
Es inexplicable que los políticos aún no sepan que siempre hay algún micrófono inoportunamente abierto para amargarte la vida...
La hoja de servicios al partido de Pochoto Morón era sencillamente impecable.
Tenía fama de corrupto, prevaricador, manipulador de votos, conseguidor de licencias de construcción ilegales, borrachuzo, esnifador de pimienta con almendra molida y acosador de secretarias. Y malas lenguas decían que había sido sorprendido en un local donde una tigresa ataviada con lencería gótica le flagelaba mientras él, desnudo y con un collar de perro al cuello, se comía un hígado de cerdo crudo y luego leía, de rodillas y en voz alta, las obras completas de Karmele Merchante.
-Ah, ahhhhh….-gritaba al borde del orgasmo..
Con sus casi dos metros de altura y sus ciento treinta kilos de peso, las orgías de Pochoto dejaban en nada las de Tiberio y el Marqués de Sade. Era lo que una castiza llamaría un prenda. Pero ningún juez le había podido hincar el diente jamás. Y además ganaba elecciones.
-Es un perfecto canalla-reconocían en el Comité Central del partido- Lo malo es que todos los partidos necesitamos alguien así para que haga el trabajo sucio.
El trabajo sucio le obligaba a ser además arrogante, chulo y mal educado en el parlamento o en las comparecencias públicas. Y cuanto más sarcásticas y corrosivas eran sus pullas a los adversarios políticos y más ordinarias sus palabras, más votos ganaba.
-¡Dales caña!-le gritaban- Pochoto, Morón, ¡el gobierno es un cabrón!
Pero todo el mundo comete un error. Un día, más difícil todavía, largó una de las soflamas más apocalípticas y demagógicas de su carrera. Henchido de rabia, vomitó su mejor repertorio de denuestos e insultos a los que criticaban a su partido y convocó una cacerolada contra el gobierno. La atronadora división de opiniones convirtió el hemiciclo en una escandalera. Pochoto, emocionado al aquel espectáculo, se tapó la cara con las manos y, mientras se enjugaba el sudor de la frente con un pañuelo, pareció decir algo a un compañero de partido a micrófono cerrado.
¿Cerrado?…Eso creía él. Una mano invisible lo había activado de nuevo.
-No se cómo he podido hacer este discurso –se escuchó decir al bellaco ganavotos- Ayer vi otra vez Bambi con mis hijitas y aún no he podido superar la secuencia en que los cazadores matan a mamá cierva…
Qué vergüenza, qué oprobio para el partido. Aquellas palabras impresentables provocaron el rechazo radical de sus votantes. Y fueron, al cabo, la tumba política de Pochoto Morón.

Da escalofríos pensar que muchos de los que -politicamente hablando- nos amargan la vida, sean conscientes de ello y que en aras del medrar, figurar y demás sean capaces de renunciar a las más mínimas reglas de decencia y principios y les importe un pepino ¡país!
JAJAJAJA YO CREO QUE NOS HACES MUCHA FALTA …qUERIDO dUENDE……EL DUENDE POLITICO,EL DUENDE POLITICO…..SALUDOS
Huy, huy, Duende, no sólo hay micrófonos indiscretos, también lo son a veces los teclados. Has situado a Pochoto en un partido que tiene Comité Central, uséase, en el Partido Comunista.
Menos mal que Llamazitos no mide dos metros ni pesa ciento treinta kilos, que si no te habrías caído con todo el equipo. Por mucho menos que eso, la que le montó a los troncos del FBI.
Los políticos no dejan de sorprenderme a diario, no sólo en nuestro país, su retórica traspasa fronteras:
http://rinconaufrago.blogspot.com/2010/02/del-otro-lado-de-los-pirineos.html