Una cena en la Ribeira Sacra

Al final de un camino como éste se divisa el pazo...

Al final de un camino como éste se divisa el pazo...

De vez en cuando el Duende tiene la suerte caer en una cena de esas tan interesantes  que parecen de película. Más exactamente, de película de Eric Rohmer o de Chabrol. Una cena en una casa de muchos siglos restaurada con cariño, buen gusto y cierto atrevimiento. Fue en viejo pazo gallego en un campo de idílica belleza, asomado a la Ribeira Sacra lucense, en el término de Ferreira de Panton, entre castaños, robles, fresnos y auténticos bosques de retamas que en primavera alegran el verde intenso con sus crestas amarillas. No se debe quedar uno en lo insólito del escenario, -el marco incomparable, que diría el cronista- en la calidad de la mesa  y en el bouquet especial de los vinos. Aunque, como en este caso, sean producidos por los propios anfitriones y en los viñedos de la propiedad. La gran diferencia, como casi siempre, son las personas.

La que había convidado a los buenísimos amigos que, a su vez,  habían invitado al Duende era Isabel Aguirre de Urcola, una arquitecta que es Premio Nacional de Arquitectura. Entre otros muchos trabajos que la han acreditado como urbanista y paisajista de primer orden, Isabel ha diseñado junto con Alvaro Siza el Parque Bonaval de Santiago de Compostela, así como los Parques Oeste Vale/Grande y Sul de Lisboa. Isabel era además profesora de la ETS de Arquitectura de La Coruña ( que, por cierto, ya no se sabe si es con La, con A o sin artículo alguno, como ahora proponen algunos puristas). Lo admirable deIsabel es que comenzó a estudiar la carrera de arquitectura a los cuarenta años. Ya no da clases porque, pese a su figura de actriz y su cutis de jovencita,  ha cometido el error de superar la edad de jubilación.  Para más osadía por su parte, es de las que se molestaba cuando un alumno escribía con faltas ortografía. Y de las que levantan la voz cuando una de esas maquinotas-destroyer de obras públicas arrambla con los muros de piedra centenarios de una corredoira para ampliarla y permitir así que los coches de los aldeanos atraviesen el bosque sin arañarse la carrocería, que sufre tanto. O sea, una provocadora.

-¿Pero habéis sometido el proyecto a información pública y pedido el informe de impacto ambiental?- le preguntó al Conselleiro de Medio Ambiente, a la sazón del Bloque cuando vio aquella tropelía paisajística que, por lo visto, requería el progreso.

-¡Mujer!-se excusó el baranda-Es que si seguimos los trámites legales no podemos hacerlo, como quieren los paisanos…

O sea, razón de estado y aguantoformo. Si antes teníamos que soportar las melonadas del gobierno central, ahora debemos añadir a éstas las de diecisiete gobiernos autónomos. El protagonista de Las siete columnas, una de las mejores novelas del gran novelista gallego Wenceslao Fernández Flórez, se llamaba precisamente Acracio. A lo mejor era porque estas cacicadas invitan a ser ácrata permanente.

Así y todo Isabel proyecta una imagen de felicidad que se respiraba en la cena y que parece ser la argamasa que une los sillares del vetusto pazo. Es tan buena anfitriona que hasta dijo que añoraba a Doña María, cosa que al Duende le llenó primero de estupor, y luego de indisimulable orgullo. Tan lejos han llegado esos muñecos radiofónicos a los que daba un poquito de cuerda todos los días. Alrededor de la mesa se sentaban sus hijos, los amigos que nos llevaron allí y otros invitados, se oían voces de nietos y también rondaba un perrito parecido al de la Reina de Inglaterra. La hospitalidad era tan natural que el Duende, que había recorrido la finca con un calzado inapropiado para un día de lluvia y se había calado los pies, perdió la vergüenza y le pidió a Antonio Yordi, el hijo de Isabel, un par de calcetines secos.

-Es porque el enfriamiento se me va a la garganta-se excusó.

Nunca pensó que se atrevería a hacerlo, pero si no se cambia los calcetines hubiera perdido la voz. Y no hubiera podido contar hoy que fue una noche muy grata, y que sólo le faltóaprovechar  las parladeiras, unos poyetes de piedra encastrados en el muro de poniente de los pazos donde los gallegos se sentaban a hablar mientras tomaban hasta el último sol que entra por la ventana. Otra vez será. Si Dios y la ilustre arquitecta gallega quieren.

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9 Respuestas a “Una cena en la Ribeira Sacra”


  1. 1 maribel mayo 19, 2009 a las 7:29 am

    Que envidia mas sana me acabas de dar…. bueno yo pienso que al ser el duende una persona tan variopinta , es normal que tenga esas cenas. Y que sepas que somos muchos los que nos acordamos de nuestra querida DOÑA MARIA,BRAULIO Y EL ENTRAÑABLE PADRE BONETE” me ha dado mucha tristeza saber que ya no los escuchare en rne….. saludos

  2. 2 José Ramón mayo 19, 2009 a las 9:50 am

    Pues sí. Todos los días veo cómo las administraciones públicas, cuando hacen una obra, se suelen saltar los trámites que ellas mismas imponen a los ciudadanos.
    ¿Expliaciones? Una: Que es un tostón la enorme burocracia (que ellas han creado). Dos: Que los requisitos (que ellas mismas han impuesto)son incumplibles .
    Pero, sobre todo, que las adminsitraciones lo hacen todo al servicio del ciudadano, y por lo tanto está siempre bien y siempre es correcto, mientras que el ciudadano sólo lo hace para su propio beneficio especulativo, y por lo tanto siempre es sospechoso de delito.

  3. 3 algodonsina mayo 19, 2009 a las 9:59 am

    Qué ejemplo de mujer. La verdad es que se anima una pensando en su currículum y en como, lejos de amilanarse al cmplir los cuarenta, se vino arriba dándo lo mejor.
    Gracias Duende, y a cuidar la voz.

  4. 4 Zoupon mayo 19, 2009 a las 10:04 am

    En el medio rural gallego, entre tanta “desfeita” de casas desportilladas y espantosos establos de bloque de hormigón, son todavía relativamente abundantes los “pazos” (palacios) y casas grandes, lo que antiguamente se llamaban “casas de moitos curas”, por la conocida afición de estos religiosos a dejarse caer y remolonear por las casas de mesas bien servidas, con grandes “lareiras” (chimeneas) y gruesos colchones de lana.

    Hace no muchos años estos edificios abandonados languidecían camino de la ruína, y no eran en absoluto valorados, pero por suerte los espesos muros de granito no se dejan tirar fácilmente, y la tendencia se ha invertido. Hoy se pueden ver muchos pazos rehabilitados por dueños particulares, lo cual es muy meritorio porque cuesta mucho más arreglar una de estas casonas que hacer una nueva con materiales modernos.

    Estas casas solían tener algunos elementos muy curiosos, como las citadas “parladeiras”, un gran invento, o las llamadas “trabuqueiras”, unas angostas ventanas que se van estrechando hasta no ser más que una ranura, y que se practicaban en los muros de piedra a ambos lados de la puerta principal de la casa. Su objeto era defender la casa de posibles asaltantes, trabuco mediante. Son parecidas a las aspilleras de los castillos medievales, pero generalmente en horizontal.

    Por lo visto, el respeto a los venerables “valados” (muros) de piedra granítica o de “chantos” (grandes piedras de pizarra clavadas -chantadas- en el suelo) tendrá todavía que esperar, pero incluso en este terreno hay brotes verdes, como diría la otra.

  5. 5 adela mayo 19, 2009 a las 11:35 am

    Que maravilla nos relatas, como siempre es muy agradable conocer acerca de personas que respetan la naturaleza, se esfuerzan en hacerla respetar y creen en sus posibilidades, mujeres y hombres con el espíritu de Isabel Aguirre son absolutamente inspiradores.

  6. 6 lola mayo 19, 2009 a las 6:49 pm

    José Ramón, no seas mal pensado hombre. ¿No será que las leyes están hechas para que otros hagan lo que uno no puede hacer?

    Maribel, ya sé que no es lo mismo pero a Braulio y al Padre Bonete últimamente se les oye en La Carcajoda. A doña María tendremos que pedirle que vuelva, somos muchos los que la añoramos.

  7. 7 José Ramón mayo 19, 2009 a las 9:09 pm

    Lola: He tenido que leer tu frase dos veces, porque se me escapaba (y porque soy algo corto), pero ya la he pillado. Buenísima. Tienes toda la razón.
    Me sumo a los aplausos hacia esta ínclita arquitecta que se metió en una carrera tan bonita y tan absorbente a una edad en la que casi todo el mundo piensa que lo tiene todo hecho.

  8. 8 lola mayo 20, 2009 a las 7:03 am

    José Ramón, la frase no es mía y tú de corto imagino que sólo tendrás el pelo. La tóme prestada de una canción de José Larralde, en Herencia pa’un hijo Gaucho que dice así:

    “Se ha inventao el pecao y pa que sirve, pa poder ubicar cuatro palabras que son: eso no se hace.

    Se ha inventao el castigo y pa que sirve, justamente pa que otro pueda hacer lo que usted no puede hacer”.

    Se ha inventao el perdón y pa que sirve, pa aliviar la conciencia del que lo da”.

    Como puedes observar admite muchas variaciones.

    Es una recomendación del Dr. Wallace para aliviar las penas del alma.

  9. 9 Vilagarcía de Arousa enero 17, 2011 a las 9:50 am

    Un ejemplo de mujer que ha decidido sembrar los jardines públicos de Galicia con bancos de hormigón y “a saber a que experto ha consultado” para proyectar la plantación de alcanforeros en una zona urbana en un lugar donde ya hubo que arrancar esta especie porque son tan vigorosos que levanta el suelo y lo que se le ponga por delante… además de poner perdido de grupas maduras los alrededores… Pues ya podía ir jubilándose este adalid de la modernidad del carballo por formica o lo que es lo mismo baldosa, forja o madera por hormigón.


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