Archivos para 3 junio 2009



Meterse en jardines

Buena gana de meterse en otros jardines peligrosos...

Buena gana de meterse en otros jardines peligrosos...

-Mira que hay jardines bonitos donde meterse-decía la tía Clota sin levantar la vista del solitario- ¿Has visto el Parque del Capricho?…Debe de estar precioso…

-Teniendo en cuenta la cantidad de voluntarios para al vandalismo con los que cuenta la ciudad de Madrid-respondió Homper- hay que reconocer que los parques se mantienen razonablemente bien.

-Entonces…¿por qué los obispos y los políticos se meten en jardines peligrosos?-preguntaba la anciana- Parque de los Pederastas, Jardines de los Abortos, Parterre de las Tetas…¡Que santa Lucía les conserve la vista!…

Dice la tía Clota que no se imagina a Dios con el pecómetro en mano aclarándole a monseñor Cañizares si la pederastia es más o menos pecado que al aborto. Ni a Mayor Oreja leyendo al trasluz las pecografías del Instituto de protección de la Infancia.

-No creas-ironizó- Tampoco creo que la diosa Razón haya iluminado a Bibiana Aído cuando habló del permiso para ponerse tetas…Por cierto…¿ya ni siquiera los ministros dicen pechos?

-Ahora todo el mundo es más vulgar, tía. A los pechos es más moderno decirles tetas, y a los obispos y políticos imprudentes, les decimos simplemente  gilipollas.

-¡Pero Homper!-le reprochó la tía Clota mientras levantaba la vista del solitario.

Homper hizo faena de aliño, despidió a la tía y cerró  la sesión de Skype. Luego se quedó a solas con su mismidad y reconoció que había sido un desahogo. Como cuando de chavalín se refugiaba en el cuarto de baño, y decía frente al espejo esta letanía pecaminosa: caca, culo, coño, teta, pis.

Y se quedó perplejo al comprobar retroactivamente que, siendo tan sólo un niño, ya fue tan imprudente como esas personalidades públicas que innecesariamente se meten en jardines peligrosos…

El síndrome QPA

cherubini_

A menudo, uno se pregunta con cierto desasosiego: ¿qué pinto yo aquí?..

El sedicente filósofo Valdovino de Los Yébenes, harto de que los maestros  clásicos le hubieran pisado el terreno especulativo en los grandes incógnitas del pensamiento humano, preparaba una ponencia sobre Minucias que propician la Angustia Existencial. El propio nombre de minucias excluía el pesimismo, tan machacado por Schopenhauer, y la naúsea de Sartre. Quedaba muy poco académico, pero en realidad se trataba de insignificancias, percepciones de finísimos matices, naderías, vulgo chorrradas: pequeñas circunstancias que cuando se viven no le impulsan a uno a precipitarse por el Viaducto, meterse una infusión de lisérgicos o hacerse el harakiri con el cuchillo jamonero, sino a pasar un mal rato posiblemente evitable. Jó, qué marrón es filosofar.

Lo más trabajoso no era enumerar esos pellizcos de desasosiego íntimo, sino jerarquizarlos. Soportar el vuelo de una mosca a nuestro alrededor mientras estamos a punto de sucumbir a la siesta, y no sabemos, por tanto, si aterrizará en nuestra nariz o elegirá otro rumbo y nos dormiremos. Qué horror. Sentir que una persona  apreciada por nosotros  nos quiere hacer una confidencia muy, muy cerca, sin saber que le huele el aliento. ¿Es peor o mejor que aquello? Ver que se te escapa el autobús mientras un ciego reclama justo esos treinta segundos que necesitas para que le ayudes a cruzar la calle. ¿Cómo decidir correctamente? Engullir una croqueta exquisita  a mediodía, cuando suspiras por ese preciado manjar, y morderse la lengua de la manera más tonta. ¿Cabe más desatino? Descubrir un moco asomando por la nariz de esa cara que, hasta que te acercas, deseabas besar ardientemente. ¿Qué es más angustioso?-se preguntaba Valdovino. ¿Qué más estúpidamente molesto para el alma que quiere vivir serena?

-Pues no te pierdas el Síndrome QPA- le dijo el Duende a Valdovino mientras, después de mojar el dedo en el café, escribía una gran interrogación sobre el mármol del velador.

-Cuéntame, cuéntame los síntomas-inquirió el pensador mientras sacaba su libro de notas.

-Verás…Yo escribo en MARCA. Podría escribir en una revista de poesía, en el Calendario Zaragozano o en el Anuario de Actuarios de Seguros, pero sólo MARCA se ha interesado por mis letras. Me invitan a todos los actos que organizan. Esta semana, un coloquio con Fernando Torres y una Gala Fútbol Draft 2009 en el Estadio Santiago Bernabéu. Yo no entiendo casi nada de fútbol, y no sabía qué es un draft: en el diccionario, borrador/ Llamamiento a filas. O sea, selección de jugadores jóvenes, fomento de la cantera. Voy por cortesía, sin saber a qué voy. Me reciben azafatas encantadoras y guapísimas. Me cuelgan una identificación de congresista. Me acompañan por las gradas vacías hasta el campo, donde entregan unos premios y hay una cena. Sobre el verde, mucha gente. Juveniles, entrenadores de juveniles, padres de juveniles, federativos, directivos, redactores deportivos, árbitros: no conozco a nadie. Miro a mi alrededor: nunca había visto ese inmenso coliseo desde el centro del campo. Sigo sin ver  a nadie conocido. ¿Qué pinto yo aquí? Por disimular, saco el móvil del bolsillo y hago como que llamo. Empiezan a sacar bandejas de aperitivos. El jamón está buenísimo y yo estoy hambriento. Con la misma mano que sujeta el teléfono, cojo una loncha de jamón y un piquito de pan y me lo llevo a los labios disimuladamente antes de continuar la falsa conversación. Me muero de vergüenza. ¿Qué pinto yo aquí?, me repito. Y de repente veo que todos los asientos vacíos se han llenado de madridistas que, como los romanos implacables, me señalan desde la grada coreando su sentencia con el  pulgar hacia abajo: Duende, gorrón/ ¡No comas más jamón!/ Duende, gorrón/ No comas más jamón!…

Brillaba la media luna en lo alto. Añadió el Duende que nunca se sintió más absurdo y más observado. Y Valdovino de Los Yébenes también anotó en su libreta que, en vista  de que no bajaba una Superwoman que le rescatara de tan enojosa situación, el pobre Duende, víctima sonrojante del síndrome QPA, huyó despavorido del estadio como ese defensa que acaba de romperle la tibia al ídolo local y quiere librarse de la ira de las turbas.

De David Niven y el bobo de Coria

Se le queda a uno cara de tonto al enterarse de que este hombre, que aparentaba tanta felicidad, fue un desgraciado...

Se le queda a uno cara de tonto al enterarse de que este hombre, que aparentaba tanta felicidad, fue un desgraciado...

Hacía tiempo que no estaba la tía Clota tan alicaída. Por una parte, como estadounidense, se lamentaba de la quiebra de General Motors, el derrumbe más pavoroso para el tío Sam después del de las Torres Gemelas. Por otra, como española, lloraba la eliminación de Nadal de Roland Garros. El fenómeno de Manacor ha venido siendo como un ungüento emocional para ella en los últimos años. Era el héroe del que presumía ante sus amigas, el hijo que no pudo tener, el joven galán con el que le habría gustado cenar una noche en la terraza del Hotel Danielli de Venecia.

-¿Sabes una picardía, Homper?-le decía a su sobrino- Edwina dice que, antes de jubilarse,  siempre bromeó con sus compañeras sobre quién era el camionero de su vida.  Sostenía que toda mujer ha soñado alguna vez un tórrido romance con un camionero fuerte y guapo,  aunque sea ordinariote. Eso que ahora llaman un cachas. Bueno, pues ahora, en nuestros paseos hablamos de nuestro Lolito ideal, ese romance desigual en edad que una tendría si la vida fuera tan fantasiosa como las películas. Edwina dice que el suyo es Brad Pitt, Thelma ha elegido a ese australiano tan guapo, Hugh Jackman creo que se llama. Pero mi Lolito ideal es Rafa Nadal.

A Homper  le  sorprendían ya pocas cosas de su tía, pero aún así no pudo evitar una mueca de estupefacción.

-Hijo, te has quedado con la cara del bobo de Coriale advirtió la anciana- Es un decir, una fantasía. Pero tampoco me fío ya de ella. He leído una biografía de David Niven, que era la viva imagen de la felicidad cuando yo era jovencita, y me he dado cuenta de que en realidad ni siquiera ese sueño fue nunca lo que creíamos que era..

David Niven parecía guapo, rico, distinguido y siempre bien humorado. Pero según cuenta su amigo Michael Munn en La otra cara del globo su vida fue una desgracia. Alcohólico y erotómano desaforado, arrastró toda su vida el trauma de haber sido violado en el colegio por sus propios compañeros. Luego no le faltaría de nada,  primera esposa muerta en trágicas circunstancias, segunda esposa alcohólica, suicida frustrado…Todo lo contrario de lo que aparentó siempre su impecable sonrisa y su elegante porte de auténtico gentleman.

-¿Te das cuenta, sobrino?-suspiraba la tía Clota-No vale la pena enterarse de nada a fondo, porque luego rascas en lo que ha sido tu ilusión y descubres trampas y oscuridades.

Y cerró con una sentencia enigmática que a Homper le dio qué pensar.

-¿Será por eso por lo que vuestro presidente Zapatero sonríe tanto y es tan feliz? ¿Será que no le gusta leerse los papeles?…

Homper volvió a poner cara del bobo de Coria. E incluso llegó a pensar si sería más útil quedarse con ella para siempre.

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