Durante buena parte de su vida el Duende quiso ser británico. De repente alguien le comió el coco y le vendió la milonga de que Londres era la capital del mundo, y Gran Bretaña el eje de la política, la cultura, la ciencia, la economía y el origen del refinamiento y del buen gusto occidental. Dickens, Stevenson, Chesterton, Conan Doyle, Wodehouse, Richmal Crompton y otras malas compañías de los libros y del cine tuvieron la culpa.
Como buena parte de los españoles, el Duende creía que el british de referencia es un tipo sosegado, elegante, culto, buen conversador, amante de los perros, que viste de tweed o de traje de raya diplomática, que saca a pasear al perro por el parque y que luego se sienta junto a la chimenea y carga la pipa mientras saborea una caliente taza de té y lee el Times. A cambio del orgullo, que consagra como nada su famosa Enciclopedia Británica -donde se ningunea cualquier destello del genio humano que no sea anglosajón- ofrecía como mayor aportación a la filosofía su famosa flema, que en los tiempos del imperio aún les llevaba a lamentarse de que el Continente siguiera aislado de nuestra querida Gran Bretaña. Eran el ombligo del universo.
Algunos británicos del pasado siglo -casualmente de los más célebres- pusieron mar de por medio y buscaron otros horizontes. James Joyce, Aldous Huxley,Robert Graves, Charlie Chaplin, Alfred Hitchcock, Cary Grant, John Lennon. Y es que para quien puede elegir, algo falla en ese paraíso verde. El caso es que a pesar de disfrutar un alto nivel de desarrollo, acaban a menudo aplastados por factores tan poco sofisticados como la escasez de sol, el exagerado pragmatismo de las normas sociales, el insostenible nivel de los precios y la despiadada competitividad que hoy padece cualquier profesional en una potencia económica. Un hijo del Duende que inició allí una carrera prometedora, lió un día en el petate su excelente bagaje intelectual y regresó a España. Había ido a la orgullosa Inglaterra para aprender, pero la lección aprendida no era la esperada. Según él los británicos están chiflados, y han perdido el auténtico sentido de la vida. Prefiero ser pobre en Córdoba -sentenció- que un pringao middle class en Manchester. Tanto gasto en idiomas para acabar siendo un Séneca. Y con lo cerca que queda el Guadalquivir.
Ahora bien, lo cortés no quita lo valiente. Que lo que antes llamábamos el british way of life sea un bluff, y perdón por tanto anglicismo, no quita para reconocer que en algunos detalles sigan siendo insuperables. Por ejemplo, en el té, que, a pesar de su creciente desapego filobritánico, le sigue gustando mucho al Duende. Prefiere sobre todo la mezcla habitual que ellos usan -generalmente el llamado breakfast tea- y, no tanto, las exóticas que ahora se han puesto de moda en España. Observa escrupulosamente el modo de prepararlo: calentando antes la tetera -de porcelana o, como mínimo, de cerámica o barro- poniendo las hojas de te en su interior para que se esponjen y liberen su fragancia. Y, finalmente, llenando la tetera con agua hirviendo. Y le encantan las pastas, scones, y plumcakes que suelen acompañarlo. Un excelente bebedizo que, en el desayuno, en la merienda o entre horas, tonifica el cuerpo, anima el espíritu y sienta mejor que el café.
Siempre que se haga según los cánones, claro. Porque el te en los bares y cafeterías de España se maltrata, y, como diría doña María, se hace de espaldas al pueblo. Materia prima pobretona, a menudo ya seca, teteras de acero inoxidable -que Dios confunda- agua calentorra, sin haber roto a hervir siquiera. Es una pena, porque los campos de golf, que también son invento británico, se hacen aquí muy bien y como churros, y eso que cuestan millonadas. Con lo baratito que resultaría disfrutar de te y simpatía. Pero lo primero nunca se produjo aquí, y lo segundo, ay, se nos está diluyendo en esto que llamamos la aldea global.



Duende del Duende tienes toda la razón, cuando dices que prefieres ser pobre en Córdoba que un pringao middle class en Manchester. Yo desde Francia hace tiempo que me di de narices con ese hecho, antes de llegar diría incluso.
¡Con el trabajito que me está costando vorvé pa España, mi arma!.
Debe haber algo en la frontera cuando dejas atrás el lado spanish de los Pirineos, porque cuando voy to tieso pa bajo, pa mi patrie ¡qué contenta me pongo! pero amigo, cuando tengo que vorvé pa mi caza, del otro lao de la France de la patrie, mi prinsipito dise que me cambia la cara. Yo diría que hasta el color de la sangre se vuelve azul, blanco y rojo. Blanca y pálida me pongo cada vez, y habré pasado más veces esa puñetera frontera que mi primo que es amigo de la quinta rosca, camionero.
Bueno, como dice mi primo, los franceses son un m., lo único que tienen bueno es el champán, voy a tener que darle la razón y eso que me gusta mucho llevarle la contraria, porque le pongo como una moto para decirle al final que era una broma. ¡cuántas veces me habría matao!
¡Spain is different!
¡Oh my God!
Increible. Al Duende le ha pasado lo mismo que a mí con la France. Me alucinó su Revolución y todavía más su República, pero amigos los franceses son los franceses.
¿Casualidad de la vida o afinidades con el Duende?
Soy gran consumidora de té y sus correspondientes pastas. Mi té preferido es (como veo que se permiten citar marcas) “TWININGS of London, Thé de Ceylan Broken Orange Pekoe”. Según la etiqueta dice haber sido seleccionado por los expertos, las mejores variedades de los campos de Ceilán. Está compuesto sólo por las hojas más cercanas al brote terminal, ideal por la mañana, natural o con leche. Si alguien quiere iniciarse al ritual del té que haga caso al Duende, es imprescindible una tetera de cerámica, como mandan los ingleses. No utilizar las bolsitas de té que nos ofrecen los supermercados. Según un profe que tuve de inglés eso no es té, after de haberlo comprobado tuve que darle la razón.
P.D. Acabo de ver en la etqueta que esta marca es uno de los proveedores de su Majestad la Reina Elisabeth II. No está mal, para una paleta de aldea como yo. ¡Ahora entiendo por qué es tan caro!
Persona a persona, nada que reprochar a ninguna, salvo que haya mala intención en alguna de sus actuaciones. Y eso es muy difícil saberlo con seguridad. Pero los colectivos, ¡ay los colectivos!, traslucen sus defectos y disimulan sus virtudes en proporción directa a su tamaño.
Sé que hay que ser más valiente para afear una conducta personal que para criticar a un grupo, y asumiendo perfectamente las críticas hacia lo español, siempre me permití el lujo de criticar a los ingleses, y a los americanos.
Para mí representan la piratería, la especulación y la mala educación, intentando aparentar todo lo contrario.
De acuerdo en que cualquier colectivo que hubiera controlado económicamente el mundo pudiera haber hecho lo mismo, pero siempre quedará la duda.
Para mí que les falta un hervor.
En cuanto al té, me gusta, pero no me apasiona, y no soy nada refinado. Como con todo en la vida, entre lo burdo y lo sofisticado, me quedo con lo burdo, que exige menos tiempo y recursos, y ambos son escasos.
Salud y discrepancia, buenas ambas.
Se dice que el té llegó a Occidente importado por los holandeses en el siglo XVII. Esto es radicalmente falso.
El té lo introdujo en Europa el druída Panoramix, y lo llevaron Astérix y Obélix a la Gran Bretaña, donde sus habitantes hasta entonces a las cinco de la tarde (o’clock)sólo tomaban agua caliente con una nube de leche.
Pero los ingleses son muy suyos y no lo quieren reconocer.
Zoupon eres una enciclopedia abierta, ¡cuánto sabes, qué maravilla!
Wallace97, Wallace97, Wallace97, Wallace97, Wallace97, Wallace97…Cómo eres tío, ¡jo!. El té no es ni burdo, ni sofisticado es un producto natural, como el café. Vale, no es de primera necesidad. Pero creo que el hombre necesita algo más que alimentos básicos de primerísima necesidad para sobrevivir. Hay otros liquídos como el té, café, el alcohol (¿también eres abstemio?9. Y que me corrijan los profes pero los dos se importan. ¿Qué pasa, tampoco tomas café? Verás, yo no voy a cafeterías, ni a bares, ni ná de ná. Si me tomara, 3 cafés en una cafetería (teniendo en cuenta el coste normal, no el del Sr. Zapatero) ya habría amortizado el importe de mi sofisticado té, ese que toman los ingleses. Y verás, tengo para bastantes más veces que 3 cafés.
¡Joer, no respires que contaminas, macho!
Vas a tener que probar uno de mis puñetazos, parace que además de doler, dejan morados. Mi prima me ha acusado de maltrato. Su marido le preguntó que hacía con un morado en el brazo. Por supuesto, la respuesta no fue para nada convincente.
¡Ah, ya ves que de refinada, nada, monada!
¡Un achuchón, qué me tienes enfadá!.
Coincido con El Duende: la pérfida Albión es, para bien y para mal, insuperable en muchas cosas. Dependiendo de la hora del día y el estado de ánimo, prefiero el té Earl Grey o el Finest Ceylon, y a los “scones” les añadiría el “apple pie” casero y el “shortbread” escocés. Sillón victoriano orejero y cualquiera de sus maravillosos novelistas y… tarde de invierno perfecta.
Si es que en ningún sitio se acaba de estar a gusto. Y si no que experimente el personal la llegada a la madre patria a ejercer de Séneca y las montañas de papeles, de colas, de burocracias que le aguardan a uno por haber cometido la imprudencia de haber estudiado/trabajado fuera?
España está muy bien para vivir, que no para trabajar, y que cada uno decida si vive para trabajar o trabaja para vivir, aquí, al menos, bajo el sol.
Alec Guinnes, “El quinteto de la muerte”. Insuperable el humor inglés.
Querido Duende, me está recordando usted la querida isla de Mallorca al hablar de campos de Golf creo que actualmente tenemos el nivel de Inglaterra o más (y mire que hay poco terreno),nivel de desarrollo…metro y todo, de 20km, pero metro,sol no falta eso no,precios…que le voy a contar las castañas van a 4.90€, salen más baratos los marrón glaces en el Corte Inglés y encima hablamos Inglés, y aquí se bebé de todo te, cerbezá, café caleta…ahora enserio…lo que me rechifla de Londres más que el te son las tazas de te, son las más bonitas y originales, y…ha visto usted ese soporte para la tetera que mantiene el te caliente con una velita mientras se conversa? ¡es el no va más!.
Entiendo al hijo del Duende, todo tiene un precio, y algunas veces es demasiado alto y hay que elegir según el corazón, bien hecho.
Sr. Duende, hay un pequeño error en los tags, en el post de hoy. Falta la “M” de Doña María. De nada, a mandar que pa eso estamos.
Parece que tengo un problema con la “b” y la “v” y con algo más, lo siento
la gramática me cuesta o es que ya me he liao con tantas lenguas que ni me fijo, disculpas a los lectores.
Ya dije que yo no era cafetero. Tomaba té, sin nombre, sin marca… Sólo té, salvo el té milorium del Pirineo (delicioso). Cuando fui a estudiar inglés a Inglaterra, descubrí la variedad de tés. Y me quedé con el breakfast tea y el Earl Grey, en lata y de St James’s. El Indian Tea blend ya no me gusta tanto. Otro descubrimiento fue el té con leche. Ahora lo preparo endulzándolo con leche condensada, con lo cual queda más cremoso. Me encanta.
En cuanto a la british people, me fastidió mucho que me negasen darme cambio en una tienda para llamar por teléfono, encontrándome in a hurry. Me sorprendió la disciplina casi militar en colegios y hogares, y el sistema de recompensas (menciones y diplomas) continuas a los alumnos destacados en cada trabajo de clase.
En los medios, no busquéis noticias de fuera de la isla. El continente, a pesar del eurotúnel y los hovercraft, sigue estando lejos, más lejos que Washington…
Wallace97 ¿dónde te has ido ahora?
Ahora eres tú el que no dice ni mu, ¿qué pasa man?
Bueno, toma nota, desaparezco de nuevo en frecuencia y en intensidad. Te lo digo porque luego me echas la bronca, porque no digo na. Podréis respirar, os dejo tranquilos, pero no pienso hacerlo para siempre, no os lo creáis. Sin mi “interneterapia” soy mujer muerta. El Duende ya me enviará las facturas correspondientes a sus servicios como “teraputa”, tiene mi dirección, de correo electrónico, se entiende. Seguro que aun así llegan, el cartero es muy listo, también me controla.
Wallace97 que me acordao de tí, si ya ves. También se decir cosas bonitas, no sólo me dedico a dar puñetazos a diestro y siniestro. Suelo llamaros cielo, pero aquí tengo “mi cielo”, Fred, es el más güeno. Ha sacado del armario el equipo fotográfico y le va a dar otra oportunidad. El material está impecable, algunas cosas sin usar. Lo llevamos a un Rastrillo, merece la pena, es una buena causa. En el armario sólo se llena de polvo. Llevamos más trastos, entre ellos nuestras bicis, también en perfecto estado. Tienen ya la veintena pero todavía funcionan. Para mí es importante, ha sido la única bici que he tenido porque mi papá nunca me compró ninguna. ¡Ojalá hubiera tenido un papá como lo eres tu para tus hijas! Bueno, ya me alegro de deshacerme de la bici, porque soy muy torpe. Soy capaz de caerme incluso en parado, ¿a que tú no sabes hacerlo?. En fin, ya ves soy un absoluto desastre, un “trasto”, vaya. Mi marido no me pone a la venta en el Rastrillo, porque no darían na por mí en el mercado.
Si puedo me asomaré a saludaros.
Un beso
Lola, sin ánimo de ofender, ¿qué es eso de “teraputa”?
Por suerte o por desgracia, tengo mucha relación con hijos de la Gran Bretaña, son “distintos”, les cuesta mogollón adaptarse a cualquier sociedad que no sea la suya, también hay que reconocerles muchísimas cosas buenas, a mí, por ejemplo, me llama mucho la atención que estén dónde estén, (y han estado en todo el mundo mangonenado y ganando con el comercio), siempre conservan ese aire victoriano orgulloso, distante y superior, aunque hagan 60 grados a la sombra, asombroso!!!
PD No te olvides de los famosos sandwiches de pepino… imprescindibles en un té elegante!
Joselepapos bienvenido de nuevo. ¡Ay hijo! he cometido una falta. Quería decir terapeuta, es un profesional que aguanta las chorradas de una pira como yo. Como verás te hice caso, me expreso mal y en la lengua del imperio.
A ver si ahora me haces casó tú y te dejas caer más a menudo por aquí.
¿Por qué tendría que ofenderme?
La primera vez que llegué a Londres a mi me entusiamó, supongo que por llegar de un pueblecito donde no pasa nada, a estar de repente en una ciudad tan diversa, llena de color en los barrios de culturas y razas distintas instaladas allí. Me gustaba subir al bus y ver a todo tipo de personajes llamativos que no alteraban a nadie, las indias con sus telas de colores envolviendo su cuerpo, la señora con la bata de boatiné que salia de su casa, incluso con los rulos puesto a coger el bus. Portobello Road, no se como será ahora, no he vuelto desde el 92, mi primer mercadillo de viejo ¡uau!, y los sitios de sandwiches que te los haces al gusto, la ¡salsa de yogur! otro descubrimiento, y el chocolate “Carlsbury” (o algo así)mi favorito desde entonces. En las teterias solo entraba por curiosidad y placer para el olfato,descubrí los tes de frutas, por cierto el de Navidad es muy bueno.
Yo también descubrí los sandwiches de pepino con queso, y suelo prepararlos de vez en cuando. Monèt, el chocolate ¿no sería Cadbury? En el 92 recuerdo haber visto la inauguración de las Olimpiadas de Barcelona desde Hatfield, Herts. Recuerdo también haber visto en un pub por Covent Garden a alguien sentado leyendo una novela y que tenía las facciones de John Malkovich. No podía ser… Poco después vimos los carteles del teatro donde estaba representando no recuerdo qué.
A mi Londres me alucinó. Vivía en Nothing hill, e iva por Portobello casi todos los sábados. Compré muchos libros y discos, y descubrí muchas frutas que hay ya no son extrañas aquí, pero hace 25 años fueron una novedad. Al tener el “travelpass” , recuerdo que me subía al segundo piso de cualquier autobus, e iva hasta el final de linea, y lo volvía a coger de vuelta.
Llegué a conocer la ciudad de punta a punta, aunque no se puede decir que se conozca a fondo una ciudad así.
Mas tarde compré una bicicleta de segunda mano, y la utilizé mucho para recorrer el centro.
Mi rincón favorito era el Speaker’s corner, donde pasé domingos memorables.
Un día lo cuento todo…
P.S. Té no bebo. Me quita el sueño, pero los Cadbury’s estaban muy ricos.
Saludos.