De Vicky y otros entrañables cuentos de Navidad

 Miraba entre dos luces la silueta de Madrid amaneciendo al primer día de invierno, y distinguió el Duende en el alba brumosa a una especie de hada encantadora. Peinaba plácidamente, como es lo propio en ángeles y otros seres etéreos, las cúpulas y los tejados de la ciudad. Era la mañana de la lotería. Dicen que eso marca el inicio de la Navidad. Luego es de esperar que, a falta de ese puñetero gordo que nunca nos toca,  envíen algún heraldo  encantador para anunciar las buenas nuevas como mandan los cánones. Ese debía de ser.

Oteó el horizonte el Duende con los prismáticos y advirtió que aquella figura juguetona que dibujaba cabriolas y loopings  en el aire era la de Vicky. Vicky  es una chica rubia y de ojos azules que tiene una cara sólo comparable en hermosura a lo que debe de haber dentro de su corazón. El Duende tiene muchas referencias del coraje, entrega y  generosidad de esta criatura. Hace no mucho tiempo había conocido a uno de los hombres más afortunados del mundo, porque le declaró rendido que estaba enamorado de ella, y ella a su vez le dijo que sentía lo mismo por él. A Vicky le iba a recompensar el amor una vida exportando cariño, pero se cruzó el destino en motocicleta y él murió. Uno, con sus años, no sabe qué decirle a una mujer en esos casos. No hizo falta: cuando se vieron por primera vez después del día fatídico, ella se le anticipó con un beso, tal parecía que fuera el Duende quien necesitara consuelo. El Duende se quedó desarbolado: qué entereza la de algunos espíritus privilegiados.

Recientemente se encontró el Duende a José  y a María José, un matrimonio amigo que sufríó también en sus carnes el mismo hachazo del destino. Su único hijo, Iván, un arquitecto de sólo veintitrés años con un prometedor futuro, encontró la muerte  con su novia en otro accidente de moto. Lloraron lo infinito, le dedicaron un libro, jamás llenaron su hueco. Pero consiguen mantener el tipo. De vez en cuando, dicen, hasta son requeridos para charlas en las que deben animar a padres que han padecido la misma desgracia.

De igual forma murió uno de los tres hijos de Sara y Juan Uña, otro matrimonio admirable que marca el zénit del infortunio. Vieron  cómo morían sucesivamente por distintas causas sus tres hijos, y aún tenían fuerzas para sonreírte cuando te saludaban. Sara y Juan formaban una pareja de belleza, elegancia y simpatía casi cinematográficas. En verano, iban con sus nietos a las playas de Vera, en Almería, y era emocionante ver pasear su espigada figura sin que la ignominia que el destino hizo con ellos viciara la firmeza de su paso ni la nobleza de su mirada. El Duende les dedicó un soneto agradeciéndoles su ejemplo. Eran -Sara lo es todavía- una referencia tan hermosa, tan serena y fiable como la línea azul del mar en el horizonte que recortaba su perfil.

En Navidad se recuerda muy especialmente a los seres queridos que ya no están con nosotros. Hoy quería recordar el Duende a algunos de los que, a pesar de que no podrían vivir sin ellos, siguen su camino. Hay mucha literatura y mucho cine al respecto, pero quizás son la encarnación más cercana de aquel héroe  fabricado por Frank Capra y  James Stewart, y que, como señalaba un lector de este blog, es la película por excelencia de las Navidad. Gracias, entre otros, a Viky, a José, a María José y a  Sara, aún podemos poemos proclamar con cierta emoción ¡Qué bello es vivir!

Feliz Navidad a todos. La vida sigue, y el capón relleno que está en el horno está diciendo que no me ponga tan sentimental.

6 Respuestas a “De Vicky y otros entrañables cuentos de Navidad”


  1. 1 julian29 Diciembre 23, 2007 a las 8:15 am

    Querido Duende. Todos conocemos gente que ha desaparecido de forma abrupta por estos desgraciados accidentes de tráfico. La desgracia no es para el que se va, que supongo algo sentirá, sino para los que quedan.
    De entre los que quedan, son los padres, los especialmente afectados, ya que enterrar a un hijo es la mayor de las desgracias.

    Como ya dije, son fechas estas para recordar a mucha gente que se fue, pero creo que lo importante es apoyar a los que aqui han quedado…

    Por cierto, ¿que hacemos con la cesta navideña para el padre Bonete?.

    Un abrazo.

    Julián

  2. 2 lola Diciembre 23, 2007 a las 9:18 am

    Me uno a las afirmaciones del capón relleno y a las de Julián, no es que los dos tengan nada en común, espero. Porque Julián, si estás regordete como el capón…
    ¡Oye, hoy siendo festivo también has madrugado, y te has anticipado en el post!

    Siempre he pensado que no hay muerte más estúpida que la de un accidente de tráfico. Más duro todavía que morir de amor o de pena. Y es curioso, todos estamos expuestos a todo tipo de enfermedades, unos más que otros, según te cuides el body. A la muerte por accidente de tráfico tenemos las mismas posibilidades, como a qué te toque el gordo. Qué injusto, de nada sirve ser prudente en la conducción, respetar las señales y al prójimo. Fred ha dado la vuelta al mundo 12 veces sumando los Km. No sé si es el destino, pero hace más km. que un camionero sin serlo y eso que no le gusta conducir, ¡menos mal!

    Alguien nos hizo un regalo una vez, la vida, disfrutémosla cada instante antes de que el destino, o quienquiera que sea, nos la arrebate.

    Duende, ¿cómo fue el concierto?

    Ya no respondes a mis inquietudes, ni tampoco a las de Julián. ¿Qué he hecho yo para merecer esto?

  3. 3 Adela Diciembre 23, 2007 a las 3:11 pm

    Me gustaría añadir a la lista de seres especiales a Catalina, que cuida de Lídia con el mismo amor que debe brillar en los ojos de Vicky, José, Maria José, Sara, Juan…Lídia sólo conoció a su padre durante los primeros meses de su vida, él un día se fué a trabajar y la última llamada que recibió su mujer fué ahora vengo. Catalina no piensa ¡la vida es bella! siempre me repite lo contrario, encambio la miro con ojos sonrientes cuando me cuenta que le pone las gravaciones de su papá a Lídia y no se de dónde saca las fuerzas si no es del amor. También añado a Miquel de Ca’s Barber, el maestro de la vida,que por consideración a los demás prefirió no hablar de su dolencia y creer en la recuperación de los demás,fué dando una lección de buén vivir, yo los recuerdo cada día y en estos es cierto que un poquito más. Bueno podemos combinar el capón con el sentimentalismo ¿verdad? que diría el Padre Bonete. :)

  4. 4 José Ramón Diciembre 23, 2007 a las 4:06 pm

    Shakespeare, que era un experto en decir obviedades con frases grandiosas, escribió que cuando un hijo entierra a su padre hay dolor, sí, pero hay el cumplimiento de una vida, que sigue su curso y se sucede de forma natural, pero que cuando un padre entierra a su hijo no hay más que horror y sinsentido.
    (Precisamente, por no recordar las hermosas palabras de Shakespeare, sólo he dicho la obviedad. Ruego a quien conozca la cita y la sepa situar que me la diga, porque la he perdido).
    Repito: “¡Qué bello es vivir!” es, para mí, una de las mejores películas de todos los tiempos.
    Feliz navidad.

  5. 5 begoña Diciembre 23, 2007 a las 7:32 pm

    Con la muerte de un ser querido la vida cambia TANTO. Mi impaciencia se ha transformado en paciencia, mi inseguridad en seguridad, mi egoismo ha desaparecido, no encuentro nada sublime, me he acostumbrado a ser impar en una sociedad en la que se vive en pareja, mis alegrías tienen un punto de amargura, sé que todo puede ser diferente en un minuto… La Navidad no me conmueve más que cualquier otra época. Cada día de cada año me acuerdo de Chomin, del que me queda un ejemplo de serenidad y entereza frente a la muerte, y de honradez y rectitud ante la vida. Esto me ha hecho fuerte. Tres hijos, un nieto, mi familia y los amigos INCONDICIONALES hacen que siga adelante sin perder el optimismo por el mañana.

  6. 6 DOLOROSA Diciembre 24, 2007 a las 9:35 am

    Hola Duende y hola a todos. Ya he vuelto de mi viaje a Buenos Aires y aunque sólo hace dos días, ya tengo ganas de volver.Creo que esto lo dice todo sobre esa ciudad maravillosa, incomprensible y conprensible a la vez,que te engancha y te sorprende y aunque suene raro no encuentro otra forma mejor para describirla. Allí la Navidad se ve y se siente distinta. Con 34 y 36 grados de temperatura. las luces y los árboles navideños parecen una broma.
    Tienes razón Duende, como siempre, al decir que en estas fechas se recuerda especialmente a los seres queridos que ya no están, y más si su desaparición coincide lamentablemente con el día de Nochebuena como es mi caso. Pero la vida sigue y hay que sonreirle para ganarle la partida e intentar que no te venza.
    A mí tambien me parece una gran película !Qué bello es vivir¡ Vivir en la realidad y soñando a la vez. A veces los sueños se cumplen. A mí me ha pasado. Se han cumplido algunos de mis sueños y doy gracias por ello y creo que efectivamente,a pesar de todo,la vida es BELLA.
    FELICES FIESTAS A TODOS.


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