Se habían llegado no se si las mañanas o el tranvía de Olga a Logroño para hacer allí el programa cuando se percató el Duende de que entre los invitados estaba la actriz Fiorella Faltoyano, ya fichada en la sección Imborrables de su memoria desde aquella turbadora ducha que se da con José Sacristán en Asignatura pendiente. Fiorella no es una estrella deslumbrante, pero sí tiene el encanto de la mujer de muy buen ver que te puedes encontrar como vecina del piso de al lado, cosa que no ocurre con Michelle Pfeiffer o Nicole Kidman, que normalmente viven en Santa Mónica, en Malibú o en los apartamentos Dakota de Nueva York. O sea, lejos de la vida del Duende.
Se presentó éste como discreto admirador de Fiorella, y se quedó literalmente estupefacto cuando ella le dijo no sólo que ya le conocía, sino que traía muchos y afectuosos recuerdos para él del padre Cayo. El padre Cayo Fernández de Gamboa era un sacerdote marianista con aspecto de sargento de la Wermacht. Rubio, alto y fuerte, nos daba clase de latín en el colegio. El padre Cayo estaba algo duro de oído, y era arriesgado confesarse con él. Como profesional competente, no absolvía sin conocer el pecado, y para un tímido como el Duende era un trago vocear las debilidades de la carne ante la mirada expectante y las risas contenidas de sus rijosos compañeros. ¡Más alto!-reclamaba el confesor- ¡Diga más alto! Uno de esos compañeros era Fernando Méndez-Leite, un excelente amigo con ciertas peculiaridades. Fernando llevaba un cuaderno donde ponía semanalmente a toda la clase notas de amistad. Figuerola -me decía- esta semana tienes un ocho, por haberme prestado los apuntes. Eso le daba a uno mucha moral. La otra originalidad de Fernando era su pasión por el cine, heredada de su padre. No sólo se conocía el cuadro técnico y el reparto de todas las películas estrenadas, sino que además gustaba de recitar lo que él llamaba el ciclo evlutivo de cada una de ellas.
Había entonces tres categorías en las salas de cine. De estreno, de reestreno y de barrio. Las películas se estrenaban primero y luego pasaban a cines de la misma cadena pero de menos nivel y más baratos. Por ejemplo, le preguntabas a Fernando por el ciclo evolutivo de Ben Hur, y él tiraba de erudición y recitaba como un lorito. Estreno: Palacio de la Música. Reestreno. Bilbao, Vergara, Bellas Artes, Odeón, Lido…A él le encantaba parecer tan sabio. Realmente, necesitábamos muy poco para sentirnos algo.
Pero aquel precoz cinéfilo era además conocido por su desaliño, su torpeza en los andares y su aversión al deporte. Y aquello le granjeó -ya se sabe lo poco caritativos que son los niños- el apodo de la Pava. Bueno, pues era la Pava el que le había contado a Fiorella que ese Duende de la radio era su compañero de colegio, y que ambos sufrimos al padre Cayo. Sin embargo, no le había contado a su amigo lo que hubiera inhabilitado para siempre su viejo apodo. Sería muy feo, muy torpe y muy pava, sí, pero lleva diez años de pareja de Fiorella Faltoyano. Un logro más de su apasionada afición al cine.
Estas mañanas soleadas de diciembe invitan a pasear por el centro de Madrid. Ayer el Duende entró en su programa desde el Senado, que celebraba jornada de puertas abiertas. Y después brujuleó por la Plaza Mayor y sus aledaños, viendo figuritas de nacimiento y observando el bullicioso tráfago que presagia un largo puente. A las puertas del Teatro Albéniz, junto al establecimiento que presenta los mejores nacimientos napolitanos que se venden en Madrid, estaba Fernando fumándose un puro. Ahora es profesor de la Escuela de Cine, y dirige teatro. Estrenaban Agnes de Dios, de John Pielmeier, un drama del que se ya se hizo una película,y que interpretan Fiorella, Cristina Higueras y Ruth Salas. Nos saludamos afectuosamente, recordando el encuentro en Logroño bajo la advocación del padre Cayo. La vida, tan imprevisible y estimulante. Me invitó a ver la obra, que ha adaptado y dirigido con mucho cariño. Bromeamos con la suerte. La suya, de haber dado con Fiorella. Y la del Duende, que es seguir conservando tantos amigos y con tan nutrido anecdotario.


Amigo DUENDE,ves,la libertad tiene el ombligo muy largo,es realmente fascinante,uno que a priori va de solo,siempre esta abierto a casi todo,siempre que te apetezca claro,pero solo se necesita humor,y eso ya lo tienes tu,esta bien que te recargues,con lo que proporciona la soledad personal que no es ni mas ni menos,que esos encuentros fugaces y libres que teniendo,salud y humor nos proporciona esta vida,despues no pretendamos,que al llegar a casa ya de madrugada,encima tuviesemos lo IDEAL,lo IDEAL,siempre es otra cosa DUENDE,pero ayer lo rozaste.UN abrazo muy fuerte
¡Que maravilla Duende!, estar tan cerca del artista que a uno le fascina. Cuántos sueños juntos habrán compartido. Si es que para ser feliz uno necesita tan poco…
En mi barrio habia dos cines de reestreno preferente,el cine PROVENZA,y el cine ESLAVA,este ultimo tenia unos futbolines puerta con puerta,a mi me fueron prohibidos hasta unos años mas tarde,de todas formas no era mi ambiente,a lo que ibamos,los lunes por la tarde al ir al cole,ya estaban exponiendo los cartones coloreados de las peliculas del fin de semana,todo ello si me portaba bien segun mis padres,al salir de la sesion doble,como todos los niños corriendo por lo de la hora, a galope de nuestros propios pies,pegando tiros a diestro y siniestro,si a lo peor me enamoraba temporalmente,de una de las chicas de la pelicula melancolico volvia pensando,sabia que al llegar a casa,era a comer y a callar,o a ducharse y a la cama sin rechistar,el cine y muy pronto la radio me dio cobijo.Por eso LOLA yo no soy nadie,solo el oyente privilegiado,de compartir ratos con mis amigos de la radio que no se podrian pagar con dinero.UN FUERTE ABRAZO PARA TODOS,LE DARE DE TU PARTE LOLA los saludos a OSCAR CABERO,seguro recordara la anecdota.
Caray con su amigo Fernando, sería pava, pero tonto no era para poner el ojo en la Faltoyano, si señor.
No soy nada cinéfila, tan solo me gusta. Me encuentro con bastante gente que me dice que es una tontería ir al cine ahora, que me pueden gravar las películas y verlas en dvd, nunca me apetece esta opción, prefiero ponerme guapa, salir de casa, quedar con alguién, ver la película en la pantalla gigante a oscuras (lo vivo más), luego tomar algo y comentarla.
Gracias Candil de la Sierra, eres un sol. Eso de que no eres nadie habría que discutirlo, en fin. Si te quieres pasar dándole besos a Don Oscar Cabero, tranqui no me importa, ahora, él no sé lo que dirá.
Qué guapa es mi Adela, si señor. Ella ya es guapa de por sí pero cuando se arregla para ir al cine, es el no va más.
Yo soy cinéfila de las de antes. De hacer callar a toda la sala si es necesario, no soporto ni el más mínimo ruido. Fred, se ponía de los nervios, me decía que era peor aguantarme a mí que al pesao de turno que hablaba, comía, quitaba el papelito del caramelo y un largo etc. que han visto mis ojos en la sala de un cine. Ahora desde mi aldea, solo puedo ver cine en DVD, Adela no es lo mismo. Pero tiene una ventaja, hay silencio absoluto y puedo ver la película en V.O. que es mucho más interesante. Antes habían cines que pasaban películas en V.O. pero no todos, lo malo es que no me visto, ni me arreglo, ni me pongo guapa para ir al cine. Qué le vamos a hacer cosas del desarrollo.
Gracias, Lola querida.
Tienes razón, a mi me pasa igual, el domingo pasado vi “el orfanato” (muy buena Belén Rueda)y tenía al lado un señor comiendo palomitas, que…no se podía aguantar, con la boca abierta me enteré de todo lo que pasaba en ella y encima bebia cocacola y le producía unos aires que también me molestaban, algunas veces esto pasa solo los primeros 20 minutos de película, pero como compró el tamaño maxi, pues las palomitas le duraron prácticamente toda la peli, mi amigo Thomas que estaba al otro lado no se enteraba, pero yo sí le di la lata a el, pobrecillo, me tenía que desahogar con alguien.
Suelo envidiar los encuentros del Duende así como su narración y al hilo de la de hoy, quiero recalcar el sentido común de Méndez Leite respecto del baremo de la amistad ;desde hoy lo hago mío y me dejo ya de tonterías…Por si fuera poco, cuentas que lleva diez años con Fiorella Faltoyano con quién compartí un rodaje de la marca de detergentes que deja la ropa más blanca, hace ya más de 25 años. Me sorprendío entonces no sólo su atractivo físico si no el personal que ha ido creciendo con el paso del tiempo al comprobar cómo ha conciliado (que se dice ahora) su vida privada con la faceta de actriz, entre otras cosas,supongo, aceptando papeles siempre de interés, por lo que se ha prodigado poco.