ellos de Unamuno, porque lo inventamos nosotros. Aunque el Duende piense que el café con leche estaba mucho mejor bien caliente y, por supuesto, con porras crujientes.


El café va inexorablemente unido a la vida del estudiante. No quiero pensar la cantidad de humeantes cafés con leche que, en muy buena compañía, pude tomar mientras esperaba que se calentaran las muestras en el laboratorio, o la cantidad de negras tazas que, como al Duende, me acompañaban en mis noches de estudio. Eso y los refrescos de Cola. Así me fue. El cuerpo no resiste tanta cafeína y un buen día tuve que dejarla. Ahora tolero el café de la mañana, pero como tome uno más allá del mediodía, no puedo cerrar los ojos por la noche. Lo de los refrescos de cola, tuvo su aquel. El médico me recomendó que abandonara los refrescos con soda en general y me pasé, con moderación, a la cerveza por prescripción de aquel bendito. ¡Qué cambio oye!
Saludos a todos.
Al contrario que con el chocolate que cada vez es mejor, más abundante y más barato, con el café ocurre justo lo contrario.
Tuve la suerte de tener familia dedicada a la hostelería en una modesta cafetería de barrio en Madrid, hoy cerrada. Mi tio se dedicaba de forma personal e intensa a ofrecer buen café a sus clientes, trataba de buscar la marca de mejor calidad, la que le podía suministrar el café mas fresco, mejor y más recientemente tostado, no le importaba ganar unos duros menos. Y se preocupaba con mimo de la máquina del café, de su puesta a punto, de su limpieza y de cambiarla por otra mejor si se podía. Y de la leche, siempre, siempre del día, calentada en termo, siempre a buena temperatura. Muy caliente, al que le gusta fría solo tiene que esperar.
Los cientos de cafés que tuve la suerte de tomarme en su casa, juro que no los he tomado, ni parecidos, nunca jamás.
Nada que ver con los bebedizos que ejecuta gratis la máquina de mi oficina, ni con los brebajes que perpetran en las cafeterías del centro comercial donde desayuno y que encima me cuestan tan caros.
En esto del café, con el tiempo hemos perdido.
A mi el cafelito por la mañana no me puede faltar,sino no empieso nunca el día,será sierto lo que dise el Sr.Duende a mi me pasa que lo compro en una tienda sólo de cafes y lo muelen ellos al momento,resulta que aveses solo pasar por delante he de entrar el olor me llama a comprar, como una vos que me dise entra,entra…Tambien me pasó eso en Amsterdam, de casualidad con una amiga me llevó a un café que allí se llaman “Cofischop” era un poco raro oye,lo ponen en bolsitas en la tasa,pero mira todo son costumbres, y no se si era de Colombia o africano pero lo pasamos bomba,todo el día reiamos, nos daba risa el barco que se balanseaba en los canales por el agua, las bisicletas amarillas, los gatos en las ventanas
El café, pues puede ser un poco adictivo, hay personas que lo beben como si fuera una droga, a todas horas, los anglosajones, americanos e ingleses, se pasean por la vida y por las calles con un vaso-termo lleno de un café a medias entre un torrefacto y un té un poquito cargado, o sea, un horror, imbebible para una servidora. El café es algo tan personal, somos tan maniáticos, es muy socorrido, “¿tomamos un café y charlamos?”, lo de menos es el café, a lo mejor acabamos tomando un vino, pero la frase ya invita a algo íntimo, a confidencia, a descanso, a secretos…
Hasta que me casé recuerdo el café como un rito. En casa de mis padres se compraba en pequeñas cantidades y siempre en grano para que no perdiera aroma. Cuando era pequeña me encantaba que me dejaran molerlo con un molinillo de manivela que tenía un pequeño cajón en el que caía ya molido. Hoy, el único café que no perdono es el del desayuno, después prefiero el té. Las nuevas generaciones creo que lo han sustituido por la coca-cola, es increíble la cantidad de litros que pueden beber. Y ambos, café y coca-cola, sirven para incitar a la charla como dice Begoña 2.
Dulce como un beso
Caliente como el Infierno
Negro como la Muerte
Dicen que así debe de ser un buen café. Yo no lo sé, porque me sienta mal y no lo tomo. Prefiero el té.
A ver si alguien puede confirmar cuál es la bebida más consumida en el mundo después del agua. Hay quien dice que es el té, hay quien opina que el café ya lo ha superado, y hay quien cree que la Coca-Cola ha rebasado a las dos infusiones.
No soy muy cafetero, más que nada porque me ataca los nervios, pero nunca entendí el café torrefacto. ¡Qué sabor a diablos chamuscados! ¡Qué amargor más artificial y repugnante! Y eso que me encantan los amargos, pero los naturales.
Mi mujer es muy adicta al café, y hasta hace unos años me lo encargaba mezcla 50/50. Yo siempre la decía: ¿por qué no lo tomas natural?, seguro que es infinitamente más sano y el sabor no tiene comparación. La respuesta durante años fue un ¡tú que sabrás de cafés! Pero un día, jugándomela, se lo compré natural, y el siguiente paquete me lo pidió así, y hasta hoy. Ahora se deshace en alabanzas.
Bob de Ca’s Barber, ¿eran de café esas bolsitas? Hombre, dando tanta risa y en Amsterdam…
Begoña, es verdad, ¡qué recuerdos con el molinillo de manivela con el cajoncito!, nos peleábamos los hermanos por darle al manubrio.
Saludos.
Puedo tomar café hasta momentos antes de ir a la cama. Esther, como la cerveza no hay nada. Secundo la pregunta de Wallace97 a Bob de Ca’s Barber.
Y cambiendo de tema. Me ha llegado un correo advirtiendo de una nueva modalidad de robo. Te ofrecen a oler un perfume que no es tal sino “eter”. Te duermes y ya está el lío. Sobre todo en centros comerciales. De nada.
¡Hombre amigos! yo no lo se muy bién pero me fio de los sitios y si se llama el local “Cofi” digo yo…y a más a más con una amiga de confiansa…aunque ahora que lo pienso…tambien compró ella de suvenir, unas masetitas que yo le desía,”pero Cati en la isla tenemos un montón de silvestres” y ella desía que no eran lo mismo, entiende mucho de plantas y le gustan mucho, fuese lo que fuese a mi que no me falte mi cafenito que me lo hago yo con la cafetera de mi abuela,en pas descanse,que tiene una jarrita de porselana incorporada y hasta hase la mesa bonita, con mi tasa asul de estrellitas
Es cierto que entorno al café existe un ritual, y muchas veces, la gran mayoría una excusa con intención de otros motivos, hablar,cerrar un negocio, convencer a alguien de algo,subir la tensión, ligar…¡porqué no le llamaremos a las cosas por su nombre!
¿os apetece un café?
joselepapos, gracias
Teneis razón: lo mejor un cafelito en compañía y a darle palique. Desde que pusimos cafetera en el trabajo la media hora del almuerzo se ha alargado un poquito más. Cuando estudiaba, el cortadito de las once con las compis de piso era de obligado cumplimiento. Si me pongo a hacer memoria hay unos momentos buenísimos alrededor de una cafetera, una botella de vino o una de agua, da igual, lo importante es juntarte con la gente y disfrutar de la charla.
Duende: ¿se podrá poner una cafetera virtual para charlar contigo?
¿no nos ha quedado el post de hoy pelín cursi?
Como dirían los Mojínos Escocios, -sin ninguna duda el líquido fundamental es el agua, sin ella no se podría hacer… la cerveza.
No me digáis que una cerveza no da también pie a la camaradería y la confidencia.
Esther, Joselepapos y Xpress, ya que os declaráis cerveceros, lo haré yo también. No lo había dicho porque el tema era el café, pero es cierto que la cerveza no se queda atrás como elemento aglutinador de personas conversando y saboreándola. Esto último cuando es buena, claro, porque si no, más vale beber agua. A mí me gustan todas, pero tengo una especial debilidad por la Guinness, que no es en todos los momentos, pero cuando apetece es insuperable.
La cerveza en general tiene una ventaja, y es que te puedes tomar varias seguidas. Nunca he visto a nadie tomar más de dos cafés de una sentada.
Salud.
!A mi me gusta todo¡ y si me dan a oler el perfume seguro me quedo tiesa, siempre digo que sí, de todos modos estoy avisada, gracias. Sin café no puedo vivir, entre otras cosillas, y las cervezas…jamás imaginé que bebería tantas en Alemania, me dijeron que puedes probar un tipo de cerveza diferente durante todos los dias del año, había una que se tenía que beber de un tirón y tenía dentro del vaso de tubo otro pequeñito con un licor de frambuesa y…¡ala to pa dentro!.
Gracias por el cafetito Lola, y como a mi me gusta “bombón” más de leche condensada que de café, rico, rico.
Aquí, uno que no es cafetero por aquello de la cafeína. Pero, últimamente, con el invento del descafeinado, las cosas se han puesto en su sitio. Disfruto con el café en todas sus variantes, pero especialmente con el café “a la crema”. Pero rara vez a solas. El café necesita compañía, mesa y amistad. En cuanto a variedades se refiere, nunca me ha gustado el torrefacto. Me quedo con el natural. Respecto a la cerveza, es para otros momentos y actitudes. A mí me gustan las rubias fuertes, y por supuesto bien frías.
Bob, eso de los “coffee shops” también lo tienen en Inglaterra, pero para tomar buen café tienes que buscar un italiano, pues sólo allí tienen la máquina exprés tan familiat para nosotros.
Duende, casi has evocado literalmente el “spot” de los cafés-establecimiento. ¿No serás el autor? Pero mira, en el Iruña han puesto Internet inalámbrico, con lo cual ¿te imaginas los veladores salpicados de pantallas multicolores y cabezas silenciosas parapetadas tras aquellas realizando todas esas actividades que apuntas? Resulta una idea paradojicamente opuesta a la esencia del café y el velador, ¿no crees? Ay, el pogreso, que diría Dª María…
Hola,DUENDE AMIGOS,si quereis probar una delicadeza controlada,un cafe con crema y un chorrito de vocka,te deja el gaznate super,en unos cuantos tragos cortos,es realmente un placer despues de una comida,y solo uno al mediodia ademas es diferente,UN ABRAZO PARA TODOS.
quiesiera decirles que me alegra ser emo .y que el cafe es algo rico sin exseso .cuidense maricos
aunque el cafe sa estado desde muxo tiempo creo que es mejor seguirlo conservarlo. cuidense maricos