
Nada como ver nevar al abrazo del calor...
Días duros para los aquellos que, como el Duende, tienen la costumbre de moverse sobre dos ruedas.
Un amigo ciclista le confesó una vez que antes de salir a pedalear bajo cero, se enfundaban sus partes pudendas en gruesos calcetines de lana. Primero los calcetines, y por encima las culottes, las mallas, el casco amelonado y todos esos aditamentos que hacen del ciclista el deportista menos favorecido por el atuendo. El no llega a tanto. Alguien le regaló una especie de manta-cobertor-impermeable para su Vespa, algo que en teoría hace el oficio de las antiguas faldas de la camilla y te protege de cintura para abajo. Pero como cualquier invento que se precie ahora, es tan complicado de montar que aún no ha sido capaz de estrenarlo. Esta vez ni siquiera vienen instrucciones en griego, en ruso o en sueco, tan útiles para el personal. Así que, manitas con muñones, desafía al frío con su pobre equipamiento personal y confirma que no hay beneficio más evidente del progreso que el agua caliente y calefacción. Marañón hablaba del dolor de muelas, que tampoco es mal baremo para visualizar lo agradable que es el siglo XXI. Imagínense el cuadro en una aldea medieval: el paciente aterido de frío, con un flemón, y el dentista preparando las tenazas para la extracción de una muela picada. Eso era vida.
El frío. Y pensar que uno es de los que, como Luis Buñuel, siempre tiene querencia por lo que los meteorólogos llaman mal tiempo: los días cortos, los cielos grises jaspeados por las gotas de lluvia o los copos de nieve, los termómetros asustando, los charcos helados. Recuerda uno lo que le impresionó el monasterio de San Juan de la Peña, incrustado bajo un imponente peñasco del pirineo jacetano. Le contaron entonces que un caballero llamado Voto perseguía a un ciervo y éste se precipitó por un barranco. El caballo tampoco pudo frenarse, pero, cual Pegaso alado, se posó en el fondo del barranco suavemente. Una señal divina que al bueno de Voto le llevó a fundar el monasterio que hoy admiramos y profesar en él. Lo del caballo volador tiene algo de mágico, pero lo auténticamente milagroso es que Voto y todos los frailes y eremitas que en el mundo han sido no perecieran de frío en los gélidos inviernos monacales.
Ya lo anticipaba Joaquín Calvo Sotelo, un comediógrafo de buen gusto academicista, tío de Leopoldo. Hoy ya le recuerdan pocos, pero Una muchachita de Valladolid gustó en su tiempo, quizás porque la encarnaba Analía Gadé, que junto con Alberto Closas formaba una magnífica pareja de comediantes. Don Joaquín decía que quería morirse en primavera, porque le espantaba el frío y ni muerto quería verse sepultado bajo el hielo. Y la muerte tuvo el detalle de esperar a la primavera.
Se puede amar el frío por la expectativa gozosa del calor. El seis de enero el Duende se pasó un buen rato acariciando a un oso de tacto suave y amoroso que los Reyes habían traído a una de sus nietas. Al día siguiente, a la salida de un funeral vespertino, se abrazó a su prima Mary con más entusiasmo que nunca. La quiere, y mucho, pero el pasmo del termómetro y el abrigo de piel que llevaba aún la hacía más abrazable que la Lara de Doctor Zhivago. Ahora mismo, mientras escribe estas líneas y apura una taza de café caliente, contempla desde su palomar cómo nieva sobre Madrid. Saldrá a correr por el parque alfombrado de blanco, y luego volverá a tomar otro café caliente, quizás hasta con algo de roscón que aún le queda, y se arrebujará bajo una manta para la siesta mientras al otro lado de la ventana el severo invierno sigue meciendo sus barbas canas. Hay otras formas de ser feliz, pero ésta es de las más sencillas y una de las más bonitas.

También en Asturias hemos tenido nieve. Intensa pero no durante tanto tiempo como en Madrid hoy; ¡Menudo caos nos están vendiendo en los medios!!! supongo que es para asustar al personal, porque yo he estado hablando con varias personas que aseguran que no es para tanto. Ayer y antes de ayer, tuvimos también aquí nuestra dosis de temporal: grandes copos y mucho frío que han dado paso -hoy- a un día helador pero muy soleado. Los alrededores de Oviedo están cubiertos de nieve. Mañana sábado, tendremos un paseo bonito. Abrigaos.
!Que bonito dìa el de hoy en Madrid¡,como bien dices duende es una forma sencilla de ser feliz,ver el parque nevado los arboles blancos y llegar a casa con ese calor agradable que màs apreciamos cuando hace mucho frio fuera.De vez en cuando gusta un dìa de invierno tìpico como este,no me gustarìa vivir en un sitio que siempre hiciese calor,me gusta el cambio de estaciòn.Como ha dicho la Vicepresidenta año de nieves año de bienes,òjala sea asi para todos.Feliz año duendes
No es para tanto, si no te encuentras atrapado en una inmensa caravana de motores parados, ejercitando el don de la santa paciencia y la santísima resignación.
Año de bienes…… se nos “biene” el paro, la desilusión, la desesperanza, las restricciones personales…….
La señora Vicepresidenta tiene muy bien asegurado su futuro, con nieves o sin ellas, y se puede permitir recurrir a los refranes.
Pero los parques y jardines eran una preciosidad, con algún que otro aguzanieves esponjando sus plumas. Algo gratis para disfrutar.
Bueno, lo de “año de nieves…” era cuando España era un país agrícola. Ahora todo el campo está clasificado, reclasificado e hipotecado, y da igual que nieve.
Bonito día. Hoy he visto en Madrid a muchos adultos que se tiraban bolas de nieve y se reían mucho. Ha estado muy bien.
El Servicio de Metereología de Sevilla se equivocó como la Paloma de Alberti, anunciando que veríamos La Giralda vestida de blanco. La ilusión de muchos niños de poder faltar a clase y dedicarse a hacer muñecos de nieve, se vino abajo como abajo se vienen las ilusiones de muchos españoles ante las colas del INEN. Parece que nunca ha hecho frío en Enero porque las noticias se dsiparan como si fuera una exclusiva lo que marcan los termómetros. Pero claro, todo esto sirve para hacernos olvidar por unos instantes la noticia que más importa a todos. Que a pesar de los maravillosos paisajes que nos ofrece la nieve, los atascos, el retraso de aviones y trenes y todo el lirismo que conlleva una nevada, la noticia del día sigue siendo la aunuciada Crisis que por desgracia no fue una equivocación como la del Servicio de Metereología de Sevilla.
Hermosa la apología que el Duende hace del invierno. Yo también tengo querencia de los días grises, lluviosos y del denostado invierno. Quizá porque hemos compartido en nuestra infancia y juventud tantas jornadas familiares campestres de días soleados y calurosos y porque se recibía a la escurridiza borrasca atlántica como una bendición. Por más que España ya no sea un país eminentemente rural, agua y nieve deben ser bienvenidos – excluyendo, claro está, las consecuencias catastróficas de los temporales – por el crónico défici hídrico de nuestra piel de toro. Aunque la agricultura tiene cada vez más leve peso en nuestro PIB, consumimos cada vez más agua, José Ramón, y las nubes son la única reserva fiable. Aunque es seguro que la Vice tendrá sus espaldas bien cubiertas cara al futuro, y la crisis para ella será tan solo un desafío a su capacidad de gestión política, coincido por esta vez con ella en la oportunidad de su recurso al refranero.
¡¡¡Viva la nieve!!!
AQUI TAMBIEN HA FALLADO LA METEREOLOGIA NO HA NEVADO……Tan solo tenemos frio y algunos sopitos en las montañasssssss!!!!! y estabamos en alerta!!! Que fuerte…nos hemos quedado con las ganas….bueno cuando termine esta temporal seguro que nos nevar unpoco lo que pasa es que no le gusta que le anuncien…jaja esque Alcoy es diferente!! besos
Al contrario que a muchos de mis paisanos (van listos, los pobres, condenados a la amargura una gran parte del año), a mí me gusta el invierno, pero como el de mi tierra, eso sí: nevadas de vez en cuando, pero, sobre todo, luminosísimos días con heladas de dos grados bajo cero… los días templados. Serán las tardes en casa, a los pies de la mesa donde cosía mi madre, enredando con los “Vida y Color” o los tebeos, rematadas, si la abuela tenía tiempo, con un chocolate a la española, o sea, con agua a la que, no sea que nos desnutriéramos, añadía,la muy heterodoxa, una parte de leche. El caso es que un sofá cerca de la ventana, una manta, un libro o una buena peli, café con leche y galletas María son uno de los mejores planes de sábado invernal que se me ocurren. Y tengo una de las dudas existenciales que tan a menudo se le plantean a Homper: una vez provistos de buen abrigo, guantes, bufanda y gorro u orejeras, ¿cómo evitar el congelamiento de la nariz, si no soportas la bufanda (o el odiado verdugo de la infancia) tapándote una parte de la cara?
Eremitas y frailes no tan medievales caían como moscas al llegar el invierno en tierras duras de Castilla. Contaba mi tío, fraile jerónimo, que cuando le nombraron prior de El Parral (Segovia) le llamaron la atención unos ruidos secos que acontecían a menudo en la capilla, mientras rezaban y cantaban en maravilloso gragoriano. Pasados unos días, preguntó a qué se debían; resultaron ser frailes y novicios que mal alimentados sucumbían a los gélidos fríos segovianos desvaneciéndose y cayendo a plomo en el mismísimo coro.
El frío puede ser maravilloso cuando estás bién abrigado, en una casa confortable, buena música, un libro y una taza de te (a mi parecer, el te calienta y recorforta más que el café) y si afuera llueve o nieva… mejor que mejor.
Estamos en invierno, que no nos vendan tiempo primaveral continuo porque no estamos en el Caribe, ni siquiera en Canarias.
La primera vez que fui a Asturias, hace bastantes años, no entendía como estaba siempre la gente en las cocinas de las casas, allí tenían las cocinas de leña y era el único lugar agradable, la verdad es que entre rosquillas e histórias se pasaba el día y se recibía a las visitas con gusto, ahora que… meterse en la cama era una tortura.Por otra parte parece que la nieve es algo extraordinario! y que yo sepa, en la Península siempre ha nevado por estas fechas!.
En la isla están cansados de agua, aunque el paisaje es bellísimo, los nubarrones amoratados se acercan de repente en un cielo turquesa, en algun punto llueve y ves el arcoiris encendido bajo un cielo oscuro que deja pasar rayos de sol, giras la cabeza y el campo lleno de tréboles amarillos, al fondo la montaña más azul que nunca y los picos completamente blancos. La verdad es que se puede disfrutar del tiempo, no creo que nunca sea malo, a no ser que produzca catastrofes, aunque eso sí, como dice Charivari, con un buen abrigo,buen calzado y la casa bien acondicionada!