Las necesarias gafas de alejamiento

-La felicidad es el estado de mayor irresponsabilidad concebible en el ser humano- apuntó el señor Mantecón, catedrático de Ética, mientras encendía la tercera parte del Farias que se fumaba diariamente por tramos.

 -No señor, querido amigo -rebatió el señor Filosofós apurando el café bombón, del bar del Casino- La felicidad es un deber social, y no se cómo se le escapó a Platón a Aristóteles y a esos pedantorros de filósofos consagrarlo como tal. Además, el que no es feliz es, o  bien porque no quiere, o bien porque no ha tenido la suerte de dar con gente positiva, como nosotros.

 -¿Gente positiva?- preguntó Mantecón frunciendo el ceño.

 -Oh, claro que sí…Usted, aunque no lo crea también lo es…Fíjese si no en Dora -dijo mirado de reojo a la señora del guardarropa, que además vendía el tabaco y las cerillas- Ella no podía aguantar el abandonar todas las tardes su casa dejando a su gata sola.

 -Dora ha subido el precio de los Farias cincuenta céntimos -advirtió el catedrático de Ética.

 -No sea miserable, Mantecón…Parece mentira que enseñe ética. Piense en la angustia de esa pobre mujer, y en la rigidez de unos estatutos del Casino que no contemplaban para nada la presencia de una gata en estos salones. Pero la junta directiva en la que estamos usted y yo tomamos en cuenta las razones de Dora e hicimos la vista gorda, como la hacemos permitiendo que aún se fume en esta casa… Eso es pensar en los demás. Eso es creer en la felicidad…

 -¿Y usted cree que Dora es más feliz por eso? La otra tarde se me quejaba de que la gata le había hecho una carrera en la media. Le dije que se comprara otro par con lo que me cobra de más por los Farias

 Filosofós no pudo reprimir un gesto de reproche.

 -Por Dios, Mantecón…Hay que tener más sensibilidad.

 A pesar de lo que podía inspirar la muy culta resonancia de  su apellido, el señor Filosofós  se había hecho rico patentando el SARAC, sigla de lo que él había inscrito en el Registro de Patentes y Marcas como Secador de Agujeros Recónditos por Aire Comprimido. Se trataba de un dispositivo instalable en los sanitarios de uso más íntimo para el perfecto secado de aquellos rincones de la anatomía humana que, tras la obligada profilaxis, suelen permanecer húmedos más allá de lo que exige el bienestar corporal y aconseja y el cuidado de las mucosas. El invento había recibido premios en varias Ferias de Inventos Singulares, pero aunque figuraba  a nombre de nuestro próspero industrial, se debía al ingenio de Toribio, un obrero suyo que, a falta de recursos, se lo ofreció a Filosofós una nochebuena a cambio de un jamón de recebo y de un SIMCA 1000. El coche, eso sí, estaba con el motor nuevo y la ITV al día.

 -Generosidad ante la vida, Mantecón. Y, en lo que se refiere al negocio, eficacia, calidad y respeto al medio ambiente- proclamaba Filosofós cuando hablaba de las claves de su éxito- No más metros de papel higiénico ni toallitas de celulosa que nos están dejando sin bosques. Aire comprimido, oiga…Y por sólo unos euros más, aromatizado al gusto: manzana, canela, sándalo, orégano, lavanda…Eso sí que es comprometerse con Kioto, amigo Mantecón. Yo me comprometo con todo: con Kioto y con la felicidad. Eso sí que es ética, y no lo que usted predica…

 Pagaron sus consumiciones y salieron del Casino, no sin que antes Filosofós rapiñase el periódico del salón del lectura.

 -Se pasa usted de simplista, ¿no?- rezongó Mantecón.

 -Y usted de escéptico, querido profesor- replicó mientras echaba un vistazo a la primera plana en la destacaba el titular  Quince inmigrantes muertos en un cayuco a la deriva.

 -¿Y cómo se puede ser feliz así? -preguntó el catedrático señalando el periódico mientras se despedía de la toba del Farias.

 -Con sentido común y espíritu positivo -explicó Filosofós mientras se cambiaba las gafas-…¿Ve usted estas gafas que me estoy poniendo? Se las encargué a mi óptico, que las hizo especialmente para  ser usadas cuando algo me quiere estropear la vida. Pruebe, pruebe, ya verá…

 Mantecón se puso las gafas, miró al periódico  y sólo vio un rectángulo blanquecino en el que era imposible leer nada.

 -Son las gafas de alejamiento, como un prismático al revés. Imprescindibles para la gente positiva que, por pura ética social, nos negamos a no ser felices malgré tout.

 Y mientras continuaban su paseo mirando a las chicas jóvenes y guapas que paseaban por la Alameda , Mantecón  pensó si no sería hora de reformar el programa de su asignatura. Quizás dividirlo en tres partes -rumiaba para sus adentros- Primer trimestre, Ética: teoría general. Segundo trimestre: Ética Práctica. Tercer trimestre, una vez que el alumnado se vaya aproximando a la realidad: Ética Cínica…

 Pasó volando cerca una oropéndola, ave vistosa donde las haya y muy poco habitual en la Alameda. Pero, enfrascado uno en las noticias que no veía, y el otro en el sentido de su magisterio, ni se dieron cuenta.

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6 Respuestas a “Las necesarias gafas de alejamiento”


  1. 1 Bob de Ca's Barber julio 11, 2008 a las 10:07 pm

    Idó yo lo he leido el libro ese del señor Mantecado de…”nos negamos a no se felises malgrat tot”, ara hay que leerlo con pasiensia y pausa y comprensión, es lo que me dijo mi maestro el señor Müller que… a mas a mas, tambien tenia las gafas de asercamiento y quería intervenir en todo, un desastre ¡Batuadena! estaba peleao con todos los del pueblo! y siempre desía cuando se equivocaba; aun no soy Dios! :) , aprendí muchas cosas de todas maneras :) , y encuentro que ni de asercamiento y de alejamiento es lo que va mejor pa la felisidad y si puedes dar una bolsita de limones al vesino idò él te cambiará la rueda pinchada y si esa dirección se sigue, se extiende la felisidad :)

  2. 2 Angelus P. julio 11, 2008 a las 11:05 pm

    … Y caminando, caminando por la Alameda, no repararon en un poyete redondo justo en el centro de su camino, donde hace tiempo se erguía una farola. Filosofós intentó, ya tarde, retener por el brazo el cuerpo rechoncho y pesado de Mantecón (los alumnos de éste cambiaban el final de su apellido, -on, por el de -oso), que acabó desplomándose sobre el pétreo tarugo. Cuando el filósofo logró, no sin esfuerzo, levantar del suelo al infeliz cátedro, se sobresaltó al ver su cara ensangrentada y una brecha nada ética abierta en una ceja…

    -¿Ve lo que se consigue por usar sus dichosas gafas de alejamiento? -se quejaba Mantecón apesadumbrado mientras sujetaba una muñequilla de gasa estéril contra su maltrecha ceja, a la espera de un par de suturas en el cuarto de urgencias del ambulatorio más cercano.

    -Vamos, vamos, amigo Eticón. A todo hay que verle el lado positivo. ¿No se quejaba Usted de que en más de treinta años de docencia no había tenido una baja médica? Pues aproveche, hombre, aproveche el dolor de cabeza para montarse un puentecito de cinco bonitos días hasta el fin de semana. Y dispondrá de tiempo y sosiego para revisar su programa de la asignatura, hombre.

    (continuará)

  3. 3 lola julio 12, 2008 a las 9:47 am

    Bob de Ca’s Barber, la fórmula de los limones lástima que no se enseñe en la escuela. Ahora se pretende que le quites los limones al vecino y si se le pincha una rueda pues que se fastide.
    Yo la pongo en práctica siempre que es posible, aunque reconozco que es difícil de aplicar. El problema surge cuando el vecino quiere el árbol entero en lugar de una bolsita de limones y luego cuando se te pincha una rueda te dice que llames al seguro. Si todos fuésemos capaces de poner en práctica tu fórmula conseguiríamos como bien dices ser felices.
    Este año todavía no he conseguido ver a la oropéndola, sé que está ahí porque escucho su canto. Es como la felicidad, a veces, está muy cerca de nosotros y no nos damos cuenta.

  4. 4 Bob de Ca's Barber julio 12, 2008 a las 10:55 am

    Idò en sa roqueta Loleta el dicho es… el que da lo que tiene, resibe lo que no tiene, asin es la cosa… los vesinos del otro sistema se quedan fuera sólo resiben la bolsita una ves en la vida :) probesitos!!, me fasxinan los cuentos tambien del amigo Angelus Pompaleonensis, asin no los he de haser yo con la calor que hase, jiu, jiu!! :) enga, esperaré la continuasión amigo!!

    Una felisidad no se encontrará… lejos ni serca, ni muy atento ni siego, ni muy listo ni igggggnorante, ni desesperado ni rradiante,ni con todo ni sin nada y sí quisás en una S E N______ SI_____LLES

  5. 5 joselepapos julio 12, 2008 a las 12:51 pm

    “El que da lo que tiene, recibe lo que no tiene”. Completamente de acuerdo amigo bob. Es como aquello de: “hay más felicidad en dar que en recibir”. En mi caminar casi diario por este pueblo que habito hace ya algunos años, siempre saludo a las personas con las que me cruzo. Al principio no todas me contestaban. Pero es otra pequeña alegría la que se siente cuando te devuelven el saludo. En la sencillez está la clave, también de acuerdo. Un saludo a todos.

    Como puedes ver Lola, te he hecho caso. Un beso.

  6. 6 José Ramón julio 12, 2008 a las 1:42 pm

    Cuando Mantecón reflexionaba sobre el nuevo programa de su asignatura, primero pensó que podría dividirlo en tres partes: “Ética, Teoría General”, “Ética Práctica” y “Ética Cínica”, pero más tarde llegó a la conclusión de que eso no les sería útil a sus alumnos. No les haría madurar en absoluto.
    Estuvo días dándole vueltas.
    Al final cambió completamente el programa y lo estructuró en cuatro bloques: “Ética Bobdeca’sbarberiense”, “Ética AngelusPeica”, “Ética Lólica” y “Ética Joselepapense”.
    Esto no era una clasificación cerrada. Podría añadir “Ética Wallácica”, “Ética Camisetiense”, “Ética Duéndica”, “Ética Palinura”, “Ética Perdonadmetodoslosdemásyconsideráosincluidosaquí”.
    Iba a ser un trabajo arduo, pero apasionante.


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