Archivos para 7 febrero 2008



Un caldo siempre cae bien

Caldo rico

(Foto de VJ_pdx)

No llegará la sangre al río. Pelillos a la mar, se encontraron el nuncio del Vaticano y el presidente ZP en un acto público y éste se quejó de los obispos. Con talante, pero se quejó. Monseñor Monteiro, muy diplomático, le recordó al presidente Zapatero que tenían pendiente un caldito. ¿Será en Moncloa o en la nunciatura? Da igual, con un caldito se puede arreglar casi todo.

Si le nombran asesor al efecto a nuestro querido padre Bonete dirá que, como poco, el caldito ha de tomarse con con jerez, y mejor con yema de huevo. Eso sí, como el nuncio es sobrio y austero, pero de fino paladar, mejor si se enriquece el caldo con unas fruslerías más. Acaso unos taquitos de jabugo, por qué no unos huevos duros troceados, quizás unas finas hebras de pechuga de faisán, tal vez unos corruscos de pan frito. Poca cosa, unas naderías, pero que sin duda harán más sabroso el caldo y facilitarán el diálogo.

Eso sí, como el presidente es de León y hay que dar al césar lo que es del césar, qué tal si se acompaña el caldito con una fuente de cecina debidamente rociada de aceite de oliva. ¿Y si añadimos unas rodajitas de chorizo del Bierzo? -puede que sugiera monseñor. Hombre, presidente, pues ya, metidos en juerga, permítame que ya que don Manuel Monteiro es portugués se ofrezca en su honor algo típico de su país. Poca cosa, un platito ligero, a tono con la sobriedad eclesiástica. Por ejemplo un bacalao dourado, que pueda servir de pórtico, es una idea, a un foie de pato con puré de manzana, como queriendo decir a su eminencia reverendísima que nadie en el gobierno quiere sacarle los hígados a la Iglesia, antes al contrario.

Y a la vista de que con estas pequeñas delicatessen debidamente regadas con los vinos procedentes se va a cocinar un arreglo, pues nada mejor que añadir a este ligero tentempié un botillo, un cocido maragato, un buey estofado, empanadas de anguila del Arlanzón y, eso sí, como monseñor es goloso como un niño y el presidente pura dulzura, un repertorio de gourmandissses todo santidad: un San Marcos, puede que unos deliciosos tocinos de cielo, piononos de Granada, el Saint Honoré, sin duda una tarta de Santiago, unos suspiros de monja y, como concesión al leonesismo y el laicismo de Zapatero, unos nicanores de Boñar y cómo no, unos siempre deliciosos mantecados de Astorga.

La presunta glotonería de lo que doña María llama el cuerpo de servicio de la Iglesia es un socorrido tópico en el que abundaron desde Galdós a Berlanga. El Duende guarda memoria de un chocolate en onzas que merendaba de niño junto a un trozo de pan. No era Elgorriaga, ni Valor, que eran las marcas de la época, sino Los Canónigos. Supongo que era algo más barato. En la envuelta, se veía a unos orondos frailes despachando un cuenco de aquel chocolate que, si bien no era de los que parecían hechos con arena -así sonaba triturar aquellas tabletas de cacao con azúcar sin refinar- tampoco era una delicia como los de ahora. Pero, junto al chocolate, nada tan clerical como el caldo. Archifamosa es la anécdota de aquella cena en una casa de prosapia en la que el obispo era el invitado de honor. Como quiera que, por su natural modestia cristiana, el dignatario se sirviera el consomé sin apenas hundir el cucharón en la sopera, la doncella, apercibida de ello y deseosa de dejar bien a sus señores, le advirtió diligente: ajonde, ajonde, su divina majestad, que en el culo está lo bueno.

Bueno sería que el presidente y el nuncio ajondaran en este otro caldo de la concordia. Y que en su culo, con perdón, encontraran un puntito de sosiego que deje a cada cual en paz con su dios.

Más pequeños paraísos

Olivetti Roja

 (Foto de The Tourist)

No está tan seguro el Duende de que les guíe a los políticos solamente el afán de poder. O se lo va a creer ingenuamente, al menos por esta noche, porque bastante caña les estamos dando últimamente. Algunos lo explican fatal, pero la parte sana del animal político es que se siente capaz de transformar la realidad a su alrededor. Muchos la empeoran, desgraciadamente, pero las buenas intenciones, como el valor al soldado, se le supone. Los demás tenemos un hijo, plantamos un árbol o escribimos un libro. Cuando se acuñó esta  trilogía aún no había nacido internet ni existían los blogs. Ahora, un comentario como los que los lectores ofrecen al Duende también sirve de pequeño libro. Augusto Monterroso escribía cuentos mucho más breves

Dos de los amigos recientes del Duende que no se conforman con cualquier cosa son Paco Gil y Jesús Solís. A uno le conoció hará un año, y al segundo lo encontró a finales de enero en el feliz cumpleaños del Candil de la Sierra. No se conocen entre sí, pero son vidas paralelas, de esas que envidia el Duende por concretarse en resultados. Ambos son de edad parecida, esa que Ágatha Christie en sus novelas definía como la mediana edad. Paco, del que ya hablamos en una ocasión es de Candeleda, provincia de Ávila, y Jesús de Peñafiel, en Valladolid. Paco es hijo de un maestro, se hizo matemático, fundó un colegio en Madrid, y es un apasionado divulgador de las bellezas de su región, alimentando con ellas varias páginas web y poniendo en marcha algunas iniciativas turísticas y culturales muy interesantes. Jesús nació de una familia muy modesta, y sólo pudo estudiar el bachillerato elemental. Se puso a trabajar a los catorce años, se trasladó a Barcelona y a base de tesón e ingenio, y después de haber creado veinte empresas se ha retirado en su pueblo, donde guarda como un tesoro una impresionante colección de libros, incunables y manuscritos antiguos. También tiene una bodega muy singular de la Ribera del Duero, pero su pasión es la bibliofilia, en la que ha encontrado largamente el saber que tanto echaba de menos. En realidad ya ha transformado tanto su realidad que ahora se puede permitir el lujo de dedicarse a leer, a pasear con su perro por los pinares de Peñafiel y a cocinar, por cierto, con mano maestra. Se basta con el rabillo del ojo para vigilar esa bodega que es, además, otro hobby.

El Duende siempre ha admirado a la gente con iniciativa y que sabe crear cosas. Cosas que se ven, que se tocan, que funcionan y que, a su vez, generan vida a su alrededor. Él es de estirpe contemplativa, divagadora, funámbula siempre en el cable de la duda, pelín apocada. Un desperdicio para el PIB. Cuando tenía veinticinco años lo único notable que había hecho es una pequeña colección de juguetes de hojalata, y un librillo de cuentos inspirados por ellos e ilustrados de su propia mano. Los tecleó en una vieja Olivetti. Su mérito es que lo hizo en su totalidad en horas de trabajo, y nadie a su alrededor se percató de ello.

Ahora Paco Gil ha tenido la humorada de teclear otra vez los cuentos en su ordenador, escanear las ilustraciones -es un ejemplar único- y subirlos a este blog por si alguien quiere conocer otros pájaros de la cabeza del Duende que aún no habían revoloteado por aquí. El libro se tituló Paraíso de hojalata, aunque el auténtico paraíso es haber encontrado a estas alturas de la vida tantos amigos que hacen de su espíritu inquieto y creador un excelente argumento para relacionarse con los demás.

Y otro  día hablará el Duende de Wallace 97 y de Julián 29. Han leído estas historias y les han gustado. Es lo malo, cualquier día el Duende se siente como Max Estrella y se nos pone estupendo. 

(Podéis ver el Paraíso de hojalata pinchando en la imagen de la moto de hojalata, en la esquina superior derecha de este blog)

Lo demás también importa

Sexo

(Foto de Tipo Gráfico

Regresa un hombre a su casa y dice a su mujer que le han despedido. Ella, que está tomando una ducha, le resta importancia. Cariño, ya encontrarás otro trabajo, ¿vienes?… Se les escucha el juego amoroso, y sobre estos arrumacos se superpone la voz del prescriptor de turno. ¿Problemas de erección, eyaculación precoz?…Si su vida sexual funciona, lo demás no importa. Y el prescriptor deja caer el nombre de Boston Medical Group, que no ofrece trabajo sustitutivo, pero te pone lo que te dije más nervioso que el revólver del Coyote.

 Lleva sonando esta cuña en la radio meses y meses. Debe de ser tan mala que ni un viejo profesional de la publicidad como el Duende era capaz de recordar la marca anunciante.  Erre que erre, mira por donde la acaban de pasar a las 7′ 59 a.m., y todavía no la ha olvidado su decrépita memoria de mosquito.  Las grandes agencias no se molestan en hacer creatividad para radio, porque la radio, como subraya Ricardo Pérez, no la ve nadie, y vivimos la civilización de la imagen. Da poca fama, y premios menos relevantes que los spots de la tele. Por eso, cualquier tontería vale en una cuña. Sin embargo es de suponer que alguien acudirá a ese instituto para restaurar su virilidad perdida, pues si no la habrían retirado. La cosa es que según están las cosas aunque funcione el remedio harían bien en cambiar la campaña. No es lo más adecuado al momento, francamente. Ese lo demás no importa cuando acaban de anunciar casi doscientos mil parados más, y lo que te rondaré morena, suena como una broma de mal gusto.

El padre Bonete suele recrear en su defensa de la castidad una homilía que es una clásica entre las destinadas a aterrorizar a los pecadores en ciernes. Jóvenes que han cronometrado el placer -explica remarcando con dramatismo cada sílaba- me dicen que éste dura veinte, treinta segundos a lo sumo. Y os pregunto yo… Por veinte segundos de placer efímero…¿vais a arriesgar una eternidad en los infiernos? La operación, claro, no tiene cuenta. En Todo lo que usted quería saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar,  Woody Allen presenta a un siniestro anciano depravadillo interpretado por el histórico John Carradine que presume de unos orgasmos de treinta minutos. Ese si que aspiraba, con razón, a la Champions League del sexo, y a lo mejor podría contarnos que, tan largo me lo fiáis, el fin justificaba los medios.

Pero ni siquiera el Zapatero más optimista se atreverá a prometer tanto en ese campo. Y es raro, porque sigue valiendo todo para el personal que entre polémicas obispales, ilegalizaciones sospechosas, listas torpes, mentirijillas feas y datos económicos alarmantes de los que Bush ya no es el único culpable está mosqueado y desmotivado para mojarse en las urnas. Así que más vale que nuestros gobernantes trabajen en serio para evitar que se pierdan más puestos de trabajo.

 Y entretanto, que le ayuden los del instituto de marras, y cambien  el comportamiento de esa tonta para la que un macho con el as de bastos en condiciones  es la panacea de todos los males. Todo es relativo, pero que le vendan a uno el encanto del sexo cuando el horizonte del parado es oscuro y sólo tiene la calle para correr, además de una mentira es una bofetada que no tiene ninguna gracia. Con o sin trabajo, con o sin erecciones, -y más ante las elecciones-  lo demás es lo que importa.

Sombras en un cielo luminoso

Aqui hay tomate programa

Estas son las cosas/ que hay que recordar/ de este mundo absurdo/ que no sabe dónde va…Lo cantaba Luis Eduardo Aute, buen poeta, muy fino pintor y mejor cantautor hace años. Y eso que no sabía que Aquí hay tomate sería eliminado de la parrrilla de Tele 5. Después de la diagnosis de los sabios sobre la certeza del calentamiento global, no se habrá registrado un suceso de tanto impacto emocional. Para ser cierto, este Duende quería colgar hoy en la puerta un aviso como aquel Cerrado por defunción que utilizaban los comercios antiguos para cerrar el chiringuito. En señal de respeto a estos colegas de la comunicación, que tantos y tan importantes servicios han prestado a la civilización occidental, pensaba tomarse la jornada de asueto. Pero los lectores de este blog no merecen menos consideración. Compartan pues con el Duende su sentimiento de consternación, de ira contenida, de rebeldía ante las flagrantes injusticias que sufre la tierna pareja tomatera. Ese par de fenómenos mediáticos que tanto nos encandilaba con sus bonitas noticias, sus graciosos comentarios y, sobre todo, sus hondas meditaciones filosóficas. Sin embargo escuchemos a Tagore: si lloras porque has perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver la luz de las estrellas.

Las estelas de algunas habían durado hasta hoy. Estamos hablando de las estrellas que ganaron la noche del domingo los Goyas. Al Duende Maribel Verdú le encanta, y Alfredo Landa le divierte y le emociona, pero del mundo del cine sólo le fascina el cine. Últimamente sus figuras, conscientes de que son los más guapos de la película, quieren ser actores del gran teatro que es la política. Se lo dice el Duende, que también es un impostor: desnudos y sin la luz de candilejas, cualquier actor o actriz es un ciudadano corriente.

Pero fuera de los focos, brillaba en Madrid una luz especial, la de un sol limpio entre nubes moradas y azulencas después de un fin de semana invernal de benéfica lluvia. La vieja ocurrencia de Oscar Wilde está llena de verosimilitud: la naturaleza imita al arte. De la misma manera que muchos campos de la Provenza imitan a Van Gogh y las antiguas eras manchegas remedaban los lienzos de Benjamín Palencia, los cielos como los que hoy coronaban los aledaños del Manzanares que se divisan desde el palomar del Duende copian los paisajes de Aureliano de Beruete. Así dicho es una chorrada, pero si pueden, compruébelo. Asómense a los cuadros de este maestro impresionista madrileño y respiren. Sentirán dentro el aire frío seco y limpio que en días como hoy soplaba desde la sierra de Guadarrama.

Luces de la naturaleza o del arte. Pero luces milagrosas que salvan penosas sombras: con ironía, las que borraron la tomatina de Tele 5. Sin ironía, y más bien con vergüenza e indignación, la última macabra maquinación de Al Qaeda. Ahora estos angelitos utilizan mujeres con síndrome de Down para sus atentados suicidas. Su horror también ha salido en las noticias el fin de semana, pero no ha provocado ni la mitad de debates que el cese de los simpáticos cotillas. Pero no confundamos, tó el mundo es güeno, y la vida es maravillosa. Las meditaciones pesimistas son delirios del puñetero Duende. Que en noches como ésta, mira por donde, se cree Pepito Grillo, ya te digo…

Un pelo de tonto

Ni un pelo de tonto

(Foto de Hola Marmota)

Reconozcámoslo. Nuestro benemérito gobierno está tan ocupado en arreglar el mundo y las civilizaciones que no puede pararse en detalles. Como, por ejemplo, llenar de contenido a esa nueva asignatura con la que el presidente Zapatero quiere moldear a los españoles a su imagen y semejanza. Hablamos, claro es, de la Educación para la Ciudadanía, noble desideratum pedagógico que a no dudar conseguirá que en un par de generaciones nuestra España, antes casposa, de navaja y pandereta, sea una equilibrada síntesis entre la Atenas de Pericles, la Arcadia feliz y un Woodstock permanentemente iluminado por cerillas y mecheros. Eso sí, éstos habrán de ser convenientemente recogidos y reciclados para no perjudicar el medio ambiente.

Ahora bien, no se tomó Zamora en una hora. Y justo es que vayamos dando ideas para alimentar los diversos capítulos de tan compleja asignatura. No somos sociólogos, ni tampoco expertos en metodología. Nos limitaremos pues a apuntar nociones generales y algunos problemas específicos que esperamos solucione el nuevo maná de la enseñanza.

Damos por hecho que el educado en Ciudadanía será un modelo de ética, moral ciudadana, fe democrática, respeto a las instituciones, comportamiento cívico y solidario y sensibilidad social. Falta saber si se quedará en los principios o si acometerá la compleja casuística del día a día. ¿Enseñará a no cabrearse en los atascos? ¿Dirá al alumno que está muy feo eso de colarse en las colas? ¿Afeará la conducta al automovilista que aprovecha el disco rojo para hacer albondiguillas con las secreciones nasales? ¿Advertirá a los educandos de que, si de mayores son futbolistas, no escupan, sobre todo si televisan el partido? ¿Consagrará la eliminación del masculino como genérico para obligar a decir, por ejemplo, futbolistas y futbolistos? ¿Anatematizará a los que cuando abandonan la taza del retrete dejan en ella recuerdos personales? ¿Abolirá la cortesía del hombre hacia la mujer por considerarla machismo residual? ¿Impartirá normas de circulación peatonal para dos que se cruzan con el paraguas abierto por una misma acera demasiado estrecha? ¿Incluirá los sabios modales que imparten por la radio Josemi Rodríguez Sieiro y Carlos García Calvo? ¿Aconsejará sustituir el ¡Jesús! de los estornudos por una apelación a una dignidad laica como Sartre o Tierno Galván? ¿Proscribirá el piropo tradicional? ¿Distribuirá la DGT un catálogo de epítetos que cumplan la función sedante del insulto sin menospreciar a la madre del que ha cometido la felonía de guindarnos una plaza de aparcamiento que vimos primero?…

Tan concienciado está el Duende de que es necesario caminar hacia la utopía por la senda de la Educación para la Ciudadanía, que cada día encuentra un nuevo asunto para el temario. Su programa personal ya va por el tema 274, cuyo título general podría ser De la gestión de los pelos encontrados fuera de su sitio. Verán, uno añora la edad de la inocencia, lo ha dicho muchas veces. Y uno de los encantos de ésta es que no advierte que el pelo es un elemento caduco, y la humanidad va sembrando de pelos su paso por este valle de lágrimas. A veces, cuando el Duende se quiere flagelar con la estadística, imagina el número anual de pelos que deben de atrapar, sin ir más lejos, las depuradoras del Manzanares. La gestión bien programada encuentra siempre el destino adecuado a cada pelo, pero a veces, ¡ay!, ocurren extravíos. Hace varios días entró el Duende en una cafetería con una buena amiga y pidieron dos cafés. Mientras hablaba acodado en la barra con su compañía, fue diluyendo con la cucharilla una pizca de azúcar. Y se aprestaba a beber el primer sorbo cuando advirtió que la cucharilla volvía del café con la adherencia de un pelo sospechosamente rizado. Como dicen los taurinos, no hizo por él, y cuando la amiga preguntó al salir por qué no lo había bebido, el Duende respondió que por un pelo de tonto, o por doble falta de Educación en la Ciudadanía. Pues si el barman descuidó la higiene, el Duende pasó tanta vergüenza por él que ni fue capaz de decírselo.

Y lo peor es que el del pelo aún estará pensando que hay clientes tan gilipollas que pagan el café para no tomárselo.

Setién que pensar lo que dicen

 Ay, qué inoportunidad. Vive uno la madurez, intentando hacer caso a ese eminente pensador que es Luis Aragonés, que insiste en no confundir churras con merinas. Desea no meterse en jardines, no subirse al púlpito y dogmatizar, no perderse en polémicas que atizan viejas hogueras de intolerancia o, simplemente, de prejuicios irracionales.  Cumpliendo, eso sí,  con el deber de mantener el criterio, pero apuntando con la veleta a donde no suelen fijarse los grandes de la comunicación, que van poniendo los temas sobre el tapete y, como el tapete es verde, allá vamos a pastarlo como dóciles borreguitos. Hablando de las pequeñas cosas en las que no reparan ni Ansón, ni Cebrián, ni  Luis del Olmo, ni Gabilondo, ni Herrera, ni Enric Sopena, ni Jiménez Losantos. Y como para muestra bastan unos botones, velay la retahíla de las últimas chorradicas que desfilaron por el blog: la silueta de la Vespa, el drama de los calzoncillos absurdos, las interpretaciones del viejo higrómetro del fraile, la luz de los candiles, el simbolismo de los cochecitos de hojalata, los huevos duros de los hermanos Marx y la risoterapia. Aquí les querría ver a los santones de nuestro periodismo.

 Ay qué inoportunidad, que ya estaba en otros negociados, y de repente viene un chispazo de la actualidad y le retrotrae al Duende a su pasado de creativo publicitario, cuando tenía que parecer ingeniosillo a toda costa, y escribía titulares de anuncios que a nadie le importaban un pito, pero que creía que eran tan importantes como los pensamientos de Descartes  o de Ortega. Era  un simple jornalero de la pu, pero, como en esa profesión se ataban entonces los perros con longanizas, hacías un spot y te creías Fellini,  Almodóvar o Tarantino, o sea, el ombligo del mundo, como casi todos los cineastas. Y jugabas con la sinécdoque, o con el retruécano o con la aliteración  o con cualquier otra broma de lenguaje y decías: mecáchis, qué creativo soy.

Ay qué pena, caer en la vulgaridad, pero me lo ponen a huevo. Como a ZP, al que de vez en cuando la diosa fortuna le sonríe para que se deje de hablar de sus propias meteduras de pata y pongamos la lupa en las de los demás. Confiesa que ha mentido y al día siguiente entre Gallardón, Aguirre y  Rajoy la opinión pública pasa página. Dice digo a ANV y Batasuna donde antes decía Diego y corren en su socorro los señores prelados  a echarle el salvavidas.

Tienen todos los derechos, y, naturalmente, el de la libertad de expresión. Pero, predicando en nombre del Evangelio, es fácil encontrar en éste argumentos que hubieran aconsejado una mayor prudencia en sus documentos.

Por ejemplo, aquello de al César lo que es del César, y a Dios o que de Dios.

Por ejemplo, no hagas a los demás lo que no quisieras que te hicieran a ti.

Por ejemplo, no busques la paja en el ojo ajeno si no ves la viga en el propio.

Así que por eso, y recordando a ciertos obispos especialmente indulgentes con el terrorismo etarra, aunque el Duende detesta que este blog sea un frontón ideológico y ya se le ha pasado la edad de las ocurrencias, no puede evitar el juego de palabras.
Setién que dar cuenta de que de vez en cuando hacen pis fuera del tiesto. Y Setién que pensar mejor lo que dicen. Porque, aunque vista de morado, hasta un obispo puede parecer un sepulcro blanqueado.

Risoterapia para príncipes

(Muestra de vídeo no vinculada al espectáculo Garrick)

Dice El Tricicle en el programa de mano de su último espectáculo Garrick que mientras un niño se ríe más de trescientas veces al día, un adulto lo hace aproximadamente quince. O sea, que crecemos para ir a peor. Habrá que replantearse la madurez.

Reir es algo bueno para la salud. Eso no lo dice el menda, lo afirmaba ya el gran actor Garrick en el siglo XVIII, y algunos sesudos científicos a finales del XIX lo confirmaron. Al Duende casi todas las terapias que no derivan estrictamente de la ciencia médica le dan cierta risa. Lo cual es malo en el caso de la urinoterapia -aprovechamiento de la orina para curar ciertos males, puáf, qué guarrada- o de la talasoterapia, que explota las propiedades curativas  de las algas del mar. Pero viene al pelo en el caso de la risoterapia, que se toma en serio de la risa y la propone como remedio eficaz contra males circulatorios, contra las arrugas y contra las enfermedades del alma. Además nos da una cierta categoría a los que figuramos un día como humoristas, caricatos o excéntricos en el censo de cotizantes del antiguo IAE. El Duende fue siempre bastante crítico con su manera de ganarse la vida, pero a partir de ahora  va a cambiar. En su tarjeta de visita, en lugar de lo que decía el pintoresco epígrafe fiscal, va a definirse de otra forma. Por ejemplo, Duende de la Radio, agente de risoterapia. Suena bastante bien, ¿no?

Hoy no ha sido agente, sino paciente. Y tan a gusto. Como cualquier señor burgués, ha ido al teatro para ver precisamente a Tricicle en Garrick.  Lo ha pasado  tan bien y se ha tomado tan a pecho la risoterapia que se siente incapaz de escribir mucho más. Sólo subrayará el buen gusto de este trío, que hace humor limpio, entre el mimo, el surrealismo, gotas de Jacques Tati, un poco de angostura de Marcel Marceau y, sobe todo, un prodigioso dominio gestual. Ni una gracieta grosera, ni un solo tributo al morbo o a los comecomes de la actualidad. No contó el Duende sus carcajadas, pero al salir se había quitado unos cuantos años.

Entre el público había una pareja bien parecida. Eran los príncipes de Asturias. En otros tiempos el bufón cortejaba a la familia real. Ahora  son los herederos de la corona los que buscan fuera de palacio estas alegrías. Es lógico. Si el Duende fuera príncipe y futuro rey de este país tan vitriólico, sólo pensaría en la risoterapia: reir, soñar y evadirse de este esperpento que es al cabo la vida misma.

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