
Rafael Selas es un JASP que ha entendido lo que son las prioridades...
Regresaron de sus vacaciones la tía Clota y sus amigas, como había regresado antes el perplejo permanente llamado Homper. Nunca pasa nada, o ya vuelven los clásicos por do solían. Aunque siempre creamos que cada pausa veraniega da paso a un movimiento germinal.
De niño, Homper estaba convencido de que el año se dividía en dos mitades: el invierno frío, gris, monótono y, peor aún, colegial, de su Madrid natal, y la otra mitad alegre y al aire libre, que transcurría en su lugar de veraneo. Sol, ríos o mar donde bañarse, juegos, aquellas chiquillas a las que de repente les apuntaban dos cerezas por debajo de su blusita, noches estrelladas, bailongos por las fiestas de finales de agosto, helados de mantecado más o menos gruesos, desde los diez céntimos a la peseta, algún titiritero ambulante y, un caballito de cartón o un motorista de hojalata en la feria y sobre todo, nada de colegio. Al regreso a la mitad horrible del año –qué suerte, creer que el año se dividía en colegio y vacaciones- tenía la esperanza de que la vida en Madrid renacería distinta. Pero nunca cambiaba. Todo seguía igual.
-Nunca pasa nada, sobrino-remachó la tía Clota en el primer diálogo posveraniego que acaba de mantener Homper con ella- Y, si pasa, es para peor…¿También te vas a quedar pasmado porque te recuerde eso?
Le chafó el pesimismo anticipado de su tía, porque esta vez le iba a leer a distancia algo que a él, oh, sorpresa le había asombrado muy positivamente. En un suplemento del ABC de este mes de agosto había leído una entrevista con Rafael Selas, un madrileño que marchó a Estados Unidos con diecinueve años, hizo una prometedora carrera de productor y realizador televisión y de discos y de repente sintió la llamada de lo que él llama “los niños rotos de África”. Con algunos de ellos aparecía en la foto del ABC, barbado y sonriente, un rostro que recuerda vagamente al del Ché Guevara.
-Y es que este chico también es un revolucionario-le aclaró a la tía Clota-Ya ves, podría haberse convertido en un yuppy de los negocios, un empresario rico en España, y lo ha dejado todo por echar una mano a los niños de Lamu…Para que luego digas que los jóvenes sólo piensan en divertirse.
Rafael Selas se instaló en Lamu, una isla al norte de Kenia. Desde su ONG llamada ANIDAN ya ha a creado un orfanato donde viven doscientos cincuenta niños, y se ocupa de que otros cien sean atendidos diariamente en el hospital pediátrico. Rafael es muy crítico con las ONG de grandes presupuestos y poco operativas, y prefiere optimizar sus recursos trabajando sobre el terreno para defender de la malaria y otras enfermedades a unos cuantos de sus niños rotos. Estudió en un colegio heredero del Instituto Escuela, y no recibió una gran formación religiosa. Pero allí había un padre Ramiro con las ideas muy claras. Si no eres capaz de arreglar el mundo –decía el cura- procura ayudar al menos al que tienes más cerca. Lamu está muy cerca, porque Rafael está allí.
-Caramba –musitó la tía Clota después de conocer la historia de Rafael Selas- ¿Y dices que es joven?…
Rafael Selas debe de estar en la treintena, y es otra clase de JASP (Jóvenes Aunque Suficientemente Preparados). Su caso dejó perplejo no sólo a Homper, sino también a la tía Clota, que, arrepentida de sus prejuicios, se ha dado de alta como socia de ANIDAM, con una cuota de sólo diez euros al mes.
-No es cierto que las cosas siempre cambien a peor, tía-concluyó Homper. Tú misma has mejorado mucho desde que conoces esta historia…

Personas como Rafael Selas son las que deberíamos admirar, y para hacerles un hueco en nuestra mente y nuestro corazón, quizás tendríamos que deshechar otras admiraciones que nos invaden el espacio y que son impuestas a golpe de talonario.
Tal vez si fuéramos menos mitómanos con los frikis del mundo de la farándula y con los “artistas” y “deportistas” que ni hacen arte ni deporte, sacaríamos tiempo y cordura para exigir a los gobiernos y a los estados que cumplieran con sus obligaciones de restituir al mal llamado tercer mundo todo lo que se le ha esquilmado durante varios siglos.
Y comprender que la labor que hacen los Rafaeles Selas y todas las ONG’s debería de ser el obligado cumplimiento de un hipotético artículo nº 1 de todas las constituciones del mundo.
Siempre he pensado que el objetivo primordial de todas las ONG’s tendría que ser la autoextinción, para dar paso a la creación obligada y absolutamente necesaria del segundo mundo, producto del efecto de vasos comunicantes entre el primero y el tercero.
Estoy de acuerdo con Wallace en que el primer objetivo de las ONG debería ser su autoextinción.
En un mundo ideal no tendría que haber desfavorecidos. Eso puede que sea imposible, pero en el mundo real, posible y cotidiano en el que vivimos, los gobiernos tienen que actuar contra las desigualdades con el dinero que ya pagamos los contribuyentes.
Me parece (me debería parecer) más digno de crédito y de respeto un gobierno democráticamente elegido y observante de la ley que una ONG que no sé cómo va, y cuya única seña de identidad es que es “no gubernamental”.
Desgraciadamente, dice mucho de nuestra natural desconfianza como ciudadanos el que la etiqueta “no gubernamental” ya sea suficiente (y único) marchamo de calidad.
Yo sí que estoy perplejo.
Extraído de la web de anidan.org:
“En España, un grupo de voluntarios se encarga del asesoramiento, administración, difusión, promoción y recaudación de fondos. Todos ellos son profesionales que igualmente atienden desinteresadamente las necesidades de consejo legal, diseño de edificios, redacción o composición de textos entre otras, por lo que más del 90% de lo recaudado llega a Kenia para ser empleado en los niños, la Casa, el hospital y los programas de ayuda.
Apostamos por la eficacia y la transparencia. Nuestro tamaño y nuestras prácticas nos hacen transparentes, las personas que nos visitan son nuestros máximos valedores, nuestras cuentas están auditadas y son públicas.”
Y digo yo que el reconocer que casi un 10% de lo recaudado sirve para engordar el PIB del primer mundo demuestra una honestidad fuera de lo normal, pero me pregunto: ¿es evitable?.