Archivos para 4 septiembre 2009

¡Atiza!…

Algunos cineastas harían bien en no poner altavoz a ciertas historias oscuras y poco edificantes...

Algunos cineastas harían bien en no poner altavoz a ciertas historias oscuras y poco edificantes...

-¡Atiza!-dice Homper mientras levanta la mirada del periódico y la televisión habla de la gota fría en Levante.

Dicen sus sobrinos que Homper es tan antiguo que a veces no se le entiende cuando habla.¿Entiende un joven lo que significa carape, cáspita, atiza, repámpanos? Faltan los brrrg, grrr, snif, gulp, sof, sof, cajum, cajum ( esto último cuando tosían, ¿recuerdan?), tan importantes para la expresividad de los héroes de las historietas. Y es que los tebeos ayudaban mucho a  disfrazar los inevitables eructos de nuestro idioma Un moderno en el lugar de Homper hubiera sido más rotundo: ostia, coño, la leche. Pero él es de la generación en la que los tacos y palabrotas aún merecían reproche en las familias y en las reuniones sociales. Y a veces modula su estupefacción en lo más viejo de nuestro roman paladino.

-¡Atiza! –repite Homper- ¡Trescientos litros en veinte horas en Burriana!

Septiembre de gota fría especialmente virulenta. Ayer Cartagena, hoy Burriana. Trescientos litros es más de lo que llueve un año de promedio en la provincia de Almería. Abran la bañera del cielo y vacíen toda esa cantidad de lluvia en sólo tres horas. La naturaleza, que aquí en la meseta se ha olvidado de las nubes, y que en otras partes no se olvida de ir dejando avisos: ojito con el exceso de emanaciones de CO2,  prudencia con la sobreexplotación de recursos energéticos, cuidadín con el cambio climático. La madre tierra es un gran oso que parece bonachón. Pero a veces se harta de de nuestro abusos y nos suelta zarpazos para los que no estamos preparados.

-¡Atiza!-insiste Homper  tras volver su vista al periódico.

La estupefacción esta vez viene del mundo del cine. Cien cineastas protestan airadamente por la detención de Roman Polanski mientras se celebra el Festival de Zurich. Polanski es un excelente director de cine, pero hace mas de treinta años drogó y violó a una menor. El tiempo pasa, y los delitos prescriben. La propia mujer que fue objeto de esa tropelía aboga por la parálisis del proceso que, pese al tiempo pasado, trata de rehabilitar ahora la justicia estadounidense. Eso no disipa sin embargo el asqueroso tufillo corporativista de los firmantes de un manifiesto que encabeza Pedro Almodóvar. Polanski, con toda seguridad, no irá a prisión. Pero tampoco es un héroe social. ¿Le hubieran defendido igual si, en lugar de pertenecer al Olimpo cinematográfico fuera un no ungido por las musas?

-¡Atiza!- vuelve a exclamar Homper antes de cerrar definitivamente el periódico.

No se lo creerán, pero en la penúltima página de EL PAÍS de ayer, Enric González, un fino periodista que ya ha demostrado otras veces  no comulgar con ruedas de molino,  declara estar tan perplejo como Homper. Si se trata de buscar excusas –razona al final de su columna-, todos los pedófilos tienen una. Y, sin embargo, nadie se atreve a firmar manifiestos en su defensa.

Salvo los cineastas, claro, que deben de creerse con fuero especial.

Nos falta “know how”

Saber qué hacer en casos así es tan difícil como pasear por las manecillas de un reloj...

Saber qué hacer en casos así es tan difícil como pasear por las manecillas de un reloj...

Se encuentra el Duende por la calle  con  un amigo del colegio. Está gordo, medio calvo y con su consabida cuota de colesterol, que procesa como puede andando todos los días seis kilómetros. Pero mira por dónde, a pesar de lo que cae está encantado de la vida. Todo porque, prejubilado ya por el la pícara empresa correspondiente, ha sido fichado por otra como asesor externo.

-¿Y sabes por qué?-le dice- Por el know how. Parece mentira, pero las nuevas generaciones, que dicen estar mejor preparadas, no conocen el know how de este negocio. Ya sabes, ese olfato, esa intuición de las oportunidades, ese saber formar equipos, ese liderazgo…Nosotros éramos de otra pasta, ¿no?…

El Duende se le queda mirando. Homper diría que estupefacto. Otro, más castizo, que con cara de gilipollas. Lo que, por cierto, no se le escapa al amigo del know how….

-Bueno, qué te voy a contar a ti que no sepas-dice para cerrar su discurso triunfal-Hale, te invito a un café…

Durante el resto del día el Duende da vueltas al know how. O sea, al saber cómo. Y se pregunta cómo, si tiene que haber un know how para todo, no se enseña el know how para las situaciones más normales de la vida. Muchas de ellas no tan fácil de gestionar como la del negocio del amigo del colegio.

Y se acuerda de esa pareja amiga donde ella está luchando contra el cáncer y él se desvive administrando una medicación de amor y normalidad, todo menos caer en el desánimo. No son de esos íntimos en cuya casa uno esté acostumbrado a presentarse sin avisar, pero son amigos muy queridos, que siempre sonreían y fueron cariñosos con uno, y que le hicieron la vida más fácil y agradable cuando compartían veraneo en Asturias. Yo te recojo los niños de la romería, y vienes por ellos cuando quieras. ¿Hacemos unos chorizos a la sidra en el prau de casa? ¿Que pinchaste?…Voy para allá y te cambio la rueda. La memoria de esos amigos se queda en el album del alma, pero la vida sigue, les separa en busca de distintos destinos, y un día asusta a alguno de ellos porque al amigo de entonces le aparece una mancha en la piel, un ganglio, o una fiebre sospechosa. Y ya está la nube de dolor y miedo, confirmado luego por el  más severo diagnóstico. ¿Qué podemos hacer en estos casos?  ¿Sabemos reaccionar? ¿Tenemos la imaginación suficiente para programar nuestros buenos deseos de ayudar en la enfermedad?

-Pablo –le dice el Duende al teléfono de cuando en cuando- Que cómo está Mati…

-Ahí estamos –dice como si Mati fueran los dos- Luchando…

Pablo es militar, y sobrelleva el destino con el valor y la serenidad con la que está acostumbrado a aceptar sus órdenes.

-Muchas gracias por tu llamada-añade sin poder ocultar en el laconismo de sus palabras un pálpito de ternura.

Y el Duende no sabe más que tragarse una lágrima y despedirse con algo que suene amable. Aunque luego, a solas, le de rabia no hacer más por sus amigos, y lamente carecer del know how para modular su cariño en en estos casos tan peliagudos que va sembrando la vida.

La tía Clota hubiera enseñado la foto

Mí no entender...¿Tanto mal les hace a las niñas de ZP que el mundo las vea conmigo?

Mí no entender...¿Tanto mal les hace a las niñas de ZP que el mundo las vea conmigo?

-Cuando se lo he explicado a Edwina y Thelma no han entendido nada-dice la tía Clota.

Edwina y Thelma son las otras chicas de oro de Tinmouth, el pueblo del estado de Vermont donde vive la tía de Homper. Los europeos tendemos a creer que el pueblo norteamericano es más simple que nosotros. La propia tía Clota está de acuerdo en eso, pero en este caso defiende a su país de adopción. Dice que la que han armado los Zapatero a cuenta de la famosa foto con las nenas es una exageración. Y que sus amigas americanas, que no están al tanto de la peculiar sensibilidad de nuestro presidente y su señora, piensan, no sin razón, que ahora los que estarán mosqueados serán los Obama.

-Pobre Obama-suspira-¿Cómo iba a pensar que molestaría que colgaran la foto con la familia ZP en la web de la Casa Blanca? ¿No decían que  desde que metió la pata despreciando las barras y estrellas estaba como loco por estrechar relaciones con el Presidente de los Estados Unidos? Pues ahí tenía la prueba de su éxito al conseguir que le reciban: pelillos a la mar y hasta fotos con las nenas

Homper escucha a su anciana tía desde España y sonríe con cierta socarronería.

-Bueno, tía… Aquí los niños son materia muy sensible. Pensamos que una foto suya en Internet con el matrimonio más famoso del planeta puede atentar a su intimidad y estropearles la vida. Pero dos años después estas mismas niñas podrán abortar libremente sin consultar siquiera a sus padres y eso nos parece de lo más natural…

-¡Qué contradicción!, ¿no?…Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre…Además, ¿a qué niño le va a disgustar que le vean con su ídolo?…

Y se ríe. Raritos, muy raritos les ha hecho la modernidad a mis compatriotas, piensa para sus adentros. Y se acuerda de que, cuando era niña, tú te hacías una foto donde fuera y la gente del pueblo se te ponía espontáneamente detrás sólo por la ilusión de  quedar para la posteridad, aunque jamás fueran a ver la imagen atrapada por la cámara. Qué ingenuidad y qué ternura.

-Y menos lo entiendo si esa foto es con una figura universal, como Obama-dice la tía Clota- ¿Sabes?… Paquito, el hijo del heladero de mi pueblo, siempre me pasó por las narices una foto en la que aparecía él entre Manolete y su cuadrilla. Mira, aquí estoy, con Manolete, me chinchaba. Y allí estaba, colado entre las piernas del picador y de un banderillero y sólo dos cuerpos más allá del maestro, con la cara radiante de éxito, como si fuera él el Califa de Córdoba y acabara de salir por la puerta grande…A mí me habría encantado que todo el mundo me viera al lado de Manolete o de Gary Cooper, pero es que los niños de entonces debíamos de ser muy especiales…

Eso, muy especiales, piensa Homper. Y no como estas criaturas de ahora, que van por la calle vestidos de góticos, de románicos, de lagarteranas o de tortugas Ninja, pero que pueden sufrir un trauma si el público las ve fotografiadas junto a la sonrisa más jaleada del planeta. Cosas veredes, Sancho

El mal sueño de Laporta

Si George Orwell resucitara y revisara su obra...

Si George Orwell resucitara y revisara su obra...

Pongamos que George Orwell resucita y revisa su obra. Reescribe Rebelión en la granja y la titula Rebelión en la Massía. Hace lo propio con 1984 y lo traslada a 2014, fecha clave para los independentistas catalanes. Finalmente redacta otra vez Homenaje a Cataluña, que ahora acabará retratando una realidad distinta.

Pongamos que el gran escritor inglés  nos cuenta la vida de un pequeño país independiente gracias a un patriota famoso por el fútbol: Joan Laporta. Años antes este hombre había presidido un club que asombró al mundo entero por su juego, se hartó de ganar títulos y dio muchos motivos para que todos admirásemos aún más a Cataluña. Pero eso queda ya lejos. Un día, en Santander, sentado junto al presidente Revilla proclamó que España estaba machacando a su país natal. Ahora es el “molt honorable President de la Generalitat”, y como tal asiste al partido decisivo para el Campeonato de la Lliga de Catalunya, donde el Barça se la juega con el San Andrés.

El Barça alinea una poderosa escuadra compuesta por catalanes pata negra: Borrell. Roig, Sensat, Novell, Trobat. Matalí, Deulofeu. Castellet, Hortolá, Amat y Fuster. Ni rastro de aquellos  cracks que antaño recalaban por aquí: esta liga no da para tanto, y además hay que hacer país. Apenas hay público. Sólo media grada que bosteza evocando tiempos más gloriosos, y que al final del partido se manifestará frente a la tribuna presidencial para desplegar  una pancarta con esta leyenda: “Ara no estem matxacats, ara estem aborrits y cabrejats”. La Porta calla, se encoge de hombros y se queda pensativo.

Normal. La ucronía responde a sus actuales excesos. Hace unos días proclamaba que dejará el fútbol para dedicarse a la política. Y el martes, mientras su equipo sí que machacaba de verdad al Racing de Santander, escandalizaba en el palco al presidente de Cantabria quejándose de lo mal que trata España a Cataluña. Algo que, según él, alimenta el afán de independencia.

Al fogoso presidente del Barça habría que recordarle que a la demagogia la carga el diablo. Y que lo que hoy, en el carro del triunfador, tanto le pone cachondo, podría convertirse en una ruina para el mejor club del mundo. Como dicen los castizos, o somos o no somos. No se puede tener la mula y los mil ducados, ni aspirar al sueldo del general y también a la verga del teniente. Si algún día el sarpullido progre/independentista de Laporta se convirtiera en realidad, el Barça debería jugar una Liga de Fútbol entre equipos exclusivamente catalanes. Imagínense la alegría de la hinchada: después de haber contemplado las grandes hazañas del “dream team” de Messi, Ibrahimovic, Xavi, e Iniesta frente al Madrid, al Valencia, al Sevilla o al Athletic, apañarse ahora con el Nástic o el Mollerusa de rivales. Para ese viaje incluso Rafael Casanova pensaría que no hacían falta alforjas.

Si en la aldea global y en un espacio como el europeo cada vez tienen menos sentido las fronteras, aún menos sitio para el nacionalismo queda en el fútbol. La Porta sabe de sobra que el Barça es hoy una brillante multinacional que por suerte –y en parte por su talento, que todo hay que decirlo- representa a Barcelona y a Cataluña. Pero que se engrandece con jugadores y con miles de hinchas no catalanes. Su equipo no podría servirle de plataforma para sus delirios políticos si fuera sólo el campeón de ese país con el que sueña. Hay otras formas de hacer grande, querida y admirada a Cataluña sin tener que echar regüeldos sobre la idea de España, que, por cierto, aún tiene más aficionados que el Barça. Otro catalán  de gran talla que es Pau Gasol le podría dar lecciones al respecto.

Fallar en lo más fácil

¿Por qué se sigue fallando en lo más fácil, cuando es tan sencillo hacer las cosas bien?...

¿Por qué se sigue fallando en lo más fácil, cuando es tan sencillo hacer las cosas bien?...

Era el hijo del Duende un chavalín y jugaba con sus amigos en la romería de Salamir. Salamir no es precisamente la aldea más guapina de Asturias, ni siquiera del concejo de Cudillero. Aparte del prado y la panera de José y de Lucía, con una preciosa vista del mar, y la música de las olas rompiendo en la playa de Oleiros, quizás lo más  gracioso que ofrece al visitante, pásmense,  es un campo de fútbol rodeado de pinares. Pero allá por agosto celebra la romería de turno por su virgen, y no falta la sidra, y los bollus preñaus, las avellanas, los petardos y los puestos de chuches y juguetes baratos. Alguien se acercó a uno de ellos con Juanito de la mano y le invitó a que eligiera el que más le gustaba.

-Ese-dijo señalando a una espada de plástico de hoja corta y aplastada con un rubí en la cruceta de su empuñadura de oro.

No se sabe si quería ser Espartaco o el príncipe Valiente, pero al niño le sirvió para jugar a héroe sin convertirse en delincuente, como probablemente temería un pedagogo ahora. Sin embargo, al volver a casa, y una vez disipada la ilusión que todo juguete desprende al caer en las manos de un niño, el pequeño héroe se volvió filósofo.

-Papá –preguntó- ¿Y por qué esta espada no viene con su funda?…¿Cómo se puede vender una espada que no tiene funda?

Probablemente quería decir vaina, pero se le entendió perfectamente. Expresaba el rapaz la misma idignación que, a su misma edad, también sentía el Duende cuando le regalaban un coche sin chófer. Admitía que pudiera tener o no tener cuerda, moverse a pilas o por fricción. Pero no comprendía cómo, si había que ilusionar al niño, el fabricante no se molestaba en añadir al coche un conductor corpóreo o, al menos, pintado en la ventanilla.

Juguetes de espaldas al pueblo, que denunciaría doña María. Tanto a ella como al Duende les mosquean  sobremanera las cosas que son  imperfectas por la falta de un pequeño detalle y fallan en lo más fácil.  Hoy mismo la buena mujer ha cruzado medio Madrid andando para rebajar sus michelines, uno de esos saludables paseos de la edad madura. A lo largo del recorrido se dio de  cara con varios planos de la ciudad, y le hizo ilusión calcular los kilómetros que se había metido en el cuerpo. Se puso las gafas y buscó una escala que le sirviera de referencia. Pero no la encontró. No porque fuera una cateta, y no supiera leer los planos. Sino porque, a pesar de este alcalde tan perfectín y tan gastón que tiene Madrid, a su autor o se le olvidó o no creyó oportuno incluírla.

¿De qué sirve una espada sin vaina, un coche de juguete sin conductor o un plano sin escala?…Doña María espera que no sea mucho pedir que rectifiquen este error, antes incluso de que se ponga en marcha otro Plan E o nos caiga la lotería de los Juegos Olímpicos. Ya saben, una simple escala al pie de plano para que con un peine, un bolígrafo o una simple tarjeta uno pueda medir su paseo  y se haga la ilusión de que hace deporte hasta cuando sale de casa para pagar el IBI.

Noches en blanco

Dichosa la cultura que no exige beber ni desbeber...

Dichosa la cultura que no exige beber ni desbeber...

El Director General de Cultura para la Felicidad repasaba con su secretaria el PNB. No se trataba del Producto Nacional Bruto, que, como su propio nombre indica es una vulgaridad. Sino de algo que encandilaba a los medios y, sobre todo, a la juventud: el Plan de Noches en Blanco.

-A ver, a ver, a ver….Noche en Blanco del Arte, Noche en Blanco del Teatro, Noche en Blanco de los Libros, Noche en Blanco del Circo,  Noche en Blanco del Cine, Noche en Blanco de la Música….

-Perdón, señor director general-interrumpió la secretaria-Tenemos pendiente la Noche en Blanco de los Titiriteros, la de los Coros y Danzas, la de los Abanicos, la de los Pirotécnicos, la de las Tunas, la de los Artesanos de Marroquinería….

-¿Ha hablado con la Dirección General de Reservas Alcoholeras?…¿Podemos garantizar a los amantes de la cultura la bebida suficiente?…

-No hay problema…Además, con la subida de impuestos hasta los que protestan por el exceso de algarabía en las calles que propician estas noches se van a callar…Las cuentas salen: a más consumo de alcohol, más ingresos para el fisco. Y a más ingresos, más margen para culturizar al pueblo…

-Impresionante…-apostilló el Director General con visibles muestras de satisfacción-¿Y el informe favorable de la Dirección General de Aguas Menores y Deyecciones Públicas?

-No hace falta….Como no hay zotal bastante para mitigar los olores de tanto pipí cultural, el alcalde ha aprovechado el cauce natural de las zanjas de la capital para desviar por él una variante del Canal de Isabel II…Así, en lugar de orinar de forma vergonzante, buscando árboles o portales, nuestros jóvenes podrán hacer de la meada pública colectiva un acto cultural abierto absolutamente rompedor y revolucionario…¡Guay!…

-¿Y Bibiana no dirá nada? –preguntó con cautela el director general levantando la mirada de la carpeta- Vosotras lo tenéis más complicado…

-Está todo previsto…-respondió la secretaria desplegando un plano- Una barandilla paralela a la zanja diseñada por Calatrava, nos permitirá agarrarnos para no caer en el cauce…¡Ah!, y se me olvidaba…Habrá una señalética especial de Alberto Corazón marcando MCNB (Meadas Culturales de las Noches en Blanco) y mensajes en vallas publicitarias: Mea por la Cultura y por Madrid 2016….

-Jo- dijo el Director General cerrando la carpeta sin besarse, porque no llegaba- ¡Esto es cultura viva!…

Homper se despertó más perplejo que nunca. Afortunadamente, todo había sido un mal sueño de una siesta ante el televisor. Pero en ese momento, la pantalla ofrecía un amplio reportaje de jóvenes felices que aprovechando la Noche en Blanco del sábado reivindicaban el derecho a beber en la calle hasta caer redondos. Y entonces recordó que nunca vivió una noche en blanco así. Y comprendió que jamás había sido joven, y que ya no podría tocar la gloria de acceder a la cultura con los beberes cumplidos.

¿Será que quiere ser santo?…

Aunque hay que reconocer que la estampita es buena, la tía Clota le ve más como un nuevo san Juan de Dios...

Aunque hay que reconocer que la estampita es buena, la tía Clota le ve más como un nuevo san Juan de Dios...

-Te voy a enseñar la verdadera cara de san Juan de Dios-le dice la tía Clota sonriendo con malicia mientras saca un tarjetón de un libro y lo acerca a la cámara para que su sobrino, al otro lado del Atlántico, lo pueda ver.

Y Homper, cómo no, se queda perplejo. No es para menos. La estampita es una postal publicitaria que muestra la clásica imagen del popular santo con un enfermo en los brazos y rodeado de pobres y desvalidos. Es un pequeño bajorrelieve en escayola  un tanto relamido, típico de la imaginería religiosa de algunas tiendas madrileñas, allá por  la calle de la Paz y aledaños. Pero lo sorprendente es que la cabeza del santo, con barba y coronilla, como está mandado, muestra la cara beatífica e inconfundible del presidente Zapatero. Bajo el grupo escultórico, escrito con letra gótica, la frase La verdadera imagen de San Juan de Dios, el protector de los pobres, enfermos y desvalidos. Venta por encargo.

-Los hace un artista de mi pueblo, y los vende como churros.

Cuando aún en vida de Franco la tía Clota emigró a Estados Unidos, en su pueblo natal, una pequeña villa de la Granada profunda, convivían los balbucientes movimientos obreristas con el catolicismo tradicional de la España eterna. Muchos de los que enredaban en los clandestinos sindicatos del campo, se disputaban un puesto de costalero en los pasos procesionales. Ese era el caso de Vicente, escultor aficionado a modelar en escayola cristos, vírgenes y santos de su devoción.

-Lo hacía tan bien, que dejó el campo con una baja laboral por problemas de corazón y se dedicó a la imaginería…Con cierta imaginación, ¿no crees?-subraya la anciana con mucha zumba- Aunque, después de todo, pone las cosas en su lugar…Porque aunque no haya caído en la cuenta, y puede que no le gustara saberlo, Zapatero es un san Juan de Dios laico.

Homper sonríe por lo bajini y repasa mentalmente el argumentario social del gran defensor de los desvalidos españoles, que acaba de repetir ante el Comité Federal de su partido.  Todo menos dejarles de la mano de Dios, al menos mientras quede un euro  en las arcas y un impuesto por exprimir. El nuevo Dios es él. Cuando hay que hablar de ayudas al tercer mundo, lo progresista no es tapar agujeros con limosnas, como hacen algunas ONG, sino invertir en crear las estructuras de una economía productiva que permita a los países pobres salir de la miseria. Pero aquí debemos de ser multimillonarios, porque todo consiste en hacer de Caritas gubernamental con cargo al déficit sin ajustar un solo tornillo. Sobre todo si los sindicatos fruncen el morro.

-¿Por qué no llamas a Moncloa y le recuerdas al presidente que Vicente Ferrer también era progresista?…El invertía en hacer pozos. Y los pozos transformaron  la vida de sus desvalidos.

-Buena idea, tía- responde Homper- Señor presidente, que dice mi tía que aunque usted no lo sepa está en la misma línea de san Juan de Dios. Y que, siendo tan progresista como es usted, debería de buscar otros referentes…

Y se echan a reír. Como los que aplauden entusiasmados a su líder infalible. Y como muchos más que, aunque cobren un subdisio, miran al futuro y quizás rían por no llorar.

La pu.. verdad

¿Quién le pone el cascabel a ese gato tan escurridizo que es la prostitución?...

¿Quién le pone el cascabel a ese gato tan escurridizo que es la prostitución?...

Antes, Esperanza Aguirre había roto el fuego diciendo que hay que quitarse la máscara de la hipocresía y regular la prostitución. Pero hoy Homper se ha quedado estupefacto leyendo que el vicepresidente Rubalcaba se ha atrevido a decir que casi habría que prohibirla..

-¿Te imaginas, tía? El mismo que en algún momento de su vida puede que  haya gritado eso de prohibido prohibir,  ahora habla como si fuera…

-Un hombre de orden-interrumpe la tía Clota- Dilo, no te muerdas la lengua, sobrino: un hombre de orden, que al fin y al cabo es lo que se espera de un ministro del Interior. Claro, que después de aquellas fotos del mercado de la Boquería no me extraña. Toda la vida hubo prostitución, pero no es agradable que en esta sociedad tan bonita que creemos vivir nos muestren tan crudamente el trabajo de las pilinguis

A Homper también le sorprende el pudoroso eufemismo de la tía Clota, que disfraza de pilinguis lo que ahora casi todo el mundo dice putas. Aprendió el vocablo en una obra de teatro de Alfonso Paso, y le hizo gracia. Aunque ahora la gente no se anda con rodeos, y tenga la puta en la boca tal que si el viejo oficio  fuera tan digno de pronunciar como el de maestra nacional.

-La verdad es que Rubalcaba puede tener razón.

-Puede –farfulla la tía Clota- Pero si le das a la mujer libertad para abortar…¿cómo vas a prohibir que use su cuerpo para ganarse la vida, aunque sea tan malamente? Además, una pilingui acaba con una erección, pero no con un fetito…La verdad, Hom…¡Qué difícil debe de ser poner leyes a todo esto!…

La verdad es que Homper tampoco lo tiene nada claro. La verdad es que es una ignominia la prostitución. Tan verdad como que habrá hombres que no habrán hecho más amor que el que pagaron de su bolsillo. También es verdad que aunque la inmensa mayoría de las profesionales lo son por necesidad, y a menudo esclavizadas por el proxeneta de turno, habrá putas de lujo encantadas con su oficio. La verdad es que las fotos de la Boquería eran un asco. Aunque fueran para denunciar lo asqueroso que es la prostitución callejera.

-La verdad es que lo que da más asco es que los que denuncian lo asqueroso del oficio se forren luego con los anuncios de las putas.

-¿De las pilinguis, quieres decir?- subraya con malicia la tía Clota- habría que prohibirlos.

La verdad es que la liarían. Y los periódicos volverían a denunciar a un gobierno que lo quiere regular todo, ahoga las fuentes de financiación de la prensa y machaca la libertad de expresión…

-Sobre todo –matiza la tía Clota- si no hace lo que manda el editorial de turno y les niegan una TDT de pago, ¿no?…

La verdad es que no existe la verdad. Lo diga Juan de Mairena, Agamenón, el porquero, EL PAÍS o la muy cáustica y resabiada tía Clota.

Enfermos de tanta salud

ACTIMEL, que es muy bueno,  se pasa de promesas. Y su prescriptora, de precauciones estéticas...

ACTIMEL, que es muy bueno, se pasa de promesas. Y su prescriptora, de precauciones estéticas...

-Esta sociedad está un poco enferma de sanidad- sentencia la tía Clota.

No alude a la difícil reforma a que está intentando sacar adelante Obama en su país de adopción. La tía Clota  se mueve por Internet como Pedro por su casa, y no sólo dialoga frecuentemente con su sobrino Homper, sino que sigue el pulso de España repasando periódicos y revistas y escuchando frecuentemente radios españolas. Y se refiere a la obsesión por la salud del cuerpo que reflejan todos los medios.

-Lo de la gripe porcina supongo que es importante-subraya- Pero es que gastar en medicinas y en médicos entusiasma, y nos tienen fritas con todo lo que hay que hacer y tomar para ser cuerpos perfectos y casi inmortales…

-Esta semana me toca revisión de oído –puntualiza Homper- La que viene, prueba del PSA, y la siguiente cita con el oftalmólogo para que me confirme que ya no distingo a treinta metros a la cajera del supermercado si no llevo las gafas puestas. Y es una pena, porque es muy mona…

-¿Habrá que recordar que vivir es un riesgo, y que de algo hay que morir…?- ironiza la anciana.

También le ha llegado a la tía Clota ese correo que circula por la red donde se exageran con mucha gracia las obligaciones del homo sanus perfectus. No fumar, nada de alcohol, gimnasia, paseos contra las crisis  coronarias, el colesterol y la osteoporosis, alimentación selectiva y equilibrada…Si a eso se unen los deberes ecológicos que marca el canon de civismo contemporáneo –salga a buscar su punto limpio para depositar las pilas usadas y el aceite frito, por ejemplo- se llegará a la fácil conclusión de que faltan horas en el día para estar en plena forma y en paz con la conciencia sana.

-¿Y qué me dices de la pobre doña María? -añade la anciana- Su hora en la COPE está llena de recomendaciones de salud y de consejos para adelgazar. Ya no se atreve a recordar que ella está gruesa de los nervios. Debe de pensar que si lo dice atentará contra los intereses de su nueva radio. ¡Todos tenemos que estar jóvenes, sanos y guapos!…¡Ah!…Y saber mucho de las isoflavonas de soja…

También está que trina Homper a cuenta de ellas. Resulta que la última predicadora de esa nueva purga de Benito que nos va a arreglar el cuerpo es Susana Griso. Era para Homper una de las últimas mujeres con encanto con la tele. Pero no contenta con su atractivo natural, que no era poco, ha caído en la tentación de arreglarse los labios antes de protagonizar un spot de ACTIMEL lleno de isoflavonas de soja y de llamadas a las defensas naturales. Ahora no es Susana Griso, sino Susana retocada, que ya no le gusta tanto.

-¿Por qué tomas ACTIMEL?- pregunta la nueva periodista al final del spot convencida de su mensaje regenerador.

-¿Y sabes lo que le contesté, tía?-remata Homper- ¿Y por qué has permitido tú que te desfiguren la personalidad y te cambien por una modelo con morritos?

Lo que decía la tía Clota. Esta una sociedad  enferma de todo lo que significa una bata blanca. Enferma por la obsesión de salud, de inmortalidad artificial y de algunas cirugías estropeadoras.

El placer solitario

De todos los placeres solitarias, el menos inconfesable es tomarse un gin tonic mirando el atardecer...

De todos los placeres solitarias, el menos inconfesable es tomarse un gin tonic mirando el atardecer...

-¿Sabes, tía?… –le confiesa el tímido Homper – De vez en cuando echo de menos  tener una madre viejita en Buenos Aires.

En este caso fue la tía Clota la que se quedó clavada ante el ordenador.

-Vaya – dijo torciendo el gesto- No te vale con la que tenías, que era mi hermana y nació en mi mismo pueblo. Ni con que yo viva en Vermont, que también está lejísimos de Madrid. Hubieras necesitado una madre viejita en Buenos Aires, ¿no?

-Bueno- admitió Homper conteniendo la risa- También me valdría un amor imposible en Trieste, o ser el Rick de Casablanca, o estar a punto de terminar una gran novela como Bomarzo.

-¡Ah!- comentó la anciana mientras volvía a poner la atención en su punto- Tampoco  te  vale una del tipo Millenium, que es lo que leemos todas…

Se hizo un silencio. Y al darse cuenta Homper de que la tía no hacía por él, se adelantó a explicarle sus porqués.

-¿Sabes, tía?…Yo no he sido nunca un gran bebedor. Y menos de trago largo. Jamás un whisky con soda, nunca un cubalibre o un vodka con naranja…Pero alguna vez, en el campo, casi siempre en verano y cuando he estado haciendo ejercicio, me doy cuenta de que tengo una sed especial…Y lo que más me apetece del mundo en ese momento es tomar un gin tonic mirando la puesta del sol.  Y me preparo uno con Beefeater, Bombay o Gordon´s, medio limón exprimido, y una ramita de hierbabuena…Y me parece un placer tan delicioso y tan profundo que debo buscar un recuerdo, un deseo especial con toques de melancolía o un sueño para justificar el exceso. Ya me conoces…Me place mucho la soledad buscada, pero el placer solitario se me queda corto.

-Ya me hago cargo-remató la anciana imperturbable-Qué feo, el onanismo a tu edad…

Y Homper, naturalmente, también se quedó estupefacto.

¿Nacionalismo o memez?

La iglesia románica de Pla de Santa María es una joya. Pero su alcalde es manifiestamente mejorable...

La iglesia románica de Pla de Santa María es una joya. Pero su alcalde es manifiestamente mejorable...

Al señor Mateu Montserrat, alcalde de Pla de Santa María, provincia de Tarragona, le llamaron ayer 11 de septiembre del programa La mañana de la COPE. Se celebraba la Diada de Cataluña, y comoquiera que en la mañana del viernes se suele conectar con alcaldes de varios pueblos para que inviten a visitar el suyo el fin de semana, se consideró que al señor Montserrat le gustaría difundir los encantos de esta villa tarraconense precisamente en un día tan especial para todos los catalanes.

El señor Mateu Montserrat se mostró encantado de participar en el programa.  Naturalmente, se expresó en castellano con la productora que le preparó el contacto. Pero cuando fue entrevistado por Ely del Valle y Enrique Campo para toda España sólo contestó en catalán.

Enrique Campo le dijo en antena que él mismo era catalán y que entendía su lengua. Pero que por cortesía para los que no lo entienden y por puro sentido práctico sería mejor que se expresara en el lenguaje común de todos los españoles, que es el castellano. Pero el señor Mateu Montserrat consideró más importante que la audiencia levitara ante su pertinez demostración de nacionalismo, hizo oídos sordos y continuó expresándose en catalán. Los que no entienden esta lengua se quedaron sin saber nada de Pla de Santa María.

Conocida es la anécdota del pique entre Ortega y Gasset y el escritor y embajador Madariaga. Alardeaba éste de su mayor talla intelectual por hablar muchas lenguas, a lo que el filósofo, con mucha coña y evidente exageración, acuñó la famosa coletilla de que don Salvador de Madariaga es tonto en cinco idiomas.

Mucho era. Algunos, como este alcalde que desperdició una buena ocasión para hacer amigos, parece que sólo saben ser bobos, y además maleducados, en su lengua vernácula.

Inasequibles al desaliento/Cuento surrealista, pero menos

Loada sea esa diosa del poder que no cesa de derramar parabienes sin con la complacencia de los que le rodean...

Loada sea esa diosa del poder que no cesa de derramar parabienes con la complacencia de los que le rodean...

La imaginación al poder. En mayo del 68 era una utopía, pero ahora era una espléndida realidad. Espléndida, espléndido adjetivo, si, para lo que siempre es áspero. Lo espléndido irradia potencia, y deslumbra a un mundo cuya capacidad de asombro -tanto avance, tanto cambio-  se va embotando poco a poco.

Y no se puede gobernar sin imaginación. Así como alguien, en los momentos en que se dudaba del vigor de una democracia joven y sin experiencia, propuso un Ministerio de  Sehacecaminoalandar, menuda timidez posibilista, ahora el gran líder de Occidente, consciente quizás de que  los datos se empecinaban en contradecirle, de que en la Champions de la Economía no nos iba demasiado bien y de que los brotes verdes no terminaban de despuntar, ordenó crear el MINAD.

-Eso sí, sin un euro de presupuesto –advirtió- Para que no se nos tache de manirrotos.

-Oh, sí, gran líder –entonó al unísono su coro de turiferarias de lamé y lentejuelas, haciéndole la ola como si fueran las chicas de Mark  Sandrich.

El poder se mira en un espejo falso, porque alrededor del poderoso no hay quien se atreva a un ejem, ejem, con todos los respetos, jefe, creo que estamos haciendo pipí fuera del tiesto.

-¿Y qué  es el MINAD? –se atrevió a preguntar un abnegado nivel veintiocho que ocupaba el cargo de  Jefe del Gabinete de Forrapelotas de Presidencia.

-El Ministerio  de lo Inasequible al Desaliento – respondió el sublime con su sonrisa más seráfica- Será el encargado de engrasar con moral de éxito esa infalible maquinaria de felicidad que es nuestro gobierno.

Mientras la glamourosa corte de encantados y encantadas de la vida levitaba a los cielos abducida por esta nueva lección de clarividencia, la feliz noticia se expandía por todos los rincones del país. Y un joven sin trabajo que hasta ese momento se veía como un puto parado sonrió. No es que le convenciera mucho el nuevo alarde del gran líder, sino que, después la enésima buena nueva, el informativo había cantado los mismos números que el boleto de la Primitiva que guardaba en sus manos.

El tercer Alberto/ Cuento surrealista

Inesperadamente, España se enteró de que tampoco cuando se trata de Albertos hay dos sin tres... sin tres...La gran noticia de aquel verano en Puerto Pollensa es que los dos Albertos habían ocultado que tenían un tercer primo con el mismo nombre. Y que el tercer Alberto había aparecido reclamando su sitio en la historia.

La primicia se la disputaron entre Jesús Cacho, en representación del periodismo económico,  y Jorge Javier Vázquez,  Jesús Mariñas y Karmele Merchante por el llamado periodismo del corazón. Se trataba de un hombre de unos sesenta y cuatro años de edad, uno ochenta de altura, buena planta, gran surtido de trajes y un fondo de armario inagotable de gabardinas blancas. Tenía los mofletes de Alberto I y las crenchas del cabello como Alberto II, y podía pasar por ser el eslabón perdido entre uno y otro, con los que guardaba un inconfundible parecido familiar.

Lógicamente, también era multimillonario. Y, como es normal en esos casos, había  estado casado varias veces con otras tantas beldades que pertenecían sucesivamente a la familia de los descendientes  del sommelier del rey Leopoldo II de Bélgica, con inmensas propiedades en Sudáfrica,  a otra familia no menos multimillonaria del Paraguay y a una familia de clase media-baja de Quintanar de la Orden. Esta tercera familia, sin embargo, fabricaba el famoso aguardiente marca El furriel, del que el Alberto desconocido era un notable consumidor. La tercera esposa, que se llamaba Toñi, se la pegó con futbolista del Getafe mientras él cazaba el oso en Alaska. Con la mala suerte  de que el oso contratado cayó antes de la cuenta, el marido adelantó el regreso y, para darle una sorpresa a su esposa, se presentó en casa con un sortijón de esmeraldas de regalo y vestido de esquimal. Toñi casi muere del sobresalto, y el futbolista del Getafe, del tajo que le largó el engañado con su cuchillo de caza poco antes de que  aquel, un hombre punta de gran velocidad, huyera despavorido por el jardín sin más protección que un MARCA para ocultar malamente el cuerpo del delito, a la sazón un tanto disminuido por el susto.

2

A partir de ahí el tercer Alberto se divorció de Toñi. Y mientras su inmensa fortuna prosperaba al mismo ritmo que la de sus primos, se casó varias veces más. En alguna ocasión incluso con alguna secretaria que no era ni rica, ni guapa, ni famosa. Esta circunstancia, unida a la imperdonable vulgaridad de no haber sido condenado jamás por un delito de estafa millonaria y de falsedad en documento público, con la prescripción de rigor que suele asistir a los granujas de postín, había merecido el desprecio de sus famosos primos. Así que entre unas cosas y otras, el tercer Alberto, que tenía exactamente la misma participación que sus primos en los sustanciosos negocios familiares, decidió abandonar España  e instalarse en Francia, donde vivía en un molino lujosamente arreglado a orillas de un afluente de la Dordogne. Desde ahí, y acompañado por Ivette, una tragasables escapada de un circo ruso con la que había encontrado la felicidad, siguió incrementando su fortuna y disfrutando de la vida. Ivette reunía la triple habilidad de resolver los sudoku, dominar todas las posturas del Kamasutra y cocinar la ratatouille como nadie, y junto a ella el tercer Alberto controlaba sus inversiones, navegaba a vela,  pescaba barbos y carpas y era feliz sin echar de menos a sus homónimos

-¿Ya tienes más que ellos?- le preguntaba de vez en cuando  la tragasables mientras le besaba el cuello con pasión moscovita.

-Lo voy a tener- respondió un día apretando las mandíbulas para subrayar con el gesto su firmeza.

La cosa es que al tercer Alberto, harto de todo lo que se puede tener cuando se es inmensamente rico y es difícil destacar sobre sus iguales, no se le ocurrió más que hacerse la cirugía estética más audaz y escandalosa.

-Arréglemelo. Quiero algo especial- dijo abriéndose la camisa y mostrando el pecho al especialista que estiraba a todos los galanes de Hollywood .

-¿Quiere que le reafirmemos los pectorales? –preguntó el cirujano.

-No. Quiero que me ponga tetas.

-¿Cómo? –titubeaba el galeno- ¿Quiere que aumentemos el volumen  de sus pectorales?…¿Lo que llamamos un pecholobo Schwarzeneger?…

-No-cortó con malos modos el tercer Alberto mientras ponía ante los ojos del cirujano un cheque en blanco con su  firma- No quiero fortalecer mi pecho: quiero tetas.

El cirujano cogió el cheque con su mano temblorosa y se sentó visiblemente confundido.

-Toda  mi vida he estado aguantando esta palabra  porque en mi familia no era correcto decirla-le explicaba el tercer Alberto mientras gesticulaba ostentosamente- Pero ahora que las tetas nos invaden y hasta las ministras hablan de ellas, deseo tener más que mis primos los Albertos. Ellos sólo tienen tetillas. Pues bien, yo quiero tener tetas, sí. Tetas grandes, turgentes, zeppelines exuberantes, como los de las películas de Russ Meyer

3

Dicen que, pagando, san Pedro canta. El cirujano se esmeró y logró que el tercer Alberto exhibiéndose top-less dejara en nada la ya gastada  imagen de sus primos.

También dicen que en el Club Náutico de Palma, y una vez que las barbas reales no daban más de sí, no  se escuchó otro comentario que la aparición de este insólito personaje del que no se sabía nada hasta entonces.

El caso es que el tercer Alberto no sólo tenía ya más que sus primos. Sino que aún acumularía muchísimo más cuando los programas de televisión y las grandes estrellas del periodismo nacional –incluída Mercedes Milá- se disputaran su presencia. Y sería esta una presencia notable y singularísima, algo asombroso que en verdad enorgullecería a un país culto y refinado como España, y que vendría a engrandecer  aún más a una saga de por sí tan digna de admiración  como la de los famosísimos Albertos.

Triunfo y tragedia de la ensaladilla rusa

A pesar de lo que digan los puristas, incluso con mayonesa de bote está buenísima la ensaladilla rusa...

A pesar de lo que digan los puristas, incluso con mayonesa de bote está buenísima la ensaladilla rusa...

Según el reputado gastrónomo Jean Anthelme Brillat-Savarin la ensaladilla rusa es un plato si magnifique que même dans le plus pauvre de ser versions il resulte vraiement exquisite. En realidad no está muy claro si Brillat-Savarin probó la ensaladilla rusa –es más, casi seguro que la cita es una invención-,  ni siquiera estamos seguros de que en Francia la ensaladilla rusa se llame así,  pues este plato muda su nombre con suma facilidad. En el Campamento del Robledo de La Granja, por ejemplo, donde el Duende cumplió sus deberes militares con la patria y todo lo ruso estaba muy mal visto, se llamaba ensaladilla nacional. Es cierto sin embargo que, se llame como se llame,  casi todas las ensaladillas rusas, a nada que reúnan los ingredientes mínimos, están entre aceptables, y buenísimas. Y que a la una  de la tarde, y salvo picor sospechoso por las calores, incluso la del bar menos imaginativo de España se convierte en una tapa excelente.

Lo cual que habiendo tenido el Duende que rescatar a doña María del baúl los recuerdos precisamente para charletas de cocina, y siendo, además, devoto de tal plato, comprendió que no podía dejar pasar ni un solo día más de su vida sin hacerla en casa. Sencillamente, no era de recibo que doña María  no hubiera firmado jamás una ensaladilla rusa. Así que, después de contrastar en diversas fuentes el número y la variedad de los elementos que acompañan a la patata, el Duende se puso manos a la obra.

La primera parte no ocasionó el menor problema. Las sombras aparecieron con la mahonesa. Sólo hacía una semana que una ensaladilla rusa degustada  en familia, y que estaba buenísima, resultó estar envuelta por una mahonesa de bote. Y a ella pensaba acudir el Duende. Pero -¡ay!-siempre siempre surgen amables consejeras que enarbolan la bandera de la autenticidad a ultranza.

-¡Qué tontería! -le disuadieron- ¡Si es mucho mejor con la mahonesa casera!…Ya verás qué fácil,  huevo, aceite, sal y limón y en cinco minutos…

El caso es que siguió escrupulosamente los pasos de la receta. Pero aunque doña María  hace ya muchos años que no tiene la regla y el Duende no la tuvo nunca, la mahonesa  no espesó, es decir, se cortó.

-Es muy fácil recuperarla –le calmaron cuando llamó desconsolado a dar parte del entuerto – Lavas la batidora, bates otro huevo en un bol nuevo y cuando éste empiece a espesar le vas añadiendo poquito a poco la mahonesa cortada.

Así lo hizo. Uno, dos y a hasta tres huevos batidos -y nunca espesados- en sus correspondientes boles a los que, sucesivamente, había añadido un poco de la mahonesa frustrada anterior, iban ocupando la escasa encimera de la cocina del Duende. Aquello parecía el laboratorio del Doctor Jekyll.

En estas el Duende miró el reloj y advirtió que se le estaba yendo el tiempo que otros domingos dedica a trotar por el parque sin complicarse la vida con la mahonesa. Es lo más fácil de la cocina, sí, pero también queda dentro del ámbito de la Ley de Murphy y si puede cortarse, se cortará. Así que lo dejó todo y se fue a correr al ritmo de la Novena Sinfonía de Beethoven que guarda en su MP3 como vigorizante en situaciones de desánimo.

Y mientras eliminaba toxinas y frustraciones al tempo marchoso de la Oda a la alegría, magnífico para correr, se preguntaba si el genio de Bonn también hubiera estrellado su talento contra la fácil, pero difícil labor de ligar una mahonesa cortada.

- No todo el mundo vale para todo, Ludwig –creyó escuchar en  el coral que cierra la monumental sinfonía.

Doña María se quedó muy chafada. Pero el Duende se acabó entregando a la mahonesa Ibarra, se zampó una ensaladilla rusa estupenda y durmió la siesta convencido de que, si no los ves muy claros,  es aconsejable desoir los buenos consejos.

Ciudades felices

Obras en Madrid, según la pintora Elena Méndez

Obras en Madrid, según la pintora Elena Méndez

Hay mentiras, grandes mentiras y estadísticas, dice el perplejo Homper que dijo Bernard Shaw. Da igual quien lo dijera, porque la frase estaba bien traída. Como si, en lugar de estadísticas, decimos encuestas. O como, si en lugar de encuestas, hablamos de percepciones.

-Ya ves, tía-le comenta a la tía Clota a través del Skype- Según la revista Forbes vivo en una de las diez ciudades más felices del mundo. Y yo sin darme cuenta.

Según la prestigiosa revista norteamericana Madrid está en la lista privilegiada de las ciudades más felices del planeta, encabezada por Río de Janeiro. La clave de esa percepción es que desde que Fred Astaire y Ginger Rogers rodaron Bailando a Río y desde que la tele universalizó la postal de los carnavales brasileiros, el imaginario colectivo asocia la capital del Brasil con la samba, el empelote, la plástica de las mulatas sonrientes y el vive como quieras, fundamentalmente de juerga y sin dar ni golpe. Sólo Río, Sydney, Barcelona y Amsterdam superan a Madrid en felicidad.

-¿Y crees que Barcelona es más feliz que Madrid por las fotos  de esas cosas que hacen en los alrededores de La Boquería?- pregunta la tía Clota con indisimulada ironía.

Las reprodujo El País, no se sabe si dentro o fuera de su libro de estilo, Homper se quedó perplejo al verlas y luego dieron la vuelta al mundo en Internet. Gente fornicando en la calle  a plena luz del día sin ley ni ordenanza municipal que les advierta de que, aunque ellos estén felices, a la mayoría de la gente les puede molestar que conviertan el espacio público en una casa de putas.

-No se, tía –responde Homper avegonzado. Ya sabes, vive como quieras…Además, todo es relativo. Madrid está insoportable, reventado en obras. No sabes cómo llegar ya a ningún sitio, porque se han puesto a cortar y reformar todas las calles y aceras al mismo tiempo. Polvo, atascos,  la crisis y un calor más que africano. Eso sí, por la noche tinto de verano en las terrazas y, si pasa el de Forbes,  estamos encantados.

Son percepciones, insisten. Como lo de los brotes verdes de la economía. Debe de ser la edad, pero a Homper, por el contrario, esta imagen de desorden y caos bajo el azote de un verano exagerado y la cataplasma de la memez buenista le deprime. En el Retiro, como en casi todo el bosque nacional, muchos árboles desesperados hace ya tiempo que tiraron la hoja. No pueden con ella, como tampoco miles de tiendas de este Madrid tan alegre y confiado pueden mantener su negocio y cierran sus puertas. Pero somos felices.

-Paciencia, sobrino- dice la tía- Sólo es feliz el que quiere serlo, y el que no se consuela es porque no quiere.

Homper sueña con ver nubes en el horizonte. Y para no caer en el pesimismo, que vende tan poco, se recuerda a sí mismo que al final siempre acaba lloviendo.

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