Archivos para 2 abril 2009



El guardamemorias

¿Y qué hacemos con todos los papeles y libros que quedan cuando creíamos que ya no quedaba nada en la que fue nuestra casa?

¿Y qué hacemos con todos los papeles y libros que quedan cuando creíamos que ya no quedaba nada en la que fue nuestra casa?

Estaba tan acostumbrado a que le vendieran utopías, que se le ocurrió escribir al presidente de gobierno su problema.

Estimado Señor Presidente. Dado que es tan receptivo para escuchar a la gente, le voy a dar una idea para un nuevo servicio público  que tal vez alivie muchas conciencias.

Verá, la casa donde vivieron mis padres y donde nací yo era grande y destartalada. Había sido desde 1911 la de mi abuela y sus hijos, de modo que acumulaba en sus habitaciones muebles y objetos de varias generaciones. Todos fueron repartidos entre la familia cuando hubo que abandonarla.

Bueno, no todos. El día antes de la entrega de la llave a los nuevos inquilinos, yo me pasé por la casa para echar un último vistazo y vi que en el rincón del salón alguien había acumulado un montón de libros, revistas, cartas, agendas, catálogos, folletos, albumes, fotografías, postales y pequeños objetos que nadie había querido llevarse. Abrí al azar varios libros y di con más de uno dedicado por su autor a mis padres. Me imaginé que algún conocido de mi familia compraba uno de estos libros en una librería de viejo. Me dio vergüenza lo que pensaría de los nuevos guardianes de la memoria familiar, o sea, de mis hermanos y de mí. Alquilé una furgoneta, cargué con todo, lo metí en cajas sin el menor orden y lo guardé en la habitación donde ahora duermo.

Desde entonces todas las noches me atormenta su presencia. Por una parte, la opción de verlo todo, ordenarlo y guardarlo por respeto al pasado me abruma tanto como  aquel imposible montón de legajos de El proceso de Kafka. Por otra, la de aceptar que el ayer interesa poco o nada a los jóvenes y deshacerme de estas escorias del recuerdo me duele. Siento que el fantasma de mis padres se me va a aparecer y me va a correr a estacazos. Y no se qué hacer.

Hoy mismo, paseando por la calle Jorge Juan de Madrid, he visto libros, cuadernos escolares, y apuntes tirados en un contenedor. Muchos llevaban un nombre conocido, Luis Díez del Corral, un ilustre catedrático de Historia del Pensamiento Político fallecido hace ya bastantes años. Seguramente pertenecían a su hijo. Seguramente vivían allí. Seguramente la familia abandonó la casa. Y tal vez esos restos impresos les pesaban tanto como me pesan a mí los que me espían desde sus cajas de cartón.

Señor Presidente, lo mismo que buscan minas abandonadas para enterrar bidones con restos nucleares…¿no podrían habilitar un depósito de inutilidades escritas? Miles de contenedores a disposición de los que no sabemos qué hacer con estos libros y papeles de nuestros padres que sin duda serán ignorados por la próxima generación.  Ahí quedarían, a la espera de esa visita que seguramente nunca haremos para revisarlos. Nuestra conciencia no sufriría, y el medio ambiente tampoco. Y ningún pueblo protestará por albergar en su término municipal almacén semejante.

Y así hasta que la memoria escrita se haga polvo, como nosotros. Y al  fin ambos  seamos nada, pero sin haber faltado al respeto a los que nos dieron todo. No es mucho pedir. El déficit público no se resentirá mucho por eso, y usted podrá venderlo a la opinión pública como un nuevo logro del estado de bienestar.

Suyo afectísimo

Un ciudadano atormentado.

« Página anterior


Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Mis servicios:

El mejor regalo a un ser querido

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 883,496 hits

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.