Ver Madrid con otros ojos

Un poco más a la izquierda, se descubre la cúpula y la esbelta torre neomudéjar de la Iglesia de la Santa Cruz, una estampa en la que probablemente no muchos madrileños han reparado...

Darle una vuelta a lo que ves todos los días, o mirar de otra forma lo que se te pone ante los ojos. Según Homper – el Hombre Perplejo, el que aún es capaz de sorprenderse por cualquier cosa- esa es una buena receta para  no ser machacado por la rutina. Lo proponía a sus compañeros de tertulia  ateneísta, que contaban sus planes de verano. Aunque nunca está demasiado seguro de casi nada, esta vez se sentía en condiciones de dictar sentencia.

-Los que estamos de vuelta de todo despreciamos la visión del turista –dijo- Creemos que el buen viajero es el que vive los sitios que visita como un natural del lugar. Pero tan paleto es viajar coleccionando sólo postales como no descubrir los tesoros de tu ciudad sólo porque están en la agenda obligada de los viajes organizados.

O sea, que de vez en cuando está bien ser turista en tu propia ciudad. Lo descubrió el día en que tuvo que pasear por Madrid a  Nora, la peluquera de la tía Clota. La quiero como si fuera una hija, sobrino- le había advertido ésta– Así que tú, que tienes tiempo y eres  un encanto cuando quieres, serás su guía ideal. Hazme el favor…

Homper refunfuñó. Recordó luego que, siendo nacido y vecino de Madrid desde siempre, no había puesto los pies en el Palacio Real y en ese rincón entrañable que es el vecino Convento de la Encarnación hasta después de cumplir los cuarenta. De manera que en el corto espacio de una semana hizo de tripas corazón y se convirtió en el cicerone de Nora, una americana de Nueva Inglaterra pecosa y pelirroja, de piel blanquísima y elegantes andares, que reunía datos tan contradictorios como ser una enamorada de la literatura española del Siglo de Oro y coleccionar dedales decorados como souvenir de los lugares que visitaba. Se sorprendió de lo agradable que es observar las crestas  monumentales de los edificios del centro desde esos autobuses londinenses descubiertos que ahora hacen el sightseeng tour de la capital, aunque fuera sentado entre una madurita peluquera de Vermont –por cierto, no fea- y una legión de japoneses y japonesas que lo fotografiaban todo compulsivamente.

-Tuve que pasar por el Corte Inglésconfesó avergonzado a sus tertulianos ateneístas-, que es donde por fin encontramos un dedal de porcelana decorado con una diminuta Puerta de Alcalá. Pero no hay mal que por bien no venga. Subimos a la cafetería y desde la última planta de ese edificio de Callao, que domina el oeste y el norte de la capital, con todos los edificios y parques de su Cornisa Imperial, descubrí otro Madrid que nunca había sospechado. Y ya veis, estaba allí, esperándonos a los que no sabemos lo que tenemos…

Nora le demostró además que todas las ciudades guardan fotos singulares en las que nunca reparan los que allí viven. Una mañana, después de recorrer la Plaza de la Paja, la del Conde de Barajas y la Plaza Mayor, se sentaron en una pequeña terraza de la Plaza de Santa Cruz. Desde su silla metálica, Homper veía la silueta de Nora enmarcada por una de las torres de aguja del Palacio de  Santa Cruz y por la cúpula y la torre neomudéjar de la iglesia vecina que lleva el mismo nombre. Y de repente sintió que estaba en otra ciudad que nada tenía que ver con ese poblachón manchego lleno de subsecretarios, como despectivamente definió Cela a Madrid.  En esa ciudad donde llevaba viviendo toda su vida y que ahora empezaba a conocer gracias a la mirada cómplice de una peluquera norteamericana que, vaya por Dios, cada minuto se iba pareciendo más a una actriz del Hollywood de la época dorada, no lo tenía muy claro: quizás Mauereen O´Hara, quizás Eleanor Parker.

Nora tomó el avión de regreso el domingo 27 de junio de 2010. Por la noche, acodado en el balcón de su palomar, Homper veía la fachada occidental de Madrid a la luz de la luna cuando a las doce en punto, desde tres barrios distantes, fueron lanzados sendos castillos de fuegos artificiales. Casi simultáneamente, al cuadro de fondo se añadieron los rayos y relámpagos de una lejana tormenta de verano. Homper suspiró: le sobrecogía ver que el viejo, el feo y denostado Madrid, fuera capaz de esa estampa de tan  singular belleza. Aunque sospechaba que el recuerdo de la turista de Vermont que coleccionaba dedales y leía a Quevedo no era del todo ajeno al momento.

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7 Respuestas a “Ver Madrid con otros ojos”


  1. 1 José Ramón junio 29, 2010 a las 9:51 am

    Pues sí. Yo soy de esos turistas que sacan un montón de fotos de las ciudades que visitan, pero no tengo ninguna de Madrid.
    Es cierto: Tenemos que aprender a mirar lo que tenemos delante de las narices a diario.
    Propongo una quedada en Madrid, y que los forasteros nos expliquen Madrid a los madrileños. Otra en Pamplona y se la explicamos a los pamploneses; etc.

    (¿pamploneses? ¿pamplonicas?)

    • 2 Angelus P. junio 29, 2010 a las 10:24 pm

      Ambos, J. Ramón, pamploneses y pamplonicas, aunque el segundo es más de “andar por casa”…

      Qué buena idea, la del ciceronazgo simétrico ese.

    • 3 Angelus P. junio 29, 2010 a las 10:30 pm

      …Y, de paso, nos explicas las obras de los Oizas, Mangados, Eusas y Moneos varios de nuestras rúas…

  2. 4 Higorca junio 29, 2010 a las 10:18 am

    Madrid, sin máquina de fotos es magnifica, ir viendo con tranquilidad todo aquello que nos interesa, monumentos maravillosos, paseos llenos de flores para pasear con tranquilidad y armonía, Madrid es algo que no se puede olvidar, cada vez que piso ese lugar me gusta mucho más… y sin máquina de fotos.

  3. 5 Charivari junio 29, 2010 a las 10:43 am

    No sé porqué será, pero es muy cierto lo de conocer mejor lo de fuera que lo que tenemos tan cercano. Mi prima catalana, trasladada temporalmente por su empresa a los madriles, me descubrió lugares de tapeo ¡en mi propio barrio! Nos invade la pereza, yo creo; menos mal que de vez en cuando tienes que hacer de cicerone y se aprovecha para ver cosas nuevas.
    José Ramón, dudo mucho que te plantees si lo correcto es pamplonés y pamplonica.

  4. 6 maribel junio 30, 2010 a las 6:52 am

    que ilusion tener un cicerone asiiiiiiiiiiiii… que envidia..pero la verdad esque Madrid en muy bello!!!!!

  5. 7 Palinuro julio 2, 2010 a las 12:26 pm

    Conozco europeos enamorados de Madrid.
    ¿Sabíais que es la segunda ciudad más visitada de Europa?


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