Nos falta “know how”

Saber qué hacer en casos así es tan difícil como pasear por las manecillas de un reloj...

Saber qué hacer en casos así es tan difícil como pasear por las manecillas de un reloj...

Se encuentra el Duende por la calle  con  un amigo del colegio. Está gordo, medio calvo y con su consabida cuota de colesterol, que procesa como puede andando todos los días seis kilómetros. Pero mira por dónde, a pesar de lo que cae está encantado de la vida. Todo porque, prejubilado ya por el la pícara empresa correspondiente, ha sido fichado por otra como asesor externo.

-¿Y sabes por qué?-le dice- Por el know how. Parece mentira, pero las nuevas generaciones, que dicen estar mejor preparadas, no conocen el know how de este negocio. Ya sabes, ese olfato, esa intuición de las oportunidades, ese saber formar equipos, ese liderazgo…Nosotros éramos de otra pasta, ¿no?…

El Duende se le queda mirando. Homper diría que estupefacto. Otro, más castizo, que con cara de gilipollas. Lo que, por cierto, no se le escapa al amigo del know how….

-Bueno, qué te voy a contar a ti que no sepas-dice para cerrar su discurso triunfal-Hale, te invito a un café…

Durante el resto del día el Duende da vueltas al know how. O sea, al saber cómo. Y se pregunta cómo, si tiene que haber un know how para todo, no se enseña el know how para las situaciones más normales de la vida. Muchas de ellas no tan fácil de gestionar como la del negocio del amigo del colegio.

Y se acuerda de esa pareja amiga donde ella está luchando contra el cáncer y él se desvive administrando una medicación de amor y normalidad, todo menos caer en el desánimo. No son de esos íntimos en cuya casa uno esté acostumbrado a presentarse sin avisar, pero son amigos muy queridos, que siempre sonreían y fueron cariñosos con uno, y que le hicieron la vida más fácil y agradable cuando compartían veraneo en Asturias. Yo te recojo los niños de la romería, y vienes por ellos cuando quieras. ¿Hacemos unos chorizos a la sidra en el prau de casa? ¿Que pinchaste?…Voy para allá y te cambio la rueda. La memoria de esos amigos se queda en el album del alma, pero la vida sigue, les separa en busca de distintos destinos, y un día asusta a alguno de ellos porque al amigo de entonces le aparece una mancha en la piel, un ganglio, o una fiebre sospechosa. Y ya está la nube de dolor y miedo, confirmado luego por el  más severo diagnóstico. ¿Qué podemos hacer en estos casos?  ¿Sabemos reaccionar? ¿Tenemos la imaginación suficiente para programar nuestros buenos deseos de ayudar en la enfermedad?

-Pablo –le dice el Duende al teléfono de cuando en cuando- Que cómo está Mati…

-Ahí estamos –dice como si Mati fueran los dos- Luchando…

Pablo es militar, y sobrelleva el destino con el valor y la serenidad con la que está acostumbrado a aceptar sus órdenes.

-Muchas gracias por tu llamada-añade sin poder ocultar en el laconismo de sus palabras un pálpito de ternura.

Y el Duende no sabe más que tragarse una lágrima y despedirse con algo que suene amable. Aunque luego, a solas, le de rabia no hacer más por sus amigos, y lamente carecer del know how para modular su cariño en en estos casos tan peliagudos que va sembrando la vida.

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10 Respuestas a “Nos falta “know how””


  1. 1 joselepapos septiembre 28, 2009 a las 11:02 pm

    Vale, tío. A mi también me pasa. Nunca sabes ni qué hacer, ni qué decir, pero seguro que ellos te agradecen la llamada. Ya sabes, aquello de que “la intención es lo que cuenta”.

    Muchas veces sobran las palabras. Yo me he acostumbrado a callar cuando no sé qué decir. Es mejor. El acompañamiento, aunque sea silencioso, basta. Las más de las veces creo incluso que es lo mejor, a no ser que tengas el don de la oratoria.

  2. 2 maribel septiembre 29, 2009 a las 7:20 am

    PUES CLARO QUE CON LA LLAMADA BASTA…Ymas hoy en dia que si no es la crisis es el cancer!!!!!! que dificil nos lo estan poniendo para ser felices!!!!

  3. 3 juian29 septiembre 29, 2009 a las 9:10 am

    Animo Duende, que si tu demuestras buen ánimo, pasas esas buenas vibraciones a tus interlocutores, a veces sin pronunciar palabras…
    Un abrazo.
    Julián.

  4. 4 Úrsux septiembre 29, 2009 a las 9:18 am

    Gracias por escribir, Duende.

  5. 5 Pedrito septiembre 29, 2009 a las 9:57 am

    Sigue llamando a los amigos, querido Duende, esten o no sumidos en la enfermedad o en otras desgracias …
    Con la aguda sensibilidad y el humor que rezuman tus “papeles”
    ( sigo sin hacerme con eso de los post … ¿con o sin esses?), tu llamada les será siempre grata, oportuna y provechosa.
    ¡ No suenes con sanar sus cuerpos ni devolverles el amor perdido, que es lo que deseariamos todos cuando sentimos que la desgracia se ceba con uno, y que probamos impotencia para sacarle del atolladero !
    Creo que las cosas pueden mejorarse bastante en el mundo (“nuestro mundo” se entiende, el que está al alcance de la mayor parte de los mortales )si cada uno de nosotros siente y actua como “enanito de buena voluntad”, tratando de hacerlo con toda ilusión y delicadeza, pero tambien como una cosa normal.
    Cuando esas cualidades le vienen a uno de casta – y no me digas que falta te hacen … – sobra cualquier know-how, y ríete encima de las “celulas de asistencia psicológica”, tan de moda en nuestros tiempos. A propósito: ¿ la fulgurante proliferación
    de estos “engendros” (v.g. placebo) no guardará acaso alguna relación con la escasa “educación básica” dispensada hoy en dia, en tantos hogares y colegios ?
    ¡ O tempora, o mores ! Tal fue el know-how de nuestra cuna !!!

  6. 6 Charivari septiembre 29, 2009 a las 11:47 am

    En las situaciones difíciles de la vida, la llamada de un amigo es como un bálsamo reparador. Sentirse querido es lo mejor del mundo contra las peplas cotidianas que nos acechan.
    ¿Por qué nos cuesta menos encararnos e -incluso- insultar al prójimo que decir “te quiero” o “me caes bién”; hay que decirlo más amenudo y no vale aquello de que “se da por sabido”.

  7. 7 Ángela septiembre 29, 2009 a las 2:04 pm

    No hay ninguna necesidad de decir “estoy contigo”, basta con enviar el cariño y el calor que, paradojas de la vida, con frecuencia llega hoy a través de las nuevas tecnologías; un mail, un mensaje en el Facebook, una llamada al móvil…, son suficientes para sentirte acompañado en los momentos más difíciles de tu vida. Pequeños gestos inmensos.

  8. 8 Lorelai septiembre 29, 2009 a las 6:26 pm

    Duende. Tu llamada al amigo que está en sus horas tristes y bajas es mucho más importante de lo te figuras. Escuchar la voz cariñosa que se interesa por lo que te ocurre, que comparte tu tristeza, tus inquietudes da fuerzas, consuelo y es especialmente bueno para la persona que tiene que cuidar del otro. No hace falta decir mucho. Solo que sepan que estás ahí, con ellos, compartiendo la vida. Te animo a que sigas llamándoles. Lo agradeceran muchísimo.
    La amistad es imprescindible en los momentos duros.

    Un abrazo duende.

  9. 9 wallace97 septiembre 29, 2009 a las 6:49 pm

    Me defino como una absoluta nulidad a la hora de mostrar apoyos. Me convierto en una gigantesca duda que hace que me bloquee de tal manera que incluso puede parecer que no es sincero. Sobre todo cuando hay casos, y alguno me consta, en los que la persona o personas afectadas prefieren que no se les mencione el asunto y agradecen que no se les llame. Con lo cual, en los casos en los que no has recibido señales directas o indirectas de cuál es la preferencia, ¿cómo adivinarlo?

    Me diréis que ante la duda, la menuda, y tendréis razón, pero a veces no sé si es lo correcto.

    En una ocasión, al coincidir con una persona cuya madre había fallecido recientemente, una amiga se le acercó, y con un tono la mar de cariñoso y cercano le preguntó: ¿qué tal, fulanita, cómo te encuentras? Y la respuesta, con un tono absolutamente insultante fue: “¡joder, qué preguntita!, ¿cómo quieres que esté?, pues jodida”.

    En fin, que me bloquea mucho el sufrimiento ajeno, y me da miedo perjudicar en lugar de ayudar. Me falta know how.

  10. 10 José Ramón septiembre 29, 2009 a las 9:56 pm

    A todos nos falta know how (por cierto, menos mal que está ahí el inglés, una lengua culta y elaborada, para auxiliar al paupérrimo español suministrándole expresiones).
    Nadie cnoujogüea bien, porque cuando el cabronazo cáncer aparece, o cuando un accidente o cualquier otra desgracia dice jiarismí, nobodi can cnoujogüear.
    De todas formas, una llamada es una buena cosa, aunque uno no sepa qué decir (juot talk).
    Y seguro que les confortaste a los dos.


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