Archivos para 30 diciembre 2008

INEM hasta en los nacimientos

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La prima Alicia vivía como una pepa, y afortunadamente no había tenido necesidad de trabajar nunca. Hasta que giró levemente la veleta de la fortuna, y tuvo que hacerse cargo de una floristería familiar.

También le apremiaba la presión social. Ella hubiera sido feliz cumpliendo las funciones de una respetable dama burguesa: el esposo, los hijos y la casa. Pero hasta las más tradicionales de sus amigas habían abandonado el estereotipo para trabajar fuera del hogar. Empezaba a estar de moda el verbo realizarse. Y al parecer, el ser humano no se realiza si no proyecta su acción personal más allá del ámbito familiar. La prima Alicia sacó pronto sus propias conclusiones sobre la dureza de lo que es trabajar en un establecimiento comercial.

-Pues dirán lo que quieran-sentenció -Pero a mí lo único que se me realizan son los pies.

Desde ese momento el Duende siempre ha admirado a cualquiera que tiene que pasar su larga jornada de trabajo yendo de aquí para allá, de la caja a la trastienda, del escaparate al teléfono, subiendo a una escalera para sacar un objeto de lo alto de una estantería o manipulando el toldo, atendiendo a un pelmazo o abriendo todo el muestrario a esa señora implacable tan minuciosa para elegir sus compras. Todo de pie, y casi siempre con una sonrisa en los labios.

Más genéricamente podría subrayar su admiración por el pequeño comercio, una de las primeras víctimas de la crisis. Por eso aplaude aún más su esfuerzo por agradar en Navidad. El Ayuntamiento de Madrid se ha esforzado este año por vender el slogan de Madrid, la ciudad de la Navidad, y difunde en todos los medios el programa de fiestas, actuaciones y el itinerario de belenes y nacimientos públicos. Pero sin entrar en un museo o en una iglesia, el curioso puede pasear y disfrutar viendo escaparates. Suena a diversión antigua, pero tampoco es mala solución para tiempos caninos.

Y al menos en la capital -como, supongo, en toda España- hay pequeños comercios que merecen un aplauso por su gracia y su originalidad. El Duende se ha parado ante muchos escaparates disfrutando como un niño. Pero ninguno tan entrañable e ingenioso como el de una pequeña cristalería de la calle Padilla, a la altura de los números 35 -37. Ahí, en poco más de un metro cuadrado han montado un nacimiento sencillamente encantador. No le falta de nada: ni castillo de Herodes iluminado, ni molino con las aspas girando, ni río con agua corriente, ni sentido de la perspectiva y de la proporción en las figuritas, más pequeñas las lejanas que descienden desde una procelosa montaña en dirección al portal.

Pero, sobre todo, no le falta sentido del humor. Porque, si bien el portal es el centro de atención, uno puede observar a su lado otra cueva encendida donde, sorprendentemente, se ha acumulado una gran cola de los que en otros nacimientos van a ver al Niño. ¿El motivo?…Alguien atiende al público en esta cueva, y encima de ella hay un rótulo que dice INEM. Ya hay INEM hasta en el nacimiento, por si el Niño no alcanza al milagro que vamos a necesitar para colocar a tanto parado.

El pequeño comercio, querida prima Alicia, además de realizar los pies aguza el ingenio.

Los santos, y escasos, inocentes

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Se tomaba una alubia, se empaquetaba en cualquier papel. Este diminuto paquete se envolvía en una hoja de periódico viejo, y éste en otro hasta agotar las existencias. Finalmente se buscaba alguno más presentable, se cerraba con un lazo, se le colgaba una etiqueta con el nombre del destinatario, que era el cabeza de familia, y se le entregaba a la hora del desayuno del 28 de diciembre. Éste hacía el paripé, lo abría con mucho protocolo en sus gestos y al llegar al cogollito del envío misterioso y encontrarse con la pobre alubia simulaba un gesto de frustración. Entonces aparecía la chiquillada y coreaba entre risas.

-¡Inocente!…¡Inocente!…

Además, ese mismo día leíamos en los periódicos que el Madrid arrebataba Kubala al Barça y que se descubría un pozo de petróleo inagotable en Vallecas. Y nos lo creíamos, porque éramos, efectivamente, así de inocentes.

Homper, entonces un chavalín, se quedó por primera vez como un Hombre Perplejo el día que supo que el anticipo de esas inocentadas se debía a un ataque de cuernos del rey Herodes, que por querer asegurarse la muerte del Mesías recién nacido ordenó la degollación de todos sus contemporáneos. Qué carácter. Veíamos la matanza en aquellas viñetas desplegables en las que, con la ayuda de un puntero, los maestros de entonces enseñaban la Historia Sagrada. Y Homper se le ponían los pelos de punta. Menos mal que casi veinte siglos después la conmemoración se convirtió en una guasa.

Ojalá volvieran las bromas. Ya se han borrado de casi todos los medios, porque la información objetiva y serena es un principio ético tan inatacable que no admite chuflas. Pero vaya si quedan inocentes.

Inocentes masacrados en Gaza y en tantas otras regiones en guerra. Inocentes en los archivos de los pederastas. Inocentes trabajando en minas. Inocentes manipulados como mascotas por las necesidades del guión que marca la política. Inocentes a los que se les enseña la historia que interesa, y sólo la lengua que les distingue, aunque les vaya a cerrar las puertas del resto del mundo. Inocentes víctimas de que la mayoría de las familias, por fas o por nefas, por el egoísmo de unos y las miserias económicas de otros, no están para risas…

Se pregunta Homper estupefacto si ahora la humanidad es más cruel con los niños, cosa que no cree en absoluto. Lo que pasa es que entonces no se enteraba de la misa la media. Los medios no llegaban tan lejos como ahora, cuando todos podemos saber de casi todos los horrores. Aparte de los benditos niños, sólo la ceguera y la sordera pueden permitirse el lujo de seguir siendo inocentes.

Señor, que el Zapatero prodigioso acierte

Los ojos del presidente lanzando los destellos del niño de Freixenet...

Los ojos del presidente lanzando los destellos del niño de Freixenet...

Si quieres ser feliz, como me dices/ no analices, muchacho, no analices (Joaquín Bartrina) No era precisamente del poeta favorito del presidente, que prefiere a su paisano Gamoneda. Pero era la frase que el Comité de Comunicación estimaba más oportuna para no volverse a meter en jardines en el tradicional mensaje de fin de año. Promesas vagas, brindis al sol, posibilismo onírico, voluntarismo redentorista, pachulí dialéctico, citas literarias. Coherencia en definitiva con el consejo de su asesor más considerado: no digas nada, presidente, pero dilo muy bonito y que la señora Petra te siga diciendo ¡guapo! cuando sales por la tele.

Los años anteriores su pico de oro y su tradicional y patriótico optimismo le habían jugado sendas malas pasadas. En 2006 predijo con pasmosa seguridad el fin del terrorismo y al día siguiente estalló una bomba tremebunda. En 2007 aventuró que seríamos campeones de la economía y que éste sería el año del pleno empleo cuando ahora las oficinas del INEM no dan abasto para atender a las colas de parados. Los expertos en comunicación dieron un puñetazo en la mesa y exigieron un cambio.

-No te metas en jardines, jefe.

-De acuerdo-admitió el Presidente-Pero…¿cómo puedo seguir siendo el que soy y contrarrestar, además, ese video navideño de la oposición?

Todos los Comités de Expertos en Comunicación tienen un genio. Y el talento de turno propuso un video alternativo que podríamos describir así. En un horizonte rosa infinito, perfilada contra el cielo a modo de Escarlata O´Hara, aparecía la silueta del presidente. Lucía un traje blanco de príncipe de cuento, eso sí, modernizado por Vittorio y Luchino con unos detalles muy originales, y avanzaba lentamente hacia cámara con su natural donosura mientras pajarillos mariposas felices y demás criaturas del bosque coreaban la banda de sonido. Sonaba ésta como la de La bella durmiente de Walt Disney, pero aunque los voces argentinas y los gorgoritos eran del mismo estilo, cantaba esta otra letra oportunamente escrita: Este mundo encantadooor/ puede ser mucho mejoooor/ si hacemos nuestra labooor/ con talante y con amooor…

Esta ambientación mágica enmarcaba un acting a tono con su mensaje. Portaba el presidente una rama de olivo en una mano y una rosa roja en la otra, y marcaba unos pasos de elegante ballet al ritmo del emotivo jingle. Pero a continuación, un curso acelerado del mago Tamariz y los inevitables efectos especiales convertían a la rosa en la paloma de la paz, a la paloma en el búho de Minerva, símbolo de la sabiduría, y al avechucho en un angelito que con un cuerno de la abundancia, manejado a modo de manga pastelera, iba escribiendo en chorros de oro las palabras Paz, Prosperidad y Progreso sobre el mapa de las diecisiete comunidades autónomas españolas. En ese momento, el presidente, emulando al niño de Freixenet, sonreía a cámara y lanzaba un guiño que era un puro destello de diamantes, al tiempo que una voz en off grave y solemne, pro humanizada por un leve trémolo emocional decía: No hay fronteras para el progreso…A lo hecho, pecho. Y este año, además dos de berberechos. Qué bonito, cerrar con un tierno homenaje a los célebres dos huevos duros de Groucho Marx.

La película estaba prácticamente rodada por Pixar, pero no obtuvo el visto bueno del partido porque una de las ardillitas del bosque que coreaban el jingle se parecía sospechosamente a un tal Pepín. Con lo que a falta de mejores argumentos, y olvidando lo que había dicho en el Congreso al catastrofista líder de la oposición cuando pitaban oros -señor Rajoy, es usted un profeta de desastres y un desastre de profeta, porque nuestra economía va mejor que nunca- el presidente volvió a las andadas y volvió a prometer prodigios.  Diagnosticó, oh sorpresa,  que en el segundo semestre de 2009 ya empezaremos a remontar la crisis y a crear empleo.

En el Comité de Comunicación bramaron: ¡no analices, muchacho, no analices!…¿No ves que en boca cerrada no entran moscas? Alguno más rotundo no se anduvo por las ramas: la cagaste, Burt Lancaster. Sin embargo, en la acera de enfrente, una señora del PP con tres hijos en el paro aprovechó la Misa de la Familia para mirar al cielo y elevar una plegaria insólita en ella.

-Señor, Señor…¡Haz que esta vez el presidente acierte!

El christmas ideal

Se acerca uno a caa del amigo, le felicita y le da un abrazo. No hay mejor christmas...

Se acerca uno a casa del amigo, le felicita y le da un abrazo. No hay mejor christmas...

¿Y qué habrá sido de los christmas?

La palabra es una contracción de Christ Mass, literalmente Misa de Cristo, y por abusiva conversión/identificación de la poderosa lengua de Shakespeare, Navidad. En castellano, y por aquello de tener vocablo propio para esta pascua, inventamos una especie de contradinécdoque (alguno más culto que el Duende citará la palabra justa, que seguramente obra en nuestro diccionario). O sea, si la sinécdoque es hablar de la parte como símbolo del todo, nuestros christmas reducen la Navidad anglosajona a una simple tarjeta que toma como pretexto la fiesta cristiana y felicita a los amigos.

Felicitaba, sería más propio decir. Porque entre los SMS y los correos electrónicos el Duende no ha recibido ni uno este año. Ninguno que no sea una cortesía impresa que firman el banco de o la hidroeléctrica de turno o la parroquia del barrio. Eran en otro tiempo no sólo un buen negocio para las papelerías, sino una ilusión para quien lo recibía y un motivo de decoración en el hogar tan importante como las bolas y el espumillón, que entonces estaban de moda.

El Duende, en la cursilería propia de la infancia, los clasificaba en tres grupos. Los serios, que normalmente estampaban una reproducción artística de la NatividadMurillo, Rubens, Fra Angelico, Rafael, por ejemplo- los incomprensibles, que se separaban del pretexto litúrgico y reproducían un grabado de algún edificio noble o una pintura abstracta, y los que, simplificando, llamaba los bonitos. Obviamente, éstos eran los que más apreciaba: portales de belén de cuento, muñecos de nieve, abetos, trineos, coros celestiales de ángeles, niños enfundados en gorros de lana y bufandas cantando villancicos, En este capítulo los que más cotizaba eran los de Ferrándiz, un señor que se hartó de dibujar jesusitos, angelitos, monaguillos y papás noeles con cara de pepones rechonchos y risueños. Cuanta más mentirijilla, mejor.

Correos, con su empeño en no repartir un envío que no lleve en el sobre su código postal -dato que casi nadie tiene a mano- las nuevas tecnologías y quizás también la crisis han acabado con los christmas. Parece como si todos nos hubiéramos puesto de acuerdo en que este crack es un pretexto suficiente para acabar con el deber de mandar christmas y, sobre todo, de escribirlos. Felizmente desaparecen cuando la vida va depurando nuestro apego a las cosas, y no los echamos de menos.

Lo sorprendente es que, al menos este Duende, tampoco se ha volcado en SMS ni corrreos electrónicos, ni ha acusado la falta de los de ninguna persona querida. Como el valor en los militares, las buenas intenciones se les suponen a todos. Lo único que ha echado de menos es el tiempo para verlos de uno en uno, felicitarles y darles un abrazo. Es lo que se propone todos los años y nunca puede hacer por no saber estirar a conveniencia los días. Ese es el christmas soñado, pero desgraciadamente no lo traerá ni el I+D+I ni el milagro de otra Navidad.

Primos que dejan huella

Como Charlot, el primo Juan Pavia también murió junto al árbol de Navidad

Como Charlot, el primo Juan Pavía también murió junto al árbol de Navidad

Recuerda el Duende que en sus tiempos de colegial era muy normal presumir de primos. Aún no había nacido el famoso de Zumosol, pero lo de tener muchos y buenos primos era ya entonces un valor que aquel imberbe ingenuo envidiaba sin reservas. Los suyos, eran todos claramente mayores. No le sirvieron para jugar a las tinieblas -para eso eran especialmente buenas las primas, según contaban- ni a policías y ladrones, ni para competir con ellos al futbolín o a las chapas. Pero alguno fue muchísimo más que un compañero de juegos o un compinche de trastadas. Por ejemplo, el primo Juan Pavía.

Podía, por edad, haber sido su padre, puesto que le superaba en veintidós años. Pero, sin llegar a tanto, se convirtió en algo así como un guía original, una referencia de estilo y encanto personal, y un ejemplo de saber interpretar la vida agradando y ejerciendo el más saludable sentido del humor. Todos somos hijos de nuestros mâitres á vivre y de nuestros mâitres á penser. El primo Juan desempeñó su magisterio sobre todo en el arte de vivir, pero también enseñó filosofía esencial para la convivencia.

-Primera lección, Duende -le recordaría desde la alta cátedra que sin duda desempeña ahora-No vale la pena ser malo, porque todos los cabrones son unos desgraciados. Así que procura ser buena persona, porque serás más feliz. Segunda lección, no seas nunca un tipo triste, porque la suerte elige antes la sonrisa amable que el cenizo. Tercera lección, no pierdas nunca los buenos modos ni descompongas la figura, porque hay que ser señor hasta el final. Cuarta lección, se generoso en lo que puedas: manos que no dáis…¿qué esperáis?

Y así hasta completar lo que podría haber sido un Tratado del hidalgo de nuestro tiempo.

Todo lo que así descrito parece moralina del Catón, calaba a su lado como el agua pulverizada de una catarata de ingenio y de humanidad. Suavemente, y dejando una impronta refrescante acorde con su elegancia natural. Juan fue el primo brillante, tan popular y cariñoso con sus tíos como con sus primas y primos pequeños. También fue el que convirtió al Duende en uno de esos que llaman creativos los publicitarios. Sería su jefe, y sospecho que protector, durante muchos años. Para convertirse luego en una pieza sentimental clave en la arqueología de su personalidad. La mayoría de las travesuras del Duende se forjaron en aquella gran agencia de publicidad llamada Clarín que dirigió el primo Juan. Era difícil no trabajar feliz allí.

Por cierto, el primo empezó a morirse hace tiempo por culpa del mal de Alzheimer. Pero ha sido en vísperas de esta Nochebuena cuando se ha despedido definitivamente. Tal día como hoy de hace años, el Duende escuchó que Charlot, el mejor cómico de la historia del cine, había muerto en su casa de Vevey al pie del árbol de Navidad. Recordaba esta coincidencia cuando en una fecha tan significada para los cristianos asistía ayer al sepelio su querido primo en el cementerio de Arenas de san Pedro. Qué contradicción: en lugar de la pandereta, el sordo bombo de las paletadas del enterrador. Sin embargo, aún con tanta pena, era imposible no imaginar la carcajada estentórea del primo desdramatizando la muerte incluso en este día. Navidad es un día especial, pero si cuando llega el Mesías lo recibimos esperanzados, cuando se van gente como Charlot o el primo Juan, que aportaron tanta alegría a su mundo alrededor, debemos despedirles agradecidos. La vida fluye, y la ilusión continúa.

Un ángel con pintas en el lomo

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Aquella Navidad, Homper hizo más honor a su nombre que nunca. Se quedó literalmente convertido en el Hombre Perplejo cuando desde el otro lado del teléfono la anciana tía Clota, temblando de la emoción, le contó esta bonita historia.

-Iba a comer sola, hijo. Sólo una sopa caliente y un panettone que me había regalado el tractorista que nos trabajaba la propiedad. Ya sabes, es italiano. ¡Cómo nevaba!…Puse la radio para escuchar algún villancico, ya sabes…Aunque aquí no se estila, yo siempre ponía el Misterio al pie del árbol. A tu tío Oscar le gustaba, ¿recuerdas?…Estaba emocionada, pero triste, ya sabes…

La tía Clota huyó a Estados Unidos porque no quiso ser una poyetona. Así llamaban en el pueblo a las maduritas que, por las tardes, se sentaban en los poyetes de la alameda a ver pasar los mozos. La tía Clota no estaba dispuesta a dar pena a nadie. Hizo carrera, se doctoró en Literatura y Filología y fue contratada en una universidad norteamericana. Cuando ya había cumplido cuarenta y cinco años conoció a un viudo granjero de Vermont llamado Oscar, se enamoraron y se casaron. Ya jubilados los dos, vivían en una hermosa propiedad en medio del bosque y cerca de un río donde él pescaba las mejores truchas del condado. Un día, forcejeando con una de ellas especialmente vigorosa, sufrió un infarto y murió dejando a tía Clota sola, aunque rica.

-¿Te acuerdas de aquel banquero joven tan encantador que me gestionaba eso que?…-la tía Clota no entendía de dinero, y dejaba incompletas las frases. La tía Clota enseñaba literatura, y cosas de esas de las palabras que no sirven para hacer negocios.

Desde la muerte del tío Oscar, Homper había visitado a la tía Clota en dos ocasiones. La primera la tía le presentó al encantador Will Bevan, un joven bostoniano, MBA y ejecutivo de un banco de negocios. Era su hombre de confianza. La segunda, cenaron los tres un asado junto a la chimenea mientras caían las primera nieves del invierno. Los ojos de la tía Clota hacían chiribitas cuando miraban a Will. Will le devolvía sus miradas con el cariño que exigía una cartera de valores tan sustanciosa como la que le dejó el tío Oscar.

-Ya sabes Hom -le gustaba llamarle por su apócope-Desde que me arruiné en eso que…

-Los fondos de inversión, tía Clota-interrumpió Homper.

-Si, eso, ya sabes, ¿no?…Desde entonces, y puesto que ya no vienes tú, no he vuelto a celebrar nada. Y el día de Navidad se me venía encima, ya sabes…Apenas el Misterio, ningún adorno, sólo la sopa y el panettone en la mesa. Y sobre todo, ya sabes, la soledad…Encendí la chimenea y me quedé mirando por la ventana cómo caía la nieve…Y en éstas oí el motor de un coche…Un portazo, dos golpes en el llamador…Abro la puerta y…

-¿Era un ángel de esos que se inventaba Frank Capra?-bromeó Homper.

-Bueno…-titubeó la tía Clota-Era un joven muy bien parecido que llevaba traje oscuro, camisa blanca, zapatos abotinados y uno de esos abrigos de cuello de terciopelo…Era Will, sí…Me dijo que había desafiado la tormenta de nieve para compartir conmigo su menú de Navidad…Lo traía en el coche, perfectamente preparado…Él mismo extendió el mantel, calentó el pavo y el relleno, las salsas, aliñó las ensaladas, el pudding de postre…¡Qué gran corazón! Al brindar con champán y desearnos feliz Navidad, le di un beso. Y él me sonrió.

-¿Y por qué te eligió precisamente a ti para almorzar en Navidad?

-¡Porque era un ángel!…Tuvo la dignidad de decirme que, puesto que había sido él el que me había recomendado los fondos que me arruinaron, no podía consentir que me quedara sola y sin celebrar la Navidad por su culpa…¡Hasta me regaló un reno de porcelana precioso!…

Homper recordó entonces que gracias a las trampas y a la devergüenza del encantador Will Bevan, la tía Clota había perdido los veinticinco millones de dólares que heredó del tío Oscar. Pero dio igual. La tía Clota advirtió que Will no apartaba la mirada de la magnífica cubertería de plata que, con un mueble ad hoc de madera de roble y cajoneras y bandejas tapizadas en terciopelo azul, le había colocado el propio banco por su primera imposición a plazo fijo. Y no teniendo mejor regalo para responder al detallazo de la cena y el reno, se la ofreció como regalo de Navidad.

-Lévesela-dijo dulcemente-Es de buena calidad, porque me la dio su banco. Y yo ya no la voy a necesitar.

En vista de lo cual el joven ejecutivo la besó agradecido, recogió la mesa, guardó todos los cacharros en las cajas correspondientes, cargó luego el mueble con la cubertería de plata en el coche y volvió a perderse en la tormenta de nieve de aquel 25 de diciembre.

-Es bonito que aún haya ángeles así, ¿no, Homper? Ya sabes, cuando una sufre la soledad…

La tía Clota insistía que había sido un ángel como los de las películas de Frank Capra. Mientras que Homper, más prosaico, opinaba que fue más bien un caprón con pintas en el lomo.

Otros gordos de Navidad

Hay otros gordos que, felizmente, tocan...

Hay otros gordos que, felizmente, tocan...

Fue un día de la Lotería de Navidad, o sea un día espléndido de hace no menos de veinte años. El brandy de tal nombre patrocinaba el sorteo en la SER, que, como todas las emisoras, considera que la cantinela de los Niños de san Ildefonso es esencial. Todas las radios cultivan esta costumbre, que en la opinión del que suscribe, completa las tres horas más aburridas del año. Sólo hay otro momento más absurdo, igualmente retransmitido por todas las emisoras, que es la retransmisión de los encierros de San Fermín. Pero las audiencias mandan.

Alguien de la agencia de publicidad de Espléndido conocía al Duende, que entonces no era ni duende ni ná de ná. Le sentaron al lado de Iñaki Gabilondo para que, entre tabla y tabla, y en los contados minutos en los que el presentador calla, dejara caer sus comentarios. Pellizcos, bocadillos, chascarrillos, chorradicas. Tópico tras tópico. A pesar de todo, al ya famoso presentador le debieron de convencer, porque luego le ofreció al Duende su primer contrato radiofónico. Al final de la jornada todos decíamos lo de siempre: la mejor lotería es el trabajo. Quién nos iba a decir que en 2008 eso está más cerca de la verdad que de la frase hecha.

Como es sabido el Duende tiene una prima lotera, a la que desea que reparta el Gordo. Y, aunque jamás cató uno, comprende y justifica la alegría de los premios. Pero no puede resistir lo que los medios de información han hecho de este día. Año tras año los mismos lugares comunes. La administración que lo repartió, la peña que lo compró, el inevitable bar donde corren ríos de cava, la señora que ayudará a sus hijos, la pareja que pagará su hipoteca, los novios que se casarán a lo grande. Y la cantinela de los Niños de San Ildefonso al fondo. Casi prefiere aguantar al completo una ronda de la tuna.

Es probable que no le toque el Gordo. Y lógico: si nunca le cayó una desgracia…¿por qué iba esperar tanta gracia? Aparte de que el premio ya le fue comunicado dos días antes. Su amigo, el gran Félix, pasará las vacaciones en los Pirineos con su mujer, sus hijos y el nieto incluído. Y hasta se pondrá los eskíes. Los médicos le han dicho que ha vencido a la enfermedad. Velay por qué tiene tan poca importancia que el Gordo se olvide de uno.

El fútbol también es poesía

Los porteros inspiran más a los poetas

Los porteros inspiran más a los poetas

Pensaba uno, pesimista, que tampoco son buenos tiempos para la lírica en el fútbol. Sólo algunos ofrecen aún alguna perla reseñable como aquel además de puta, no voy a pagar la cama, sublime metáfora con la que Luis Aragonés excusó el no largar en un medio que le era hostil. También Caparrós bebió en aguas de la misma musa para decir el pasado domingo que en fútbol pasas de puta a monja en cinco minutos. O sea, que los leones de San Mamés hacían la esquina en La Palanca y de repente son unas virtuosas monjitas luciendo tocas rojiblancas. Podría parecer una travesura surrealista de Almodóvar, pero es el poderío del tropo literario cuando lo maneja un tipo vigoroso como el sevillano. De la perdición a la salvación en tres partidos, velay. Otra pincelada de poesía que alivia la pesadumbre colectiva.

En tiempos de crisis, necesitábamos repostar argumentos líricos para nuestro deporte favorito. Píndaro (542-448 antes de Cristo) cantó en sus Odas a Herión, Arcesilao y Aristómenes. No eran fichajes exóticos de esos que improvisa el Madrid, sino campeones de la época en deportes como las carreras de caballos, de carros o de la lucha en la palestra. Muchos siglos después nuestro Rafael Alberti, impresionado por el valor de Platko, que en un partido entre la Real Sociedad y el Barcelona se hizo una brecha en la cabeza y volvió a la portería azulgrana tras recibir seis puntos, le dedicó otro poema ditirámbico. Nadie se olvida, Platko -escribió el poeta gaditano-Ni el mar, que frente a ti saltaba para poder defenderte (el partido, semifinal de Copa, se jugó en el Sardinero) Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía…Otro potero mucho más modesto, Lolo, sampedro joven del Orihuela según Miguel Hernández, fue el protagonista de la Elegía al guardameta. No es esta pieza tan reconocible como la muy famosa que el poeta dedicó a Ramon Sijé -compañero del alma, compañero. Pero canta a un humilde portero que, según se desprende del poema, murió a abrirse la cabeza contra el poste. (Tampoco es impensable después de haber visto el golpetazo que se llevó Cannavaro el otro día: imagínenselo en la testa).

Pero ningún bardo tan fino como aquel locutor llamado Víctor Hugo Morales que, a la vista del gol de goles frente a la pérfida Albión, bautizó a Maradona como el Barrilete Cósmico. ¿De qué planeta has venido?- se preguntaba estupefacto al ver aquella obra de arte de Diego. Esta alegoría, interpretada por David Vidal en una campaña de publicidad, le quitó la ese a cósmico para convertirlo más bien en cómico, pues ya se sabe que el entrenador gallego lleva la lírica del fútbol a la astracanada. Lamentablemente, al bueno de David, a pesar del barrilete y de ser tan mediático, le cesaron en el Elche. Y ahora nos llega la puntilla final con la destitución de Javier Clemente como entrenador del Murcia. Otro orfebre de la palabra abatido por el bastardo resultadismo. ¿Pero es que no queda ya poesía en el fútbol?

En esas cavilaciones estaba este Duende cuando el miércoles asistió a la presentación del libro de poemas 4 Estaciones 4 Recuerdos, de José Suárez-Inclán. Este hombre, aparte de catedrático de literatura y excelente crítico taurino, ha escrito un poemario intimista que es una delicia. Habla de los paisajes del alma y del campo alcarreño donde vive. Pero, como señaló su amigo Chema Santos en la presentación, hay otro campo que también le hace levitar, y es el del Manzanares, pues el poeta añade a sus glorias literarias la de ser hincha del Atleti. Ahora que el Kun, yerno del Barrilete Cósmico, no descarta arrebatarle al Barça la Liga…¿cabe más poesía que ese sueño?

Otro sinvivir a cuenta del tupper ware

La pobre perrita Bengala, a la que no le permiten probar los espaguettis con setas...

La pobre perrita Bengala, a la que no le permiten probar los espaguettis con setas...

-A nuestra edad- dijo Benito en la tertulia de Homper- uno puede perder el sueño por cualquier cosa.

Y contó que se había quedado solo en la casa de campo. Matilde se había ido a hacer compras de Navidad a la ciudad. Así que en ausencia de su queridísima esposa, que no le abandonaba casi nunca, se cocinó unos estupendos espaguetis con setas y se los comió tan ricamente. Calculaba mal las raciones, de tal manera que le sobró una buena parte del guiso que, como había visto hacer, se dispuso a guardar en ese invento que llaman tupper ware.

Cuando abrió la alacena donde se guardaban los tupper ware se volvió loco. Por una parte estaban los envases, de muy distintas formas y tamaños. Por otras las tapas. Cogió un envase rectangular en el que creía que cabrían los espaguetis sobrantes, y los puso en él. Buscó la tapa. Inútil: se había perdido. Indignado, buscó de nuevo otro tupper que se aseguró que tuviera tapa y los depositó en él. Luego pensó que con tanto cambio los espaguetis estarían hechos una birria, y en lugar de guardarlos decidió ofrecérselos a Lolita, la vecina, pensando que su perrita Fox Terrier se los comería encantada de la vida.

-Oh, lo siento-dijo Lolita sonriente- Bengala sólo toma pienso.

Avergonzado, si no indignado también con la vecina tiquismiquis- vaya chorrada de nombre lo de Bengala, aunque la culpa era al fin y al cabo de los que no ponen tapa al tupper- tiró los espaguetis a la basura y llamó a Matilde.

-Es bastante lógico que me enfade-ironizó – Las tapas se inventaron para que taparan frascos, cajas y contenedores como éste. ¿Por qué demonios los guardas sin tapa?

Matilde dijo que, si no se guardan sin tapas, los tupper ware siempre conservan el olor del último alimento almacenado.

-Puede que tenga razón -le dijo Homper a Benito.

Y cuando volvía a casa después de la tertulia, Homper cayó en uno de esos procesos neuróticos a los que frecuentemente le conducen las dudas. ¿Qué es peor? -se preguntaba-¿Perder el tiempo buscando la tapa de un tupper o correr el riesgo de que las croquetas de anoche acaben sabiendo a los callos del lunes?

Tenía razón Benito. A determinadas edades, cualquier duda te mantiene en vilo más allá de la madrugada.

Rosa Díez y el papel de fumar

Ella también piensa que alguien está usando mal el papel de fumar...

Ella también piensa que alguien está usando mal el papel de fumar...

Qué juego daba el papel de fumar. Llegaba el galán, generalmente con trinchera y sombrero, como Humphrey Bogart, abría su librillo de cartulina, sacaba la hoja, depositaba en ella una línea de picadura, la enrollaba, aplicaba saliva para sellarla y finalmente la atrapaba con los labios para encender el pitillo. Antes, levantaba la mirada y fruncía la ceja con gesto de suficiencia, quizás hasta de desprecio. Eso también formaba parte de la seducción.

Qué juego tan brillante: al maestro Miguel Delibes le sirvió para escribir La hoja roja, el papel que avisa de que vas llegando al final de la reserva. Y a las chirigotas gaditanas, para improvisar sus famosos pitos. Si no disponen de este instrumento, hagan lo que el Duende, que atrapaba un papel de fumar con un peine y soplaba a través de las púas de éste para hacerle vibrar y conseguir el mismo sonido, tan divertido. Cuánto le debemos al papel de fumar.

Tanto, que ha consagrado una frase coloquial de uso harto frecuente. Es ordinaria, pero muy expresiva: cogérsela con papel de fumar. Giro sexista donde los haya, pues alude a la palabra del género femenino (y hay muchísimas, tanto en el diccionario como en la jerga popular) que designa al miembro viril por excelencia. Cogérsela con papel de fumar es abordar un asunto con extrema delicadeza y exceso de escrúpulos. No es una definición rigurosa, porque la acabamos de improvisar. Pero va por ahí.

Zapatero y su fiel espadachín Fernández Bermejo se la cogen con papel de fumar cuando se sugiere ilegalizar globalmente a ANV. De su buenismo utópico han salido otras frases bonitas: hay que extirpar el cáncer del terrorismo sin afectar al corazón del pluralismo. Pudieron hacerlo antes de las últimas elecciones municipales, y consideraron que no había motivo suficiente. No se qué pensarían Justiniano, Papiniano, Raimundo de Peñafort y otros ilustres juristas al respecto. Pero al Tribunal Supremo y a la Unión Europea no les parece ese atajo que denuncia el ministro, sino un simple corolario de la ley que el gobierno procura evitar.

El ciudadano no entiende tanta delicadeza con los ediles desleales que cobran del contribuyente y colaboran con los que luego lo acosan, lo chantajean y lo matan. A contrario: cada día entiende mejor a esa brava Rosa Díez que se atreve a denunciar sin pelos en la lengua la idiotez interesada en la interpretación de la ley. El papel de fumar, para imitar a Humphrey Bogart, a las comparsas y chirigotas o para homenajear a Delibes. Incluso para liarse ese veneno autorizado llamado tabaco. Contra el terrorismo, si no les sirve de molestia a los puristas, el pueblo cree lo que Rosa Díez: menos escrúpulos, por favor.

Reyes magos, pero no ilógicos

¿Cómo se conciben unos Reyes Magos sin camellos?

¿Cómo se conciben unos Reyes Magos sin camellos?

-¿Qué han hecho los años con mi cabeza?-me preguntaba Homper desesperado-Yo, que gané en tiempos mi oposición de secretario de ayuntamiento. Yo, un hombre tan ordenado que sabía donde guardaba hasta las ballenas del cuello de mis camisas. Yo, que metía el recordatorio de la primera comunión de mi prima Adela en un tomo de los Episodios Nacionales y registraba en la memoria si era en la batalla de los Arapiles o en Napoleón en Chamartín. Yo, que me acordaba de la fecha de la Conspiración de la Pólvora y de la batalla de las Navas de Tolosa y recitaba de corrido las alineaciones del Oviedo y el Las Palmas en la temporada de 1961…

Adivinaba el Duende que el lamento obedecía a una nueva fechoría de las neuronas cerebrales. La última perplejidad de Homper, nada halagüeña, por cierto, fe provocada por su buen sentido ciudadano. Quiso deshacerse de una de esas antenas cornadas que se ponían antaño a los viejos televisores, otro trasto más que rondaba por casa, y se dirigió paseando al Punto Limpio más cercano. Al salir de casa llovía mansamente, por lo que llevó el paraguas. A mitad de camino, dejó de llover. Estos enclaves que ha instalado el Ayuntamiento de Madrid serán muy limpios, pero están lejos. Homper no obstante se llegó hasta él y cumplió su objetivo. Mejor dicho, creyó cumplirlo. Se dio cuenta de que no lo hizo del todo bien cuando volvió a chispear. Entonces advirtió perplejo que, mientras en sus manos aún llevaba la antena, había abandonado el paraguas en el punto limpio.

-Despistes tontos -le dije para consolarle- Pequeñas averías de la edad. A todos nos pasa…Según los neurólogos, nada importante…

-No, si a mí no me importaba perder el paraguas -replicó- Pero es que estoy perdiendo el sentido de la lógica…¡Yo, que era puro cartesianismo!…

Había algo en su tono que presagiaba un dolor mayor. Y cuando esperaba que de un momento a otro me contara un drama provocado por sus ausencias mentales, me relató, cómo no, otro cuento de Reyes que empezaba como La divina comedia.

-Nel mezzo dil cammin di la nostra vita…-declamó solemne-…Yo tuve que abordar mis primeras navidades en solitario. Siempre ponía nacimiento, pero ahora apenas tenía sitio en casa. Compré el misterio, un pastor con tres ovejas y, para que ocuparan menos sitio, tres reyes magos de a pie, en actitud orante. Así le canté villancicos tres años. Pero al cuarto caí en que unos reyes magos sin camellos son como tres paisanos cualesquiera. Había montado el belén sobre un diminuto velador de cincuenta centímetros de diámetro. Era prácticamente una montaña de papel kraft embadurnada de engrudo sobre el que había sacudido musgo viejo, una Galilea perfecta. En el hueco de la base de la montaña, con una luz zenital, el pesebre. Y por delante de éste, apenas un palmo de terreno cubierto por la mejor arena del desierto, que es el pan rallado, con los magos de infantería y el pastor con su ganado. No puede ser, no puede ser, me decía. Por coherencia con la tradición, necesito unos reyes magos con camello…Pero ¿dónde los meto? Me lancé a la Plaza Mayor y encontré unos diminutos…Y pensé que, encima de la montaña, silueteados sobre una luz crepuscular que podía instalar tras ésta, quedarían sencillamente espléndidos. Y así fue: los compré, los clavé en su sitio y creí que ya había triunfado. Hasta que….

Se hizo un silencio plomizo que, después de unos titubeos, él mismo rompió.

-Hasta que caí en la cuenta de que no podían estar al mismo tiempo cabalgando por el horizonte y postrados a los pies del Niño. Es ilógico. Eran magos, pero seguro que no tanto.

-¿Y qué, y qué?-pregunté angustiado.

-Nada, he tenido que retirar los reyes de a pie hasta el seis de enero, que sustituirán a los nuevos…Y entretanto, a ver donde pongo a los cesantes y cómo relleno el claro que se me ha quedado ante el portal…Un sinvivir, ya te digo…¡Y que a un hombre tan racional como yo se le escapen estos detalles!

No era el único suceso del que podía tratar hoy el blog. Pero entiendo tan bien al pobre Homper…

Siéntase el rey de la creación

EL truco es creer que, sin uno, Haydn no seria nadie...

EL truco es creer que, sin uno, Haydn no sería nadie...

Se pregunta Homper admirado si los roles sociales nacen con el individuo o se hacen.

No es filosofía en estado puro, sino deducción cercana basada en la observación. La cosa es que su nieta, que es una niña a la que ya le enseñan en el cole lo políticamente correcto, no quiere ser una mujer del montón. Todo lo contrario, sueña con ser princesa.

No una princesa moderna, de las que trabajan e una ONG, corren en chandal por los parques y de vez cuando compran marcas blancas para ahorrar. Sino una princesa de cuento, cursi como las de Walt Disney y guapa como la Sissi de Romy Schneider. La niña apunta maneras delicadas como el cristal de Bohemia. Si por ella fuera, sólo se dedicaría a desfilar por la pasarela  y, como mucho, a bailar como esas primas donnas de cajita musical.

Peor aún: cuando no puede vestirse de tules, gasas, lamés, fru-frús y bordados de diamantes y sentir que el mundo gira a sus pies, se consuela jugando con sus muñecos o limpiando el parquet con un diminuto carro de limpieza comprado en una bazar chino. Qué barbaridad: algún familiar desaprensivo se ha saltado a la torera el desideratum de igualdad y pretende condicionar su futuro sexista regalando esos juguetes antipedagógicos. Mientras tanto, ay Bibiana Aído, la fiscalía mirando a otra parte.

¿Serán quizás los reflejos condicionados por el ambiente sexista que aún respira nuestra sociedad? ¿O, simplemente, que esa es la forma más directa de llamar la atención y sentirse protagonista? Vaya usted a saber. También pudiera ser que la niña busca cómo inventarse ya otro mundo distinto al que le va a tocar vivir. No hay como imaginar que eres el rey o la reina de la creación.

Eso es lo que pasaba a Homper estos días. Cierto que son los más cortos, fríos, y nebulosos del año. Pero él canta con su coro La creación de Hayden y, aunque los demás no se percaten de ello, está convencido de que el célebre músico no hubiera sido nada sin su valiosa voz.

(Aún hay gente más confiada. Por ejemplo, su compañero Pedro Bauer se atreve a desafiar las leyes del canto llevando a todos los ensayos y actuaciones una bolsa de polvorones. Cantar en alemán después de haber engullido una de esas delicias de Estepa…¡Ahí les querríamos ver  a Plácido Domingo y a la Gruberova!)

Córcholis, qué ganas de evadirme

Se agitan esas bolas de nieve...y uno siente deseos de penetrar en sus mágicos paisajes y evadirse...

Se agitan esas bolas de nieve...y uno siente deseos de penetrar en sus mágicos paisajes y evadirse

Homper lo escuchó por la radio y dijo córcholis.

Córcholis es una exclamación antigualla, una palabra en almoneda. Alex Grijelmo, que no se si esquivó el rastrillo de la renovación en RNE, lo incluiría entre lo que él llama con acierto palabras moribundas. Como gabán, damajuana, jofaina, badila, escarlatina, cabás. No es que murieran las palabras, sino que lo que designaban, o desapareció (como la escarlatina) o fue retirado por obsoleto. Ahora sus nombres dormitan en el desván del diccionario. Desván, otra palabra moribunda. Las casas nuevas, como mucho, llegan a trastero. Y las que se hagan a partir de ahora probablemente ni eso.

Pero lo de córcholis venía al pelo, pues Homper acababa de escuchar a otra antigualla que es Manuel Fraga. Don Manuel hacía unos días en una presentación de un libro que se las tuvo tiesas con su equivalente en la izquierda, que es Carrillo. Si alguna vez tuvo pelos en la lengua el ‘político gallego se los arrancó de golpe, pues a don Santiago, que ha tenido la suerte de salir de rositas de la zona más oscura de su biografía y ahora ha sacado la pala para desenterrar la memoria histórica, le espetó de buenas a primeras: ¿y de Paracuellos qué? El veterano comunista silbó, miró para otro lado y la sangre no llegó al río. Menos mal.

Ayer don Manuel también se pasó lo suyo. Tan mal le parece a Homper que el viejo comunista ande hurgando con la badila (mire por donde reanimamos a esta palabra moribunda) en los rescoldos de nuestra maldita guerra civil, como que Fraga mire hacia dentro y resucite sus viejos tics autoritarios para sugerir que se cuelgue a los nacionalistas. Se creía que un sujeto llamado Tardá había dicho el último disparate del circo político. Pero, no, los mayores también animan el patio. La edad enseña a ser prudente: ¿por qué Santiaguito y Manolín se empeñan en desmerecer ahora la indulgencia general sobre su pasado que se habían ganado en estos últimos treinta años?

Lo cual que Homper procesa la incontinencia verbal como otro alifafe más de la edad. ¿Llegaré a ser tan indiscreto como ellos? -se pregunta preocupado. Y mientras el tiempo le contesta, desvía su mirada a una bola de cristal en la que se ve un precioso paisaje nevado. La toma en sus manos, la agita y contempla asombrado una tormenta blanca en miniatura. Antes de que la edad le convierta en un lenguaraz impenitente, o, peor aún, le quite de en medio, quisiera encontrar la fórmula para penetrar en la bola de cristal y pasear por ese mágico paisaje blanco. Tan ingenuo, tan idílico. Tan distante de la cruda realidad que a menudo nos recuerda la política.

25 razones para sonreir en Navidad

sonreir-en-navidad

No sabe si es por el obsesivo imperio de la razón o por su tufo cristiano. Pero de un tiempo a esta parte, se ha puesto tan de moda denigrar la Navidad que ha creído oportuno iniciar un alegato en su defensa. Estas son las primeras veinticinco razones por las que el Duende la va a recibir tan contento.

Porque en este tiempo las noches son más largas y así se ven más luces.

Porque hace frío, y apetece arrebujarse en la cama, dormir y soñar.

Porque le cae bien el Mesías, y si no fuera cierta su historia estaría bien traída.

Porque alguien volverá a recordar a Dickens y a su Mister Scroodge.

Porque darán por la tele ¡Qué bello es vivir!

Porque se encienden las chimeneas, y las volutas de humo dibujan ángeles en el cielo.

Porque vuelve a olfatear el corcho y el musgo.

Porque se acuerda de una lavandera que era la figura más guapa de su nacimiento.

Porque damos importancia a los pastores, que se pasan la vida apacentando soledades.

Porque mira los escaparates y de cada uno de ellos fabrica un sueño.

Porque se junta con sus hermanos, y las cenas de Navidad siempre acaban pareciendo   películas de Woody Allen.

Porque pasan los años y aún se le humedecen los ojos cuando escucha el villancico de Los campanilleros.

Porque se han vuelto a poner de moda los polvorones.

Porque si el niño Jesús tiene fiebre, está el nieto de  sus amigos Félix y Begoña para la suplencia.

Porque las mujeres se ponen muy guapas para las fiestas.

Porque a alguien le va a caer el Gordo.

Porque le encanta el aroma de pavo asado con oporto que inunda la casa la tarde de nochebuena.

Porque, aunque se le fueron hace años, los padres y el hermano Carlos  siempre vuelven a casa por Navidad.

Porque ha nevado.

Porque Bing Crosby cantará Navidades blancas sin que  este año sea un cuento chino.

Porque, aunque cueste creerlo, en Navidad resplandece mucha buena gente.

Porque sigue buscando con ilusión la estrella de Oriente.

Porque tiene tres reyes magos y cuatro nietas mágicas.

Porque, si tiembla el Misterio, es de la emoción…

(Puenden continuarlo ad libitum los lectores)

Bragas, costuras y llagas

...Y no todos son tan lucidos como las  famosas chicas de Vargas

...Y no todos son tan lucidos como las famosas chicas de Vargas

Agenda diaria de Hombre Perplejo que se nos ha filtrado en este blog. Despertarse, desayunar, leer el periódico, trote cochinero por el parque para mantener la buena forma, gestiones bancarias -lo peor- cuatro llamadas, tres recados, ver una exposición, visitar a los nietos. Homper puede permitirse vivir en constante perplejidad porque quizás tiene más tiempo para observar. Digámoslo claramente, es un jubileta in péctore. Aún no es de los que cobra, sino de los que paga a la Seguridad Social. Pero empieza a ser rico en tiempo si no del todo libre, sí dúctil. Y, como tanto ciudadano ingenuo, aprovechó la fiesta de la Constitución para hacer cola y ver el Congreso de los Diputados por dentro.

Es fácil imaginarlo, con su cara de paleto entrañable deslumbrado por la parafernalia del poder. Cuando de verdad lo era de la radio, el Duende participó en varios de esos programas que las emisoras desplazan al escenario de la celebración. Y se fijaba mucho en los que, sin hacer puñetero caso a los que hablaban por el micrófono, saciaban su curiosidad.

Imaginaba a Homper entrando en el hemiciclo, siguiendo la fila de miles de ciudadanos, más bien talluditos, obsesos por tocar escaño y descubrir los disparos de Tejero en los artesonados del techo. Alababan el boato: los cortinajes, los dorados, los tapices, los cuadros, los retratos de los que han sido presidentes, el maderamen del mobiliario. El imponente empaquetado del poder, que al pueblo llano le gusta ver y tocar de cerca, para comprobar que se lo administran bien. Al fin y al cabo, esa es su casa.

Homper tomó nota de todo. Hasta de lo que, a su lado, comentaban unas vecindonas sobre la notoria ausencia de doce de los presidentes de las comunidades autónomas y de muchos jefes de los grupos parlamentarios en la celebración. Pasaron del trigésimo cumpleaños de la Constitución.

-Vamos que vamos-decía una más que airada- Qué feo para España y para el pueblo. Nosotros guardando cola bajo la lluvia y los que viven de ésto ni aparecen..

-Ya te digo-apostillaba la otra-¡A la que nunca usó bragas, las costuras le hacen llagas!

Sabiduría popular. La mayoría de los invitados ausentes son alguien gracias a lo que diseñamos todos en la Constitución. Muchos, sin ella, vivirían con el culo al aire. Pero ahora se han puesto tan estupendos que les molesta y se permiten el lujo de despreciarla. No les sobra sentido de la responsabilidad ni buena educación. Sólo sensibilidad en el mismísimo.

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