El paquete no lo es todo

Re galar también es seducir. Con un paquete aparente o sin él.

Re galar también es seducir. Con un paquete aparente o sin él.

Tampoco sobre el arte de regalar existe una doctrina única. Hay quien se impone regalar sólo lo que a él le gusta, y hay quien tiene en cuenta sobre todo la personalidad del regalado. Aquél, que podríamos bautizar como el generoso detallista, se afana en estudiar el perfil del beneficiario. Busca, rebusca, y a veces compone incluso algo tan original que éste, a lo mejor más convencional, recibe con cara de bobo. Primera cuestión: el regalante perfecto…¿debe sacrificar su gusto al de la persona objeto del regalo o, al contrario, debe someterse a los gustos de éste?

La otra cuestión afecta a la presentación del regalo. Cuando se trata de un regalo convencional, parece que todo el mundo está de acuerdo en que es mejor cuidar las formas. Es emocionante el ritual de separar etiquetas y colgantes de adorno, desanudar lazos y cordones, retirar papeles y llegar, por fin, a tocar el objeto de regalo. Inevitable la comparación con lo que es desnudar poco a poco cuando hablamos de la seducción. Lo peor de este ritual es que a veces el regalo queda muy por debajo del arte de su envoltura.

Sin embargo, cuando se trata de los regalos de Reyes, hay quien prefiere concentrar todos los regalos de la familia en una habitación y desplazar la ilusión al momento anterior de entrar en ella. Donde, por cierto, y al contrario del caso anterior, los regalos se exhiben junto al zapato de cada quisque, y sin la parafernalia de marras. Aquí el efecto del paquete lo hace la espera, la concentración ante la puerta, el ceremonial del jefe de la casa- que abusa de sus privilegios para entreabrir la puerta, echar un vistazo, gestualizar la sorpresa y encender las luces para que entre, de menor a mayor, el resto de la familia.

Los regalos de los Reyes en casa de Homper aparecían así. Todos a la vista y cada cual a buscar los suyos. Pensaba que lo de los paquetes vistosos con mucho lazo y etiqueta pertenecía más bien a la cultura anglosajona, y a la iconografía tradicional del árbol de Navidad coronando una montaña de regalos. Muy a su pesar, también él ha sido colonizado por estas costumbres extranjerizantes. Y ahora pone tanto empeño en buscar un regalo personalizado como en presentarlo con cierto gusto. Aunque a veces esto le lleve sudores, muchas horas de trabajo y suspiros de angustia. Valora mucho sus manos, pero está convencido de que al Creador se le olvidó dotarlas con dos o tres dedos más que sin duda hacen falta para esa odiosa tarea que es empaquetar los regalos de Reyes.

En eso estaba esta noche cuando, ya al borde de la desesperación, no advirtió que el reloj daba las cuatro y se quedó perplejo al ver que sus majestades se le habían presentado en casa. Melchor le reprochó que no se hubiera ido a la cama antes, como deben hacer los niños buenos. Gaspar recordó aquello de que el hábito no hace al monje. Y Baltasar, más práctico, le recomendó faena de aliño y que se fuera a la cama, no sin antes llevarse el dedo a la frente y, guiñando un ojo, soltar una frase lapidaria.

-Hijo, regalar también es amar -dijo con la sonrisa de un pícaro- Y ya eres mayorcito para saber que en el amor no todo es cuestión de paquete.

Qué sabios, qué prácticos, qué majos los Reyes Magos.

9 Respuestas a “El paquete no lo es todo”


  1. 1 lola Enero 6, 2009 a las 12:03 pm

    Baltasar tiene razón, el mejor regalo es el que se hace porque apetece, mejor cuando no se espera y siempre pensando en la persona que lo va a recibir. Lo más agradable es saber que alguien se acuerda de ti.
    Feliz día a todos.

  2. 2 José Ramón Enero 6, 2009 a las 2:12 pm

    De las muchas cosas que cuentas, Duende, me quedo con una: el dilema de si el regalante perfecto debe sacrificar su gusto al de la persona objeto del regalo o, al contrario, debe someterse a los gustos de ésta.
    Dificilísimo problema. Yo creo que tiene que encontrar el punto medio: dejar en el regalo la impronta de su personalidad y al mismo tiempo buscar los gustos del regalado. El “regalante perfecto” es imposible, como todo lo perfecto, pero el “regalante mangaporhombro” (ése al que todo le da igual y regala a voleo según lo que le venga más cómodo) no es de recibo. Deberíamos intentar ser, al menos “regalantes atentos”.
    Y una cosa: Nunca le regaléis a nadie un objeto del que sea experto. Sí que demuestra afán de compacerle, pero es metedura de pata garantizada.
    “Como sé que coleccionas monedas romanas, te he comprado ésta”. Gracias, pero la tengo. O sólo colecciono de la República, y ésta es del emperador Adriano, etc.
    “Como eres saxofonista, aquí tienes una boquilla”. Gracias, pero es para saxo alto, y el mío es tenor. O, ésta es demasiado abierta para mí, etc.
    En fin. Qué difícil. Yo creo que para eso inventaron las colonias, los discos recopilatorios y los premios planeta. (De los que, naturalmente, deberéis absteneros porque son para regalantes mangaporhombro).

  3. 3 Úrsux Enero 7, 2009 a las 12:53 pm

    Entiendo que se trata de un gazapo, pero:

    ¿porqué a Baltasar no le has escrito en negrita?.

  4. 4 Charivari Enero 7, 2009 a las 7:42 pm

    ¡Es verdad!, antes, los regalos que traían los Reyes no estaban empaquetados sino artísticamente colocados para que de un primer golpe de vista te hicieras idea de lo que te había caido a ti y al resto de la familia, era genial, como un bazar en tu propio salón.
    Y en cuanto al otro paquete, el que sugiere el pícaro Baltasar, es el que pedirían todos los varones si pudieran ¿o no?

  5. 5 Bob de Ca's Barber Enero 8, 2009 a las 5:30 pm

    Caaaaaaa,ca,ca,ca! sabes que es de difísil esto de los regalos, y no lo digo por mi!, porque yo lo solusiono bien pronto con las cosas de la naturalesa… que si no gustan… pues dan igual! la questión es que me invitó mi amiga Catalina y…Batuadena que guirigay! me parese que lo del paquete se lo solusionó la Magdalena de la tienda, es la dependienta favorita de Catalina y como siempre va y es clienta ya le hasen el veinte por siento de rebajas todo el año, entonses todo se lo ponen en unas bolsas apostas pa regalo de Adolfo Domingues, son muy de fiesta y le va una maravilla! asín no ha de haser nada más que comprar, pero…un lio pa repartirlas, como todas son iguales! y todas llevaban un bolso dentro, la suegra se quedó el de la prima, la tia el de la madre, resulta que luego a la suegra le gustaba el de la prima por el color, que era el que debía ser pa ella,a la madre tambien le gustaba el presunto de la suegra, y…ya tienes el lio armao, Mu mareta meua! mira yo, les llevé un ramito de limonero con un pellisquito de mata y campanitas blancas, pol lo menos se sonrieron para ellas al verlo, ido! ese era mi regalo :)

  6. 6 Begoña 2 Enero 8, 2009 a las 6:46 pm

    Esto de empaquetar los regalos tiene a veces el mismo efecto que algunos cuadros, que es mejor el marco que la pintura, pero la delicia de envolver y personalizar los regalos es maravillosa, luego se colocan todos en cada zapato correspondiente, me encanta poner a todos el mismo papel, el mismo lazo y la misma etiqueta, esto me lleva un rato pero me encanta hacerlo, lo hago con mucha ilusión, en cuanto a tu pregunta, procuro regalar pensando en el destinatario del regalo, a veces me equivoco pero otras veces acierto!!

  7. 7 Ángela Enero 9, 2009 a las 7:14 pm

    Yo tampoco regalo colonias, bombones ni Premios Planeta. Me parecen el último recurso. Algo muy fácil que siempre se puede comprar a última hora y en cualquier lugar. Suelo molestarme y comprar a destiempo y a deshora. Cuando aparece y me acuerdo del agasajado. Me anticipo, ese es el secreto para mí. No hay quien discurra un regalo la víspera de Reyes con todas las tiendas repletas. El mal humor no me deja pensar y lo único que quiero es “liquidar”. Otra de mis consignas es que prefiero regalar poco y a mucha gente que mucho a pocas personas. Además, no me gusta NADA, regalar cosas que a mí no me gustan. Se trata de hacer coincidir a quien hace el regalo y a quien lo recibe, a veces no es fácil pero hay que aventurarse.

  8. 8 SS MM los Reyes Magos de Oriente Enero 13, 2009 a las 2:48 am

    En fin, Duende, te perdonamos la indiscreción de nuestra hora de paso. Y te agradecemos los piropos, así como la copita de macabeo y los mazapanillos.

    Hemos de reconocer que nuestros pajes tienen excesivo trabajo con esto de las envolturas. Y la afición a estas no casa muy bien con la crisis. Menos mal que el personal de las tiendas aligera en gran parte la pesada carga de encajar, embolsar, empapelar, enlazar (palabra inventada por Balti)…

    Nuestro secreto profesional nos obliga a callar cualquier dato estadístico sobre las peticiones varoniles en cuestión de paquetería, pero peticiones en ese campo, haberlas, haylas, que conste, y variadas: desde mecánicas hasta quirúrgicas.

    En cuanto al dilema de nuestro Duende, creemos con fundamento que, dado que el regalo viene motivado por una petición, la balanza debe inclinarse del lado de los gustos del peticionario. Y Nos trataremos siempre de complacerle.

  9. 9 Angelus P. Enero 15, 2009 a las 12:11 am

    Pues, sin que sirva de precedente, soy del criterio real en este caso. Pero cuando no media petición me parece tan importante el perfil del destinatario (gustos, sensibilidad) como la personalidad de quien regala (originalidad, significado del regalo). De este modo el obsequio se convierte en puente de encuentro de ambos.


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