
Sorprendentemente, aún no sabe el Duende de ninguna investigación que calcule el tiempo que el urbanita medio pasa en el ascensor a lo largo de su vida. Un amigo que vivía en el último piso de una torre de veinte plantas cronometró su ascenso y descenso, para calcular después que no menos de dos días al año se le iba en esos viajes tan tontorrones de los que no se sabe que nadie haya sacado partido. Hay expertos en optimizar tiempos estúpidamente desperdiciados, como los muchos que cualquiera derrocha a largo del día. En la sala de espera del dentista, en la cola del autobús, en la fila del DNI, en el ambulatorio. Dicen que Gregorio Marañón escribió un libro aprovechando lo que media entre el momento en que le anunciaban que la cena estaba lista y el de ver a toda la familia sentada alrededor de la mesa. Quizás exageran. Hoy, gracias a sus ordenadores portátiles, los ejecutivos aprovechan muchas esperas en los aeropuertos. El Duende en tiempos hacía los trayectos de tranvía con un libro de la pequeña colección Crisol en el bolsillo, y consiguió leer bastante. Pero no conozco a nadie que haya rentabilizado sus minutos de ascensor.
Hay que buscar remedio a ese disparate. Es absurdo que cuando uno va en ascensor ponga siempre la misma cara de besugo inexpresivo y, si coincide con algún vecino, vierta ineludiblemente los comentarios de rigor. El noventa por ciento de éstos se refiere al tiempo, que puede ser bueno, malo o regular. Quizás el malo da para más, aunque también es bastante socorrido el hace falta que llueva. Otros son fórmulas de pura cortesía vecinal….¿Qué tal en casa? ¿La familia bien? Cuando hay niños a veces se amplía el abanico de comentarios. ¿Y cómo están los peques? ¿Sacan buenas notas?…Y en tiempos de Navidad la imaginación incluso llega a desbordarse: ¿Dónde celebráis las fiestas? ¿Habéis pedido muchas cosas a los Reyes Magos?
En el Tranvía de Olga, y en ese tramo en el que el Duende debía hablar con su propia voz -no le gustaba nada- un día apuntó esta observación. Persuadido de que nada ha cambiado desde que se inventó el ascensor, proponía nuevos temas de conversación que huyeran de la estupidez y abundaran en otros problemas cotidianos. ¿No cree usted que en España se cuecen demasiado las verduras y las pastas? Interesante tema para un debate necesario, porque ese es ciertamente uno de los vicios de nuestra cocina. A Olga, a Capitán y a García les sorprendió bastante. A mí se me ocurren bastantes más asuntos, aunque comprendo que el compañero de viaje de ascensor actual no está preparado para tan valientes cambios.
Por pintoresca que pueda parecer la idea del Duende, no me digan si no es triste que uno puede coincidir durante todos los días de su vida con otro u otros en el ascensor y no llegar a conocer nada de él. Ni su nombre, ni su apellido, ni si sufre o es feliz. Sumados todos los tiempos juntos, quizás ha pasado junto a él mucho más que con alguno de esos primos segundos que nunca vemos. Y siempre es porque no salimos de los lugares comunes: tres comentarios banales y ya ha terminado el viaje en el ascensor.
Una de las historias frustradas que escribió y que tampoco acabó el Duende habla precisamente de un vecino de una torre que se enamora de una vecina a la que sólo conoce del ascensor. Hombre metódico y de gran sentido práctico, y sabiendo que no estará con ella nunca más de un minuto, programa concienzudamente una estrategia de comentarios para ir conquistándola poco a poco. En lugar de decir cada día lo mismo, parte en el punto donde abandonaron la conversación el día anterior. El galanteo secuencial parece tiene éxito, y ella también acaba interesada por él. Pero el día en que por fin él ya se atreve a invitarle a cenar, ella le comunica que acaba de ser destinada a la oficina comercial de España en Toronto. El idilio urdido en el ascensor no llegará a cuajar. Pues a ver si arreglamos el cuento, porque es una pena perder tanto tiempo subiendo y bajando sin siquiera comerse una rosca.

¿Y no había ascensor en Toronto? Si estaba loco por ella él debería ir también a Toronto, vivir en el mismo edificio y seguir la conquista en un nuevo ascensor.
Duende he de confesarle, al principio al escuchar el tranvía, alguna vez, no siempre podía. Me preguntaba quién era ese señor que hablaba tan poquito y decía cosas que no venían a cuento, pero siempre eran interesantes.
Qué pocos vecinos he visto en el ascensor, y qué poco tiempo he perdido yo en ese artilugio. No me gustan, si tengo que subir un décimo piso por las escaleras no me importa, encima amortizo mi tiempo porque hago ejercicio y de esta manera nunca me quedaré encerrada en esa caja. Os invito a hacer lo mismo, es muy saludable subir y bajar las escaleras y no se pierde el tiempo, se pierden kilos.
Yo también hago ejercicio,Lola, pues vivo en un tercero sin ascensor. Cuando tengo que coger alguno, casi siempre en edificios oficiales y hospitales, me siento muy incómodo. Debe ser porque la famosa “distancia de seguridad personal” que todos necesitamos preservar, se rompe con frecuencia.
Duende, apoyo incondicionalmente tu iniciativa de aumentar el repertorio de conversaciónes para este habitáculo tan práctico pero tan frustrante.
Como se nota DUENDE ,que ahora tienes tiempo,para VACILAR,eso tambien forma parte de la libertad,despues la imaginacion,que te fluye cada dia mas en consecuencia se te ocurren cosas.8.OOde la mañana EDIFICIO CENTRAL TELEFONICA,aqui vuestro duende amigo,en albornoz,SIN PALABRAS…a veces es mejor el silencio,otro tema posterior fue mi entrada en mi oficina departamento,pero eso otro dia.UN ABRAZO PARA TODOS.
Yo vivo en un 2º y pocas veces, a no ser que venga muy cargada, utilizo el escensor. Pero sí es cierto y, sobre todo en los hoteles, cuando subes o bajas con alguien, no sabes donde mirar ni que postura adoptar. Y peor si el viajero es extranjero. Te mira o a ti te lo parece, como queriendo adivinar si tú también eres de otro país. Siempre se produce un pequeño desconcierto que inteneamos soslayar con una sonrisa bobalicona y un titubeo por ver quién sale o entra antes. Y peor aún si se trata, como dice joselepapos en hospitales y centros oficiales donde van siempre llenos a rebosar y te axfisias materialmente, rozándote con la persona de al lado, tan cercana, que casi no te deja espacio. Estoy de acuerdo con Lola. Subiendo escaleras no se pierde tiempo, se pierden kilos y se gana en salud.
A mí lo que me molaría sería coger el ascensor en el Instituto Nacional de Meteorología. Las conversaciones deben de ser algo parecido a esto:
Señor A: Hola
Señora B: Hola
A: ¿Qué te parece ese sistema depresionario con 972 mb en su núcleo que se acerca hacia Portugal?
B: Bueno, no creo que sea gran cosa, porque las corrientes convectivas en la mesoescala no están de llover.
A: Sin embargo, la corriente en chorro parece que se va ondulando y puede formar una DANA (depresión aislada en niveles altos).
B: Sí, pero si el anticiclón de Siberia se une con el de Groenlandia, se carga la ciclogénesis explosiva en la dorsal en un pispás.
A: Vale, pues hasta luego
B: Taluego.
Yo estuve ese día, escuchando tu pregunta ascensoril sobre si en España se cuecen demasiado las verduras y las pastas. García, Capi y Olga o no te entendían o no querían entenderte. Siempre es divertido reírse de ti, y ellos lo hacían con enorme cariño, un poco descolocados por tu mirada poética. (Te admiran tanto que la única válvula de escape es el cachondeo).
Yo disfrutaría mucho si tuviera un compañero esporádico de ascensor que me preguntara mi opinión sobre la cochura de pastas y verduras. (No tengo opinión al respecto, pero me gustaría improvisar una).
Lo de tu cuento, estoy con Macu. Manda al enamorado tímido a Toronto, a que siga su estrategia.
Vaya, ya salieron las verduras. ¡Cómo me sorprendió la pregunta aquel día! En mi casa siempre se han cocido demasiado, es la costumbre inveterada. Y las pastas, especialmente los fideos, también.
Yo he viajado poco en ascensor, pues he vivido muchos años sin él, y otros en un primer piso, con lo que no lo utilizaba. Pero la idea innovadora me parece más que eso, revolucionaria. Duende, ¿te imaginas al cátedro de filosofía dando una charla sobre Nietzsche de 30 segundos a la vecina del 12-A, o a la mezzo del orfeón ensayando su habanera favorita? Podrías editar un “Manual de iniciación a la tertulia de ascensor”, ¿qué te parece?
A ver, no viajo nunca en ascensor, pero si fueran como dice el Duende y Angelus Pompaleonensis creo que los buscaría para meterme.
Prefiero la opción de Lola, subir escaleras, ¡como somos!, yo también pienso que es bueno para la circulación de la sangre, sentido práctico supongo.
El final de la história no me gusta, sería ideal la opción de Macu, aunque no lo veo factible, ¿un hombre que lo deja todo, de repente, por pasión hacia una mujer que no conoce? bién, si el cuento es para Disney…y…¿no pueden cenar antes de irse ella a Toronto?,o…intercambiar los telefonos para felicitarse las Navidades y…quien sabe, pueden volver a encontrarse por casualidad en un mercadillo de Navidad en Madrid comprando figuritas de belén veinte años después.
Pd: la Carcajoda, es un tema para un ascensor,es más yo la pondría en lugar de esas musiquitas, imaginese al pelotón saliendo ja-ja-ji-ji
Ido yo me lo paso muy bién en los asensores. Los únicos que utiliso más, son los de ese sentro que antes era galerias espresiados,sabes lo que pasa, que sales de allí muy mareao pero lo encuentras todo y como yo bajo a Palma una ves al año, pues…desía que cuando entras, ¡sabes que te dan de papeles y popagranda por todos laos!, yo la voy guardando y en el asensor-como no se que haser- sin que me vean, disimulo un poco y se la meto en el bolsillo de la camisa de los que están a mi lado. Mientras la mujer mira ropa, veo al señor sacando la tarjetita y pensando ¿qué es esto?,son muy grasisosos, y así piensan un poco más.
PD. Estoy muy contento, que ya estes bién Lola, haberlo dicho mujer y te mando unas minimandarinas espesiales pa la gripe ¡batuadena!. Pero tu sabes mucho de brebajes y caldos y te hasen poca falta, eh! ya dirás cosa, si lo nesesitas el Bob pa lo sea.
Zoupon me reído mucho con la conversación del INM. Pero ¿no crees que los señores del tiempo hablen en el ascensor de cualquier cosa que no sea de su trabajo?
Gracias Bob de Ca’s Barber, eres un sol. No tengo gripe, no. Es que estoy en casa de la familia, y los excesos pues tienen un presio y el mío es que acabo malita, por eso no he hecho la cuajada, me esperaré un poquito. Bobito todo lo que me mandas es mini, tu envíame el tamaño familiar si puedes, hombre.
Queridos Duendeamigos del bosque.
Tras la terrible experiencia de saber que alguien intentó ursurpar mi personalidad, he decidido registrarme en WordPress.
A partir de hoy, saldré a la luz como julian29, ya que no llego ni con mucho a la altura de nuestro amigo Wallace (97).
He decidido utilizar a Scrat, como símbolo de mi búsqueda constante de la bellota ideal.
Un abrazo y hasta pronto…
A mi, me parece mejor si el ascensor justo cuando ella le dice me voy a Toronto y el mira al suelo por cubo de agua fria que le ha echado, pataplam, se para y resulta que quedan atrapados en el, ha habido un apagón bestial en toda la cidad y pasarán 24 horas juntos antes de que los rescaten, ¿que pasará?…:)
Tal vez él asuma, que la vida es así, mire al suelo y piense que podría haber sido bonito, ella ponga media risa de insatisfacción y piense que inoportunas son las cosas que me pasan, él que es un tio listo, mientras estaban en el ascensor con el bluetooth de su teléfono ha registrado el de ella y le envía la canción “Crazy” de Aerosmith…
Un apagón general en la ciudad. Instante de oscuridad y silencio en el ascensor. El está solo junto a ella y nadie más. Sensaciones, sentimientos, deseos, afloran en el ascensor. Solos, cuerpo a cuerpo, el tiempo se detiene ante los dos…
y se sientan (porque pa esperan depié, es un buen rato),como ella tiene frio, él le dise: -toma mi xaqueta reina- (eso siempre lo hasen los hombres en las peniculas), ella se aserca a él y le dise: siempre soñaba con conocerte pero…te veía tan feliz con tu mujer, los niños y el perro que me daban ganas de llorar y pensaba que eran sólo mis fantasías-. El le dise :-tienes razón, lo era, hasta que mi mujer me dejó, se enamoró de su mejor amiga, los niños viven con la abuela que les deja hacer lo que quieren y sólo me queda “Bolo”el perro, que como es un pekines va a su bola y no me hace ni caso-. Y ella le dise: -vaya vida más intensa-. Pero sigue pensando irse a Toronto…
Una bonita historia de amor para ilustrar el tema de un encuentro entre dos desconocidos. Ocurre en un aeropuerto, película interpretada por Juliette Binoche y Jean Reno, con la colaboración de Sergi López en “Jet Lag”. Excelente interpretación de los dos protagonistas. No me extraña, Jean Reno, es de origen español, de “Cai”, ella creo que también, no lo recuerdo. Puede dar ideas para esa historia en el ascensor. Un film, desenfadado, divertido, sencillo como la vida misma, y a la vez profundo.
Bob de Ca’s Barber, si la historia acaba bien como la película que he citado, leeré la novela, si no, ya veremos…Por ahora, me gusta, Bob, el mejor protagonista, el perro, “Bolo”, se parece a mí, va a su bola como yo.
Sabes Lola…no me convense, creo que estoy muy contaminado del diario de Juan imedio y esto no ha de ser un drama, a de ser de amor como dise el Duende hay que pillar algo, pero esque en el assensor no me parese romántico, creo que mientras él espera el ascensor ve como va bajando del piso de arriba y se rompe y queda ella atrapada y empiesa a llorar y él que es técnico de assensores la rescata por la trampilla de arriba, casi se caen los dos porque la cuerda que aguanta el assensor está medio rota. El le dise: -hoy te quedas en mi casa,estarás más más a salvo-
Asín nase el amor. te end
Duende, yo creo que tus relatos no necesitan para nada de personajes ficticios ni de tramas imaginadas. Tú abres los ojos, miras a tu alrededor, sea yendo en tu Vespa 150, estando en una boda, en un monasterio o en un estudio de radio, o mirando por el ventanal de tu palomar, y captas un manojo de realidades que el común de los mortales o no es capaz de captar, o sí capta pero no es capaz de transmitir. Incluso los habrá que siendo capaces de ambas cosas no quieran o no puedan hacerlo.
Y por si fuera poco, esas realidades observadas desde tantas ópticas, y transmitidas con mayor realismo del que somos capaces de percibir, las pasas por el tamiz del buenísimo y finísimo humor. ¿Qué más queremos?
Saludos a todos los duendeamigos.
ESTAIS todos bien,estais ya de vuelta,venga ,que le pasa a estas gallinas que llevan dos dias que estan un poco remisas,que diria BONETE.un abrazo para todos.
Esto mas que un puente, ha parecido un acueducto.
Si no es por Bob, Lola, y Wallace97, aqui no trabaja nadie…
Saludos
!Pues le doy la razón a Wallace 97¡prefiero las histórias de el Duende, que no se me enfade Bob, en mi tierra dicen que el que hace lo que puede no está obligado a más. Un besito.
El “novamás” de los ascensores es, el del pirúlí. Casi tres minutos de ascensión lenta y misteriosa. Unos cables muy elásticos que hacen que el habitáculo oscile verticalmente y un silencio sepulcral y draculiano. Ya hace unos años que Gervasio con algun compañero enviaba datos, lentamente desde allí a Santiago de Compostela. Durante el transcurso de la transmisión se iban a desayunar a “Los Torreznos” de la calle Doctor Esquerdo (En aquella época la velocidad de comunicación daba para varias raciones), con lo que los viajes en ascensor se multiplicaban. De todas formas la oscilación horizontal en la punta de la torre producía mas miedo que la del ascensor.
Por cierto hermoso espectáculo el de las grullas en las dehesas extremeñas durante el puente. Ruego a los turistas ornitológicos (incluidos los nórdicos) que no se acerquen tanto. Se esán volviendo muy ariscas.
Pues yo creo que la historia debe tener un final feliz, el, como es funcionario, pide un año de excedencia y, soborna al portero para que le diga dónde vive ella en Toronto, va, y ella está en el piso 34 de un altísimo rascacielos, la espera.., ella llega, se sube en el ascensor.. y él sale corriendo desde detrás de una planta que hay en el vestíbulo y.. se monta en el ascensor… se miran… ella le confiesa que se vino a Toronto porque no podía resistir la indiferencia de él, son 34 pisos… ¿a que promete???
Perplejo me dejáis después de tan largo puente. Me fascina que la historia del amor en el ascensor haya excitado vuestra imaginación. Habría que arreglar la historia para darle un final feliz, cierto.
Estos días estoy de cabeza. Pewrdón si el Duende se escaquea algún día.
Gracias y un abrazo a toda la comunidad.
Duende, ¿por qué no pruebas a subirte de nuevo a un autobús de dos pisos?
Aprovechando estas vacaciones de Navidad, donde todos somos un poco más niños y nos trasladamos de nuevo a esa infancia que nunca quisimos abandonar. Buscando en la niñez, entre esos juguetes de hojalata y aquellos primeros poemas, tal vez, encuentres de nuevo la inspiración que te falta para acabar la novela. Ahora ya no tienes excusas, cultura no te falta.