
No ha cambiado la Ley Electoral. Pero sí la Ley del Embudo...
La tía Clota recordaba la buena fama que en los Estados Unidos siempre tuvieron los pastores vascos.
-Educan sus perros mejor que nadie, y siguen ganando todos los concursos. Llevan las ovejas por donde quieren.
El ferretero de Tinmouth, su pueblecito de Vermont, desciende de uno de esos pastores vascos. Fue el que le dijo a Clota que al PNV le han arrebatado el gobierno. La tía Clota preguntaba si se va acabar el mundo por eso, aunque desde Estados Unidos se comprenda mejor que el mundo es algo más que el País Vasco.
-No, tía -respondió- Algunos políticos vascos son como el chiste de aquél chicarrón que va a comer con los amigos y aparece en la sociedad gastronómica con la cabeza vendada. ¿No lo conoces? Los amigos, al verle así, se quedan pasmados. ¿Qué te pasó, Patxi?…Nada…Según venía andando, que veo un solar vallado, y, pintado en el muro, un rótulo que dice SE TRASPASA…¡Y resulta que no era cierto!
La tía Clota se echó a reír. Hablaba a la cámara con su sobrino sin dejar de hacer punto.
-¿Tan duros de mollera son?-preguntaba ingenuamente la anciana- ¿O es que ha cambiado la ley?…
Homper le explicó que aunque gana las elecciones el que tiene más votos, gobierna el que suma más apoyos en la cámara correspondiente.
-Eso unas veces beneficia a unos y otras a otros, como pasa en tantos ayuntamientos y diputaciones. Pero el PNV creía que eso no iba con ellos, y que así como los demás partidos debían plegarse a esa norma, ellos tienen por derecho natural la representación exclusiva del pueblo vasco. Luego se han puesto de acuerdo PSOE y PP y el PNV a la calle.
-Ya entiendo…Así estaba el ferretero, qué mosqueo…Pero no ha cambiado la ley electoral, ¿no?…
-No tía.
La tía Clota se quedó pensativa. Levantó la mirada de su labor y miró a cámara.
-Qué difícil lo tengo, Hom -suspiró- A ver cómo le explico en inglés al ferretero. lo de la Funnel Law.
-¿Qué dices, tía?…
-La Ley del Embudo. ¿No es eso lo que ha cambiado? Tan acostumbrado estaba a lo ancho que ahora el PNV no traga por la parte estrecha…
Habíamos definido hace tiempo a Homper como el Hombre Perplejo. Él creía serlo, en efecto, por los absurdos y contradicciones de lo que veía a su alrededor. Pero de cuando en cuando miraba a su interior y tampoco salía de su estupefacción.
Tantos años viviendo lejos de España no pasan en balde. Cuando la tía Clota se fue Estados Unidos aún no se había estrenado Canciones para después de una guerra, aquella tierna y, a la vez, triste película de Basilio Martín Patino. Ahora se acaba de enterar por las noticias que se celebra una exposición dedicada a Miguel de Molina, y ella confiesa humildemente que no sabía quién era este hombre. Tampoco recordaba haber escuchado antes La bien pagá. A esta canción y a su artista les dedicaba un buen metraje el filme.

Admite Homper en su natural escepticismo que una de las cosas que le dejan más perplejo es la infalibilidad del Papa. Sus compañeros de la tertulia ateneísta se toman a chacota tema, y lo entiende, porque son una partida de ateazos convictos. Pero él, que tiene sus respetables dudas, no lleva bien que Roma quiera sacar el látigo y echar del templo de la fe oficial a los que no aceptan todo lo que manda el santo padre.









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