
Embarazada
(Foto de Dennster)
¿Hasta qué punto es presentable colonizar la atención de los demás con asuntos propios?¿No pecamos de egoísmo los blogueros? ¿No sería más lógico escribir posts a la carta, según el gusto que alternativamente vayan marcando los lectores?
Apunta estas cuestiones el Duende desde un lugar de la naturaleza tan retirado, tranquilo y agradable para la vista que casi forzosamente se olvida del resto del mundo. Está pasando en el Mas del Puig, una masía perdida en la cordillera prepirenaica del norte de Barcelona. Desde aquí sólo se divisan olas de montañas cubiertas de pinos negros y valles donde abundan los robles, los nogales, los avellanos y los fresnos. Hacia el sur, imponente, más allá del antiguo pueblo minero de la Pobla de Lillet, se yergue el Pedraforca, una inmensa mole de piedra que marca el punto más alto de la contornada. En lugar de la horca que sugiere su nombre, uno hablaría de una inmensa muela erosionada en su mitad. A sus pies hay una placa dedicada al izard, que en catalán significa rebeco. Es el orgullo de la fauna local.
No un rebeco, sino una cierva y su bambi fue lo primero que ha visto moverse el Duende cuando asomó por la ventana esta mañana. Ramoneaban apaciblemente en el pasto. Es siete de agosto, pero la hierba aún está verde en estos pagos. Por el fondo del valle se escucha el tímido correr del agua. Es un torrente tributario del joven Llobregat, nacido unos kilómetros más al norte. Al margen de ese tímido rumor, se escucha sólo el graznido de un cuervo. El resto es silencio, porque aunque el sol ya despunta por la cresta de saliente aquí no se ha levantado nadie.
En estas condiciones uno tiende a ser egoísta. Anoche, cuando gran parte de España se cocía y en Zuera y Honrubia se chamuscaban – ya verán cómo empiezan a salir ahora los pirómanos acomplejados que no quieren ser menos que el Nerón de ayer-, aquí el termómetro marcaba quince grados. Demasiado contraste. Así que por solidaridad uno tuvo que acordarse de quienes deben de estar pasando la fatiga de ser madre en verano. Ahora que, gracias a la ciencia, hasta los hombres podemos parir, está uno más obligado a rendir homenaje a las bravas madres de agosto. ¡Parir con estas calores!…En ese afán han coincidido dos sobrinas del Duende y su nuera Sara, que lleva en sus entrañas a la primera hija de Juan, el jefe de mantenimiento de este blog. Que salga bien. Si el amor al hijo es proporcional al sofoco de su nacimiento, esta chiquilla, Camila, va a ser muy bien querida.
Pero no se preocupen si le ven en la piel una mancha helicoidal. Es muy posible que la niña traiga el antojo de un ventilador.






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