Se le ponen al Duende los pelos de punta cuando lo piensa, pero es cierto que algo en común tiene con los gustos de Adolf Hitler. Ambos amaban a Lilí Marleen. Más agrava la cosa que esta maravillosa balada, tan perfumada de melancolía, fuera la canción favorita de Augusto Pinochet. Por lo que uno no sabe si debe cabrearse con la propia Lilí, con el autor de la letra, -se llamaba Hans Leip, y un pianista llamado Schultze dicen que improvisó la música en la nefasta noche de los cristales rotos- con Marlene Dietrich que la universalizó con su voz doliente, con los citados tiranos, por glasear su crueldad aparentando sensibilidad por la música, o con él mismo. En este caso por no tener valor para desmarcarse en todos los órdenes de semejantes bellacos.
¿Amaría Lilí Marlen Federico García Lorca? ¿La hubieran cantado Víctor Jara o Violeta Parra? ¿Se la toleraríamos a Pablo Milanés? El Duende está en otros niveles, y además dejó de ser militarista cuando se le pasó la edad de los soldados de plomo, que en su tiempo eran ya de baquelita o de goma. Pero siempre que le tocó hacer guardia nocturna recordaba la vieja historia del centinela que desde su puesto a la entrada del cuartel observa la farola donde se encontraba con su amor. El amor probablemente perdido, para que alcance el éxtasis. En los años cincuenta se estrenó una película con el mismo título. No la vio -debía de ser para mayores con reparos- pero sí el trailer en el cine Carlos III de Madrid. Le parece que el galán era un guaperas alemán llamado Adrian Hoven -que levante la mano el que se acuerde de él- y que sonaba la voz de la siempre seductora Marlene. Hace unos años se estrenó otra versión. Pasó sin pena ni gloria.
Y así ocurriría en este blog si no fuera por dos circunstancias bien diferentes. La primera es que la luna está otra vez llena, y propicia el desfile imaginario de las Lilíes de cada quisque. ¿Hay mejor farola para conjuralas? La segunda es que como hoy se escribe de todo hay una escritora germanista llamada Rosa Sala Rose que ha lanzado un prolijo libro sobre el tema. Lili Marleen: canción de amor y muerte. Viene a demostrar que, pese a su origen impuro, la canción se hizo tan popular y arraigó tan profundamente en el corazón de los combatientes que fue coreada tanto por nazis como por aliados. Un alivio para el que se sienta culpable de haber coincidido con el Führer.
No sabe añadir el Duende mucho más al respecto. Sólo que, aparte de sus dos primeras frases -Vor der Kaserne/ vor dem grosen Tor-ignoraba todo de esa mítica canción. No obstante le gustaba tanto, y adivinaba en ella una historia de amor tan romántica, que no podía evitar improvisarla en un alemán macarrónico más propio de Holderlin que de un recluta madrileño enamoradizo. La música, siempre mágica, capaz de poner algún paño caliente en las terribles heridas de la guerra. Y de hacer creer al Duende, en las inhóspitas noches de guardia, que el mosquetón que acariciaba su mejilla no era sino la melena sedosa y rubia de Lilí Marleen. Esa huidiza canción/mujer a la que los nacidos en la Europa temblorosa de la primera mitad dek siglo XX siempre seguiremos amando.

esta claro querido Duende que los hombres seais sel partido que seais, y de cualquier pequeño rinconcito del planeta. una rubia sexi y curvilinea NUNCA os pasa desapercibida….A que no???? feliz dia besos
Estoy muy contento de no haber hecho la mili, en aquella época estaba tan gordito que me dieron de inútil, nunca me había sentido tan liberado…mas que nada pa poder estar con la Pili a la lus de la Candela que tambien era otra amiga presiosa que me hasía sentir que servía pa algo importante
, ninguna era rubia, encuentro que no dan tanto calorsito como las de colores. Líli tambien me gustaba! siempre iba muy empimpollada pero, como salida de la secadora de sentrifugar, en el fondo paresia triste como la cansión.
Adolf Hitler tambien era un hombre, aunque espantoso, un hombre.
tinc 51 anys. De petita adorava a la Marlene. dessitjave que fós la meva àvia. M’encanta. El meu nom de guerra desde llavors és Marlene. ës única.