
Aunque Federico escribiera que "también se muere el mar", él, con Memoria Histórica o sin ella, sigue vivo...
Motivo de perplejidad nº 1.875 secundum Homper. La tierra, por lo visto, sólo es del viento, como se dice últimamente. Pero ¡oh paradoja!, la esencia de Federico García Lorca está por decreto, necesariamente reside, es consustancial a lo que puedan quedar de unos huesos enterrados no se sabe dónde durante setenta y tres años.
Tampoco se sabe por qué la Memoria Histórica, que se supone que es cosa del espíritu, necesita relicarios de la osamenta de uno de los poetas más conocidos, leídos citados y recitados nunca. Si la tierra sólo es del viento, Lorca es del viento, del sol, del mar, de la montaña, de las espigas, de los nardos, de la fragua, de la luna, de los gitanos, del cante jondo, de Nueva York, de la calle Elvira, de la Huerta de San Vicente, de la Residencia de Estudiantes y de millones de almas que celebran diariamente en todo el mundo la enjundia de sus sueños y la belleza de su palabra. Ya quisieran todos los asesinados vilmente gozar del recuerdo, el respeto y la admiración del poeta granadino.
Y Homper, instintivamente, recita el Soneto de la dulce queja de Federico que lleva dentro. No le importaba que perteneciera a los Sonetos del amor oscuro. El, solterón impenitente, se lo recitaba a Gloria, un amor que tuvo en uno de los pueblos donde sirvió como secretario de ayuntamiento. También tenía que ser el suyo un amor oscuro, de otro tipo de oscuridad. Ella, manda castañas, estaba casada con el comandante del puesto de la Guardia Civil. Todo muy lorquiano. Aún se le humedecen la mirada cuando lo declama:
Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua, y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento
Tengo pena de ser, en esta orilla,
tronco sin ramas. Y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla
para el gusano de mi sufrimiento
Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío
no me dejes perder lo que he ganado,
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi Otoño enajenado
Troncos sin ramas, como dice el soneto que Homper se sabe de memoria, podríamos serlo todos. Pero con huesos o sin huesos sacramentados por el ADN y el forense, la savia de Federico retoña diariamente nuevas hojas en cualquier espíritu sensible. Lo ha dicho un sobrino suyo: lo que hay que hacer es leerle y no olvidar lo que pasó. No hacen falta sus huesos para saber que lo mataron unos generales asesinos.
Por eso Homper no tiene miedo a perder la maravilla del legado de Lorca. Ni el recuerdo de los amores que vivió a la luz de su prosa y de su verso.

Estoy de acuerdo con el sobrino: Hay que leer a Lorca. Y añado que hay que leer a todos, y leer mucho, todo lo que se pueda.
Por otra parte, los huesos nunca me han interesado. Me pasa igual que cuando hay un naufragio, o un accidente en la montaña: No entiendo por qué se gasta tantísimo dinero y se corren tantísimos riesgos para rescatar unos cadáveres. No lo puedo entender.
(Si escribo esto parece que quiero correr un tupido velo sobre el asqueroso asesinato de Lorca. No digo tal, sino que, como a Homper, a mí tampoco me fascinan los huesos de Lorca).
Cuando yo me muera, si algo de mi cuerpo le puede servir a alguien, pues que lo coja. Y el resto que lo tiren a la basura, o a la fosa común, o donde menos estorbe. Y si, como en Suecia, se puede generar un par de watios con mi combustión, pues estupendo. No entiendo el culto al cadáver.
Corrijamos: “Se pueden generar un par de watios.hora”
José-Ramón, los huesos pueden ser muy interesantes si son de un buen cerdo y se usan para hacer rico caldito. Y los de una ternera de buena familia pueden servir para un magnífico osobucco.
Me extrañaría (aunque en estos tiempos no demasiado) que ciertos autotitulados intelectuales, que tanto se afanan en buscar los restos de Lorca, acabasen metiendo sus huesos en el puchero para embeberse de la genialidad de la que ellos carecen. Pero no me extrañaría tanto ver un televisivo viernes noche a Belén Esteban, en plan Hamlet, con la ínclita calavera en la mano: “Esta calavera tenía una lengua en otro tiempo, y con ella podía cantar, Andreíta, cómete el pollo”.
Lo que no entiendo es que haya que pagar con dinero público las manías y fijaciones privadas de estos buscadores de huesos, como si no hubiese otras necesidades a las que subvenir.
Don Federico García Lorca aún después de ese tiro o asesinato, sigue vivo, esta entre todos nosotros, sus letras son él mismo, es su voz pidiendo libertad ¿Para qué queremos un puñado de huesos? ¿Qué queremos demostrar con eso? ¿Qué somos mejores? Creo que primero debemos mirarnos a nosotros mismos, después reflexionar y más tarde pensar que es primordial comer y un techo para aquellos que no lo tienen, los huesos no nos sirven de nada.
Felices Fiestas, un abrazo Homper
Estoy de acuerdo con Homper. Es mejor redordar y leer a Lorca que encontrar sus huesos. A mí, eso de la Memoria Histórica me parece una pérdida de tiempo y de dinero con el que se podrían subsanar muchas cosas, más importantes que encontrar unos huesos. La esencia de Lorca está en su verso, en su llamada a la libertad, en su forma de hacer poesía que ha traspasado la frontera del tiempo y sigue viva como su recuerdo ¿No sería mucho mejor dejar en paz a los muertos y hacer algo por los vivos?
Alguien dijo que mientras haya quien te recuerde no mueres; a mi me parece que eso es la inmortalidad.
De acuerdo con Homper y los demás comentarios. Dejad a los muertos en paz y preocupémonos más de los vivos.
¡¡Feliz Navidad para todos!! Que la paz, la salud y el amor lluevan sobre este bosque tan especial.
¡Amén!