Doña María contaba que cuando sus hijos eran niños, causaron asombro en el instituto porque enseñaron a sus compañeros unas fotos que se habían hecho en el pueblo. En ellas aparecían Oscar Luis, Tatianita, Petra Mari y Rubén entre un grupo de avechuchos negros y de cabeza un tanto extraña, llena de protuberancias colgantes de color rojo, como diseñada por un maestro fallero. Los animalitos de vez en cuando estiraban el cuello, movían el moco carnoso que sobresalía de sus napias y su papada y se inflaban como una reina del Carnaval de Tenerife, pero en feo y vestida de luto. Los chavales del instituto pensaron que eran una variedad de los gremnlins, acaso las primeras criaturitas animaloides extrañas que parieron el cine y sus efectos especiales. Pero no eran gremlins, sino pavos. ¿Pavos eso?…-les dijeron los compañeros- ¡Vamos anda!
Para la mayoría de los niños criados en la ciudad el pavo era algo así como el sueño de Carpanta, pero con otro nombre. Los niños modernos saben cómo es el lemur, el armadillo, el coatí y el dragón de Comodo, porque esos animales exóticos salen mucho en los documentales de la tele. Pero el pavo es un ave olvidada, y sin apenas leyenda, como no sea la negra y patibularia. No vuela, no canta bien, no es decorativa, no se caza. No hacen documentales de su vida. Y es fea. Sólo sirve para encontrársela desplumada, eviscerada, descabezada, plastificada y ofreciendo el resto sus carnes en obscena postura en el lineal del supermercado. Así se explica que los compañeros de instituto de los hijos de doña María no supieran cómo son los pavos vivos. Para ellos no esa una criatura de Dios, sino sólo un plato que se toma por estas fechas.
El poeta Pablo Neruda se describe a sí mismo en su autobiografía Confieso que he vivido, como un hombre con cara de pavo. Era un gran poeta, pero no simpático, y la ocurrencia tampoco le añadía nada en este sentido, porque el pavo es además un ave antipática. Más que antipática, que quizás sea mucho decir, es tonta, rematadamente tonta. A lo mejor eso explica el que se haya convertido en el chivo expiatorio de la Navidad. Porque además de todo eso, la carne el pavo es seca como el tronco de un enebro, y no demasiado sabrosa. Necesita mucho relleno de manzana y picadillo, mucho fruto seco y muchas inyecciones de coñac o de oporto para que sea digerible.
Vamos, que al final no sabe uno qué le ha convertido en el manjar navideño por excelencia. El Duende recuerda de niño sus estancias en el campo. Muchas mañanas le despertaba el cortejo de los pavos. Eran de considerable tamaño, encabezados por el más orgulloso y encopetado, vestido de negro y con cierto aire de rey de la casa de Austria. Desfilaba como si fuera con su séquito a la Plaza Mayor para presenciar un auto de fe. De vez en cuando el cabecilla entonaba el canto del pavo, y los pelotas le coreaban. La gallina cacarea, el cuervo grazna, la paloma arrulla, la cigüeña crotora. Pero el diccionario no ha inventado ninguna palabra para definir el sonido emitido por el pavo. Tan poco se le quiere. A él se le ejecuta y se le asa de mala manera, del mismo que al centollo y a la langosta se les deja morir en el agua hirviendo mientras lanzan sus terribles chillidos sin que ninguna Asociación Defensora de Animales levante la voz en su defensa. Así de injusta es la vida.
Esta Navidad van a caer menos pavos y mariscos de lujo. El gobierno ha sugerido que la carne de conejo es mejor para contener los precios y embridar la inflación. Y al Duende le preocupa. No conoce a un solo pavo con nombre propio, y sin embargo puede citar al Conejo de la Suerte, a Bugs Bunny, a Roger Rabbit y a Tambor. También recuerda a un par de conejitos blancos que le regalaron un verano, y aún llora por ellos la noche de Santiago, cuando se coló un gato en el corral y los asesinó. Los conejos, tan simpáticos, tan decorativos, tan mimosones, tan castigados por la mixomatosis, tan presentes en los cuentos infantiles y en las confiterías como animal-golosina. de azúcar o de chocolate, son el nuevo cordero pascual que necesita nuestra economía. Pobrecitos, con la de peluches que le ha dedicado los niños. A este paso va a tener el Duende que hacerse objetor de conciencia y rematar el lamento con el final de aquél villancico: porque en este mundo ya no hay caridad/ ni nunca la habido, ni nunca la habrá…


Que bueno DUENDE,de pequeño viviamos cerca del mercado del NINOT,en el ensanche de la ciudad CONDAL,y para estas fiestas fuera del mercado se apostaban a exponer LOS PAVOS,el aspecto no era muy simpatico,ademas estaban atados unos a otros semi acojonados, despues miralos y nos los toques,en mi caso porque me podian picar mi pequeña mano,para mi madre era que posiblemente que no se lo podia permitir,en cuanto a lo del conejo tal vilmente desechado sino es A LA BRASA CON ALL i OLI,o en guiso variado,pues bueno,ahora sale el PRESIDENTE,con el tema del conejo,que manera de terminar casi con un animal que cada dia ahi menos,aqui en mi SIERRA,quedan pero no muchos,es una pena pronto nos traeran los conejos de LIBIA,donde seguro ayer decidieron montar unas granjas de conejos con empresarios asociados,despues los compraremos en los super como articulo recomendado eso si..2,3,4,euros mas caro quien sabe con eso que dice SOLVES,que no nos enteramos de nada,los que seguro se van a enterar son los camareros de a pie,esos que tienen parte del sueldo en especie-propina,cada vez que hablan la —–.BUENOS DIAS
Es curioso lo que dices sobre los animales que conocen los niños. Cuanto más exóticos, más conocidos, pero los clásicos animales de granja les son completamente ajenos. Cuando era chico, mi sobrino creía que los burros eran animales imaginarios, como los dragones, hasta el punto de que hubo que localizar uno de verdad y llevarlo a que lo viera en directo.
Cuando el pavo emite su voz, lo que hace es titar o gluglutear, palabra que me parece muy simpática, es como si a lo que hace el perro lo llamásemos guauguar.
No es moco de pavo que ahora tengamos que celebrar la Navidad con conejo.
¿Pero qué me dices de la belleza de los pavos reales? Y además vuelan. Para que luego digan de la monarquía.
Joaquín Araujo, naturalista, ornitólogo, ecologista, residente en Extremadura y persona sensible, ha dedicado algunos momentos de su vida a practicar el canto del pavo. Oiganle sínó en alguno de los programas de Pepa Fernández donde ha realizado tal imitación. ¿Quizá le apetezca al Duende incorporarle a su baul de personajes?.
¡Gran persona y mejor divulgador el prolífico Araujo!
La verdad que los conejos escasean. Preguntenle sinó a los pobres linces ibéricos que no tienen con quién aparearse.
ZP quizá haya andado algo frivolo en sus recomendaciones, pero los cazadores que los eliminan con saña, bajo la excusa del deporte son, no ya frívolos, sino desalmados, excesivos, y con regusto por el “pavoneo” del lucimiento del animal muerto.
Qué curioso lo bonito que es un conejo vivo y lo poco que me gusta su sabor, y el pavo… es horroroso pero está muy bueno, ¡Qué cosas!
Mi padre tocaba varios temas y una vez le dió por el pavo. Se dedicó a engordar y criar pavos, me hace mucha gracia lo que dice Zoupon,gluglutear es exactamente lo que hacen, así suena, recuerdo que uno de ellos cuando me veia se ponía primero rojo encendido y luego azul,toda la cara y cuello morado, mi padre me prohibió entrar en el corral porque iba a por mi. Su azaña fué conseguir uno de 6 kilos limpio y sin plumas, por supuesto no los mataba como cuenta el Duende, eso es una burrada innecesaria para cualquier animal que no justifica ni su sabor ni textura a la hora de comerlo. No entiendo que tengais por ahí pocos conejos, en Mallorca es un problema para los agricultores y ha tenido que intervenir la conselleria de agricultura en ocasiones, son como plagas que se lo comen todo. Tenemos un plato típico exquisito que es el “conejo con cebolla” vale la pena probarlo.
Sería mucha, pero mucha imaginación la que habría que echarle a pensar que los gobernantes saben que Hispania posiblemente signifique “tierra de conejos”… es cosa de letras, en la que no andan, a lo que se ve que van haciendo, muy finos. ¿A ver si “es por el-lo, oyes” que se han puesto patrióticos, y lo recomiendan? De todos modos, no pensaba hacerles caso, y no porque vaya a dejarme la hijuela en la cena de Nochebuena. En mi casa siempre se comió cinta de lomo adobada “in person” por la cocinera oficial de la fecha: hasta que murió, mi abuela, después, servidora. Como caen estos días le han caído a la susodicha cinta unas heladas que tiembla el misterio, los comensales, que han dado la lata hasta la extenuación -porque este año yo andaba mal de tiempo- andan relamiéndose por los rincones. Ya fregarán, ya…
En mi casa nunca ha habido pavo en Navidad.
De niño vivía al lado del Parque de la Fuente del Berro, en Madrid, que tenía muy hermosos pavos reales. Cuando abrían la cola era fascinante.
Así que para mí los pavos no son alimento navideño, sino animales mitológicos.
Yo viví un tiempo en Alemania, y tenía una amiga, cuya familia tenía una granja de pavos. Los había de todas las edades, separados en diferentes dependencias, y os puedo asegurar que era todo un espectáculo escucharlos contestar a cualquier sonido, con ese graznido particular, pero multiplicado por cientos. Ellos mismos se autoalimentaban, como si fueran un eco. Demencial.
Con razón se utiliza la palabra pavo, a modo pellorativo para denominar personas no muy avispadas. La sola visión del pavo provoca repelus…
Los conejitos son otra cosa, son dulces y esponjosos, y yo, como Gervasio estoy en contra de su caza. Aun así tiene razon Adela, que en caso de convertirse en plaga, causan muchos destrozos.
En fín.
Saludos.
Julián.
Todavía no entiendo hablando de animales, lo que aprendes con ellos y demuestran que son más humanos que nosotros y viceversa, nosotros más animales que ellos. No sólo el pavo lo pasa mal para decorar la mesa por Navidad, de los que se lo pueden permitir. Aquí, en la France, hay otro ejemplo salvaje y cruel hacia los animales. Es típico tomar “foie gras”, os aseguro que los amantes de tan exquisito manjar deberían ver como se obtiene. Al pobre animal, la oca, le introducen un embudo por la boca y lo ceban hasta que está a punto para ejecutarlo. El tan preciado hígado sale de un animal enfermo. Mis amigos franceses que tanto defienden los animales, deberían tenerlo presente en cada bocado.
Recordando a Pablo Neruda en “Confieso que he vivido” tiene una particular definición de la poesía:
“Lo más parecido a la poesía es un pan o un plato de cerámica, o una madera tiernamente labrada, aunque sea por torpes manos”. ¿Serán mis panes pura poesía?