Archivos para 2 mayo 2009

Manifiesto por unos calcetines sostenibles

Exijamos unos calcetines que no se caigan y con refuerzos po encima del borde del zapato...¡Calcetines sostenibles YA!

Exijamos unos calcetines que no se caigan y con refuerzos po encima del borde del zapato...¡Calcetines sostenibles YA!

En Madrid, a veintinueve de mayo de 2009, comparecen el Duende y su Circunstancia .Ambos declaran estar en la plenitud de su facultades mentales, y se reconocen recíprocamente incapacidad general para casi todo. No obstante  lo cual, y por aquello de parecer más o menos apegados a la condición humana, EXPONEN

  1. Que están encantados con los primeros brotes verdes de la economía, y ojalá que no sea una figura retórica más del gobierno. Por cierto, a tenor de las fotos de EL PAÍS, lo que parece haber rebrotado de verdad es la juventud en el cutis de la vicepresidenta correspondiente.
  2. Que aunque no piensan consultar a la familia si se van a retocar las tetas, creen que el Ministerio de Igualdad está lleno de buenas intenciones. Si no, no tendría a la ministra que tiene.
  3. Que  entre las bombas atómicas de Corea del Sur y las centrales nucleares que el gobierno ignora,  pero a las que compra la luz que producen en Francia, prefieren las segundas.
  4. Que aplauden con las orejas las buenas noticias  laborales de Alfonsina, cuyas piernas, a diferencia de lo que cantaba Luis Aguilé de las de Carolina -¡Qué lindas piernas/ que tiene Carolina!/ No son cortas, no son largas/ no son gruesas no son finas- son largas y finas, pero estupendas. Además, expresan su confianza en que esto signifique un impulso para todos los que, como ella, necesitan trabajar.
  5. Que no saben si están más contentos por la triple corona del Barça o por la asunción de Florentino Pérez a la presidencia del Madrid. Vamos, es que viven sin vivir en ellos.

Por todo lo cual, ACUERDAN

  1. Escribir  y subir este post, a pesar de que durante dos días seguidos han sufrido el espantoso trauma de descubrir a mitad de la jornada sendos tomates en sus calcetines,  y precisamente a la altura del talón, donde  eran más fáciles de ver y, por ende, más susceptible de perjudicar a su imagen.
  2. Manifestar que, a pesar de la comprensible depresión derivada de tan infaustos hechos, y una vez superada la misma,  es su deseo renovar la cadencia habitual de los posts de este blog comentando noticias tan estupendas como las de la parte expositiva.
  3. Apelar al insaciable espíritu reformista de este gobierno para que, una vez arreglado el paro, la crisis económica, el sector del automóvil,  la vivienda, la educación, la justicia, los estatutos de autonomía, la memoria histórica, la regulación de Internet, la Alianza de Civilizaciones, el cambio de modelo económico, Europa, el aborto, las tetas y el agujero de ozono, prohíba la fabricación calcetines  cuyos refuerzos en el talón siempre quedan por debajo del borde del zapato y, por ende, facilitan agujeros casi más oprobiosos que los anteriormente citados.

POR COHERENCIA CON LAS REFORMAS SOCIALES  DE ESTE GOBIERNO: OPONGÁMONOS A LOS CALCETINES DE ESPALDAS AL PUEBLO. MANIFIÉSTATE  COLGANDO TUS CALCETINES CON TOMATES EN LA VENTANA O ENVIÁNDOLOS AL PALACIO DE LA MONCLOA. CONTRATO SOCIAL POR UNOS CALCETINES SOSTENIBLES ¡YA!

Cambiando el modelo de producción

Dejaré la construcción y cambiaré el modelo de producción convirtiéndome en un cocinero que aprovecha hasta la grasa de pollo. Mmm...

Dejaré la construcción y cambiaré el modelo de producción convirtiéndome en un cocinero que aprovecha hasta la grasa de pollo. Mmm...

Mea culpa, me culpa, mea máxima culpa…Probo Gilipóllez se miraba al espejo apesadumbrado. Como es natural, asumía ser uno de los culpables más conspicuos de la maldita crisis económica. Lo había denunciado el gran taumaturgo, y él, tan fiel a la personalidad que conformaban su nombre y su apellido, no le iba a negar la razón. Había que cambiar el modelo económico, había que dar la vuelta al sistema de producción. Crecer en la innovación sostenible, y que salga el sol por Antequera, que está en Andalucía, la región más castigada por la injusticia de la historia.  Sólo así saldríamos del bache.

Mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa, repitió Probo dándose golpes de pecho. Eres culpable, se decía, no lo dudes.  Toda la vida trabajando honradamente como ingeniero de caminos, primero  en el antiguo Ministerio de Obras Públicas para  fundar luego una pequeña empresa que se llamaba CUCA, Cubiertas y Canalizaciones. O sea, construcción, lagarto lagarto. Ya lo había avisado el gran reformador: menos cemento y más conocimiento. Hay que ir a la economía sostenible.

No había proyectos. No había créditos. No había pagadores. Y ya no había ni CUCA. Ingenuamente, Probo no había pensado que el nombre de su pyme, a fuer de listillo, encendía las alarmas. Si el constructor era altamente sospechoso, qué decir de un codicioso capitalista que iba de cuco. Eso sí, ahora sin trabajo, sin fortuna y sin derecho a paro. Harto de contemplar su estúpida cara de autónomo otoñal, fue a la cocina. Abrió el frigorífico y en un vistazo comprobó la insoportable levedad de  la profesionalidad honrada. Donde años atrás faltaba sitio para almacenar delicias de gourmet, ahora sólo inventariaba miserias. Entre ellas, acusadoras, un tarro con la salsa que le sobró de asar un pollo, media berenjena, medio pimiento y dos bricks de caldo de carne y de verdura.

Tomó en su mano el tarro de las esencias de pollo, abajo la salsa oscura, arriba, congelada, la grasa amarillenta. Y con la misma gravedad que Hamlet ante la calavera de Yorick, se preguntó en voz alta.

-Ser, o no ser. Echarme a la calle y buscar como un gilipollas irredento un punto limpio donde depositar esta grasa…¿o reutilizarla y cambiar mi modelo de producción?

Aunque, en su ignorancia, recelaba de la grasa del denostado pollo,  su amiga Begoña le contó que su madre la aprovechaba para guisar unas patatas muy socorridas. Probo pochó una cebolla, la media berenjena y el medio pimiento picaditos, peló las patatas, las chascó, para que soltaran el almidón, las rehogó en el sofrito del pollo difunto, añadió poco a poco los caldos, pimienta, algo de guindilla y unas hierbas aromáticas y, a fuego lento, espesando el condumio, consiguió hacer las patatas guisadas más exquisitas de su vida.

Y de la necesidad hizo virtud. Pues gracias al clarividente líder que le gobernaba había cambiado su modelo de producción. Ya no era un pérfido agente del capitalismo salvaje, sino un Adriá en ciernes  al que la nueva cultura quizás elevaría a los altares.

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La irresistible seducción de las cerezas

CerezasEl teólogo hacía tiempo que había archivado las grandes cuestiones de su disciplina. En realidad el argumento más sólido que al final de su carrera le convencía de la existencia de Dios era  muy liviano.

-Chico-le confesaba a un compañero de tertulia en el Ateneo mientras hacía anillos con el humo de su pipa- Yo lo tengo muy claro. Ni el Big Ban ni el evolucionismo podrán explicar jamás lo requetebuena que está Pepita, la estanquera. ¿Tú crees que una explosión, por mucho que se expanda,   puede convertirse en algo tan maravilloso?

Aunque nunca les contaría este argumento a sus alumnos, era el que más le convencía de la existencia de un Deus ex machina. Así que despejada la piedra angular de su credo, le gustaba andarse por las ramas  y aclarar otras dudas. Por ejemplo, no entendía cómo el árbol de la ciencia del bien y del mal del que habla el Génesis podría dar manzanas. Si respondía fielmente a su nombre, sus frutos deberían ser bondades y maldades. Pero no, sólo dio manzanas, o al menos una manzana. Vino la serpiente, se la ofreció a Eva, ésta la mordió y luego se armó la que se armó. Cuántos imprevistos nos había reservado el dichoso Dios.

Y no entendía, además, que la serpiente y Eva se fijaran en la manzana si en el Paraíso Terrenal, como es de imaginar, había cerezos. El teólogo ya se había maravillado cuando en el mes de abril se acercó al valle de los cerezos y los vio en flor. Pero ahora vivía uno de los momentos más gratos que puede ofrecer la naturaleza, que es el de coger las cerezas del árbol llevárselas a la boca y comerlas. Las cerezas. Tan bonitas, tan brillantes, tan jugosas, tan limpias, tan deliciosas. Y sin pedir cuchillo ni tenedor. Lo que se dice un placer.

-Es mi fruta favorita –pensó- Y no entiendo cómo Eva sucumbió a la manzana cuando incluso la más sabrosa es mucho menos tentadora que una cereza en sazón.

Le pareció tan convincente su teoría que olvidó preparar la clase del día siguiente  y se puso a llenar una cesta de cerezas. Se había pasado la vida escudriñando los grandes misterios de Dios y el amor divino y ahora, en la madurez, advertía que  había descuidado eso tan importante  que es el amor humano Así que terminó de llenar la cesta, se metió en el coche, puso rumbo a la ciudad y se presentó en el estanco de Pepita.

-Se que este numerito no es propio de un teólogo-dijo sin siquiera dar las buenas tardes-Pero vengo a ofrecer la mejor fruta de la creación a la mujer más hermosa que hay sobre la faz de la tierra.

Un señor que compraba Cohibas no daba crédito a  lo que veía y escuchaba. Pepita probó una cereza y le sonrió al teólogo de una manera muy especial. Éste suspiró feliz. Su fe no le daba la seguridad absoluta, pero muy probablemente la sonrisa de Pepita llevaba la misma malicia que propició el primer mordisco del Paraíso Terrenal.

Ser más breve para evitar no ser nada

El Duende tendría que hacerle caso y ser más breve...

El Duende tendría que hacerle caso y ser más breve...

Quizás olvida el Duende lo que aprendió de Gracián en el bachillerato. La Historia de la Literatura de Díaz-Plaja, contaría sin duda mucho más, pero la frase que se le atribuía a don Baltasar era tan fácil de entender y recordar que fue lo único que se le grabó, junto a esta misma estampa de clérigo con bonete. Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Así despachaban al conceptismo.

Y quizás se niega a aceptar que el lenguaje de Internet debe ser, sobe todo, conceptismo.

¿Tiene tiempo el lector para recrearse en la forma? ¿Prende la literatura en el lector cuando le llega en este soporte? ¿Se asoma éste a la red para informarse o para pasarlo bien? ¿No será que la clave del éxito de una web y, desde luego, de un blog, es la brevedad? El caso es que tras el sarpullido de la novedad que aportó este invento, los cuadernos de bitácora personales se van apagando.

Ayer se enteraba el Duende de que Maria Amelia Sánchez, la bloguera gallega que consiguió atraer lector por millares contando Mi vida a los 95 años, cerraba su blog definitivamente. Como avisaban antiguamente los letreros del comercio, por defunción. Tuvo éxito por lo insólito: una anciana que se atrevió a manejar una herramienta de comunicación que es, sobre todo, joven. Seguro que su blog le habrá ayudado a morir feliz. Más triste se presenta el cierre del blog de Eduardo Madinaveitia, otro fenómeno de la red que abandona su página, dicen, por las presiones de un grupo de comunicación. El Duende no cree eso. Al aludido grupo, que es PRISA, le sacuden a diario voces y plumas más conocidas y de más largo alcance. Un blog sólo hace cosquillas. ¿O no?

Verán, ha llegado el calor y al Duende le sorprendió con la cama aún vestida de edredón. No ha dormido bien. Inopinadamente, y como consecuencia de una conversación reciente en la que se abordaba el tema de los hombres que cuidan su aspecto personal, soñó que era pianista de hotel, y que aspiraba a ser contratado en el Hotel Carlton de Cannes. El director le hacía una prueba en un piano que estaba en la terraza, al aire libre. Y mientras iba tocando ese continuo de melodías románticas como La vie en rose o Les feuilles mortes que tanto le entusiasman, sentía que el calor y los nervios perlaban su frente con gruesas gotas de sudor. Y que el tinte ala de cuervo con el que disimulaba la nieve de su cabellera se diluía en espesos churretes como los del profesor Von Aschenbach de Muerte en Venecia. Qué vergüenza. Qué humillación. Qué mal rato.

Y qué fiasco. Porque el puesto se lo daban a otro candidato más joven y metrosexual que iba de musculitos de gimnasio depilado, se daba cremas y, para quitarse el cuidado, llevaba el cráneo afeitado como una reluciente bola de billar. Para ser justo, es cierto que también fue más breve, como debía ser este blog. Y en un pispás supo pasar de un nocturno de Chopin a Macarena.

El Duende quiso suicidarse en el mar al modo de Alfonsina Storni, y se ató al cuello el pesadísimo pie de una sombrilla. Pero la playa de la Croisette es mansita y tiene muy poco fondo, y sólo consiguió que las  pequeñas olas terminaran de disolver el negro de su cabellera, como un calamar que suelta su tinta para ocultar su edad.

¿Sabrá Bibiana Aído lo que es el cucuné?

¡Vamos, que lo que le dice la Ministra!...

¡Vamos, que lo que le dice la Ministra!...

Cuando le preguntaban por qué seguía siendo el hombre perplejo, Homper no se andaba por las ramas.

-Según el libro de estilo de algunos periódicos-aclaraba-por mi edad soy ya un anciano.- Y sin embargo sigo descubriendo cosas que me sorprenden.

Por ejemplo, palabras. Homper se jactaba de levantarse de la cama  con un cazamariposas invisible que en lugar de lepidópteros de colores atrapaba palabras. Palabras de significado desconocido que, insospechadamente, cuando uno cree dominar el castellano y barajar un vocabulario variado, aparecen en un libro, en un periódico o en la boca de algún hablador culto. En este caso no era hablador, sino habladora. Se trataba de Aldara Fernández de Córdova, una periodista inteligente y además muy guapa que tiene el buen gusto de escribir cuentos muy bien y de hablar casi mejor. El caso es que en una conversación intrascendente pronunció la palabra cucuné. Homper no tuvo el valor entonces de confesar su ignorancia, y la mariposa verbal echó a volar.

-¿De donde vendrá este cucuné? –especulaba.Homper

Y componía sus propias definiciones. Cucuné: Baile popular de Guatemala. Cucuné: papilla de mandioca y sémola. Cucuné: corsé adornado con frunces y jaretas que puso de moda Maria Antonieta. Cucuné: contera del bastón del regidor. Cucuné: planta del orden de las cucubirtáceas cuya pulpa produce efectos afrodisíacos.

La curiosidad le llevó a una de sus fuentes favoritas, el Diccionario del Español Actual de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos. El cucuné es un moño, sin más. Homper investigó en Internet y supo que algunos precisan, además, que es un moño alto que las damas distinguidas se hacían en la parte superior de la cabeza para diferenciarse de las que llevaban el moño vulgar.

-Nunca te acostarás sin saber una cosa más-le dijo la tía Clota en su conversación a través del Skype-Ya ves, yo que soy mucho más vieja que tú no lo sabía… Pero lo voy a aprovechar, ya lo creo. De ahora en adelante, en lugar de decir que estoy hasta el moño de algo, que es tan ordinario, diré que estoy hasta el cucuné. Por ejemplo: estoy hasta el cucuné de lo que dice esa joven ministra llamada Bibiana Aído. Que el feto que lleva una mujer en el vientre es un ser vivo, pero no un ser humano…¿Nadie le aconseja que no diga más tonterías?

Las teorías de la ministra: otra causa más para la perplejidad. Homper se llevó las manos a la cabeza imaginando los improperios que le lloverían a tía Clota por criticar a la ministra prodigio: facha, machista, retrógrada, demagoga. Pero luego se consoló pensando que la titular de Igualdad, como le pasaba a él mismo hasta hace un ratito, tampoco sabe lo que es el cucuné.

Una cena en la Ribeira Sacra

Al final de un camino como éste se divisa el pazo...

Al final de un camino como éste se divisa el pazo...

De vez en cuando el Duende tiene la suerte caer en una cena de esas tan interesantes  que parecen de película. Más exactamente, de película de Eric Rohmer o de Chabrol. Una cena en una casa de muchos siglos restaurada con cariño, buen gusto y cierto atrevimiento. Fue en viejo pazo gallego en un campo de idílica belleza, asomado a la Ribeira Sacra lucense, en el término de Ferreira de Panton, entre castaños, robles, fresnos y auténticos bosques de retamas que en primavera alegran el verde intenso con sus crestas amarillas. No se debe quedar uno en lo insólito del escenario, -el marco incomparable, que diría el cronista- en la calidad de la mesa  y en el bouquet especial de los vinos. Aunque, como en este caso, sean producidos por los propios anfitriones y en los viñedos de la propiedad. La gran diferencia, como casi siempre, son las personas.

La que había convidado a los buenísimos amigos que, a su vez,  habían invitado al Duende era Isabel Aguirre de Urcola, una arquitecta que es Premio Nacional de Arquitectura. Entre otros muchos trabajos que la han acreditado como urbanista y paisajista de primer orden, Isabel ha diseñado junto con Alvaro Siza el Parque Bonaval de Santiago de Compostela, así como los Parques Oeste Vale/Grande y Sul de Lisboa. Isabel era además profesora de la ETS de Arquitectura de La Coruña ( que, por cierto, ya no se sabe si es con La, con A o sin artículo alguno, como ahora proponen algunos puristas). Lo admirable deIsabel es que comenzó a estudiar la carrera de arquitectura a los cuarenta años. Ya no da clases porque, pese a su figura de actriz y su cutis de jovencita,  ha cometido el error de superar la edad de jubilación.  Para más osadía por su parte, es de las que se molestaba cuando un alumno escribía con faltas ortografía. Y de las que levantan la voz cuando una de esas maquinotas-destroyer de obras públicas arrambla con los muros de piedra centenarios de una corredoira para ampliarla y permitir así que los coches de los aldeanos atraviesen el bosque sin arañarse la carrocería, que sufre tanto. O sea, una provocadora.

-¿Pero habéis sometido el proyecto a información pública y pedido el informe de impacto ambiental?- le preguntó al Conselleiro de Medio Ambiente, a la sazón del Bloque cuando vio aquella tropelía paisajística que, por lo visto, requería el progreso.

-¡Mujer!-se excusó el baranda-Es que si seguimos los trámites legales no podemos hacerlo, como quieren los paisanos…

O sea, razón de estado y aguantoformo. Si antes teníamos que soportar las melonadas del gobierno central, ahora debemos añadir a éstas las de diecisiete gobiernos autónomos. El protagonista de Las siete columnas, una de las mejores novelas del gran novelista gallego Wenceslao Fernández Flórez, se llamaba precisamente Acracio. A lo mejor era porque estas cacicadas invitan a ser ácrata permanente.

Así y todo Isabel proyecta una imagen de felicidad que se respiraba en la cena y que parece ser la argamasa que une los sillares del vetusto pazo. Es tan buena anfitriona que hasta dijo que añoraba a Doña María, cosa que al Duende le llenó primero de estupor, y luego de indisimulable orgullo. Tan lejos han llegado esos muñecos radiofónicos a los que daba un poquito de cuerda todos los días. Alrededor de la mesa se sentaban sus hijos, los amigos que nos llevaron allí y otros invitados, se oían voces de nietos y también rondaba un perrito parecido al de la Reina de Inglaterra. La hospitalidad era tan natural que el Duende, que había recorrido la finca con un calzado inapropiado para un día de lluvia y se había calado los pies, perdió la vergüenza y le pidió a Antonio Yordi, el hijo de Isabel, un par de calcetines secos.

-Es porque el enfriamiento se me va a la garganta-se excusó.

Nunca pensó que se atrevería a hacerlo, pero si no se cambia los calcetines hubiera perdido la voz. Y no hubiera podido contar hoy que fue una noche muy grata, y que sólo le faltóaprovechar  las parladeiras, unos poyetes de piedra encastrados en el muro de poniente de los pazos donde los gallegos se sentaban a hablar mientras tomaban hasta el último sol que entra por la ventana. Otra vez será. Si Dios y la ilustre arquitecta gallega quieren.

El día que Florentino Pérez se presentó al Duende

Creen el Duende que no le gustó que le confundieran con un Fernández...

Creen el Duende que no le gustó que le confundieran con un Fernández...

Se iba de viaje hacia el puente de San Isidro. Y pensaba pasar de largo por el blog nuestro de cada día, o de cada dos días, máximo de cada tres. Al fin y al cabo, no es culé, por lo que no tiene razón para levitar en éxtasis. Ni tampoco del Athletic,  con lo que, aún condoliéndose por su dolor, tampoco puede escudarse en el luto para hacer el vago. Además, caramba, el propio José Blanco, antes Pepiño, que es ministro de la cartera de más curro, anuncia que vuelve a su blog. Eso sí, no subirá un post diario, sólo uno a la semana.

O sea, que el Duende pensaba pasar de blog. Se asomaba a las noticias y entre la Copa del Rey, los silbidos al himno nacional, la metedura de pata de TVE y la presentación de la candidatura de Florentino Pérez a la presidencia del Real Madrid pensaba que no quedaría interés público para ganarse un solo lector.

Pensaba no escribir de nada. ¿Cómo podría atrapar la atención un día cómo hoy.

Y el Duende recordó a su abuela, que estaba empeñada en que, de mayor, estudiara para diplomático. Esa carrera de tanto lustre y prestigio de la que forma parte, sin ir más lejos, el Marqués de Betanzos. Se acordaba de su abuela, y de las virtudes del diplomático, porque una vez, hace años, al Duende le fichó el Círculo de Empresarios para entretener la fiesta de despedida del que fuera su presidente, Carlos Espinosa de los Monteros.

El Duende hizo de las suyas. Y los empresarios pata negra estuvieron simpáticos y se rieron con sus ocurrencias. Y al término del numerito, se le acercó uno con aspecto de funcionario corriente y moliente, de estatura regular y gafas y le felicitó por su actuación.

-Enhorabuena- le dijo tendiéndole la mano-¿Sabes quién soy?

Y el Duende, que por entonces colaboraba en El Informal de Javier Capitán, le respondió vehemente.

-Sí, hombre, claro, cómo no…¡Florentino Fernández!

Era Florentino, pero Pérez. El mismo que hoy –honor y gloria para todo el mundo mundial- ha descendido del cielo al Hotel Ritz para ser exaltado a la presidencia del Real Madrid y redimir a esta gloriosa institución de sus miserias. Vamos, que por la fanfarria que le acompaña, uno diría que viene también a resolver la crisis, a acabar con la gripe porcina y a salvarnos el alma.

Ha bajado del cielo, sí. Y sospecha el Duende que desde él,  por un agujerito entre nubes miraba su abuela. Lo sabe porque, entre el Hala Madrid que entonaba en las alturas un coro de ángeles blancos, se escuchaba su voz  trémula haciéndose una pregunta.

- ¿Estás segura, Mercedes, de que lo de tu nieto era la diplomacia?…

Los guantes de Gilda y otras cosas superfluas

GildaPensaba que era cosa de la edad. De vez en cuando Homper sentía la necesidad de depurar todo lo superfluo de su vida. En sueños se le aparecía un espectro evanescente, pero con un mensaje claro: suelta lastre, hijo. Homper lo bautizó como el Ángel Minimalista. Aparecía ocasionalmente, quizás una vez al año, coincidiendo con la llegada al buzón del recibo del Impuesto sobre Circulación de Vehículos de Tracción Mecánica. Era entonces cuando recordaba que no cabía una sola cosa más en su vida, y tocaba depurar.

Esta vez, sin embargo, fue a impulsos  de la extravagante tía Clota.

-¿Sabes?…Ayer por la tarde nos deshicimos de nuestros guantes de Gilda. Vinieron a casa Edwina y Thelma, cada una con su par correspondiente. Tomamos un te opíparo, con sus sus scones y la tarta de nuez y zanahoria, que me sale tan rica…Después fuimos de paseo al lago, llenamos los guantes de piedrecitas pequeñas, nos acercamos al borde del pantalán y los arrojamos al agua…Debíamos haber llorado, pero sonreíamos. Nos cogimos las tres de la mano viendo cómo se hundían y sentíamos una paz maravillosa.

Homper imaginaba el cuadro y su perplejidad tradicional se quedaba en nada. Imaginaba que René Magritte rondaba por el lago, abocetaba los seis guantes negros hundiéndose como peces de plomo y pintaba un lienzo póstumo que batía records en Sothebys. También imaginaba que del cieno del fondo del lago, como una sirena rediviva, emergía Rita Hayworth y volvía a cantar Amado mío mientras contoneaba su cuerpo y se ponía, para quitárselos después voluptuosamente, los tres pares de guantes que habían desechado las tres ancianitas de Vermont.

No desechó Homper ni el aviso del Angel Minimalista ni la lección de la tía Clota y sus amigas. Abrió sus armarios, metió en una bolsa de viaje la máquina para hacer perritos calientes que jamás había utilizado, el juego de cacharros para la raclette que jamás utilizaría, porque todos sus amigos y amigas sólo se alimentaban ya de ensaladas y pescados a la plancha, dos novelas de Vizcaíno Casas, cuatro pares de gafas con dioptrías superadas, una metopa del Cuartel de Wad-Ras, donde prestó sus deberes militares, y seis insectos conservados en resina plástica que empezó a coleccionar con una de esas absurdas series de fascículos que anuncian por la tele.

Caminó por el parque, buscando el Punto Limpio donde, según las ordenanzas municipales, debía depositar tan heterogénea carga. Cuando estaba a punto de llegar, dejó la bolsa en el suelo y se llevó las manos a la cabeza.

-Vaya, me he olvidado del punto y coma.

El punto y coma era en su vida tan superfluo como lo anterior. Cuando aprendió a leer, aún se escribía con puntos y comas. Ahora, con estos vaivenes de de  la gramática y de la RAE y los dictados de la moda, que también mandan en la escritura, el punto y coma casi le estorbaba. Sin embargo las ordenanzas, que dicen dónde debemos depositar las pilas gastadas, los medicamentos caducados, el aceite frito y la máquina de perritos calientes, no ha pensando en  el cementerio del punto y coma. Y Homper se quedó perplejo de que Zapatero, ya que no nos saca de la crisis,  no nos resuelva al menos el problema de

los residuos ortográficos.

Qué hacer con un teléfono machista

Telefono movil machistaEl preclaro político nacionalista Ibarreche se jubila. Justo cuando se estrena una nueva secuela de Star Trek y ni siquiera han tenido la delicadeza de ofrecerle el papel de Mister Spock. Qué falta de visión, con lo gracioso que estuvo el día aquel que llamó a la defensa de la galaxia vasca frente a las galaxias extranjeras que quieren yugularla.

Ibarreche deja las poltronas del poder, pero su discurso ha echado raíces en la clase política. No tanto en el fondo, afortunadamente, como en la forma. De hecho, el lendakari López, que quiere ser completamente opuesto a su antecesor, sigue empleando en sus alocuciones lo de ciudadanos/ciudadanas vascos/vascas. Muera el genérico si resuena a masculino.

El objetivo de esa presunta igualdad, pian pianito, va ganando terreno. Homper, nuestro hombre perplejo, se queda últimamente más perplejo todavía cuando advierte que ese/a angel/angela exterminador/a del sexismo que es la ministra Aído ha conseguido domeñar su subconsciente.

-Es terrible-le confesaba anoche a la tía Clota-Siento como si me hubiera implantado un chip en el cerebro Tengo que buscar el abrecartas o el abrelatas y yo mismo me voy preguntando: ¿dónde habré puesto el abrecartas/abrecartos? ¿Quién me habrá escondido el abrelatas/abrelatos?

La tía Clota, que lleva más de treinta años viviendo en Estados Unidos y ya habla más en inglés que en castellano, le miraba atónita.

-¿En esas tonterías andáis ahora en España?

Homper trató de explicarle que la cosa va en serio. La Academia de la Lengua, por ejemplo, está peinando el diccionario para limpiarlo de piojos machistas y atemperarlo al signo de los  tiempos. Por eso él se ha quedado literalmente petrificado cuando al encender  el teléfono móvil marca Nokia que le han prestado hasta que tenga arreglado el suyo le ha aparecido en la pantalla este mensaje: ORDENA, MI AMO. Como lo leen: ORDENA, MI AMO. El acabose.  Un aparato tan retrógrado que no sólo presupone que el propietario del teléfono debe ser hombre, sino que además ignora que desde hace varias constituciones no hay en España amos ni siervos.

Así que no sabe si estrellarlo contra el suelo o ponerlo a disposición de Bibiana Aído para que denuncie a la compañía, meta al teléfono en la cárcel y siga perfeccionando este maquillaje igualitario que nos permite sentirnos tan maravillosos.

“El Iniestín”, en los altares*

Iniesta* Publicado en MARCA  8-5-09

Hay que cambiar algo para que nada cambie. En las alturas  también dijeron  la famosa frase de “El gatopardo”, y la suerte de los campeones le ha dado al Barcelona lo que antaño reservaba al Madrid. La divina Providencia, tradicionalmente merengona, ha decidido no poner todos los huevos en la misma cesta, y desplaza este año sus favores al Barça. Al fin y al cabo ganaría igual tanto sin esos árbitros que acuden en socorro del vencedor,  como sin que se le encojan los grandes cuando se enfrentan a él.

 En el descuento, y con uno menos, el Barça ganó al Chelsea con esa chispa de fe, de raza y de genio que asistía al Madrid de las grandes noches europeas. Ahora al Barça, si se le atascan las toberas de su talento, también le sonríe la suerte: un disparo a gol en todo el partido y un gol que vale por dos y por una final.  Había que pasar la inveterada chorra del Madrid al Barcelona para que nada cambie. Es decir, para que siga ganando el mejor aún en su peor partido.

 Todos vimos la euforia que prendió en la hinchada culé en Stamford Bridge. E imaginamos lo que habrá sido otra vez la Rambla de Canaletas. Pero mucho más divertido y emocionante es recrear, como en el sueño de una de aquellas entrañables películas en blanco y negro del gran Berlanga, la noche en Fuentealbilla. Fuentealbilla, sí: ¿aún no lo conocen? Es el pueblecito de Albacete donde nació el héroe de la noche,  el príncipe del fútbol español. Un tal Andrés Iniesta.

 Se lo imagina uno, sí. Mete el gol el príncipe y el alcalde, desde el balcón del Ayuntamiento, lanza varios cohetes. A continuación se reclama a la Banda Municipal y al Coro Polifónico de Fuentealbilla y, sobre  la marcha, sin ensayar apenas, se les invita a recorrer el pueblo al frente de la corporación cantando Andrés…¡Tú eres el más grandes!…/ Andrés…¡Tú eres el mejor!  (es el pasodoble de Marcial Lalanda, adaptado a las circunstancias). A continuación se convoca un pleno de urgencia en la Casa Consistorial  y se le declara  hijo predilecto del municipio, fuentealbillero de oro, Quijote universal, embajador del queso, del gazpacho, de las migas y de los duelos y quebrantos manchegos. Y como remate, se insta al cura a que, sobre la marcha, declare a Andresín santo. Así, sin más, y sin pedirle permiso al Vaticano. ¿No es santo  Casillas? Pues más santo es Andrés Iniesta, que supera el milagro de que el Barça no tire a gol en noventa minutos marcando un golazo en el noventa y dos. A milagro, milagrazo.

Pero hay más. Al tío Tiburcio, que es alfarero y escultor de santos de iglesia populares, no se le ha pasado por alto la cara de bueno del Andresito. Le recuerda a aquel Niño Jesús de Praga sonriente, que hace años, cuando España era tan católica, estaba entronizado en muchos de nuestros hogares. También sabe que ahora hay creyentes con una estatuilla de San Pancracio en su mesa de trabajo, o encima del televisor: trae buena suerte, y trabajo si no lo tienes. Y así, ni corto ni perezoso, inflamado de fe tras ver el milagro de este paisano ejemplar que es el Andrés, ha diseñado la estatua de un santo que tiene su carita, viste túnica azulgrana y tras la cabeza, en lugar de un halo, luce un balón resplandeciente.

 La va a bautizar con un nombre popular, de santo pequeñito y entrañable, como de andar por casa. Le va a llamar “el Iniestín” (como a la Virgen de Covadonga le dicen “la Santina”). Y está convencido de que en pocos años todos tendremos un Iniestín. Tiene razón el tío Tiburcio, porque está claro que a este santo humilde, que hace maravillas, todos lo necesitamos para que nos vuelva a alegrar  la vida con milagros como el de anteanoche.

París, París…¿Demasiado bonita para ser buen cine?

paris_parisCuando el ínclito Carlos Herrera pastoreaba al Duende en la radio, a las diez de la mañana abría los micrófonos a los oyentes para que debatieran sobre un  tema de actualidad. Si el asunto era un reflejo cotidiano de la vida de los españoles, Capitán y el ciudadano García lo definían así.

-Hoy toca un cómo semos.

Había algún tema divino, pero casi todos eran asquerosamente humanos: la incuria ciudadana, sus guisos favoritos, las relaciones con la suegra, errores médicos, el maestro que le dejó huella, cómo conoció a su pareja, dónde le dejó tirado el coche, qué se lee en el retrete, gorrones conocidos, cómo alivia usted sus meteorismos…Al Herrera nada humano le es ajeno, y si es somático y con adorno de regüeldos o ventosidades, mejor que mejor. Es el más brillante ante el micrófono, pero también el más guarro. De cuando en cuando –pocas veces, todo hay que decirlo- escapaba de su sentina  guasona y planteaba asuntos más trascendentes. Sin embargo, nunca debatió ningún cómosemos como el que sugiere una película aún en cartel. Es una película francesa, se llama París, París y,  como no pinta intelectualmente correcta –desgraciadamente para ella, resulta agradable de ver-  seguramente pasará sin pena ni gloria.

El cómosemos derivado se podría presentar así: ¿por qué el artista y el creador contemporáneo se obsesiona por  lo sórdido,  lo triste, y lo desagradable de la vida? ¿Por qué ese regodeo en las pestilentes sombras de nuestra sociedad? ¿Por qué hay que  afligir sistemáticamente al ciudadano conel flagelo de sus miserias? ¿Por qué ese menosprecio de lo bonito, de lo amable, de lo que deja buen sabor de boca?

Con un lúcido ejemplo, se lo recordaba  la tía Clota a su siempre perplejo sobrino Homper.

-No podría colgar uno de esos cuadros del famoso Bacon en el saloncito de casa. Se parecen a lo que veía en un monitor el día espantoso en el que me hicieron una rectoscopia.

Y Homper se quedó con la meditación: Francis Bacon encierra en sus cuadros  el doloroso misterio de ese aire que te inyectan por donde te dije cuando te miran la fontanería rectal. Es la fascinación morbosa de lo desagradable.

Todo lo contrario de lo que ofrece la última película del mismo equipo que triunfó con Los chicos del coro. París, París tiene algo de evocación, es un fresco costumbrista del París de los años treinta, mezcla géneros como la comedia, el melodrama, el musical y hasta el thriller político. Pero para los críticos del vinagre cultural tiene dos imperdonables defectos: es entretenidísima y, sobre todo, bonita como un sueño. Como aconsejaría la tía Clota, no la vean si sólo quieren pasar otro mal rato con el dichoso cine de autor.

El percebe quisiera ser Babe, el cerdito valiente…

A pesar de los apuros que ahora pasa el cerdito babe, el percebe envidia su suerte

A pesar de los apuros que ahora pasa el cerdito Babe, el percebe envidia su suerte

Y de repente, aquella niña tan sensible y candorosa que repasaba el gran libro enciclopédico de los animales, se quedó anclada ante la lámina del percebe.

Lo conocía bien. Papá era un constructor adinerado, y desde muy niños había adoctrinado a sus hijos en los poderes mágicos de esta criatura marina. Crustáceo, decía el libro. Papá invitaba a estos crustáceos cada vez que acudía a un concurso importante. Los invitados se ponían a chupetear esos animalitos tan feos, se quedaban encantados y papá acababa adjudicándose la obra.

Papá se había enterado de que al Rey le volvían locos los percebes, y una vez se empeñó en pedirle audiencia para entregarle un cajón de percebes gallegos recién pescados. No pensaba decirle que quería ofrecer su empresa para todas las obras de reforma que necesitara la familia. Sólo pretendía ponerse un frac, entrar en la sala de audiencias, saludar Juan Carlos I marcando respetuosamente el taconazo y la inclinación de cabeza que recomienda el protocolo y pronunciar alguna frase trascendente.

-Señor-ensayaba el constructor-…Es para este modesto empresario un orgullo y una satisfacción ofrecer a vuestra majestad esta selección de los que, según es rumor popular, son sus mariscos favoritos….

Según lo repetía, papá fue cambiando el sentido del discurso. ¿Por qué iba a decir lo de modesto? Había hecho una próspera carrera, estaba forrado, tenía un chalet y un barco mejor que el del Rey,  era patrono de varias fundaciones benéficas, se había hecho socio del club de golf más caro y exclusivo y, por si fuera poco, había comprado la Enciclopedia Larousse y todos los clásicos de la literatura encuadernados en piel para cubrir la elegante boisserie de nogal de su chalet.

-Señor –repetía- Para este próspero empresario es un orgullo…

Le pareció entonces que tampoco tenía que ser tan considerado. Al fin y al cabo, ¿qué méritos tenía el Rey que no se dieran en él?. Una cosa es que fuera el jefe del estado y otra que, gracias a eso, quisiera comer siempre mariscos por la cara.

-Señor-ensayó de nuevo- Aunque no se si se lo merece, es para mí un gustazo ofrecerle estos frescos y carísimos percebes que, a la par que harán las delicias de su noble paladar, vendrán a demostrar  el poderío de este su amigo que lo es…

No siguió ensayando, porque llegó una carta de la Secretaría del Rey en la que agradecían la iniciativa, pero no concedían la audiencia ni aceptaban el regalo de los percebes por contravenir el protocolo  de la Casa Real.

-¡Mierda de percebes! –exclamó el rico constructor al ver a su hijita ante la lámina del percebe y recordar la ofensa de su rechazo.

Y la pobre niñita, tan sensible, lloró pensando en la suerte de este pobre animalito, tan feo que ni siquiera tenía cuento como el del sapo-príncipe, o muñeco de peluche, y que si lo tuviera no sabría una por dónde abrazarlo ni besarlo. Y tan desafortunado que sólo lo quería la gente para comérselo. Sin que, ni siquiera por esas, le hubiera servido a Papá para hacerse amigo del Rey.

Así que se olvidó de las enseñanzas de su profesora, que dice que hay que amar por igual a todos los animales. Y cerró el libro del percebe, y se puso a ver por la tele la historia de Babe, el cerdito valiente, que ahora, con la gripe porcina, merece más cariño que nunca.

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Cómo hacer fotos imborrables

Cabo Vidio, como lo vio el autor de esta foto. A Homper le pareció otra cosa...

Cabo Vidio, como lo vio el autor de esta foto. A Homper le pareció otra cosa...

No lo pudo aguantar por más tiempo. Recordaba Homper haberse hecho una foto de niño a las puertas del Retiro. Había allí un fotógrafo prehistórico, con bigote y bata blanca, de aquellos con cámara y trípode que se refugiaban en la oscuridad de una lona para decir mira niño, que va a salir un pajarito. Disparaba y sonaba el click, y el niño Homper quedaba para la posteridad con su cara redondita y sus ojos de `pez bobo, subido a lomos de un caballo de cartón. Como un generalito que no sabe a qué guerra va.

Se acordó de la foto, y del caballito. Y de otra fotografía que se hizo allí de soldado, dentro de un corazón traspasado por la flecha de Cupido, y que él, en un alarde de audacia, envió a su compañera de facultad Paquita con esta leyenda: Adivina en quién pensaba este soldado. Vano intento. Paquita ya se daba unos filetes de época a la sombra de los rododendros del jardín trasero de la facultad con el más estirado del curso, que luego sería notario de Mercedes y safaris. Tanto romanticismo para nada.

Se acordó de todo eso cuando un día, paseando por la puerta de Alcalá vio a tres vacas de colores de la Cow Parade. Y le vino el deseo de hacerse una foto junto  a ellas, con el Retiro al fondo y en el mismo lugar que antaño ocupaba el caballo de  cartón. Eres más parado que el caballo de un fotógrafo, se decía. Acababa de descubrir que su teléfono móvil  incorporaba una pequeña cámara de fotos con la que pidió a un turista que le retratara. Luego, en su conversación a distancia con  la tía Clota., le mostró la foto en la pantalla del ordenador.

-¿Tú también, sobrino?

Como de costumbre, Homper se quedó perplejo con la reacción de su tía.

-¿También perteneces a ese grupo de gente que lo fotografía todo?-insistió la anciana.

No era Homper especialmente aficionado a la fotografía. Pero en este caso  había querido rendir un homenaje al fotógrafo de su propia infancia, cambiando el caballo de cartón por las vistosas vacas que adornaban Madrid.

-¿Te parece mal?-preguntó el hombre sin poder ocultar su decepción.

-Me parece… Hacer fotos a tontas y a locas…Si no las ordenas, ¿cómo verlas?… Mira Hom…Tengo por ahí fotos de toda la vida. Desde la clásica desnudita de bebé hasta la del último viaje con tu tío Oscar, en las cataratas del Niágara…Yo primero las pegaba, luego las metía en cajas y finalmente pasaba de ellas…Ya se que ahora se pueden guardar en el ordenador, pero yo nunca lo voy a abrir para eso. Así que ahora sólo hago fotos con mis ojos y las archivo en el recuerdo.

No era tan mala idea. Pensaba en lo que había vivivo este fin de semana en la costa asturiana, al pie del faro del cabo Vidio. Un sol resplandeciente, nordeste, la mar brava bañando de espuma los acantilados y algunas florecillas moteando de color el espeso manto verde del suelo. No era sólo un cuadro espléndido, era el vigoroso golpe del viento en la cara, la luz única, la inmensidad del horizonte y las sensaciones que todo eso despertaba. Tenía razón la tía Clota. Para un instante imborrable no hay mejor cámara que la mirada, ni más fiel archivo que la memoria.

Un amor nacido el 1 de mayo

f1Aquel 1 de mayo fue el gran día en la vida de Jacoba. Había sido ésta muy azarosa, por cierto. Nacida  en el seno de una familia de derechas, hija de un coronel de intendencia  que presumía de patriotismo por haberle regalado una máquina de liar cigarrillos al general Millán Astray –que, evidentemente, no lo tenía fácil- y de una terrateniente andaluza, fue educada como modelo de la mujer cristiana de su tiempo. El guión lo decía claramente: estudios hasta bachillerato superior, cultura general e idiomas, que son muy importantes. Formación doméstica en la Sección Femenina, con especial dominio de la vainica y del encaje de bolillos. Promoción social con puesta de largo en el casino de la ciudad. Y boda. Boda con un joven de buena familia o, cuando menos, de buena carrera.

Sin embargo Jacoba se desvió bien pronto del camino señalado. A los diez añitos, un domingo que la niñera la vestía para ir a misa, dio el primer aviso. Cuando sus padres la recogían en su habitación, la criatura se plantó con los brazos en jarras como una libertaria precoz y dio la primera muestra de rebeldía…

-Mami, yo no iré a misa –dijo negando con la cabeza-  porque no creo en Dios. Me he enterado de que los Reyes Magos son mentira. Y si ya no creo en ellos, cómo voy a creer en Dios, que hacía cosas mucho más difíciles que traer regalos.

A doña Fuencisla casi se le cayó la dentadura postiza del sobresalto.

A partir de entonces, ella y el coronel intentaron comprar el alma de Jacoba al precio que fuera y devolverla al camino de la salvación. Buenos profesores, viajes, caprichos, fiestas con chicos astutamente escogidos, conferencias y clases de inglés, piano y encuadernación. Pero mientras Jacoba fingía aceptar las reglas de juego seguía marcando las distancias.

-Papá, es que soy de izquierdas-le dijo a su padre cuando éste la sorprendió con la maleta en el hall antes de  largarse  de casa.

Jacoba se iba a Africa porque quería tener un hijo con un negro. Para subrayar que no era un capricho, añadió que no buscaba un negro cualquiera, sino uno que tuviera los ojos claros. Con gran escándalo se fugó al sur de Egipto, donde no le fue difícil quedarse embarazada de un pescador nubio. Al año, cansada de su exótica aventura, cogió al niño y volvió a la casa de sus padres que, como buenos cristianos, la recibieron con los brazos abiertos.

-Mamá, Papá –les dijo mientras les presentaba a su nieto negro- Este es Akenaton… En realidad  no soy tan de izquierdas como para pasarme el resto de mi vida viviendo en una choza y pescando percas en el Nilo.

El coronel y su señora recibieron a Jacoba y Akenaton como la hija y el nieto pródigo. Y a partir de entonces, convencidos de que estaba ganada para su causa, relanzaron su viejo programa para casar bien a su niña.

-Fíjense si es virtuosa –contaban a la salida de misa a sus amistades-que ha adoptado a un niño africano…Es tan rico…¡Le queremos como a un nieto!

Jacoba flirteó con un joven notario, con un capitán grande de España, con el propietario de una fábrica de horchata y con un arquitecto de moda de esos que casualmente ganan todos los concursos públicos. Pero en el momento de la verdad, cuando Akenatón ya no era problema para el aspirante y todo dependía del sí de la niña, rebrotaba su espíritu rebelde de mujer comprometida y lo echaba todo a perder.

-No puedo, cielete-decía para edulcorar su negativa-Te amo, pero mis ideales me prohiben aceptar un destino tan burgués como me espera a tu lado.

Doña Fuencisla desesperaba: Jacoba quería la mula y los mil ducados. Vivir como una reina, sí, pero sin renunciar a sus principios. Corría el 1 de mayo. Y no sabiendo cómo cuadrar ese círculo inquietante que era el futuro de su hija, se le ocurrió sugerir que fuera a la gran manifestación sindical por si  daba allí con su media naranja.

Dios la había iluminado. Jacoba se plantó en Cibeles con Akenatón de la mano, y cuando regresó a casa estaba transfigurada. En su rostro resplandecía la felicidad.

-Mami-le dijo a su madre mientras la abrazaba- Me caso…Al fin he encontrado a un luchador de izquierdas que vive como un rey.

-¿Y quién es él? –preguntó doña Fuencisla aperalando su incertidumbre.

-Adolfo…¡Un liberado sindical!

No se casaron en Los Jerónimos, sino en el ayuntamiento de un pueblo de Segovia. Pero aunque su nieto Akenatón no vestía de terciopelo, sino de polichinela, y no llevaba las arras, sino que derramaba arroz sobre los novios,   doña Fuencisla era feliz. Porque   su hija había cuadrado el círculo y, al fin, se cumplían  sus sueños.


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