Aquella mañana Homper leyó en los periódicos que el la Audiencia Nacional había prohibido al famoso juez Garzón que continuara exhumando restos humanos de las siniestras fosas abiertas en la guerra civil. Los muertos nuestros que están en los cielos quizás no se enteraban, pero aquí en la tierra sus deudos no habrán recibido la noticia precisamente contentos.
-Vaya-se dijo-Lo siento por quien alentaba de consuelo en encontrar algo de los suyos.
Cada cual es muy libre de hallar una reliquia mágica donde le peta. En el Lignum Crucis -hay que ver lo grande que debió de ser la cruz donde murió Cristo, para abastecer tantos relicarios con sus astillas-, en un botón de la chaquetilla roquera de Elvis Presley o hasta en una chapa de Coca-Cola. Pero le deja a uno perplejo que de repente, en una sociedad básicamente materialista y cada día menos religiosa, se hubiera afianzado la convicción de que unos huesos descarnados por el tiempo puedan restañar tantas heridas como se supone. Y, por añadidura, acabar con angustias y dolores por las afrentas sufridas.
Para que se le entendiera, Homper planteaba así la cuestión. Se puede creer en la inmortalidad del alma o no. Si la respuesta es negativa, poco da dónde y cómo se conserven los cuerpos de los muertos, porque a partir de su fallecimiento la persona desaparece del todo. Si la respuesta es positiva, también: el alma vuela, y el cuerpo, sin el espíritu que la anima, no es sino materia orgánica que en unos días ni recordará a quien la poseía. La obsesión por ver en un esqueleto la persona que fue, va tanto contra los que creen en otra vida como contra los que sólo creen en ésta.
Y, para autoconvencerse, Homper evocaba el día que tuvo que asistir a una reducción de restos familiares. Apenas hacía sesenta años que sus ancestros habían fallecido, y descansaban en una sepultura perfectamente acondicionada. Pero, ay, la abuela era sólo un cráneo pelado, unos huesos apenas reconocibles y el encaje de una mortaja ennegrecido por el tiempo, y el bisabuelo ni siquiera eso: puro polvo apenas contenido en las maderas de un ataúd que se deshizo al primer contacto. Qué fiasco, tanta obsesión suntuaria en las empresas de pompas fúnebres para esto.
Recitó para sus adentros el final del famoso soneto de Quevedo:
Su cuerpo dejará, no su cuidado;/ serán cenizas, mas tendrán sentido/ polvo serán, mas polvo enamorado
Enamoradas o no, aquellas cenizas ya no tenían nada que ver con sus seres queridos. Y aunque tuvieran sentido, lo que no lo tenía era removerlas. Los muertos no son los vivos. Y donde quedan mejor es en la memoria, en el corazón o, si me apuran, hasta en ese retrato que nos mira desde la mesilla de noche o encima del piano.


Qué bonito lugar para albergar a los seres queridos, la memoria o el corazón. No debe tener este juez ni una cosa ni la otra.
¡Qué delicadeza, Duende!
Personalmente pienso que mejor sería “no meneallos”, pero algo debe de tirar la sangre (y el hueso) para muchos mortales que necesitan un lugar físico para depositar los restos conocidos.
La memoria y el corazón me parecen lugares preciosos para los que salen de este mundo material, así, como la cajita de pastillas que siempre te acompaña.
hola a todos!! lo habeis descrito tan bien…que solo pedo estar de acuerdo con vosotros!!!!! feliz dia y besos
Amén, duende.
Me uno a todo cuanto dices, Duende. Soy de las que cree que el mejor recuerdo hacia nuestros seres queridos debemos llevarlo en el corazón.
Yo, personalmente, pienso como Homper. Y aunque no entiendo ese culto a los restos, respeto profundamente a quien así lo sienta.
Pero creo que no se está hablando de esto, sino de por-liti-quería. Y de eso, “gracias a Dios”, ni entiendo ni quiero entender.
¡que razòn tienes duende¡los muertos donde mejor estàn es en nuestro recuerdo y en la foto que miramos a veces emocionados.A mi madre le dijeron hace años si querìa que repatriasen los restos de mi padre,y contestò estaban bien allì donde estuviesen,ademàs quien la aseguraba despuès de tantos años que eran los de èl.Lo dicho que descansen en paz.
El sábado pasado hacía yo en casa idéntica reflexión, Duende. Y parto del absoluto respeto por las personas que de verdad estén convencidas de ello y lo sientan así, pero para mí está claro que en términos generales todo esto obedece a ese proceso de ósmosis que se ha producido desde las técnicas empresariales a las políticas en los últimos veinte años. Lo mismo que en economía se habla de oferta y demanda, cuando ésta última ya no es natural, sino forzada por el exceso de oferta, en la política ocurre tres cuartos de lo mismo. Se recurre a la propaganda y al marketing político para crear esa demanda artificial de ideología, que en unos casos sirve para la captación de votos de distintos sectores, y en otros para intentar justificar el hecho de estar en el poder y para la ocultación de las carencias y de los verdaderos problemas.
Y seguirá colando mientras sigamos viendo la televisión, que para colmo, con la crisis aumentamos desaforadamente su consumo, ya vamos por 223 minutos por persona y día, Jesuset Deu meu!!, que diría nuestro querido Bob de Ca’s Barber. ¡Y luego decimos que no tenemos tiempo!
De cuando en cuando la autodenominada “izquierda progresista” necesita hacerse un poco de chapa y pintura. Y entonces normalmente sacan a pacer a Franco y su banda para ocultar que de socialistas y de obreros no les queda más que el nombre.
Desde luego que Franco puteó todo lo que pudo a la izquierda española de antaño. Pero anda que no le está resultando útil a la pseudoizquierda de hogaño. Tenemos casi 200.000 parados más en un mes, pero no importa, porque le estamos repartiendo estopa al general Mola hasta en el carné de identidad.
Querido duende los que vivimos el 68 en la universidad sabemos lo que es recibir estopa, tu en derecho y yo en arquitectura, casi nada, si entrabas a los exámenes te daban unos si no los otros y de vez en cuando los grises a todos.
Tuvimos que hacer la absurda mili pero se acabó. No tuve trauma por ello y mi entorno tampoco, pensaran lo que pensaran, conozco hijos de muertos de uno y otro bando y aquellos que verdaderamente sufrieron en sus carnes el horror de la guerra, quisieron olvidar y casi lo consiguen si no llega a ser por estos iluminados oportunistas que solo quieren tocar las pelotas .
Mi madre y mi suegra han recordado su niñez entre desastres y les han desasosegado su mente.!Qué sentido tiene joder por joder.
Si alguien cree otra vida olé sus h…..si no olé los suyos.
A mi me gustaría que fuese que sí y a ¿Quien no?
Por si acaso ponte una chapita de titanio al cuello con tu nombre para que te identifiquen o S. pedro o el nieto de Garzón
Homper y vuestros comentarios me tranquilizan algo. Conocí, traté, respeté y quise al padre de mi padre y a la madre de mi madre (abuelo Juan y abuela Salud) pero no a sus conyuges, de los cuales desconozco fechas de defunción y lugar donde reposan, sin sentir por ello inquietud alguna. Al ver a tanto nieto buscando tan afanosamente a los suyos me siento fatal, desalmado y sin corazón. Pido dede aquí perdón a los abuelos Erundina y Luis rogádoles comprendan que al no ser tratados no fueron amados.
Yo diría más bien que sólo serán cenizas, pero tendrán sentido.