El arcano de la guinda

 Se habla de todo, se escribe acerca de cualquier materia, se hacen estudios -científicos, políticos, económicos, sociológicos, semiológicos, antropológicos y lo que te rondaré morena- sobre todas las parcela de la realidad. De vez en cuando una universidad, generalmente norteamericana, descubre que la fertilidad de la lubina de criadero aumenta los años bisiestos. Dato en apariencia irrelevante, pero que a alguien le da pie para elaborar una teoría y aspirar al premio Nobel. O sea, se acaba sabiendo lo necesario y lo innecesario. Pero aún así sigue habiendo arcanos inexplicables.

Recuerda el Duende que en su colegio estudiaron la figura del padre Feijóo, autor de escritos tan singulares como los que se refería al arte cisoria (arte de cortar) o el de la vara adivinatoria o zahoríes. No son materias de interés prioritario, evidentemente.  A nadie se le había ocurrido hasta entonces descender a estas minúsculos detalles de nuestra civilización. ¿Fue antes el huevo o la gallina? Creo que  durante la Segunda República, en el Congreso se sometió a votación la existencia de Dios. La sabiduría popular aún no tiene claro si el caracol es carne o pescado. En el siglo XIX un sesudo comité de científicos debatió sobre el grado de temperatura que llega a alcanzar el infierno.

Y aún habrá  más incógnitas que queden por despejar.

Pero  hoy el Duende quiere interesarse por la guinda. Esa pequeña fruta tan cursi que queda olvidada al final de tarta. La que se presenta engalanando a las anguilas de mazapán, la que pone glamour a los cócteles. La que sigue dando una nota de color en la copa de cristal cuando el helado se ha despedido. ¿Sabemos de alguien que se las tome?  Si no es así, ¿qué pintan  en el plato o en la copa? ¿Actúan como excitante de la líbido? ¿Pagan IVA?

Cuánta carnaza para el comentarista. Pues nada, ni una palabra más. Al Duende se le caen los párpados de sueño. Así que le hacemos caso a Zoupon y, si no es molestia, se dignen explicar por qué, sin servir para nada, la guinda, roja o verde, glaseada o al natural, sobrevive al paso del tiempo.

También vale pensar que el absurdo es precisamente una guinda.

15 Respuestas a “El arcano de la guinda”


  1. 1 wallace97 Diciembre 28, 2007 en 12:43 am

    Joé Duende, había puesto un comentario en el antepenúltimo post, y acto seguido, cuando me disponía a poner otro en el anterior, me he encontrado con este. No da uno abasto. En el anterior te iba a decir, precisamente por eso, que te tomes vacaciones cuando quieras, que de vez en cuando no nos vienen mal, tú respiras merecidamente y los demás podemos echar un repaso a los anteriores, por si nos hemos perdido algo, o reflexionar un poco los comentarios y seguir respondiéndote y respondiéndonos. ¡Que blogueros más exigentes tienes!
    En cuanto a este post, decirte que eres un cachondo mental, como siempre. Yo sí me como las guindas, y no es que me apasionen, pero al final siempre lo mismo, el estado de ansiedad, qué le vamos a hacer. Me paso la vida con él, como la mayoría, imagino. Y al que no le ocurra, qué suerte tiene, o no, vaya usted a saber.
    Y a todo esto, aún no había respondido a camiseta lo del concierto, así que allá que voy.

  2. 2 lola Diciembre 28, 2007 en 8:54 am

    Duende, bueno voy a hacer los deberes.

    ¿Sabemos de alguien que se las tome?
    Una servidora de usted, con ella soboreas lo que ha precedido, líquido o sólido. Te tomas tu tiempo y a la vez reflexionas, ¿sobre qué? No importa.

    ¿Qué pintan en el plato o en la copa?
    Bueno lo que tú quieras, puede ser un instante efímero, o que se alarga y no quieres que acabe. El principio de algo o el final de nada.

    ¿Actúan como excitante de la líbido?
    Por supuesto. Claro, depende del momento y de la compañía. Su color rojo nos atrae, nos fascina. La forma es atractiva, seductora y nos invita a probarla. Su sabor dulce nos envuelve, enreda a nuestra lengua y despierta nuestras papilas gustativas.

    ¿Pagan IVA?
    No, nosotros lo hacemos por ella.

  3. 3 Macu Diciembre 28, 2007 en 9:17 am

    Venga, ahí van mis respuestas:
    1. Yo si me las como, me encantan y es una gozada que a nadie más le gusten porque así me las como yo todas (gruesa de los nervios, ya se sabe)
    2. Dan colorido y llaman la atención, aunque luego las ignoren
    3. Por supuesto que excitan la líbido. Son cerezas confitadas y no me negarás que las cerezas cogidas del rabito tiene lo suyo ;)
    4. Igual que Lola, lo pagamos nosotros. Un 7% para ser exacto.

  4. 4 Frei Diciembre 28, 2007 en 11:05 am

    Vaya con el temita de hoy. Por si fuera poco tener que rematar las compras de reyes, las viandas de las futuras comidas, lidiar con las vacaciones de los hijos…, ponte a pensar en el papel de la guinda. Duende, lo siento, abandono mi puesto y empiezo ahora mismo las vacaciones. La cabeza me echa humo. ¡FELIZ 2008!

  5. 5 Zoupon Diciembre 28, 2007 en 1:20 pm

    Yo creo que en los obradores usan las guindas para distinguir los dulces que ya están terminados de aquellos que aún no lo están. Que tiene guinda, pues para el punto de venta. Y doy fe de que la gente se las come.
    Estamos acostumbrados a ver las guindas aisladas en medio del merengue, pero si vienen del Bierzo y todas juntas nadando en aguardiente dentro de un tarro, son también muy recomendables.
    El padre Feijóo era un hombre admirable, un intelectual como la copa de un pino (y sin cobrar de la SGAE, fíjese usted) y un racionalista ilustrado singular en la España de su tiempo. En algún lugar leí que practicaba exorcismos, pero se aseguraba muy bien de la presencia o no de un Demonio mediante un ardid muy inteligente. Al parecer, los demonios se revuelven dentro del cuerpo del poseso cuando el exorcista pronuncia las oraciones que sirven para desahuciarlos, que entonces (y tal vez ahora) se pronunciaban en latín. Pues el padre Feijóo, poniendo una voz muy solemne y profunda, decía en latín cosas absolutamente inconexas y absurdas, sin relación alguna con las letanías propias de la ocasión. Si el supuesto poseso, que por supuesto no entendía el latín, se contraía y se convulsionaba y gritaba de todo al escuchar los latinajos, el padre Feijóo lo echaba con una patada en el culo.

  6. 6 Julio Diciembre 28, 2007 en 2:26 pm

    Permítame , don Duende, en primer lugar una pedantería. Cuando leí lo del “Arte Cisoria” o del ‘tajo de las aves’, ‘tajo de los pescados’, ‘tajo de las animalias de cuatro pies…’ y más cortes, no incluido el del ‘tajo del jamón de Jabugo’, atribuido al Padre Feijóo, me entraron mis dudas, porque tenía idea de que en mi colegio, no me habían dicho lo mismo. Así que investigué y me encontré que el preocupado por esas artes del ‘corte o tajo’ fue un señor – nacido siglos antes que el ilustre benedictino- llamado Enrique de Aragón, (Marques de Villena).Personaje éste muy curioso, de vasta erudición.

    Pero, al fin y al cabo, la cosa no tiene más importancia, porque realmente de lo que se trata aquí es de poner la guinda a su pastel de hoy. Yo no sé por qué, normalmente, no me como nunca la guinda, a pesar de todas las lujurias que al parecer despierta. Quizá, por aquello que dijo la zorra: ” No están maduras”. La verdad es que siento cierto recelo, me parecen de plástico. Ignorante que es uno.

    Un saludo muy afectuoso. Gracias por echar el anzuelo para que piquemos. Y FELIZ AÑO, con guinda a ser posible, para todos

  7. 7 El Duende de la Radio Diciembre 28, 2007 en 4:00 pm

    Es lo que tiene fiarse de la memoria a mis años. ERRARE HUMANUM EST, y más cuando el marqués de Villena y el Padre Feijóo debían de caer en el mismo capítulo de la Historia de la Literatura de Diáz Plaja, que era mi libro de texto.

    Me llamaron la atención por entonces su curiosidad por estos temas minúsculos (como la de Fray Luis de Granada por la vida de las hormigas). Pero más me sorprende ahora lo que ya me habían avisado algunos lectores eventuales del blog: ¡qué nivel el de los comentaristas!

    Gracias a Julio, especialmente. Y a todos, si no comento otro asuntillo, FELIZ AÑO 2008 (Yo lo celebro acostándome cad noche de an Silvestre un poco antes)

  8. 8 Julián29 Diciembre 28, 2007 en 5:44 pm

    Las guindas hacen un licor exquisito.

    En mi tierra, Navarra, se hace el pacharán. o patxaran, para que no se me enfade nadie. Este licor se hace con los arándanos, y ademas de digestivo, es muy rico.

    Yo tengo un tío que en su huerto tiene un guindo, y tenía la costumbre de preparar cada año un pacharán de guindas delicioso. Lo preparaba con el anis típico y guindas, dejandolas macerar un par de meses. No solo el licor era una delicia, tambien las guindas se comían, aunque te “colocaban” un poco.

    En los pasteles, como en los cóckteles, la guinda es como el perejil a los platos de Arguiñano, el toque final. Yo, tambien me las como, y siempre al principio, para evitar que desaparezcan

    Feliz 2008 a todos.

    Julián

  9. 9 José Ramón Diciembre 28, 2007 en 6:54 pm

    Me encantan las guindas al natural, como fruta, pero no las confitadas de pastelería.
    Soy muy goloso, pero las guindas no.
    (Y los sugus, todos. Menos los de cereza).
    A veces pienso que nuestra vida es como una porción de tarta. Se empieza con alegría y optimismo, pero en seguida se pasa la mitad y ya vamos viendo el final y nos vamos preocupando.
    Jolín, qué final más pesimista.
    Desde más allá de la mitad de mi tarta, feliz 2008 a todos.

  10. 10 el candil de la sierra Diciembre 28, 2007 en 8:09 pm

    Si JULIAN,tambien tu tierra es muy bonita,yo consigop el pacharan,en un pueblo que se llama IRUTZUN,ORUJO con GUINDAS,manzana verde natural,regaliz,mandragora,y cerca de BERTIZ,MAGNIFICO PAISAJE del VALLE de ELIZONDO.

  11. 11 Adela Diciembre 29, 2007 en 11:05 am

    ¡Vaya! me alegra saber que las guindas gustan, a mi no, pero son bonitas y decorativas, los merengues más grandes que he podido encontrar son los que vende la pastelería del Corte Inglés,pero también me preguntaba ,que hago con la guinda en lo alto? es una pena tirarlas y siempre me ha pasado que al ofrecerlas a alguién nadie me ha dicho que sí. Entonces repito, me alegro de que la existencia de las guindas tenga motivo de ser :)

  12. 12 Bob de Ca's Barber Diciembre 29, 2007 en 11:45 am

    ¡Es sierto que siempre alguien sabe curiosidades! y llama la atensión, yo por exemplo en la comida de Navidad aprendí como hasen las madonas sajarauis con la lengua para cantar, me lo enseño mi amiga Mariantonia que ha estado allí, también me enseño Petete quien fué el hombre que fotografió por primera ves los átomos en moimiento, el Sr.Carlos Thomson Wilson, también aprendí en un envoltorio de un xiclet constructivo que el antesesor del armadillo era el gliptodonte, eh, son esas cosas que dises -mirau, mirau!. La questión es que…las guindas a mi me hasen sentir incómodo porque no se que haser con ellas, y los perritos no las quieren tampoco y eso que siempre esperan la golosina, al final Kyrsita juega con ellas un rato y cuando han rodado mucho las doy a las gallinas que esas lo comen todo, idó yo pienso que los pasteleros son como los decoradores que…el otro día vi en un restauran unos tubos con plumas blancas dentro y…para que eran? pa haser bonito. :)

  13. 13 Angelus Pompaelonensis Diciembre 30, 2007 en 12:47 am

    No sé por qué tengo la sensación de que no distinguimos las cerezas de las guindas, que no son lo mismo. La guinda no es dulce como la cereza, es más bien blanca, y su sabor es diferente, ¿verdad, Julián? A mí las guindas no me hacen mucha gracia. Y las cerezas, que al natural me encantan, tampoco me gustan confitadas.

    Candil, así que conoces Irurtzun. He estado trabajando allí durante diez años, pero no me lo pongas tan cerca del Baztán.

    José Ramón, me ha gustado la imagen del trozo de tarta. Claro que, dependiendo del corte (ars cisoria, sin duda), el resto del trozo puede ser de buen tamaño, y con el borde irregular y lleno de migas salientes. Es pero que sea de nata.

    Y, ya que hablamos de la tarta vital, el viernes se despidió Araceli G. Campa, que se prejubila. Demasiados cambios en esta radio nuestra, tantos que va a dejar de ser tan nuestra…

  14. 14 DOLOROSA Diciembre 30, 2007 en 1:13 pm

    Yo nunca me como la guinda de la tarta, pero claro, tampoco me como la tarta porque no me gustan los dulces. Lo que sí, me comí, con vedadero deleite fue, no una , sino un puñado de guindas recién cogidas del árbol que me ofreció un simpático anciano que las recogía en Ortigosa de Cameros en la Rioja, hace exactamente tres veranos cuando tuve la feliz idea de visitar aquellas tierras. Y puedo asegurar que me supieron a gloria. No sé como saben las confitadas pero no creo que tengan nada que ver con aquellas que degusté una mañana calurosa en aquel entrañable pueblecito.

  15. 15 Adela Diciembre 30, 2007 en 6:17 pm

    Estaría bién aquí saber la opinión de Guindilla :)


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