Aquel 1 de mayo fue el gran día en la vida de Jacoba. Había sido ésta muy azarosa, por cierto. Nacida en el seno de una familia de derechas, hija de un coronel de intendencia que presumía de patriotismo por haberle regalado una máquina de liar cigarrillos al general Millán Astray –que, evidentemente, no lo tenía fácil- y de una terrateniente andaluza, fue educada como modelo de la mujer cristiana de su tiempo. El guión lo decía claramente: estudios hasta bachillerato superior, cultura general e idiomas, que son muy importantes. Formación doméstica en la Sección Femenina, con especial dominio de la vainica y del encaje de bolillos. Promoción social con puesta de largo en el casino de la ciudad. Y boda. Boda con un joven de buena familia o, cuando menos, de buena carrera.
Sin embargo Jacoba se desvió bien pronto del camino señalado. A los diez añitos, un domingo que la niñera la vestía para ir a misa, dio el primer aviso. Cuando sus padres la recogían en su habitación, la criatura se plantó con los brazos en jarras como una libertaria precoz y dio la primera muestra de rebeldía…
-Mami, yo no iré a misa –dijo negando con la cabeza- porque no creo en Dios. Me he enterado de que los Reyes Magos son mentira. Y si ya no creo en ellos, cómo voy a creer en Dios, que hacía cosas mucho más difíciles que traer regalos.
A doña Fuencisla casi se le cayó la dentadura postiza del sobresalto.
A partir de entonces, ella y el coronel intentaron comprar el alma de Jacoba al precio que fuera y devolverla al camino de la salvación. Buenos profesores, viajes, caprichos, fiestas con chicos astutamente escogidos, conferencias y clases de inglés, piano y encuadernación. Pero mientras Jacoba fingía aceptar las reglas de juego seguía marcando las distancias.
-Papá, es que soy de izquierdas-le dijo a su padre cuando éste la sorprendió con la maleta en el hall antes de largarse de casa.
Jacoba se iba a Africa porque quería tener un hijo con un negro. Para subrayar que no era un capricho, añadió que no buscaba un negro cualquiera, sino uno que tuviera los ojos claros. Con gran escándalo se fugó al sur de Egipto, donde no le fue difícil quedarse embarazada de un pescador nubio. Al año, cansada de su exótica aventura, cogió al niño y volvió a la casa de sus padres que, como buenos cristianos, la recibieron con los brazos abiertos.
-Mamá, Papá –les dijo mientras les presentaba a su nieto negro- Este es Akenaton… En realidad no soy tan de izquierdas como para pasarme el resto de mi vida viviendo en una choza y pescando percas en el Nilo.
El coronel y su señora recibieron a Jacoba y Akenaton como la hija y el nieto pródigo. Y a partir de entonces, convencidos de que estaba ganada para su causa, relanzaron su viejo programa para casar bien a su niña.
-Fíjense si es virtuosa –contaban a la salida de misa a sus amistades-que ha adoptado a un niño africano…Es tan rico…¡Le queremos como a un nieto!
Jacoba flirteó con un joven notario, con un capitán grande de España, con el propietario de una fábrica de horchata y con un arquitecto de moda de esos que casualmente ganan todos los concursos públicos. Pero en el momento de la verdad, cuando Akenatón ya no era problema para el aspirante y todo dependía del sí de la niña, rebrotaba su espíritu rebelde de mujer comprometida y lo echaba todo a perder.
-No puedo, cielete-decía para edulcorar su negativa-Te amo, pero mis ideales me prohiben aceptar un destino tan burgués como me espera a tu lado.
Doña Fuencisla desesperaba: Jacoba quería la mula y los mil ducados. Vivir como una reina, sí, pero sin renunciar a sus principios. Corría el 1 de mayo. Y no sabiendo cómo cuadrar ese círculo inquietante que era el futuro de su hija, se le ocurrió sugerir que fuera a la gran manifestación sindical por si daba allí con su media naranja.
Dios la había iluminado. Jacoba se plantó en Cibeles con Akenatón de la mano, y cuando regresó a casa estaba transfigurada. En su rostro resplandecía la felicidad.
-Mami-le dijo a su madre mientras la abrazaba- Me caso…Al fin he encontrado a un luchador de izquierdas que vive como un rey.
-¿Y quién es él? –preguntó doña Fuencisla aperalando su incertidumbre.
-Adolfo…¡Un liberado sindical!
No se casaron en Los Jerónimos, sino en el ayuntamiento de un pueblo de Segovia. Pero aunque su nieto Akenatón no vestía de terciopelo, sino de polichinela, y no llevaba las arras, sino que derramaba arroz sobre los novios, doña Fuencisla era feliz. Porque su hija había cuadrado el círculo y, al fin, se cumplían sus sueños.

Un saludo admirado y agradecido D. Luis!!!!
Bueno al menos se caso bien….. y encima vivio como pocas de su epoca!!! me encanta tantas historias
feliz dia
DA gusto leer una historia de rebeldIa, cuando exixtia la rebeldÌa ,porque hoy ya nada causa ningun extupor.
Creo que desde que parece que todo vale, aunque no sea asÌ, las vidas son menos arriesgadas y menos imaginativas. Hay que revindicar la creatividad en nuestrO día a día, y , por ejemplo, Akenaton me parece un nombre precioso.
Gracias por la deliciosa narración de los amores de Jacoba … y consiguientes dolores de Dña Fuencisla. ¡ Junto con el sol radiante del fin de semana, su lectura habrá sido un bálsamo especialmente bienvenido para los maltrechos aficionados merengues !
Con todos mis respetos, la historia me parece un poco rebuscada y falta de autenticidad. Lo siento duende, pero esta vez no me dice nada.
Discrepo de Joselepapos, yo la encuentro deliciosamente real: Retrato fidedigno de buena parte de la izquierda burguesa.
El principio de la historia me ha recordado, una vez más, a “Espérame en el Cielo”, la parte en la que Franco iba a visitar Asturias y los niños ensayaban el movimiento de las banderitas. Todos menos Gerardito, que ni de coña quería mover la banderita. Los que peinamos alguna cana recordamos bien quien era ese Gerardito (que tuvo la decencia de volver a la mina cuando remató en política). La segunda parte me ha recordado una entrevista a cierta actriz abanderada de la izquierda (de esas que ponían el dedito sobre la ceja en forma de ángulo), en la cual declaraba que el tiempo le había hecho perder lozanía y ganar en conciencia social. Tal era su conciencia social que más adelante confesaba que sólo estrenaba una cuarta parte de la ropa que se compraba, y ante una pregunta acerca de cómo resolvía las tareas del hogar, afirmaba: “Yo no limpio, ¡sólo me faltaba eso!”. Textualmente está escrito en el dominical de un periódico.
Izquierda de chacha con blanca cofia sirviendo vichisuas en sopera. Izquierda de mochilero marcoso con VISA oro. Izquierda de finos canapés en la boda de la hija del banquero. Izquierda vestida de fiesta en glamuroso estreno cinematográfico. Todo para el pueblo, sí, pero nosotros siempre los primeros de la cola, y procurando que no se nos cuele ningún compañero de litrona y bocata tortilla a pie de obra, no se vaya a dar cuenta de cómo va realmente este rollo de la izquierda.
Sí señor, Zoupon, desgraciadamente esa es la “izquierda” dominante, la “izquierda” facha, según la definición que ellos mismos dan de facha.
Deberíamos empezar a nombrarles y a señalarles con el dedo, cada vez que aparecen en esas actitudes, pero con nombres y apellidos, a ver si se van enterando de que, aunque cuele ante una mayoría, no cuela ante todos, y que nada tiene que ver el progreso con sus retrocesos ni con su descarada y continua aplicación de la ley del embudo y del pesebrismo más rastrero.
Han hecho, están haciendo y harán muchísimo daño a esta mediática sociedad de crédulos, que aun siendo responsable de serlo, no merece el perjuicio enorme que está acumulando por el efecto de la cuota de pantalla, que es lo que únicamente cuenta, y la tienen bien controlada.
El mayor izquierdista que yo conozco, comunista heroico en los setenta y socialista posibilista en la actualidad, disfruta mucho con un velero que tiene. Yo no lo he visto, pero debe de estar bastante bien surtido, porque se cruza el Atlántico. Los que sí he visto son algunos de sus coches. Y son buenos.
Otra cosa: El otro día vi por la tele a una de las musas de la izquierda, actriz, cantante, intelectual, en un anuncio sobre cremas antiedad. Yo pensaba que eso era muy burgués y muy retrógrado, lo de cuidarse cual objeto sexual y vender imagen.
Creo que todos (o casi todos) vivimos en una contradicción, pero me molesta mucho que algunos nos enseñen la verdad y el camino, como si estuvieran a salvo de contradicciones, y resulta que están todavía más liados que nosotros.
Pues sí, José Ramón, he visto ese anuncio dos veces, y no he podido evitar hablar de las contradicciones, de las que ninguno nos libramos, pero que cuando son públicas y notorias hacen mucho más daño del que parece, pues habilitan la autojustificación de muchos miles de contradictorios, que ven aliviado su sentimiento de culpabilidad.
Y a la vez pienso en qué estará pensando la bibistra que no saca una ley que obligue a la paridad entre cremas antiarrugas para hombres y para mujeres.
Con lo bien que me vendría a mí una cremita de esas con “ingredientes activos contra el envejecimiento cutáneo, como la perla y el caviar”, pero que no me atrevo a usar, porque no tengo esas características de Ana Belén, según MarketingNews.es: “Ana Belén, que presta por primera vez su imagen a una marca, encarna a los valores de la marca: feminidad, calidad y elegancia”, y claro, lo mismo me transforma tanto que no hay dios que me reconozca.
Para mí sería la versión masculina de la de caviar, porque “está especialmente pensada para mujeres con piel madura o muy madura, que necesitan un aporte extra de emolientes, activos que le ayuden a reactivar la actividad celular, mejorar el estado de su piel y mantener sus mecanismos de defensa y renovación”.
¡Joder, y se quedan tan anchos!
Llevo unos meses que me está extrañando el espectacular aumento de la publicidad de cosméticos, y hoy he visto el dato: el sector aumenta un 26,5 % las ventas en el primer trimestre del año. ¿No tiene nada que decir la bibistra?
Wallace, no esperes que la bibistra se ocupe de esa cuestión a corto plazo. Me consta que, en este comienzo de la campaña impositiva, está encerrada con la ministra Elena Salgado y con los gabinetes de ambas en pleno, y con siene y siene de otro asesore, a fin de lograr que el programa PADRE (Programa de Ayuda a la Declaración de la REnta) incluya en su denominación también las siglas MADRE. Va para largo porque está complicadillo, pero la igualdá de lo epañole y la epañola justifica cualquier esfuerzo.
Por cierto, ¿Cómo se sabe si la piel de uno necesita un aporte extra de emolientes?
Ja, ja, ja, Zoupon, eres genial.
En cuanto al aporte extra de emolientes, es sencillote, miras en tu DNI la fecha de nacimiento, y si es anterior a 1960, date por jodido, necesitas el aporte. Si es posterior, te bastará con el aporte de perla solamente.