Gervasio Defer y otras criaturas extraordinarias

Mientras algunos tienen la suerte de ver el mundo desde la cumbre de un ocho mil, otros como Fray Luis de Granada se fijaban en las hormigas. Se supone que los primeros deben de sentirse más importantes, aunque no hay desdeñar a quien mira la realidad al microscopio. Todo tiene su encanto.

 No entendía el Duende entonces -era en quinto de bachillerato cuando le salió al paso este Fray Luis, menos famoso que el de León- qué pintaba un asceta observando a estos insectos, pero supone que era una manera más de admirar la obra de Dios. Los ascetas son así, y seguramente tienen tiempo de sobra para estudiar a los bichitos más insignificantes Lo decía su libro de literatura, firmado por Guillermo Díaz-Plaja. Fray Luis de Granada escribía El libro de la oración y de la meditación y la Guía de pecadores, y cuando le petaba salía al huerto a regar las berenjenas y como no tenía que ir a pagar el IBI ni reunión de trabajo alguna se entretenía luego espiando a las hormigas. Era un voyeur de lo minúsculo, alternativa de ocio, por cierto, más que recomendable en tiempos de crisis. 

 Ver el horizonte desde una cumbre de ocho mil metros es, efectivamente, grandioso.  Contemplar las cataratas de Iguazú o el Salto del Angel, o el derrumbe del Perito Moreno o, sencillamente, cualquier mar embravecido rompiendo su ferocidad contra un acantilado,  es como para pensar que el diseñador de la creación tenía muy buen gusto. Sin embargo hay otros puntos de vista que no son menos fascinantes. No los guardamos en la memoria, porque apenas les concedemos importancia. Pero el que más y el que menos ha pasado horas siguiendo el vuelo de una mosca, la cópula del gallo con las gallinas o el mamar de un corderillo. Pónganse en esa espera estólida a la que estamos obligados los ciudadanos actuales: la media hora de rigor en la consulta de cualquier médico que se precie o en la antesala del despacho del notario. En esas circunstancias, el vuelo el moscardón o la gimnasia de una araña tejiendo su malla a entre la barra de la cortina y el marco de la ventana nos puede parecer un espectáculo de lo más interesante. Lo es,  a buen seguro.

Esta noche cenaba en Duende al aire libre en el porche. Tres faroles adosados a la pared acogían a otras tantas salamadras o salamanquesas- aclárenselo los comentaristas que lo sepan- cenando a su vez un variado menú de moscas, mosquitos, polillas y chinches de campo. Qué admirable técnica de observación y rececho de las víctimas. Qué rapidez de movimientos. Y qué adherencia la de las ventosas de sus dedos. Saltaban de uno a otro cristal de las farolas como la agilidad de Spiderman, para caer en el lugar exacto con la misma precisión que uno acababa de ver en la prueba de gimnasia de suelo que ha bordado ese fenómeno olímpico llamado Gervasio Defer. Abrían la boca, atrapaban la presa y a otra cosa, mariposa. Y sin medalla alguna como la que ha ganado nuestro gimnasta.

 Así permaneció media hora el Duende, embobado en estas chorradicas que ofrece el kaleidoscopio de la vida. Estaba tan pasmado como si viera el más grande espectáculo de la creación. Los de Radio la Colifata terminan sus mensajes diciendo que el mundo está lleno de gente extraordinaria, pero habría que matizarles. Digan, mejor, de criaturas extraordinarias, como estos amables reptiles que nos libran de insectos sin pedir a cambio ni una simple mirada de cariño.

5 Respuestas a “Gervasio Defer y otras criaturas extraordinarias”


  1. 1 José Ramón Agosto 18, 2008 a las 7:20 pm

    Una noche de este verano yo también he estado un rato mirando una salamanquesa (¿o salamandra?). Estaba en una pared blanca, al lado de una farola de la calle, y tenía un insecto a unos diez centímetros de distancia. Una piedra se habría movido algo más que ella.
    Pasaban los segundos, los minutos, y la salamanquesa (¿tal vez salamandra?) era sólo una rugosidad de mortero en la pared blanca.
    El insecto osó andar, y se paró, tal vez a unos ocho centímetros del reptil. Y éste esperaba con una paciencia de contribuyente en ministerio.
    Qué suspense, qué hitchcoquianos minutos.
    El insecto ni sabía que ahí había un peligroso depredador. ¿Cómo se lo iba siquiera a imaginar, si lo único que podía ver era un pegote de yeso inerte? Y se acercó un poquito más. Entonces desapareció. No sé lo que pasó: Sencillamente el insecto desapareció. La salamanquesa (quién sabe si salamandra) no se había movido, o eso me pareció a mí.
    Lo que no tenía sentido para ella era seguir allí, y se fue tranquilamente. ¡Qué bicho tan lento!

  2. 2 Bob de Ca's Barber Agosto 19, 2008 a las 1:02 am

    Eso, eso es bien verdad! y luego disen que dan asco! de todas maneras el que hiso la creasión, se lo pasa pipa cada día con sus criaturitas, sinos sería muy aburrido, por exemplo en las cataratas de Iguasú si vas a pasear por los senderos disfrutarás en la mañana de los tucanes que se despiertan y cantan mientras vuelas, más tarde ya es un royo porque sale el helicótero y se van todos, entonses mientras disfrutas de las flores y las frutas puedes ver, sin microscópio, las hormigas soldado que parese que les han dado abono o que están directamente subidas en el ochomil y como te piquen, ya puedes arrancar a correr, me encapriché de una flor y sin pensar me empesé a poner como un pes globo, la mala pécora! de soldado me atacó y quería ahogarme con sus mordalas menos mal que hiba con un caballo que se sabía el camino de tanto haserlo y me devolvió a la pixina del hotel, paresía aburrio y seguro no era la primera ves que le pasaba, claro! yo luego pensaba… por algo será que el jefe de la creasión me puso en sa roqueta… pa que me moveré! :) , y… te crees que lo has visto todo, de burradas digo, y un dia vas y enfiladas en una caña verde camuflaje, se lo estaban montando bien verde tres libélulas de color turquesa, alguien lo ha hecho volando y con tres? yo no lo había visto nunca! se ve con los insectos son muy superiores, paresían las de la natasión sincronisada hasiendo esas figuritas tan difísiles, era digno de ver, si ara tubiera un lapis lo dibujaria, fabuloso! vaya virguería, me parese que el jefe de la creasión es tambien muy divertido… a veses :)

  3. 3 wallace97 Agosto 19, 2008 a las 9:57 am

    Pues es cierto que toda observación tiene su cuota de maravilla. Da igual que mires de lejos que de cerca, al natural, con microscopio o con telescopio. Cada observación tiene su momento, o viceversa. En cualquier caso, simultáneamente o en diferido, haces el análisis comparativo, encuadrando el objeto de observación dentro de tus coordenadas mentales espacio-temporales, y sin darte cuenta has creado la filosofía.
    El otro día entré en El Corte Inglés a comprar un disco y un libro que me había recomendado Fred, el amigo del bosque. Y como cada vez que entro ahí, aproximadamente una o dos veces al año, me invaden dos sentimientos opuestos. Por una parte, una enorme satisfacción y sensación de libertad al ver la cantidad ingente de cosas que no necesito, y por otra parte, una gran extrañeza al ver que no venden en ninguna planta las sensaciones producto de las infinitas observaciones posibles, excepto la posibilidad de observar el concepto gran almacén. Y lo más extraño es que no cobran por ello. Veremos lo que tardan en cobrar por entrar.

  4. 4 MARIBEL Agosto 19, 2008 a las 12:38 pm

    hola a todos!! A mi me va mas la observacion a lo Gervasio que no se puede ser mas perfecto haciento piruetas inimaginables y esactas..bueno la verdad esque lo de Nadal tampco es para menos…esta claro que yo soy mas de deportes que de campo…lo siento. feliz dia besos

  5. 5 Charivari Agosto 19, 2008 a las 2:46 pm

    Según el diccionario la salamandra es un batracio y la salamanquesa es un saurio, lo siento pero no tengo a mano a mi hermana la bióloga para que nos matizara alas criaturitas ya que para mi fueron lomismo siempre. No así el salamanqués, que no es el marido de la mencionada sino el que ha nacido en Salamanca.

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