En cuarenta y ocho horas ya estará sonando el concierto más esperado del año. En el Musikverein de Viena su brillante y machista Filarmónica -sólo dos mujeres en una formación amplísima, y aún así hubo reparos para admitirlas- interpretará las consabidas polkas y valses de los múltiples Strauss y de los Offembach, Lehar, Suppé…Música perfumada como un bombón de licor.
Al Duende le parece un concierto empalagoso y tontorrón, pero reconoce que es un prejuicio envidioso. A él, como a muchos, le hubiera encantado dirigir una gran orquesta sinfónica, y nunca pudo. Cuando Edward Heath, amante de la vela y de la música clásica, era primer ministro, se dio el gustazo de tomar la batuta y ponerse un día al frente de la Sinfónica de Londres. El Duende, casi imberbe, y sin la fama, la influencia y la batuta del premier inglés, se tenía que conformar con robar un largo macarrón de la despensa de su casa y modular con él para sí mismo lo que ponía en el pikú. La obertura Egmont y la Quinta sinfonía de Beethoven eran su programa favorito: se los sabía de memoria, y no fallaba en una sola entrada. Se sentía un excelente director de orquesta. Sin duda por ignorancia, ahora cree que sería capaz de dirigir ese famoso concierto que la Filarmónica de Viena toca como quien lava.
Sin embargo sólo lo sigue si le sorprende tomando un café en un bar o en la casa de un amigo. No lo busca, porqie le parece sólo un sonido de referencia. A la Navidad la anuncian los Niños de san Ildefonso, con ese tradicional sonsonete de la Lotería de Navidad que el Duende odia desde niño (nunca le dejó un duro, y además le impidió escuchar la radio normal ese día. Sólo hay una tradición radiofónica más estólida, que es la retransmisión de los encierros de los Sanfermines). Al Año Nuevo lo saludan los compases majestuosos de la orquesta más cara del mundo. La legión de japoneses que llena buena parte de la sala es feliz: aplaude la consabida marcha Radezky como los niños de nuestra tele jaleaban a Gaby, Fofó y Miliki cuando cantaban Había una vez un circo. Los ilustres profesores, normalmente tiesos y engreídos, les siguen el juego: hacen dos o tres chorraditas, felicitan el año a coro, venden un montón de CD y se forran ante los ojos de medio mundo. Y el maestro que los dirige, nomalmente una estrella deslumbrante del star system sinfónico, se consagra como uno de los Midas de la música.
Y aquí la sorpresa del Duende. Siempre creyó que entre divos andaba el juego, y que tal privilegio sólo se otorga a un consagrado de fama mundial. Pero nunca te acostarás sin saber una cosa más: confiesa el Duende que no tenía ni idea de quién era George Prêtre, el director francés ya octogenario en quien ha recaído este año el honor hiperbólico de encandilar a medio mundo con la música vienesa. Woody Allen tituló un libro suyo Cómo acabar de una vez por todas con la cultura. Y el polvoriento sabio que fuera Marcelino Menéndez Pelayo decía que la mayor pena de tenerse que morir es que siempre le quedan a uno muchas cosas por leer. Tenían razón. Qué desasosiego no abarcar nunca el mínimo para considerarse un hombre ilustrado. Qué sinvivir.
Tampoco conocía el Duende el original espectáculo Música y excusas que el tenor Enrique Viana se monta con su voz y su arte, un piano virtuoso que le acompaña y textos de propia Minerva. Es una mezcla de ingeniososos monólogos de vanguardia trufados por arias belcantistas que desarrolla en hora y media de desparpajo y refinamiento musical. Muy recomendable. El Duende lo disfrutó ayer, y sólo pudo llenar una de las miles de lagunas culturales genera diariamente esta sociedad tan inquieta. Lo que yo te diga, Woody. El talento creador, que no para, y que siempre le pilla a uno medio dormido y con estos pelos.

Yo me pensaba Sr.Duende hase un tiempo,que las cosas importantes hay que conoserlas y entender porque sinos te disen – he ido a la opera de Viena…- Hemos desayunado como cada año chocolate con los niños de San ildefonso…- y uno como yo, se queda empantanado sin saber de que le hablan, hasta que un día hase todo eso y luego se da cuenta que está aburrio y no es felis y piensa entonses ¿es eso importante?, idó me parese que no, porque yo nesesito más despertar tranquilito en silensio, haserme el cafelito y mientras friego las tasas ver y escuchar por mi ventana el consierto de los gorriones y estornells y tordos que dirige la mañana soleada
El Concierto de Año Nuevo, de Viena, me parece una chorrada. Y lo de los niños de San Ildefonso no digamos: una mañana en la que no se puede escuchar la radio.
(También odio la temporada ciclista: Tour, Giro, Vuelta, en la que, a la dura sobremesa del verano terrible, unos gritones aspiran a que vibremos sin pausa).
Tampoco me gustan los shows mediáticos tipo “tres tenores”, y similares.
Prefiero un concierto “de verdad”, o, como Bob, escuchar a los gorriones mientras me unto una tostada con aceite y mermelada de naranja amarga.
y yo me pregunto… cuando retransmiten el Tour por la radio, como es que hablan así los locutores de radio?, un día Beatriz Pecker cortó su programa para pasar a las bicicletas y me sorprendió un hombre chillando e intentando ser entusiasta, el contraste fué surrealista, ¿por qué hablan así?
Estoy tambien con bob de Ca´s Barber. Cuando me levanto necesito encontrarme poco a poco, sin intermediarios (he prescindido incluso de RNE por motivos obvios). Todo lo que no sea silencio o el sonido de la naturaleza debería ser considerado como una agresión y penalizado.
Duende, yo también albergué deseos de dirigir una gran orquesta. Tiene que ser muy emocionante. Alguna vez oí a alguien decir: “dirigir una orquesta y después morir”, que suena muy melodramático pero que indica el grado de placer que se puede alcanzar con ello. Yo me conformé, en mis años de estudiante, con hacerlo con una rondalla, que es como una orquesta modesta, y también era muy gratificante. ¡Feliz año a todos!
Adela, para radiar los deportes, y obviamente en un medio sin imágenes, es necesario que el locutor le ponga un poco de emoción al hablar, y describa con palabras y relance o modere su tono para hacer llegar la intensidad del momento.
Yo, que recuerdo seguí mucho los tours que ganó mi paisano Indurain, allí por los 90, casi siempre los escuchaba en la radio, al pillarme trabajando y valoro mucho las ganas que ellos le ponen.
Puede que sea deformación lo mío, pero todavía cuando veo un partido por la tele, que realmente me interesa, lo escucho por la radio, y me parece mucho mas emocionante…
Un petó.
Julián.
Pues nada de eso. Yo contra corriente, que no me falte mi concierto de Año Nuevo, en Radio Clásica y con Pérez de Arteaga… Y dirigir a la OFV tiene que estar tirado, pues van con piloto automático. Imagino al director de turno poniendo un acento aquí o una cesura allá, para salvar su prurito artístico y dar su “toque” personal, pero sin emborronar demasiado la partitura… En cuanto a los asistentes en la sala, mejor harían en dejar las manitas quietas si son incapaces de llevar adecuadamente el ritmo, entrar y parar a la orden de la batuta.
Duende, a mí me encantaba “dirigir” todo lo que sonase en aquel viejo Philips de cuatro válvulas rimlock que por su pequeño tamaño resultaba casi portátil, aunque nunca se movía de su peana en la cocina.
Prosit Neujähr!
¿Y nadie ha dirigido a la orquesta con un macarrón?
Pero…un macarrón de pasta que se come? es un poquito pequeño para que lo vean los músicos?aunque me parese un ahorro de espasio muy ingenioso, poria ser que fuese bién si los moimientos de la mano y el braso son esensiales junto con la cabesa y la melena del director claro! yo dirigía con las agujas de haser punto que paresian más auténticas, pero si se escapan…alerta!
1Feliz Año a todos¡ Para mí, toda la música, sea cual sea, lleva ímplicita la belleza. Bien es cierto que hay algunas que quieren hacernos ingerir que no se pueden digerir, como la de esos grupos modernos con esos nombres tan estrambóticos que nos machacan el oído, tanto los nombres como (eso) que quieren hacernos creer que es música y esas letras absurdas que se repiten incansables o una sola frase inexplicable (que creen cantar),una y otra vez.
Pero hablando del Concierto de Año Nuevo, te diré, Duende, que mi padre, gran aficionado, me lo hacía escuchar desde muy pequeña y quizás tuvo una gran influencia en mi afición a la música. Es cierto que es anodino pero para mí tiene unos recuerdos inolvidables de la mañana del día 1º de Enero, pegada a la radio, ante una humeante taza de chocolate con picatostes y me lleva a rememorar el tiempo lejano de mi niñez.
¡Gracias Julio!
Entiendo que es una especialidad el periodismo deportivo y tiene sus características. Mi desconcierto surrealista se produce en el momento en que estoy escuchando algo que me gusta en un tono que me gusta, por eso sintonizaba a Beatriz y de repente sin avisar cortan y dicen que dan paso al Tour y empieza el locutor a cantar a voces, me resultó tan fuera de contexto, es como si estás escuchando a Vivaldi y te quitan el auricular y te enchufan reketón. ¡Jerrllll! ¿dónde está la emoción? yo quiero delicadeza.
Quería decir Julián, me lio, me lio!
Duende, que los tallarines estaban fuera de mi alcance. Yo lo hacía con doble batuta: los dos dedos índice. Y además, creo que yo ignoraba la existencia de las batutas.