Archivos para 4 abril 2009

Amas de casa diplomadas

Doña María seguirá currando lo mismo. Pero ahora con la satisfacción de ser Diplomada...

Doña María seguirá currando lo mismo. Pero ahora con la satisfacción de ser Diplomada...

Para Doña María, un político competente era como un buen vendedor de medias de cristal.

De cristal, que es como se decía cuando ella era una muchachita y las medias transparentes eran aún artículo de lujo. En realidad eran de fibra artificial, que entonces aún se decía nylon. Pero mostraban el blanco de la pantorrilla, y con aquella denominación sugerían más fascinación, más glamour. Si la Cenicienta bailaba en palacio con zapatos de cristal, Doña María aspiraba a ser la princesa del Bloque los Arándanos engalanando sus piernas con medias de cristal. Como las de Marlene  Dietrich, que lucía tan buena figura. Nadie le parecía más seductor  que el dependiente de la mercería donde compraba la marquesa para la que ella trabajó cuando dejó el pueblo y se plantó en Madrid. Aquel hombre que, por cierto, se parecía a Sarkozy, abría la caja plana de cartón, levantaba el papel seda que las cubría y tomaba en sus manos aquellas calzas delicadas y brillantes, como un cendal de oro, para mostrárselas a la clienta.

-Se las pone usted, señora, -decía el dependiente – y queda como una artista de cine.

Doña María mantiene que SuárezFelipe, Sarkozy y Zapatero nacieron vendedores de ilusiones, o sea, de  medias de cristal. Y que Aznar en cambio tenía maneras de vendedor de gruesas medias de lana o, peor aún, de zuecos. Es la diferencia entre la labia con glasé y el estilo de lija del nueve  del profesor de Georgetown. Así y todo, aún le quedaba algo al soñador imbatible que es ZP para demostrar el talante que dice llevar dentro. Le faltaba mirar por el ama de casa y mimarla como se merece.

-O sea, que nos reconozca y nos de la importancia que tenemos -reivindicaba ella- O sea, sueldo, seguridad social y categoría.¡Ah!, y un bonomedia por tres pares de medias de cristal al año para que la imagen del ama de casa no salga perjudicada con tantas carreras como se nos hacen.

Sueldo, seguro, reconocimiento, carreras. Qué líos nos hacemos cuando el estado del bienestar no se atreve a decir no a casi nadie. Menos mal que la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega -una mujer tenía que ser- ha venido a poner los puntos sobre las íes prometiendo que las amas de casa podrán diplomarse y, en su caso, trabajar como expertas en dependencia. Según sus palabras, será otra manera de crear puestos de trabajo.

Y doña María está encantada: ya no será gladiadora del hogar, sino titulada. Y con uno de esos diplomas con tinta de oro, letra de pendolista- y quién sabe si hasta la firma de la ministra correspondiente- para enmarcarlo y colgarlo en el comedor.

-¿Y mi sueldo?…¿Y mi seguridas social? -pregunta nuestra entrañable Ingeniera Técnica del Hogar, como seguramente será a partir de ahora.

Los optimistas pronostican machadianamente que se hará camino al andar. Entretanto la vice tranquiliza al colectivo de doñasmarías recordando que tienen su puesto de trabajo asegurado. El actual, claro. Lo que, tal y como están las cosas, no deja de ser otra buena noticia.

El soñador imbatible

Su Pepito Grillo le dice que él es la verdad y la vida, y lo demás son tonterías

Su Pepito Grillo le dice que él es la verdad y la vida, y lo demás son tonterías

Cada vez que dormía  se despertaba con nuevas revelaciones. Definitivamente, él era el elegido para desterrar del diccionario la palabra utopía. Nada de lo que yo sueño es irrealizable, se decía. Y aquella misma mañana anotó los últimos deberes que le imponía su Pepito Grillo particular para mantener incólume, genio y figura hasta la sepultura, su acrisolado ideario reformista.

Tarea 1. Estudiar la implantación del pingüino emperador en los Monegros. Acotación al margen: ¿quién dijo que eso era imposible?

Tarea 2. Transformar el dicho que salga el sol por Antequera para que salga también por esos pueblos de los Picos de Europa que se pasan el invierno sin ver un rayito de sol, oh-oh.oh…

Tarea 3. Sacar a licitación la instalación de arcos iris en todos los municipios de España. Objetivos: dinamizar la construcción, acabar con el paro, ponernos en la vanguardia del I+D y deslumbrar al mundo con una nueva arquitectura del paisaje que precipitará  oleadas de turistas sobre nuestro solar patrio. Anotación a pie de página: magnífica idea.

Tarea 4. Poner en marcha un plan de reconversión de los parados que vayan quedando -apenas unas decenas, después de medidas tan eficaces- en poetas. Se les ofrecerá además el título de Diplomados en Poesía o de Ingenieros Técnicos en Ensoñación Poética, a elección del torpe que, a pesar de las facilidades que recibe, aún siga desempleado. Para perfilar este plan se oirá el dictamen del Consejo de Forrapelotas Asentidores, que tiene la ventaja de conciliar sus grandes conocimientos con la irresistible inclinación a dar siempre la razón al jefe.

Tarea 5. Estudiar la posibilidad de generar nueva biomasa  a partir de los excrementos del escarabajo pelotero, abanderando así con otra original idea nuestro liderazgo en Energías Alternativas. Anotación al pie de esta otra propuesta: ¡Estás sembrao, Pepe Lui! Dada la dispersión de los excrementos de escarabajo, imagínate qué solución para los agricultores que quieran  reconvertir su obsoleto oficio. ¡Trabajo para rato!…

Tarea 6. Proponer un cambio de pigmentación en la piel de los españoles mediante el PIO (Plan de Identificación con Obama, el nuevo fanal de Occidente). El  plan, que persigue la completa identificación en fondo y forma, incluye varios meses de bronceado gratis, con cargo al déficit, en cualquier playa de cualquier país que se haya integrado en la Alianza de Civilizaciones. Anotación al margen: Estás que te sales, ZP. ¡Para que luego hablen del liderazgo de Sarkozy!

Tarea 7. Convocar a todos los países del G-7, G-8, G-20 y Ges diversos para convencerles que no hacen más que pensar chorradas para solucionar la crisis y que, si quieren vencerla, deben seguir su ejemplo. ¡Con lo fácil que es chupar del cuerno de la abundancia! Anotación a mano: ¿Sabrán esos neoliberales codiciosos lo que es la Economía? Vamos, hombre, deficit a mí

Cuentan que cuando despertó, no había despertado. Era el soñador imbatible, y lo suyo era seguir soñando hasta que la realidad se diera cuenta de que estaba equivocada.

No mueras por salir en la tele

Pobre Stephanie Parker. No sabía que hay vida más allá de la tele...

Pobre Stephanie Parker. No sabía que hay vida más allá de la tele...

Que te conozcan por la calle, que te salude gente a la que nunca has visto,  que te ofrezcan siempre la mejor mesa en el restaurante, que no te cobre el taxista la carrera, que los camareros te pongan gratis una tapa extra. O que te entronicen en el hogar de una admiradora instalándote sobre el microondas.

-He enmarcado en plata Meneses la foto de Arturo Fernández y la he puesto ahí -decía Doña María- porque tiene una mirada que es para derretirse…

Lo que no derrita el microondas, que lo funda la mirada de un ídolo. Aunque hay amores que fraguan con sólo escuchar una voz, es mucho más fácil conquistar cuando tienes buena presencia. Lo decía el actor Manuel Alexandre.

-A mí con esta pinta no me veían de galán, que era el sueño de los actores de entonces. Y me convertí en secundario.

Es menos lucido, pero al final, si vives mucho, te acaban queriendo y considerando buen actor. Sobre todo si eres conocido. Por eso hoy todos los que aspiran a la popularidad  quieren salir en la tele. Porque  esa ventanita que a menudo nos parece tan zafia y tan hortera, en realidad  es la puerta que abre todas las puertas. Hay quien mata por asomar la cabecita en la pequeña pantalla. Pero, sorprendentemente, también hay quien muere por dejar de salir en ella, como la desdichada Stephanie Parker, que se acaba de suicidar al saber que prescindían de ella en una teleserie inglesa.

La noticia, cómo no, le dejó sorprendido a Homper. Y se filtró en la conversación habitual con la inefable tía Clota.

-¡Qué espanto! -comentó ésta mientras hacía un solitario- Y tan joven…Quizás creía que no hay vida más allá de la tele…

Luego le preguntó a su sobrino si eso podría pasar en España. Y Homper le dijo que no, porque en nuestro país, aparte de dos cadenas públicas, no se cuántas autonómicas, cinco o seis privadas en abierto y algunas más de pago, hay más de mil pequeñas televisiones municipales. Y Doña María prefiere escuchar antes  los cotilleos del barrio que  las reuniones del G-20.

-Ya ves -le dice Homper a su tía-  Uno cree que por asomarse a la pequeña pantalla es Dios, y resulta que la libertad de televisiones ha llenado nuestro mundo de diosecillos que no son nadie.

Y cuenta el caso del Duende, que hace unas semanas fue invitado a un programa de TVE 1 como autor del villancico de las Muñecas de FAMOSA y ni siquiera en su Coro Vía Magna, donde cantan casi sesenta y entienden mucho de joyas musicales, le comentaron que le habían visto. Un oprobio para su autoestima

-Santo cielo, qué frustración -comentó la anciana sin levantar la vista de sus naipes- Así que la tele tampoco es ya lo que era…

“La buena nueva” y el buen cine

Un retrato de lo más negro de nuestra historia que quizás resulta demasiado bonito...

Un retrato de lo más negro de nuestra historia que quizás resulta demasiado bonito...

No siempre las autonomías piden, de vez en cuando también dan, escuchó el Duende cuando entraba en el cine. Era el cine Doré, uno de esos locales que habitualmente se llaman bomboneras, convenientemente rehabilitado como sala de proyecciones de la Filmoteca Nacional y sede de un mini festival de cine navarro que la Delegación del Gobierno de Navarra ha organizado en la capital. Buena idea. Hace unos meses le habían invitado a un concierto aniversario de Sarasate, y le sugirieron que dejara sus datos para mandarle información. Ahora le informan de sus ofertas culturales. Puesto que a las autonomías las pagamos todos, no está mal que de vez en cuando nos lleven al cine gratis.

Y allí vio el Duende La buena nueva, una película ya estrenada en circuitos comerciales y que para él fue un descubrimiento. Cuenta una historia de la guerra civil en un pequeño pueblo del norte de Navarra. Y es una sorpresa. No tanto por lo bien cosido que está el guión y el gusto y la delicadeza de su directora, Helena Taberna, como por la mirada parcialmente positiva que arroja sobre quien suele ser uno de los más malos en este tipo de películas, que es el clero.

Cierto es que no iluminó Dios a su Iglesia Católica cuando bendijo la guerra de Franco como Cruzada. Tan cierto como que la mayoría de las películas que recrean este cuadro histórico prefieren curas y obispos abyectos que eclesiásticos con corazoncito. Lo sorprendente de esta película es que muestre a un párroco sensible y que cree en el mensaje evangélico. De ahí el título, que puede inducir a error: no es un una película estrictamente religiosa, sino una historia costumbrista de amor y pasiones encontradas en un momento especialmente dramático de nuestra historia. Rodada en unos exteriores preciosos, es bonita y muy entretenida. No cuenta el Duende el final, porque merece la pena verse.

…Aunque incurra en un pequeño defecto que el Duende acusa en todas las películas españolas que vuelven la mirada atrás. Quizás es que vivió su niñez en otra España,  mucho más oscura, sucia y polvorienta.  Pero no la recuerda uno tan limpia y de tan vivos colores y finos diseños como los que lucen sus decorados, su vestuario y su atrezzo. Los cineastas  quizás buscan  el efecto estético, pero  no hay más que ver las fotos de la época y los cuadros José Gutiérrez Solana para darse cuenta de que la España negra no era sólo leyenda.

Las pensiones, entre Mafo y el Ratoncito Pérez

Frente al catastrofismo de Mafo, confiemos en en Ratoncito Pérez...

Frente al catastrofismo de Mafo, confiemos en en Ratoncito Pérez...

La tía Clota de vez en cuando filosofa. Dice, por ejemplo, que una de las ventajas de ser vieja es que cada día le quedan menos lavaplatos por poner y quitar. Le gustaría, eso sí, porque es muy pulcra para todas sus cosas, que la muerte le sorprendiera con esta maquinita vacía y la vajilla limpia y ordenada en su alacena.

-La civilización dio un gran paso cuando inventó el lavaplatos-le cuenta al perplejo Homper-Pero si hay cosas por las que detesto la idea de vivir eternamente es porque no soportaría estar humillándome todos los días delante  de él…Hay que vivir lo justo, sobrino.

El reproche le sienta bastante mal a Homper, que ya es un hombre mayor y, para más inri, un paria llamado autónomo. Desde que el señor gobernador del Banco España- de quien tiene buena opinión- ha provocado el debate sobre la salud de la  Seguridad Social, vive sin vivir en él.  El futuro que él presumía dorado se va llenando de nubarrones oscuros. Ya no sabe si tendrá que trabajar más años o si la pensión de jubilación  largamente acariciada  se le va a jibarizar para no comprometer los subsidios de tanto parado.

-No te procupes-le tranquiliza la tía- Aquí vive profesor de Ética que me asegura que algún día la gente será tan responsable que no habrá prejubilaciones escandalosas ni gente que rechace un trabajo, por mal pagado que esté, para apuntarse al paro…Entretanto apúntate al optimismo oficial, y el que venga detrás que arree.

El paro creciente, la base de pirámide de los cotizantes menguante, España cada día más longeva y la bolsa de pensiones, pese a todo, asegurada por  el Pacto de Toledo y por una ley. Como si la ley pudiera inventar lo que no hay. Homper piensa si el mentor de la tía Clota no habrá olvidado que el catón del sistema de pensiones es sembrar muchos años para recoger los frutos después. Y  plantea si este gobierno de la Arcadia feliz no estará haciendo con las pensiones públicas la política del avestruz.

-¿Por lo de meter la cabeza bajo el ala y no querer ver lo que se le viene encima?…Más o menos como todos. Eso es lo malo de tener que ser elegido cada cuatro años…Pero eso sí -puntualiza la tía Clota- Al pueblo, ni molestarle con una mala noticia, no sea que se vaya a pensar su voto.

Y al pobre Mafo, que de números sabe y al fin y al cabo es de los suyos, arreándole estopa por tirar de calculadora y pasarse de sincero. Una vez más, hay que matar al mensajero.

-Deberían de haber aprovechado la última crisis de gobierno -ironiza Homper-  para crear el Ministerio del Ratoncito Pérez de las Pensiones.

-No es mala idea-sentencia la tía Clota- Porque para no creer en Dios…hay que ver lo ciegamente que confía Zapatero en los milagros.

Soñando como Susan Boyle

Cantemos...Aunque no consigamos el mismo eco que esta mujer

Cantemos...Aunque no consigamos el mismo eco que esta mujer

Medio mundo está pasmado por el sueño de Susan Boyle. El sueño no es lo que ella soñaba, que era cantar el título de la canción de Los Miserables. Soñé un sueño, se titulaba ésta. Aunque el sueño de verdad era convertirse en figura mundial con sólo  una actuación  en el concurso Britain´s got Talent.

-Para mí que la sorpresa estaba preparada-le decía Daniel-No había más que ver el careto de los jurados y el contoneo tan saleroso que se marca ella antes de cantar. Mucho desparpajo para ser tan desgraciadita.

Daniel es el proveedor de comestibles del barrio donde está el palomar del Duende. Antiguamente su tienda se rotularía Ultramarinos y Coloniales, y probablemente exhibiría en la puerta un tonel de arenques en salazón. Ahora sólo es un pequeño supermercado más.  Sin embargo en materia canora su dueño maneja argumentos de autoridad, porque su auténtica vocación es ser barítono. No es infrecuente verle colocar las mercancías en los lineales al ritmo de la jota de Los ratas de La Gran en Vía, que es lo que canta cuando le contratan para un bolo en provincias.

-Es la suerte y el marketing-le dice al Duende- Ya ves, sale un vendedor de ultramarinos como este menda cantando una romanza, aunque sea de Nacho Cano, y ni puto caso. Luego sale esta Susan y arrasa. Es una artista, y sabe cantar, ya te digo. Pero si no fuera tan fea y  con pinta de la que le ha dejado el novio no había pegado lo mismo, seguro.

A todos nos fastidia que los sueños que se cumplan sean siempre los de los demás.  Así que más vale buscar la recompensa en hacer lo que nos gusta bien. Cantando como barítono solista, caso de Daniel, o como bajo de relleno en el Coro Vía Magna, caso del Duende. Aquí, por cierto, hay alguna voz femenina que no lo haría mucho peor que la nueva estrella.

-Jo tío-dice el barítono-Pero conseguir treinta millones de visitas en Internet como la mujer ésta es mucho sueño, ¿no?

-Pues sí…Por eso nosotros sólo soñamos con llenar la sala del Círculo de Bellas Artes el fin de semana que viene.

-Vaya, qué pena-se excusa el tendero barítono- Tengo un Luisa Fernanda para viejitos en una residencia de la tercera edad.

No todo el mundo tiene esa suerte. Así que el Duende avisa: aún es posible descubrir en vivo y en directo a muchas Susanas y Susanos Boyles que en lugar de Los Miserables van  cantar a Fauré, a Brahms y a Schuman el sábado y el domingo. No arrasarán en You Tube, pero no será por falta de amor a la música. Y si llenan la sala también acabarán cantado, como la heroína de la semana, que habían soñado ese sueño.

Terapia con la Pantoja y otros famosos

Al lado de los dolores del alma de algunos famosos, Homper se convenció de que sus dolencias eran filfa...

Al lado de los dolores del alma de algunos famosos, Homper se convenció de que sus dolencias eran filfa...

La perplejidad de Homper fue esta vez  fue saber  que padecía una rotura microfibrilar de tercio medio de vasto externo. Le sorprendió en primer lugar  tener un vasto dentro de la pierna. Eso no salía en aquel morboso hombre por dentro, esa especie de cuerpo humano desollado que le enseñaron en la clase de ciencias naturales para introducirle en la anatomía. Aquel monstruo, bien intencionado en su truculenta mudez, anticipaba el arte de Francis Bacon y daba alguna repugnancia, pero -insistía Homper- ni mentaba al vasto. Enseñaba las vergüenzas viscerales y las cuadernas de nuestra arquitectura, bastante grimosa, por cierto.

-Qué espanto-se decía-Pensar que Brigitte Bardot y Ava Gardner también están rellenas de

esa casquería tan poco fina…

Y luego le sorprendió saber que a su edad. y después de haber corrido maratones cuando era algo menos maduro, se hubiera hecho una lesión típica de futbolista. En cierta medida le hacía cierta  ilusión, pues esa sentirse como el niño Torres o como Casillas, que, de haberse casado en su día, hasta podrían ser casi sus nietos. Al pobre Homper simplemente le dolía cara exterior del muslo derecho. Así lo creía, aunque ya les digo que era el vasto.

-Nunca te acostarás sin saber una cosa más-le decía al traumatólogo- ¿Y por qué ahora, si cuando hacía mucho más ejercicio nunca me dolía nada?

-Pues ya conoce el dicho: si a partir de los sesenta te despiertas por la mañana y no te duele nada, es que probablemente estás muerto.

Cuántos mortales queremos sentirnos vivos usando y abusando de la sanidad. Viendo la legión de tullidos que concurrían en el consultorio, Homper  se preguntaba estupefacto si tendríamos tantos alifafes de pagar su cura con nuestro bolsillo. La cosa es que, aún siendo astronómico el presupuesto público para este placebo, no hay manera de que las salas de espera incluyan publicaciones del día. Las hay de caza, de pesca y, sobre todo, prensa y papel couché del corazón, pero todas retrasadas. Debí serpararme de mi marido a los treinta días, confiesa Concha Velasco hablando de ese gentleman llamado Paco Marsó. La valentía y serenidad de Cayetana son admirables, dice Carmen Tello de su amiga la Duquesa de Alba, últimamente pachucha. Que sea valiente y diga lo que dije yo un día en un plató -le reprocha Mayte Zaldívar a Isabel Pantoja-: que Julián Muñoz me ha sido infiel.

-Jeús, cuánto sufrimiento-pensó Homper.

Y se quedó perplejo imaginando que quizás esas revistas estan ahí para que, comparándolos con los del alma, minimicemos los dolores del cuerpo y ahorremos dinero a la exhausta hacienda pública.

“The reader” y el encanto del tranvía

Kate Winslet en otro tranvía llamado deseo...

Kate Winslet en otro tranvía llamado deseo...

Las películas con tranvía siempre tienen una aureola de fascinación. Quizás porque el viaje en tranvía es una buena metáfora de la vida misma. No es demasiado largo, te lleva por varios barrios, y en él coincides con personas que suben, se sientan, ponen cara de criaturas del destino, las miras, novelas con ellas y, cuando llegan a su parada, acaban desapareciendo de tu biografía. Umbral decía esto mismo de las historias de Baroja, donde hay a menudo muchos personajes  que entran y salen sin dejar una huella demasiado profunda. Pero en realidad la literatura, el cine, el arte y todo aquello que mueve la imaginación está lleno de tranvías que uno toma cuando se lo pide el cuerpo.

-Yo hubo una época que tomaba el 61 y el 14-confiesa el Duende- Pero ahora el que más me gusta es que se llama deseo…

Escuchó campanas y no sabe dónde, pues entonces Un tranvía llamado deseo, era una película 4 R, o sea, gravemente peligrosa. Mayormente para las mujeres, que no podían resistirse al hechizo de  Marlon Brando en camiseta. Puro pecado.  Al Duende entonces le iban más las del Oeste, y no tomaba más tranvía que el 14, que subía por el Paseo de la Castellana, en el que aún se enganchaban los golfillos al estribo para no pagar .  Lo primero que hacía tras comprar el billete era fijarse en las viajeras, y las clasificaba  automáticamente en alguna de estas categorías. 1. Las que eran tan guapas que podían ser artistas de cine. 2. Las que, bien miradas, tenían un pasar. 3. Las que podrían ser primas o compañeras suyas, o sea, chicas en las que predominaba la virtud, pero quizás en otras circunstancias, quizás, no se… 4. Las que probablemente eran funcionarias del Catastro , como sugería su cara de cabreo. 5. Las que eran tan feas que, si no se bajaban en la próxima parada, era él quien debía hacerlo.

Para ser justo hay que decir que si el trayecto era largo y se acababan las chicas también fabulaba sobre los viajeros. Este es ujier en los Nuevos Ministerios. Ese tiene cara de madridista y de llamarse Venancio. Ese lleva peluquín y es coronel jubilado. El de la cartera  es viajante de comercio. Y el del colmillo de oro es policía secreto. Todos los viajes entonces, por insignificantes que fueran, estaban vigilados por un policía secreto que inspiraba mucho respeto.

Recuerda el Duende tranvías en la Viena de El tercer hombre, otra espléndida película de tintes sombríos, y, sobre todo,  en Han robado un tranvía, una tragicomedia neorrealista que protagonizó Aldo Fabrizzi, un buenísimo actor. Encarnaba a un tranviario que no se resigna a la jubilación, y que se venga de su compañía robando un tranvía y paseándolo vacío por las calles de Roma. Era una película que ahora diríamos naîf. Al Duende se le grabó en la memoria hasta su banda musical, que aún silba inconscientemente cuando por algún horizonte urbano  ve circular un tranvía.

Con todo, confiesa el Duende que la película con tranvía más hermosa que ha visto es El lector, de Stephen Daldry. No debe de ser casualidad que por esa historia, una bellísima y tremenda historia de amor -amor en estado puro y, en igual medida, amor a la literatura-circule un tranvía que, sin pretenderlo, tiene un papel fundamental. El Duende también leía pequeños libros de la colección Crisol en sus trayectos tranviarios. Nada que ver con este The reader, que en uno de ellos encuentra el amor. Película altamente recomendable. Véanla y díganle al Duende si mereció la pena haber sido lector de este post, un aviso, al cabo, de que la ternura y la emoción a menudo van en tranvía.

La novela que no pudo escribir Corín Tellado (2)

...Y siguió viendo a Esmeralda en las olas de aquel mar embravecido...

...Y siguió viendo a Esmeralda en las olas de aquel mar embravecido...

(VIENE DEL POST ANTERIOR)

Aquella mañana el corazón le dio un vuelco. Se había llegado hasta el cabo un flamante Mercedes, del que se apearon cuatro niños y dos personajes que él identificó como sus antiguos compañeros de facultad.  Mientras los niños jugaban con la videoconsola del automóvil de lujo, Rodrigo y Esmeralda se asomaron a la barandilla del mirador para ver la rompiente enfurecida. Aún mirándoles discretamente camuflado, nuestro héroe leyó en sus labios una conversación no por breve menos reveladora.

-¡Qué bonito y eterno es el mar!, ¿verdad?-dijo Esmeralda.

-Para bonitas y eternas, las vajillas de Porsesa, cariño-replicó él-¿Te has fijado que los bucles del Cupido que adorna el modelo Amorosa que usamos cuando hay invitados siguen luciendo el oro del primer día?…

A nuestro héroe se la cayó el alma a los pies. Vio el gesto de educada resignación de la bella Esmeralda y se maldijo así mismo por no haberle declarado su amor en el mismo momento en que encontró el mejillón en el fondo de su taza de café con leche.

En sus contados viajes a la ciudad, se documentó sobre la vida de su antiguo amor. Mientras Pedro seguía haciendo cábalas sobre el arte de la seducción, siguió sus pasos, buscando en ellos consuelo y algo de pasión atenuada. Averiguó dónde vivía Esmeralda con su marido, dónde estaba el despacho de éste, a qué colegio iban sus hijos, en qué villa veraneaban. Un día, en la sección de sociedad del periódico local que le llegaba al faro dos días después, leyó que el notario Rodrigo Miramolín de Oñoro, presidente y principal accionista de PORSESA había fallecido de un infarto de miocardio. Se le disparó el corazón: era el momento de dar curso tardío a su amor por Esmeralda.

Y entonces recordó que Corín Tellado, que vivía  no lejos de su faro,  había escrito nada menos que cuatro mil novelas románticas, todas ellas de gran  éxito. Pensó que a lo mejor, si le ofrecía el tema para la cuatro mil una, ella a cambio le aconsejaba qué paso seguir para poder sellar su historia de amor con Esmeralda, ya no le importaba nada la cursilada del nombre. Le escribió una carta contándoselo todo. Estaba dispuesto, incluso, a omitir la anécdota del mejillón en el café con leche, por no faltar a su perfumado estilo. Corría el mes de abril de 2009.  Corin Tellado nunca llegó a leer la carta. Cuando la repartió el carter,  la novelista romántica más leída acababa de morir.

A partir de entonces, Pedro se encerró en su faro y pasó el resto de su vida amando a Esmeralda en las olas del mar. De vez en cuando le torturaban los versos que García Lorca dedicó a Ignacio Sánchez Mejía. Descansa, Ignacio, también se muere el mar. Pero Federico no era más que un poeta, y decía muchas tonterías. No como Corín Tellado, que sabía que el mar permanecerá mientras haya vida, y que hubiera escrito del farero Pedro y de la bella Esmeralda una historia sencillamente inmortal.

La novela que no pudo escribir Corín Tellado (1)

¡Cuatro mil novelas románticas y sin escribir esta historia!...

¡Cuatro mil novelas románticas y sin escribir esta historia!...

Fue verla sentada a su lado en el aula el primer año de facultad y enamorarse perdidamente de ella. A  Pedro le hubiera gustado que se llamara Juana o Teresa, pero se llamaba Esmeralda. Tuvo que vencer una cierta resistencia: era un nombre de heroína de Corín Tellado, y después de haber leído La peste, El guardián entre el centeno y alguna de las novelas inteligibles de William Faulkner él no podía caer la vulgaridad tener una novia con ese nombre. Sin embargo el atractivo de Esmeralda era sencillamente invencible. Sus ojos eran dos ventanas de mar o de clorofila pura, según las horas. Verdeazules, fragantes, llenos de poesía, se decía.

Lo comprobó un día que desayunaron juntos en el ruidoso bar con vistas al jardín trasero, donde crecían cipreses malayos, arizónicas y enormes macizos de rododendros que a veces protegían besos furtivos. Ella pidió un café con leche y un croissant, él otro café con leche y un bocadillo de mejillones, 4′ 50 pesetas. Ella desmenuzaba con cierta malicia la historia de amor que acababa de reventarse. Había estado enamorada de Jacobo, un joven médico de prometedor futuro. Pasaba a recogerla los sábados por la tarde en su moto Montesa y se iban a pasear por los bosques de la Granja. Un día les paró la Guardia Civil, por una comprobación rutinaria. Al mostrar su carnet de conducir, salió volando de la cartera de Jacobo una pequeña fotografía en la que aparecía él con una mujer y un niño entre ambos. Esmeralda no se anduvo con rodeos. Ante la mirada estupefacta de la pareja de guardias, le cruzó la cara.

-Falsario, felón-le espetó mientras le propinaba un sonoro bofetón.

En ese momento, nuestro héroe, impresionado por el relato de Esmeralda, bebió un sorbo de su taza. No se daba cuenta  de que uno de los mejillones de su bocadillo había escapado del pan para chapuzarse en el contenido de la misma. Le pareció el café con leche de su vida. Y, a pesar de llamarse Esmeralda, y de usar palabras tan demodés como falsario y felón, le habría pedido relaciones formales de no ser porque en ese momento apareció Rodrigo Miramolín de Oñoro y le interrumpió el rapto amoroso.

-Toma, gracias por dejármelos-le dijo el pelmazo a Esmeralda al devolverle unos apuntes ciclostilados.

Desgraciadamente, treinta años después Rodrigo Miramolín de Oñoro era un flamante notario y el heredero del floreciente imperio de PORSESA (Porcelanas de Sajonia y de Esmeralda S.A.), propietaria de la patente que permitía decorar las vajillas más suntuosas con una pintura de oro absolutamente inatacable por los detergentes y lavaplatos más  agresivos. El y su esposa, la bella Esmeralda, vivían una vida próspera y cómoda, aunque no del todo apasionada. Pedro entretanto acabó la carrera, fue torero sin éxito, vivió en La India tres años purificando sus inquietudes espirituales y tocando el sitar como Ravi Shankar, fue corredor de seguros y finalmente opositó al Cuerpo de Señales Marítimas para ser farero y pasar el resto de su vida en solitario viendo en el oleaje del mar tan sólo los ojos de aquella Esmeralda que le arrebataron en su primera juventud.

(CONTINUARÁ…)

Del matrimonio gay y otras dudas

En Vermont también han aprobado el matrimonio gay...

En Vermont también han aprobado el matrimonio gay...

Se pasma Homper de que a su edad tampoco la tía Clota tenga las cosas  del todo claras.

-Figúrate -le decía en su conversación de ayer- Ya sabes que aquí en Vermont se ha legalizado el matrimonio gay. Y mi amiga Edwina se ha puesto hecha un puma, no ha querido ni merendar. Dice que para eso no desembarcó Fred en Anzio, que él se jugó la vida por la democracia, y que si estuviera vivo no lo aprobaría en absoluto.

Homper insinuó tímidamente que todo evoluciona. El pensamiento, la sociedad, no se sabe cuál de los dos primero, pero ambos van cambiando y adaptándose. En aquellos Estados Unidos de Rooswelt o de Truman esa reforma legal era impensable. Tan impensable como les parecería  haber elegido un presidente negro, que es lo que ha hecho ahora su país, tan tradicional.

-Ella dice que esas son pamplinas -contraargumentó Clota- y que no entiende cómo ahora que el matrimonio atraviesas su crisis más gorda los gay se empeñen en casarse. Yo le he dicho que mujer, hay que ser más abiertas, allá cada cual. El que quiera que siga con su matrinovio o su matrinovia. Y el que no, que se case…¿Qué le dirías tú a tu nieto Tim si no le gustan las chicas y es feliz cazando mariposas con su amiguito?…

-Tía, no me preguntes-rezongó Homper-Yo no tengo hijos, ni nietos…

-Se lo digo a Edwina….¿Qué le diría a su nieto Tim si un día éste le confiesa que en realidad esa amistad  de es sólo amor, y que él y el amigo quieren casarse?

-No lo se, tía. No me pongas en un compromiso.

-Pues yo tampoco -admitió la anciana tía Clota- Debe de ser que no soy tan vieja, ¿sabes? Los viejos creen saberlo todo, pero yo estoy llena de dudas.

 -¿Sobre el matrimonio gay?

 -Sobre casi todo…Por eso admiro tanto a los que lo tienen todo claro. Fíjate, si hay algo que he odiado siempre es acostarme con los pies fríos. Pues ahora, que sufro trastornos de circulación y salgo a andar con las amigas con esos zapatos de Goretex que dicen que son tan cómodos, hay muchos días que me acuesto con los pies muy calientes…Y anoche no podía dormir…

-¿Por el calor de los pies?-preguntó Homper altamente sorprendido.

-Por las dudas…Créeme, hijo, ni siquiera estoy segura de que sea más molesto tener los pies fríos que sentir que te arden.

Pepín Blanco será un buen ministro de Fomento

Si uno es lo que parece, será un excelente ministro de Fomento...

Si uno es lo que parece, será un excelente ministro de Fomento...

-¿Sería tan amable de ayudarme a salir de casa?-le dijo la vecina a Homper.

No fue tan trágico el caso como el de aquel anciano que murió de un infarto tratando de abrir un frasco de salsa de tomate para sus espaguetis. Aquel suceso le hizo reflexionar a Homper sobre las dificultades que tienen los mayores para desenvolverse cuando van fallando las fuerzas. Esta vez no era tan grave: la vecina, que rondaría los ochenta y cinco años, sólo llevaba un rato forcejeando con la puerta del edificio. La pieza de hierro fundido pesaba demasiado para ella. Y, por si fuera poco, el muelle que aseguraba el cierre automático ejercía una presión invencible para las fuerzas disminuidas de los viejos.

-Viejos, somos viejos y nada más -se quejaba amargamente la pobre señora- Menos consolarnos llamándonos tercera edad y más sensibilidad para facilitarnos la vida.

Es una de esas cosas que según Doña María, a estas alturas de la película también ya al borde de la ancianidad, decía que estaban hechas de espaldas al pueblo. O sea, sin contar con todos los que no son como los que crean las normas.

-Una tragedia, hijo -le confirmaba la tía Clota a su siempre perplejo sobrino- Yo también apuntaría dos nuevos delitos sociales contra la ancianidad. Ayer, al cortarme las uñas, noté que así como mi mano derecha aún conserva fuerzas para cortar las uñas de la izquierda, la mano izquierda no puede cortar ya las de la derecha.  Cada vez me cuesta más  apretar el cortaúñas, Hom…

Como no hay mal que por bien no venga, a su amiga Edwina, que es  zurda, le ha empezado a pasar lo mismo.

-Así que hemos quedado en tomar el te juntas cada vez que tengamos que cortarnos las uñas…Ella me hará a mí la mano derecha y yo le cortaré las uñas de su mano izquierda. Eso sí -se rió con malicia-, tendremos que morirnos al mismo tiempo…

El segundo delito es el packaging -así lo decía ella- de las bombillas.

 -¿Cómo es posible que para sacar una miserable bombilla para la lamparita de mi mesilla de noche de su blister tenga que pedírselo al propio ferretero? ¿Cómo no caen en la cuenta de que esos envases son imposibles para los viejos?…

Estaba visiblemente crispada. Pero como a la tía Clota le preocupa que sus anotaciones críticas le hagan parecer una cascarrabias,  quiso demostrar que también le interesa lo que le interesa a la mayoría.

 -Pues…¿sabes que no me parece tan mal el nuevo gobierno de Zapatero?-dejó caer inopinadamente- Ya ves, ese Pepín Blanco lo hará muy bien de ministro de Fomento… Tiene cara de castor, y los castores, que hay muchos por aquí, son excelentes ingenieros. Hacen túneles, presas, senderos…

Naturalmente, Homper, haciendo honor a su nombre, se quedó una vez más haciendo la muestra del Hombre Perplejo.

Recuerdos de otras semanas santas

Mirar hacia dentro, pensar, acordarse de los que sufren, valorar lo que se tiene, vivir con algo más  que el amor a uno mismo. Qué tragedia el seísmo en Italia. El Duende acusa la edad, y con ella la responsabilidad. Le da una cierta vergüenza escribir por escribir y no mencionar siquiera la tragedia. Pero de vez en cuando se retira del mundanal ruido e intenta conectar con la edad de la inocencia, cuando la Semana Santa era morada, obligadamente triste, sin imágenes en las iglesias, que se velaban hasta el Sábado de Gloria muda desde el momento en que el viernes, a las tres de la tarde, volvía a morir Jesucristo.

Recuerda uno que la hora trágica siempre le pillaba en el campo, normalmente en el estallido de la primavera. La habían llamado la atención, niño,  no cantes, que ya se ha muerto Jesús. Y en ese momento un jilguero lanzaba un trino de virtuoso.

-¿Y los pájaros?  ¿Ellos pueden cantar?

Los jilgueros iban por libres. De repente, por aquello de los pesticidas se supone, se dejaron de ver por estos campos. Pero ayer revoloteaba uno alrededor del Duende y con él volvieron recuerdos de entonces. También sonaban las carracas, ¿qué fue de ellas? Y se rezaban las estaciones. Imagínense la interpretación de los niños de la España laica.

-Pues mi padres van a la estación de Atocha y rezan.

-Pues los míos rezan en Santa Justa.

-Pues mi abuela reza en Antón Martín, que es una estación de metro y está más cerca.

Pero en Semana Santa, como en cualquier época del año, también podías caer malo y pasar las vacaciones sin salir de casa. Qué panorama. Te metían en la cama, o en el sofá a las faldas de la camilla con brasero, y por todo entretenimiento te daban un libro o una revista.

-Anda, niño, mira los santos.

¿Los santos?…Nadie se lo explicó al Duende, pero él supone que la expresión viene de que los primeros libros que se ilustraron eran las Sagradas Escrituras y los de contenido religioso. O los que escribían ellos (¿los famosos Beatos?) o los que trataban vidas de santos. Se empezaron a ilustrar toda clase de libros. Pero en el lenguaje popular los santos quedaron como símbolo de cualquier ilustración. Podía ser un conejo, un monte, un coche de bomberos, Tom Sawyer o Roy Rogers: todos eran santos.

Como ahora, que todos somos santos. Según la doctrina oficial, Rousseau dixit, todos somos buenos. Ya no necesitamos Semana Santa más que para las vacaciones y para el folklore. La especie humana es tan sacrosanta que podemos quedarnos con la fiesta y olvidarnos de todo lo demás.

Dolores y sabores de un lunes santo

decenas-muertos-terremoto-centro-italiaLas cumbres  económicas como las del G-20 acumulan asuntos trascendentes, pero a veces uno se queda prendido de los detalles. A la tía Clota le apasionaba la cara de nuestro presidente Zapatero cuando posaba en las fotos

 -Da la sensación de que no sabe por qué hay que sonreír, pero aunque le ponen en segunda fila. se porta como un chico bueno, y está encantado. Hace bien, porque así le van a invitar siempre, es tan correcto…

A una anciana como ella esos detalles le impresionan mucho.  La tía Clota también había visto por la tele a Silvio Berlusconi  hablando por teléfono mientras Angela Merkel le esperaba al pie del puente sobre el Rhin y esa descortesía le pareció que era impresentable.

-Un caballero no debe hacer esperar a una dama. Pero este hombre no tiene arreglo, te lo digo yo.

La tía Clota estaba sólo subrayaba lo evidente. Aunque no quiso hacer más leña del tema, porque a continuación saltó el asunto de la crisis de gobierno y, tras él, el del terremoto en los  Abruzzos, que a esa ahora ya arrojaba un saldo de veintisiete víctimas mortales.

-Un espanto. Y ahí mismo, que esta vez no es en China ni en los Andes. Ya verás cómo en España lo vais a sentir más, sobrino.

Homper, cómo no, se quedó perplejo. ¿Qué quería decir lo sentiréis más? Y la tía Clota recurrió a un autor teatral ya casi olvidado, Alejandro Casona, que ella recordaba de su juventud. En una de sus obras planteaba el dilema moral de un hombre al que le ofrecen el triunfo a cambio de permitir la muerte de un ser humano al que no conoce. Un pobre infeliz de un país remoto que, bien mirado, quién sabe se moriría igualmente por una vulgar malaria o uno de tantos monzones asesinos. El hombre mira a otra parte y acepta el trato.

-Ojos que no ven, corazón que no siente, Hom. Si el terremoto ha sacudido a Italia, lo mismo podía haber pasado en España, que está tan cerca…Y eso duele más, ¿verdad?…

A Homper la crudeza en el análisis de la  siempre dulce tía Clota le extrañaba.

-No te escandalices, hijo- advirtió la anciana- En todas partes cuecen habas. Como nos pasa aquí cuando uno de esos chiflados se sube a la ventana de un edificio público y empieza a matar transeúntes. Cualquier día de nuestras guerras en Oriente produce más muertos, pero como están lejos y no los vemos…

Por salir del paso, Homper le preguntó a la tía si le habían llegado los tirabuzones de Fuencisla, que le llamó para pedirle sus señas. La tía Clota dijo que sí. La Fuencisla era una vecina de su pueblo. Sabía que a ella le encantaban esos dulces de masa frita tan típicos de Semana Santa. Y en ese regusto de la conversación se aliviaron los remordimientos de un lunes  que, a pesar de estar tan próximo al Calvario, quizás no llevaría al dolor de no ser por los caprichos de un terremoto cercano.

Mozart en Candeleda

La Iglesia Parroquial donde se escuchó a Mozart, según versión del pintor local Juanra

La Iglesia Parroquial donde se escuchó a Mozart, según versión del pintor local Jua.Ra

Aunque su autor no es santo de la devoción de la crítica, probablemente la película que mejor refleja lo que debió de ser la pasión de Cristo es la que filmó  Mel Gibson. Tan fiel fue a lo que significa la palabra pasión/padecimiento, que sus escenas de extrema violencia suscitaron el rechazo del mismísimo Vaticano, al que por lo visto le horrorizaba ver en carne viva que el fundador de su Iglesia hubiera sufrido tanto. Quizás era un contraste demasiado evidente con la vida muelle que hoy tiene que llevar la alta curia.

No eran estos los únicos detalles de respeto de Gibson por el relato evangélico. En la película, que en España no fue doblada y se estrenó con subtítulos, los judíos hablaban arameo, y los soldados romanos latín clásico. El Duende creía que latín era lo que le enseñaba el padre Cayo, un robusto marianista que recitaba los versos de la Eneida con la voz estentórea de un sargento de cuchara. A pesar del su entusiasmo, la pronunciación del bueno del padre Cayo distaba de la correcta. Según le aclaró años después al Duende un catedrático, la c latina no se decía en la antigua Roma como nuestra ch, sino como nuestra q. A tenor de esta regla, el sanctus de la misa no debe sonar gloria in exchelsis Deo, sino gloria in exquelsis Deo.

 Ese detalle lo observaban escrupulosamente los romanos de la película de Gibson y lo ignoramos olímpicamente todos los que cantamos música sacra en coros. Con la sorprendente excepción del Coro Polifónico de Candeleda, que anoche inició las celebraciones de la Semana Santa con un concierto de un nivel que este menda no podía siquiera sospechar.  El mismo pueblo que va de rondalla  y se desgañita en las capeas o gritando al toro de fuego se convierte en un milagro de sensibilidad  cantando con exquisita dicción no sólo seis comprometidos números del Réquiem de Mozart, sino piezas de auténtica orfebrería polifónica. Desde el Ave María  del padre Tomás Luis de Victoria a un motete delicadísimo de Christopher Tye, compositor inglés del siglo XVI que, desde luego, el Duende desconocía.

El prodigio se debe en buena medida a José Antonio Muñoz, un músico de Huete,  provincia de Cuenca,  que ha recalado por la zona. Nadie sabe con qué trabajo y qué dotes de persuasión ha conseguido inocular en la gente del lugar su amor a la música. El Duende confiesa que escuchar a Nines -la carnicera con la que normalmente trata de chuletitas y carrilleras-cantando el Lacrimosa del Réquiem mozartiano en vísperas de la pasión de Cristo, hace más por su devoción que muchos de esos desfiles procesionales que embriagan a multitudes. Todo colabora: mientras sonaba esa música coral, contemplaba el magnífico retablo de cerámica talaverana del siglo XVI que es la joya de la Iglesia Parroquial. Artesanía popular y música sublime cantada por los mismos que uno se encuentra por las calles del pueblo. Esos hilvanes acaban cosiendo muchos desgarros del alma, y ayudan alguna luz en las tinieblas.

 Entretanto, de cumbre en cumbre, Zapatero pasea su orgullo porque España se ha sentado en la codiciada mesa del G-20. Es un punto de vista. Otra medida del progreso es ver que Mozart y compañía se puedan presentar en Candeleda y cosechar tantas ovaciones como Bisbal. Como diría el tío Jacinto, que fue guarda jurado por estos pagos, Santa Coloma parió por un deo, y no me lo creo…

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