Archivos para 2 noviembre 2010

No habrá güatillazo

Corría la sospecha de que la lenidad de la RAE diera por buenos los deslices verbales de Leyre Pajín, pero parece que de momento deja las normas en su sitio

Enésima causa de la estupefacción permanente en la que vive Homper. Estaba mosca desde la semana pasada, donde a cuenta de otro ataque de vehemencia feminista de la ministra Pajín creyó escucharle decir cónyugues para lo que el roman paladino dijo y escribió siempre cónyuges.

Se lo comentó a la tía Clota, que está haciendo acopio de leña seca para el invierno en su casita de Nueva Inglaterra.

-Tía, aquí ya vale todo –comentó el Hombre Perplejo- Digo yo que lo habrá dado por bueno la Academia de la Lengua.

-Pero si siempre fueron muy rígidos, sobrino.

-Qué se yo, tía. Será que se han contagiado del furor reformista de Zapatero. Mi amigo Muguerza dice que a menudo tiene problemas porque da su apellido para hacer una reserva y luego se encuentra en el hotel o el restaurante de turno con que no consta nadie que se llame así. Lo más parecido es un tal Mugerza.

-¿Confunden el fonema ge con el gue?-pregunta la anciana, profesora jubilada de literatura española en Estados Unidos- Eso no pasaba ni con los más borricos de mi época.

-Las cosas cambian, tía. ¿No te acuerdas de cuando Alfonso Guerra vaticinó que a España no la iba a reconocer ni la madre que la parió?…

Pero hoy la sorpresa de Homper es saber que, reunidas las academias de la lengua española en Guadalajara, Méjico, han decidido reducir las últimas travesuras ortográficas a una propuesta de futuro, y acuerdan mantener las reglas aún vigentes.

-Qué tranquilidad, hijo-dice la tía Clota- O sea, que lo de cónyugues va a seguir siendo ignorancia.

-Bueno, si lo dices tú….A mí me llamarían machista por decirlo.

La buena noticia del día, piensa Homper, es que no todo se reforma a lo loco. O que el afán de darle la vuelta incluso a lo innecesario puede acabar volviéndose contra ti. Mira el Hombre Perplejo los periódicos del día, se fija en las elecciones de Cataluña y se pregunta cómo definiría Pajín  los resultados para su partido, que es básicamente el partido del jefe.

-¿Escribiría que ZP ha dado un güatillazo? ¿O pondría gatillazo como se ha escrito toda la vida?

Un no famoso en el Rastrillo

El espanto de tener que pasar por famoso sin serlo...Tierra, trágame.

1

-¿Es usted famoso?-le preguntaron una vez al Duende en el Rastrillo de Oviedo.

Y el interpelado dijo para sí la frase típica de los personajes de Pulgarcito cuando se cruzaban por la calle con su sastre.

-Tierra, trágame.

(No se sabe por qué, siendo tan pobres, los héroes de tebeo de entonces vestían de sastre. Tampoco se entiende que los sastres trabajaran para ellos, pues por lo visto, nunca cobraban).

2

No era famoso entonces ni lo ha sido nunca. Lo que hoy se entiende por fama  sólo viene de la televisión, que da el carnet de famoso a quien lo merece y, muy a menudo, a quien no  reúne más mérito que el de ocupar la pantalla. Pero la radio genera una relación muy estrecha  y cálida. Había personas que valoraban lo que en ella largaba el Duende, y consideraban que si les gustaba a  ellas, tenía que llegar a todo el mundo.

Es lo que le `pasó a Cristina Palau, aquella distinguida amiga que colaboraba en el Rastrillo y necesitaba una cara conocida para vender camisetas. Las intenciones eran buenas, a pesar de que el Duende trató de persuadirla de que no era el hombre más indicado.

-La radio no la ve nadie.

Y tanto. Su cara era tan poco conocida y estaba el hombre tan poco animado que sólo pudo vender diez camisetas. Debiendo soportar, además, la humillante pregunta  de un bobalicón.

-Oiga, ¿es usted famoso?

3

Ahora el presunto famoso de entonces ya no es ni duende de la radio, que a efectos de fama  tampoco era mucho. Pero tiene amigos mantenedores del Rastrillo que le sobrevaloran, y aún le piden que acuda a animar al personal.

-Verán…-dijo tratando de presentarse cuando le dieron el micrófono- No se si saben que yo…

Es su sacrificio del año. No por lo que aporta en términos monetarios a la noble causa, sino por lo que le abruma tener que regresar desde el pasado. Por lo que sufre cuando le plantan  ante una parroquia  que espera glamour y que sólo ve a un señor mayor haciendo cosas extrañas.

-¿Y en qué radio estás ahora?-le pregunta  al concluir el numerito alguno que fue su oyente.

No se puede quejar. Peor  hubiera sido que le volvieran a preguntar eso tan horrible de si era un famoso.

Amor en tiempos de crisis

Gracias te doy, Señor, por este dentífrico que ha limpiado y refrescado el beso que ella hacía tanto tiempo que no me daba...

1

Aquella madre creyente siempre había mantenido la buena costumbre de rezar antes de iniciar la comida con su familia.

-Bendice Señor estos alimentos que vamos a tomar, recibidos de tu mano generosa…

Pero últimamente estaba tan asustadita por las malas noticias económicas, que se consideraba una privilegiada, y daba gracias al cielo por casi todo. Se despertaba y daba gracias por despertarse. Se duchaba y daba las gracias por agua que derramaba la alcachofa. Salía a la calle y elevaba los ojos para dar las gracias por los zapatos recibidos. Dejaba a los niños en el colegio y se abrazaba al maestro para expresarle su gratitud.  Respiraba y daba las gracias al oxígeno. Llegaba su puesto de trabajo, se sentaba ante la mesa, besaba al ordenador, lo levantaba hacia el cielo y repetía sus preces.

-Gracias te doy, Señor, por este ordenador con su Windows Vista y su antivirus y sus múltiples programas, con los que puedo hacer dignamente mi trabajo…

2

Sus compañeros  pensaban que se había vuelto loca. Algunas vecinas que la habían visto dando las gracias al felpudo del portal por limpiarle las suelas de sus zapatos, también. Sus hijos creían que se había vuelto santa de la noche a la mañana.

-Gracias te doy Señor –rezó ante el espejo del cuarto de baño mientras desenroscaba la tapa del dentífrico- por el lujo de poder lavar mis dientes antes de acostarme.

3

Cuando se aprestaba a agradecer a Dios también el cepillo de dientes, observó en el espejo que desde la puerta entreabierta la estaba mirando su marido. Su expresión era de sorpresa, pero también de emoción, arrobo y ternura.

-¿Y a mí, que también colaboro en esos dones recibidos, y que además te quiero, no me dices nada?-preguntó él.

Entonces ella se volvió, y le besó como se besan al final de las películas románticas. Y con aquel beso tan fresco y aún con sabor de menta él, que también venteaba tiempos difíciles, pensó que tal vez no hay crisis que por bien no venga.

Lo importante, los sueños y el sofión de Moratinos

Hé aquí a una buena persona que sabe lo que es importante, aunque muchos no le comprendan...

1

Supone este duende que una de las características que distinguen a las personas notables es que priorizan siempre lo importante. Saltan de la cama, se duchan, se despejan y hale, se ponen a pensar o a trabajar en lo importante.

Claro está que hay que saber primero qué es eso. Por formación, cree entender que importante es lo que afecta a muchos y lo hace profundamente, como el nuevo tembleque con el que Irlanda asusta a nuestra economía marioneta. Más importante, y desolador por irritante, es la plaga de cólera que flagela al desdichado pueblo de Haití. Importante, por escandaloso, es que el telediario nos sorprenda con un cadáver haitiano transportado en carretilla mientras aún no hemos despachado el postre. Qué mal gusto, caramba.   Importante, cómo no, es el paro que nos sangra. Importante es que el director del CNI confiese que, como los malos son tantos, hay poco tiempo para reflexionar y, por ende para protegernos. Importante es que Marruecos sólo haya provocado un muerto en el conflicto del Sahara, y pueda presumir de sus morgues vacías. Importantes deben de ser las razones por las que el gobierno bebe el amargo cáliz ver cómo sus queridos artistas le vuelven la ceja en su contra a cuenta de este asunto. Que son las mismas razones por las que todos los que dudan de la versión oficial son considerados antipatriotas  por el mando y su partido. Qué duro es lo importante.

El Duende lamenta no tener armas para solucionarlo.

2

Pero es que además cada día está más pendiente de lo que, no por insignificante, le queda más cercano. Lleva tres días aislado en el campo, observando cómo poco a poco el otoño ha decorado el paisaje con el esplendor de la decadencia. El tulipo y algún liquidámbar del jardín ya desnudaron sus hojas, pero muchos cerezos, castaños, robles e higueras aún prestan sus amarillos y rojizos a un paisaje en el que los naranjos y los madroños contrastan el brillante verdor de sus ramas con el coloridos de sus frutos. Abajo el valle, extenso y abierto hasta las lejanas cumbres de Guadalupe. Detrás, Gredos, recién nevado como de azúcar molida de polvorón Cuánta belleza poco importante: no cambiaría este cuadro por el mejor Renoir o Monet de los que ahora se exhiben en el Prado y en la Thyssen.

Al despertar, más dueño de la luna que del aún tímido amanecer,  se pregunta cuánto durarán estos milagros de la vida. Apolcalipsis no todavía, por favor.

3

No todo lo poco importante resulta placentero. Durante la noche, el Duende vivió una de esas desazones a las que todos los mortales estamos expuestos. Quién, al cortarse las uñas de los pies, no ha dejado alguna con un puntito mal pulido que luego se engancha en las sábanas y pone grima en los sueños. Además, estos, que empezaron muy bien, le dejaron un regusto amargo.

Pues resulta que, impresionado por unas declaraciones de Zapatero, que por alabar a su antes ministro de asuntos exteriores y ahora embajador volante Moratinos, había dicho de él que es un hombre extraordinariamente bondadoso, soñó que a éste le encargaban otra noble misión especial.

-¡Oh, bondadosímo Curro! –le decía el presidente- Necesito otro servicio de tu noble talante.

-Dime, dilecto presidente y dueño de mis destinos…¿Qué deseas de mí?

-Escucha, Curro…La Asociación de Hijos del Laicismo por la Ilusión me piden que destrone a los Reyes Magos y promueva  un Papá Noel de garantías para sustituirles…¿Quién mejor que tú para esa misión?…Conste que no lo digo por tus hechuras, que ciertamente casan a la perfección con la silueta clásica del bon hôme. Sino por eso, por tu bonhomie, tu inmensa bondad natural…¡Qué ocasión para seguir demostrando talante!

-¡Gracias, poderoso señor!- dijo el ex ministro con los ojos inundados de lágrimas antes de salir corriendo a comprarse unas barbas postizas.

4

Lo siguiente es un trineo cargado de juguetes. Encima, el orondo Papá Noel vestido de rojo que es Moratinos recibe niños, les da un beso y  luego un juguete. A los pies del trineo, una cola de párvulos ilusionados espera su regalo, y el Duende está entre ellos. Todos son despachados con alegría y largueza por el ex ministro polivalente. Pero al llegar el turno del Duende, no sucede lo mismo: a Papá Noel se le tuerce el gesto. Se pone de pie, estira un brazo y apuntando con el dedo le expulsa de la cola de los bendecidos por su bondad.

-¡Fuera, chaval!- grita sin poder ocultar su ira- A ti ni un regalo, que siempre me has faltado al respeto…

Y el Duende se va con las orejas gachas, compungido, intentando recordar en qué le faltó alguna vez al nuevo papá Noël. Jo, qué mal sueño. Menos mal que estas son cosas poco importantes.

La luna, la romántica y los mandos a distancia

La luna...Mejor dejarla que siga brillando lejos

1

Era preocupante, pero de un tiempo a esta parte, cada mañana que despertaba aquel hombre  sentía que un gusano cruel le roía el corazón. Un día era el paro de una persona afecta, al día siguiente un cáncer que amenazaba a un amigo, al otro una patada a la moral colectiva perpetrada por un político, al de más allá la sombra de la ruina acechando a su pueblo.

-Pobres-pensaba- Pensar que hace nada todos éramos ricos, y el más tonto hacía relojes dormido.

Los gusanos voraces seguían haciendo de las suyas. Belén Esteban omnipresente, algún idiota con proyección nacional contando en voz alta o baja, off the record , sotto voce o por las claras, sus inconfesables veleidades eróticas. Los políticos incapaces de explicar al pueblo por qué el fin justifica los medios, y a veces tienen que abrazar el cinismo para no acabar siendo aún más despreciables. La demagogia, la irresponsabilidad, la estulticia. La desesperanza. No era un gusano ni dos, era un ejército insaciable que todos los días horadaba su maltrecha conciencia ciudadana.

-Y encima esto-dijo contemplando su cesto de mandos a distancia.

2

Y encima eso. No sabía por qué a él, como a tantos malditos que se han ido plegando a la amable dictadura del progreso, lo que antaño era el cesto de los calcetines desparejados o de las piñas para la chimenea se le había ido llenando de mandos a distancia: de un televisor, de otro televisor, del Canal  Plus, del equipo de música, del otro equipo de música, de la radio, del aire acondicionado, del DVD, del TDT, de un videojuego de los niños. Mandos a distancia en activo, mandos a distancia jubilados, mandos con pilas, mandos sin ellas, mandos con una marca grabada en su carcasa que ya no se correspondía con la marca de ninguno de los aparatos visibles. Mandos para crearle aún más problemas que los que ya le daba vida.

-¿Y qué carajo hago yo con ellos?

3

Ocurrió que después de la lluvia que lavó la atmósfera,  salió la luna de noviembre más redonda, limpia y guapa que nunca. Y que en esas le llamó su amiga la romántica, la que nunca daba por perdida la ocasión para la felicidad y la ternura. La amiga ilusa. Salieron a pasear juntos cuando aún resplandecía la puesta de sol  y la luna tomaba el relevo. Solo hablaron de topicazos.

-Qué bonita la luna.

-Si…Quizás nos gusta tanto porque es de las pocas cosas que no nos está fallando.

Ella dijo que soñaba con bajarla, tocarla y descubrir el misterio de su fascinación. Y a él se le ocurrió que quizás, quizás…

-Ven a casa-le dijo- Vamos a probar un experimento.

3

Llegaron a casa, acercaron el cesto de los mandos a distancia al balcón y, uno a uno, él fue probándolos todos. Los cogía, los apuntaba a la luna y apretaba sus botones. El primero no funcionó, los seis siguientes tampoco, pero al apretar un botón del octavo artilugio, la luna obedeció: dejó su orto y fue acercándose al balcón donde miraban la romántica y el escéptico.

-Para, para-le dijo ella cuando la luna lo llenaba todo y estaba a punto de abducirlos en su poderoso influjo.

-Tienes razón –dijo él – No hay que ser insolidarios. ¿Qué será del resto de la humanidad si acaparamos  la luna sólo para nosotros?

-Aún más –concluyó la romántica- ¿Qué será de nosotros si la conocemos de cerca y perdemos también esa ilusión?…

Entonces ella le arrebató el mando de las manos, apretó otro botón, devolvió la luna a su lugar y a continuación lanzó el cacharro al canasto de las ilusiones dormidas.

Marruecos recuerda a “los poderes fácticos”…

Agradezco a O. Santana el préstamo de esta imagen. La dibujó pensando en la Cuba de Castro, pero vale perfectamente para el Marruecos actual...

“Pocas noches baldías si quieres ser feliz”, le dijeron una vez al Duende. Versión  estrellada del aforismo carpe diem. Si el sabio latino aconsejaba exprimir intensamente el día, se trata también de aprovechar las noches: para descansar, para amar o para soñar.

Tocaba sueño. En su cielo oscuro, como una `nebulosa inquietante, planeaba una pregunta: ¿qué fue de los poderes fácticos? Los jóvenes ahora ni saben lo que es eso. Pero los que vimos morir a Franco con el alma encogida entre el miedo y la esperanza especulábamos con esa sombría amenaza que podría hacerse carne. Los fácticos eran un eufemismo periodístico con el que se designaba a los poderes latentes que en cualquier momento serían capaces de despertarse enfadados y segar la naciente democracia. Pocas veces se citaban con sus nombres, pero todos sabíamos que eran por este orden, los militares, los amos de la economía y, cómo no, la Iglesia.

En el mismo sueño, caramba con los caprichos de Morfeo, este insignificante duende saludaba a Zapatero, al que en los episodios oníricos uno puede encontrarse como te topas con un viejo compañero de colegio en la escalera del Metro. El presidente estaba inusualmente desaseado. Sin afeitar, con mala cara, descorbatado y sin traje, con la mirada perdida e insegura. Parecía un español cualquiera esperando en la cola del paro. Pensó el observador que, entre lo imaginario y la áspera realidad, el antiguo profeta de la utopía había elegido vivir sólo en los sueños, que le costaban menos disgustos. Pero aún así no parecía feliz.

-¿Será por la nebulosa esa?- le dijo el indiscreto duende.

La nebulosa que perturbaba el sueño había ordenado su morfología, lechosa y evanescente, como corresponde a los misterios del cosmos. Ahora podía leerse en el cielo oscuro una palabra: Marruecos.

Al presidente le costó admitir que nuestros amigos y vecinos del sur –y eso sí que es eufemismo- se han convertido, treinta y cinco años después de la muerte del dictador, en el poder fáctico que más cruelmente está desnudando las miserias del gobierno. De este, dicen los politólogos, o de cualquier gobierno: al parecer hasta en las democracias más puras hay que pactar de cuando en cuando con el diablo. Y hay que tragar, porque aunque este poder fáctico sea malo, puede ser vampirizado por Al Qaeda y convertirse en peor. Así que de momento orillamos la utopía y ponemos cara de póker, como ante esa banca que nos arruinó y a la que hay que seguir ayudando.

-Entremos jubilosos en Guatemala para no caer en Guatepeor –dijo el Vicepresidente de Realpolitik cuando estábamos  aún con un pie en el sueño.

Menos mal que al despertar del todo y tocar tierra, nos llevamos el alegrón de saber que el flamenco y els castells han sido catalogados por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

El hombre que dejaba escapar los aviones

Homper necesita aviones de papel para volar a su antojo...

1

Cuando Homper vio La cantante calva de Ionesco, descubrió que el teatro del absurdo tiene muchos visos de realidad. Se acodó de la famosa sentencia de Oscar Wilde, tantas veces aplicada cuando el observador se queda pasmado admirando un instante glorioso del atardecer, una formación geológica caprichosa o un paisaje sobrecogedor: la naturaleza imita al arte.

-Está claro –se dijo- la naturaleza imita al arte y el absurdo se posesiona muchas veces de la realidad.

Lo pensó después de presenciar una de tantas secuencias estúpidas que suceden en la vida de cualquiera. A la sazón, en un marco tan poco sugerente como ese lugar de pasos perdidos en que se han convertido los agotadores aeropuertos modernos.

2

El protagonista del suceso fue un viajante atormentado por algunas cuestiones básicas. ¿Cuántas horas de su vida habría pasado en ese penoso trance de esperar un avión? ¿Cuántos kilómetros acabaría peregrinando por los aeropuertos? ¿Cuánto dinero deberían de haberle reembolsado las compañías aéreas por sus impuntualidades horarias? ¿Cuánta adrenalina  había segregado por ellas? Acumulándolas todas…¿podría haber cumplido alguno de sus grandes sueños? ¿Estudiar música, por ejemplo? ¿Tocar el violín? ¿Aprender física cuántica? ¿Dominar los misterios del Sudoku? ¿Escribir una versión moderna de Á la recherche du temps perdu? ¿O montar pacientemente, pieza a pieza, esa maqueta del buque Juan Sebastián Elcano que dormía resignadamente en un anaquel de su habitación?

-Es la medida de eternidad más tonta que conozco-pensó mientras despachaba uno de esos carísimos sándwiches con sabor a química saludable que distingue a la gastronomía aeroportuaria-Los aeropuertos son el limbo de los viajeros del siglo XXI…

3

El día que acuñó ese pensamiento su despiste habitual le dio otro disgusto suplementario. Por necesidades de trabajo, viajaba todos los miércoles al mismo destino en el avión de la dos de la tarde. No había adelantado su reloj el fin de semana del cambio horario de primavera, y el primer miércoles después de este, al solicitar su tarjeta de embarque, una amable señorita uniformada le dio amablemente la muy desagradable sorpresa.

-Señor, llega usted tarde. Su vuelo acaba de despegar…

Efectivamente, se le puso primero cara de limbo. Pero poco a poco la expresión de su rostro mutó a indignación consigo mismo. No era para menos. Imaginó que salía del aeropuerto cojeando y dejando tras de sí un reguero de sangre. Qué cabreo, santo Dios: no le maltrataba la aviación comercial lo suficientemente mal como para que encima él mismo tomase una pistola cargada y se disparase en el pie.

-A ver qué se le ocurre, doctora –dijo el hombrecillo cuando se tendió en el diván de la psicóloga- A ver cómo me convence usted de que no soy el viajante más desdichado y el más gilipollas del mundo.

4

Además de los consejos de la psicóloga, él mismo se aplicó otras terapias de urgencia. Imanes en la puerta de la nevera sujetando recordatorios. Postit amarillos sobre su mesa de trabajo. Rotuladores luminiscentes para hacer más llamativos sus avisos. Chinchetas de colores pinchando notas urgentes en el panel de corcho del pasillo. Y un firme propósito de la enmienda: recuerda al levantarte las obligaciones del día y a qué hora debes cumplirlas. Recuerda que debes recordarlo. Recuerda que debes recordar que luego se te olvida recordar.

La escena del hombrecillo atormentado le hizo sonreir a Homper, pero confiaba en que la trama de aquella comedia profundizara en el absurdo hasta el delirio. No le defraudó. A la semana siguiente el viajante debía tomar un vuelo a las 11’ 30 de la mañana. Puso el despertador a las siete, pero el subconsciente vigilante le despertó a las 6´30. én el taxi tempranero. se acordó de su abuelo, que cuando viajaba en tren se presentaba en la estación dos horas antes de la hora de salida.

-Elemental, muchacho –le decía- Es indispensable presenciar la formación del convoy.

“La formación del convoy”, se repetía el viajante sonriendo. Qué antiguo el abuelo, pero qué sabio. Aquella mañana trataría de seguir escrupulosamente sus pasos. Antes se proveyó de ayudas para apacentar la espera: su libro, su MP3 para escuchar la radio y su música favorita, el periódico del día y un pequeño block de notas por si en el entretanto debía  apuntar algo nuevo.

Llegó al aeropuerto una hora y tres cuartos antes del embarque. Era lógico: aquella mañana se había puesto pantalones con tirantes. Los tirantes tenían seis presillas metálicas, y para pasar el control policial debería abrir las presillas y luego cerrarlas al fin de no presentarse en el avión con los pantalones caídos. Elemental, como decía el abuelo. El control, la caminata hasta la puerta K 93, y, en la pequeña pantalla de Salidas, la sorpresa que ya no es, desdichadamente, ninguna sorpresa para los viajeros habituales de avión: delayed. Nueva hora de salida: 12, 05.

5

El hombrecillo  desahogó su frustración con las dos encantadoras empleadas uniformadas que debían chequear las tarjetas de embarque.

-Buenos días –les dijo educadamente mientras con el gesto señalaba a la pantalla- ¿Qué nos cuenta hoy la compañía para justificar el retraso?…¿Falta de visibilidad? ¿Control logístico? ¿Causas técnicas?…¿Migrañas de los controladores?…

-No señor –respondió la que parecía más veterana- Es que no ha llegado aún el avión que debe cubrir ese vuelo.

-¿Tardará mucho en hacerlo?…

-No le puedo decir…Tiene que llegar de Gerona, pero no sabemos si ha despegado.

-¿Cree que con los Episodios nacionales de Galdós tendré bastante para la espera?

-¿Cómo dice?-preguntó la empleada, inmune a cualquier tipo de ironía.

-Quiero decir que si la espera va para rato.

-¡Oh si!-contestó luciendo la más amable de sus sonrisas- Siéntese ahí y lea lo que quiera, le va a dar tiempo…

El pobre viajante  refunfuñó visiblemente enfadado. Después advirtió que su cólera no sólo era inútil sino, que caía sobre dos trabajadoras que no tenían la culpa de nada, y les pidió disculpas por ello.

-Lo siento –les dijo- Se que ustedes son el pararrayos de la furia de los viajeros…Pero es que estoy hasta la coronilla de la falta de respeto de la aviación comercial y de su compañía  por mí y por todos los que tenemos que viajar.

A continuación se quitó su chaquetón color mostaza de Dijon, se puso los auriculares de su  MP3 en los oídos y se sentó en la segunda fila de asientos que daban la cara al puesto de embarque. No quería perder de vista ni la pantalla ni a las empleadas uniformadas, de modo que tuvo buen cuidado de sentarse en un lugar bien visible para ellas. Después abrió su periódico y conecto su MP3 para intentar evadirse.

6

Parece ser que se evadió demasiado. Mientras en su MP3 sonaba su música favorita, dio buena cuenta del periódico del día y de medio capítulo de su libro. La música era arrebatadora, y el libro que se traía entre manos era sencillamente apasionante. Tanto, que el hombrecillo furibundo no advirtió que el avión procedente de Gerona había aterrizado, y después de ser debidamente limpiado y repostado, había despegado nuevamente rumbo a San Sebastián.

Eso es lo que le dijeron las amables empleadas uniformadas cuando, cansado de no saber nada de su destino, se levantó a preguntar por el vuelo retrasado.

-Oh, señor…Salió hace veinte minutos…

Se quedó helado.

Parece ser que el avión partió medio vacío. El hombrecillo asegura que entre página y página  levantó la vista y no vio ninguna cola ante la puerta de embarque. También asegura que no escuchó ningún aviso, cosa normal si se tiene en cuenta que ahora se ahorran en los aeropuertos las llamadas por megafonía, y  que, aunque estas se hubieran producido, él, raptado por su música favorita, no la hubiera oído.

-Perdón –dijo el viajante a las señoritas uniformadas- ¿No se acuerdan de que yo les pregunté hace una hora si había  mucho retraso?…

-Sí, claro…Usted, el del chaquetón mostaza….Claro que m acuerdo…Se sentó ahí a leer mientras llegaba el avión…

-¿Y no se les ocurrió levantar la mirada cuado vieron que ésta iba a despegar de nuevo y faltaba un pasajero?…Estaba en esa silla….

-¡Imposible! –se excusaron sin perder la sonrisa- ¡Si tuviéramos que acordarnos de todos los que se nos vienen a quejar!…

No se quedó precisamente contento con la respuesta de las amables empleadas. Pero si en esos momentos hubiera tenido la pistola a mano, no les habría disparado a ellas, ni tan siquiera a su propio pie. Sino directamente a la sien de su maldita cabeza, porque ahora ni siquiera podía alegar el despiste horario. Simplemente, había dejado escapar el avión delante de sus narices por leer y escuchar música en lugar de estar pendiente del avión. O porque la lectura y la música le seducían más que viajar apretado como una gallina ponedora cuando a los amos de los cielos le sale de las narices.

Volvió a casa después de haber perdido una deliciosa mañana en el aeropuerto.

7

Como cine verité, real tal que  la vida misma, o como teatro del absurdo, la cosa tenía su gracia. La naturaleza imita al arte, y la vida misma acaba reproduciendo a veces lo que los maestros del disparate convierten en comedia.  Cuando Homper vio esta escena, desde el distanciamiento del espectador no pudo menos que reírse  a mandíbula batiente. Je, qué paradoja, el hombre con prisas que quiere viajar en avión para llegar pronto y, desalentado por la impuntualidad,  se desentiende de él, lo pierde inconscientemente y luego se tira de los pelos al ver que ha echado por tierra una cita importante.

¿Importante?

-Qué capullo-pensó-Eso le podía haber pasado a un personaje de Jacques Tati. Pero…¿cómo es posible que le pueda suceder alguien con la cabeza en su sitio?

Y dibujó una sonrisa que no se desvaneció hasta que, al llegar a casa y abrir el armario del hall,  advirtió que lo que colgaba en la percha era un chaquetón de color mostaza, como el del  viajante frustrado del aeropuerto. Entonces Homper, haciendo honor a su nombre, se quedó más perplejo que  nunca. Porque, qué contrariedad, comprendió que el gran majadero, el viajero estúpido que dejaba escapar los aviones no había sido otro que él mismo.

El respeto y el respetable (*)

Chupón y algo chulito sí que es, pero en el fútbol hay otras faltas de respeto mucho más gordas que las suyas...

Ganaba el Madrid al Aleti 2-0, le llegó un balón en globo a Cristiano Ronaldo y el portugués insaciable lo dejó chocar suavemente por ese lomo que vale millones para pasárselo a uno de sus compañeros. Así, como diciendo: “ahí está mi clase, y si te picas me la refanfinfla”. Un notario invisible asegura que la reacción de Raúl García, no fue precisamente de alegría.

-Si eso lo haces con 0-0- dicen que dijo el jugador navarro-te doy una hostia.

O sea, lo que en la jerga taurina se habría llamado “el quite del desprecio” no sentó demasiado bien. Y al día siguiente, nueva polémica estéril en las tertulias. ¿Fue un abuso del crack luso?¿Faltó al respeto que se debe mantener en el campo por el rival? ¿Merece Cristiano que se le odie aún más por ello?

Sin conocer las reglas de la “respetología” en el fútbol, uno confiesa que no lo tiene tan claro. Por la misma regla de tres, la destreza y la clase son ya de por sí una provocación y un desprecio. “Si tú me regateas, me haces un túnel, un sombrerito, una cola de vaca, una rabona o una de esas virguerías que enardecen a la hinchada, estás descubriendo que yo no puedo contigo y me estás  dejando con el culo al aire. Ergo me estás faltando al respeto, porque quieres decir al público que yo juego al fútbol peor que tú”, podría argumentar cualquier defensa ante el delantero hábil y buen driblador. Elemental, querido Watson.

Apurando esta pintoresca teoría, la lista de “faltones al respeto” es tan larga como la de artistas del balón a lo largo de la historia. Desde Gainza, Di Stéfano, Gento y Collar, a Garrincha, Pelé, George Best, Amancio,Cruyff, Maradona, Romario y ahora mismo, a Messi, Iniesta, Agüero, el propio Cristiano y otros virtuosos que hacen grande a este deporte, casi todos dejaron sentados de culo en el césped a multitud de contrarios. Y nadie decía que su superioridad técnica pretendiera humillarles. Uno de los goles más famosos de la historia del Madrid fue el de Marsal al Athletic (entonces Atlético) de Bilbao en 1957. El fino interior madridista –malogrado después por una lesión de rodilla- hizo nada menos que siete regates a Mauri, Orúe, Garay, Canito y al portero Carmelo antes de chutar a puerta y marcar un golazo que pobló de pañuelos blancos las gradas del Bernabéu. A la muerte de Marsal, el gran portero vasco rememoraba el lance reconociendo noblemente que aquel gol “fue una obra de arte”.Evidentemente, Marsal pudo chutar antes a puerta y marcar, y al Carmelo no le hizo demasiada gracia que le sortease dos o tres veces antes de consumar la suerte suprema. Pero superar al contrario y recrearse en ello con talento era un comportamiento de ley.

-Aunque las cosas cambien-matiza Amado, que siempre tiene algo que añadir al triste papelón de su Aleti en los derbis- lo de la espaldinha no era para tanto. A mí, como a muchos, Cristiano nos parece un chulito y un chupón. Pero habiendo tantas faltas de respeto…

Y repasamos juntos las más habituales. Jugadores que mentan a la p… madre del contrario a la primera entrada. Árbitros que se hacen los suecos ante penaltis clamorosos que no quieren ver. Defensas kamikazes que siegan tobillos y luego, naturalmente, alegan que no era su intención lesionar a nadie. Entrenadores que hacen cambios innecesarios nada más que para perder tiempo y crispar al adversario. Vándalos que abuchean un himno, profanan los minutos de silencio, o lanzan al campo bengalas y cabezas de cochinillo. O simplemente, equipos que cobran mucho, juegan poco y se pitorrean de sus socios. ¿Tiene en cuenta el respetable esas otras faltas de respeto?

(*) Artículo publicado en MARCA el jueves 11. 11.2010, después de una nueva dolorosa derrota del Atlético de Madrid frente a su “eterno rival”. Qué le vamos a hacer.

El sueño del celta y el sueño del prejubileta

Amigo Mario. Bienvenido al sueño del prejubileta esperanzado...

1

Algunas veces hasta este duende, tan poco propicio al optimismo, respira. Despierta, hace un balance de los componentes de la felicidad y sonríe.

-Definitivamente, esto no está tan mal-se dice mientras desayuna un café con tostada de mantequilla y mermelada de naranja.

Mira los activos con los que, por ejemplo, no cuentan ni Emilio Botín ni las Koplowitz. El lujo de una salud razonable. El lujo del tiempo. El lujo de la agenda en blanco. El lujo de la soledad. El lujo de una ventana con vistas a la cornisa imperial de la villa. El lujo de la luz otoñal. El placer de Madrid en otoño. Sin pensar en el IBI, ni en la tasas de basuras, ni en los baches, ni en las miserias de la deuda municipal, ni el el fragor del tráfico, ni en la incuria ciudadana. Hay muchas sombras en el mundo, pero uno puede envolverse en su pompa de jabón, echarla a volar y olvidarse de que acechan ahí, a la vuelta de la esquina. Hay otros mundos, pero al contrario de lo que insinuaba el poeta, no están en este.

Acabará estallando, como cualquier pompa de jabón, pero mientras dure…

2

Pasos de prejubileta animoso le llevan a cruzar el Manzanares, subir por el Parque de Atenas y la Cuesta de la Vega y entrar en el Palacio Real, donde se exhibe la exposición Pintura de los Reinos: una visión, a través de la pintura,  de las relaciones de Europa con los virreinatos americanos de los siglos XVI y XVII. Ahora las exposiciones temáticas no se limitan a mostrar obras de arte. Ahora buscan un hilván  en los cuadros, esculturas o grabados expuestos y al tiempo que entretienen el ojo te refrescan la historia.

-Qué suerte, los escolares de ahora-piensa mientras sigue el itinerario de la exposición por las lujosas estancias palaciegas- A mí nunca me sacaron de las aulas para aprender nada. Ahora los niños van a los museos, a las exposiciones, a los parques, y aprenden.

¿Aprenden?…El debate de la escuela puede desviarse hacia la crisis de autoridad de los maestros, la inhibición de la educación familiar o la discutible preparación de los docentes. Pero no culparán del fracaso a la falta de oportunidades para que los niños de ahora vean lo que nosotros a nosotros nunca nos enseñaban.

3

A esta manera de divulgar cree el bloguero que le llaman transversalidad. No es mala cosa, deleitarse y aprender al mismo tiempo. El otro gran venero de la cultura, que es el libro y la literatura creativa están cada día más preñadas de historia. Hoy gran parte de las novelas o pertenecen claramente al género histórico, o enmarcan la ficción en lugares y acontecimientos que sucedieron realmente.

-La inspiración verosímil debe de vender mejor-piensa.

Al pasar por una librería mira el duende con cierta avidez malsana las dos últimas novedades apetitosas que lucen en los escaparates. Una es El sueño del celta, de Mario Vargas Llosa. Otra, Riña de gatos, del siempre admirable, inteligente y divertido Eduardo Mendoza, uno de los pocos premios Planeta que piensa comprar. Por las críticas que ha leído de ellas, ambas novelas se entreveran de historia. Ambas seguro que ilustran a la par que entretienen.

O sea, la transversalidad bien entendida y mejor presentada. Otro lujo más para leer en el tranquilo y silencioso otoño del prejubileta esperanzado.

Pajínez, Aídez y otras urgencias de la igualdad

a

Si todos los apellidos actuales derivan de hombres, habrá que inventar un modo de que la cosa cambie...

1

El titular de la DGIA (Dirección General para la Igualdad en los Apellidos) estaba radiante. Es cierto que en el país había otros problemas, bastantes vulgares por otra parte (qué rollo estos medios de comunicación, siempre destacando el paro y la crisis). Pero no era menos cierto que aquel día el debate nacional versaba sobre quién iba a ponerle apellido a los nuevos nacidos, si el padre o la madre.

-Ponte chulo y por mis muertos que el niño se llama Sardinero-le chillaba en la calle  a su marido  una embarazada mosqueada.

-¿Le vas a negar a la criatura la nobleza de mi Pérez?…

-¿Y tú a mí la gracia del Sardinero?…Un noble oficio, un hermoso paseo de Santander, una playa…¿O es que vas a ser tú más que yo?…

El Director General se frotaba las manos mientras escuchaba por la radio la repercusión popular de la nueva medida del gobierno. No primaría a partir de ahora la obligación de premiar al padre con el la preeminencia de su apellido. Primaría la igualdad. Hasta que uno de esos del pueblo que siempre llaman  a las emisoras  para decir lo obvio, apuntó algo en lo que su asesoría jurídica no había caído.

-Oiga,¿y no se da cuenta el gobierno que, al final, el apellido de la madre es el de su padre, un hombre al fin y al cabo?…

Por un momento, pensó que la última creación de la orfebrería de la igualdad se hacía añicos.

2

Pero no tardó ni cinco minutos en reaccionar. Pidió a su asesoría jurídica un un nuevo dictamen con carácter de urgencia. Y cuando lo tuvo en sus manos solicitó audiencia a su ministra.

-Señora ministra –dijo cuabdo le entregó el dictamen- Lamentablemente, y no se me vaya molestar, hasta los apellidos de las más progresistas de nuestro país provienen de un hombre.

-¡Coño!- exclamó la ministra. Y se enmendó sobre la marcha- Perdón, quería decir ¡cojones!…¿Y cómo arreglamos esto?

El Director General le resumió lo que sesudamente argumentaba el informe de sus juristas. Le dijo que los apellidos se formaban adoptando topónimos, nombres de cargos u oficios, de sustantivos comunes o por derivación de nombres propios: de Pero, Pérez, de Bermudo, Bermúdez, de Fernando, Fernández, de Martín, Martínez, de Rodrigo, Rodríguez… Pero no había ninguna norma que impidiera crear apellidos nuevos e inventar su modo de hacerlo. Si este gobierno lo reformaba todo…¿por qué no mano abierta e imaginación para este asunto?

-Señora ministra…-subrayó el director general mientras paseaba por el despacho gestualizando con énfasis su discurso-  ¡Permitamos que de apellidos ilustres como los que engalanan este gobierno reformista se puedan formar, a su vez otros que bauticen a las nuevas criaturas nacidas a partir de ahora!…Su apellido ya no derivará de hombres, sino de mujeres eminentes que aportarán al nasciturus o su nombre o su propio apellido, pero con la derivación correspondiente…¡Lo que sea más diferenciador!…

- No lo entiendo, explíquese mejor…¿Por ejemplo?…

- De Pajín, Pajínez. De Aído, Aídez…De Trinidad, Trinidáez, de Sinde, Síndez….Y de la gran Pilar Bardem, Bardémez…

La señora ministra dibujó una sonrisa.

-Me gusta la idea –dijo mientras se ponía sus gafas de lectura y empezaba hojear el informe- Puede retirarse…

Y el director general se quedó feliz.

¿No hay mal que cien años dure?

¿Conseguirá ganar el Atlético de Madrid al Madrid de una puñeterísima vez?...No es una cuestión baladí, caramba.

-Los refranes –pregunta el amigo Amado- ¿son una gilipollez que se repite muchas veces, o  tienen algún fundamento? Lo digo por ese de “no hay mal que cien años dure”…

No es del todo sincero el conspicuo colchonero. Lo dice porque el domingo es el primer  enfrentamiento Madrid-Atlético de la temporada y sueña con que su Aleti rompa la mala racha que le persigue desde hace once temporadas.

-Es desesperante-insiste-Alguno de mis hijos no han visto nunca una victoria contra el eterno rival. Les he pasado el video de aquella final de Copa que ganamos 2-0 al Madrid, con goles de Futre y Schuster y me dicen que les engaño, que seguramente los rojiblancos eran del Athletic de Bilbao. Desde que somos bicampeones de Europa ya no me preguntan por qué somos del Aleti. Me preguntan sólo por qué somos incapaces de ganar al Real Madrid…¿Y qué les digo?

Dado que en la cafetería de Amado toman café los profesores de la universidad Carlos III, el inquieto hincha atlético no pierde ocasión de consultar con los  que mejor pueden despejar sus dudas. El profesor Peces Barba, presidente que fue del Congreso y experto en Derecho Natural, no le soluciona nada, porque es merengón perdido y le dirá que lo natural es que gane el Madrid. Así que ha acudido a un catedrático de Historia  para preguntarle si ésta se repetirá otra vez más como un pesado regüeldo de morcilla. Inquiere luego al titular de Ética si es ético que el Madrid gane los derbys cuando debe ganar, cuando como mucho merece empatar, y empate incluso cuando merece perder.

-Pero carajo –se queja Amado- No pierde ni aunque el Aleti juegue cien veces mejor…¿Es eso ético?

Y acosa después al catedrático de Matemáticas preguntándole si hay fractales, integrales, cálculos algebraicos, ecuaciones raíces cuadradas  o cuentas de la vieja que permitan vaticinar el triunfo del Atlético aunque sólo sea por un miserable 0-1. Para acabar pidiendo al catedrático de Estadística las probabilidades de que coincida en un solo día una pájara de Cristiano, Higuain, Di María, Ozil,  Xavi Alonso, Pepe, Marcelo y  Casillascree que con éstos bastaría- con un partido inspirado de todo el conjunto atlético.

-Pero tiene que ser todo-insiste- Porque cualquier relajamiento de uno solo, cualquier fallo o despiste, nos cuesta el partido. Hay que tener en cuenta que el Aleti no sólo juega contra el Madrid, sino también contra Murphy, el de la famosa ley. Y que si puede pasar algo malo, no le sucederá a los merengues, le pasará al Aleti, ya te digo…

No es su ansiedad lo único que le hace desear un milagro para el próximo domingo. El sentimiento atlético hace estragos por doquier, y ha convertido esta causa imposible en el sinvivir de Alfredo y Dori, una pareja del barrio donde vive Amado. Tan atléticos como buenos católicos, llevan once años aplazando su boda canónica por  culpa de esta nefasta racha de su equipo. A lo que parece, habían acordado casarse después de un triunfo del Aleti sobre el Madrid, luciendo él un chaqué rojiblanco y  compensando la novia la tradicional blancura de su vestido de tules y rasos  con los gloriosos colores colchoneros  de sus prenda íntimas.

-Nada, no hay manera de que se casen- dice Amado- Una temporada más y ya no le entra el chaqué.

Ojalá gane el Aleti, y le entre el chaqué a Alfredo, y se lo ponga y, además de boda, haya bautizo. Porque Alfredo y Dori pudieron aguantar, pero entre tanto les nació un chaval, y ahora sólo esperan saber qué jugador del Atlético meterá el gol de la victoria para bautizarlo con su nombre. No hay mal que cien años dure. Ni sueño rojiblanco que no se pueda lograr…

Doña María escribe a Leyre Pajín

Si podemos elegir los apellidos…¿por qué no otras cosas más necesarias para la felicidad?

Querida ministra del respetibe

Haber si nos dejamos de tonterías. Por la presente le pido, o mallormente le exijo, que como ahora se va a poder elegir los apellidos para que los hombres no nos sigan aplastando y  la cosa esa de la igualdad, meta en la reforma las siguientes cosas muy importantes también.

1. Quiero se alta, guapa, lista, rubia, rica y tener un chófer como Arturo Fernández. Mejor, como Arturo Fernández con quince años menos.

2. Quiero que mis hijos sean tan guapos como Cayetano y Fran Rivera, que mis nenas se parezcan a Autrey Hembur y a Grace Kelly, que en paz descansen, pero qué elegantes eran, y que tengan tan buenos sueldos como Fernando Alonso y  la Ana Patricia Botín.

3. Pa mí misma quiero dejar de ser gruesa de los nervios, y pa mi Manolo, que se le quite la tripilla cervecera y que deje de roncar asín como de rechinar los dientes cuando duerme, que molesta mucho.

4. También me peta de haber nacío en Cornualles, que está en la parte de Inglaterra, y que es más fino que el pueblo donde nací.

5. Puesto que su gobierno es mayormente maravilloso y por pedir a nadie meten en la cárcel, le pido también que haga igualdá sexual entre el hombre y la mujer, con el ojeto de que a ellos les rebaje las ganitas y a nosotras nos facilite el gustito. ¡Igualdá ansoluta en los orgasmos!…¡Justicia, ya!

6. Ya metidas en juerga, haga que las mujeres como serbidora seamos cultas, finas y alfabetizás totalmente, y que seamos indemnizás con cargo al déficit del Estao por los muchos años de oprovio, machaque y desigualdá, que no vea cómo tengo los pies y las cerbicales de tantos años de trajín doméstico, y usté lo entenderá al ser también ministra de Sanidá.

Que Dios o quien sea guarde a usté muchos años. Suya afetísima y segura serbidora, con perdón por la expresión, pero es que una es mu antigua y de pocas culturas

María Fernández Rodríguez

Gladiadora de Hogar

P.S.- Si por lo menos me consigue usté una portería o cualquier empleo pa mis hijos en paro, también bale.

Buñuelos como sonetos

¿Puede un buñuelo de crema compararse con un soneto?...(El poeta Miguel Hernández, según el famoso dibujo que le hizo en la cárcel su compañero de celda Antonio Buero Vallejo)

1

Habíamos ido a recitar versos en homenaje a Miguel Hernández. Confieso que a mí me daban cierta vergüenza esos actos públicos donde el pueblo quiere ser más protagonista que el poeta muerto ya hace tantos años….Puf, puf, puf. Sí, cierta vergüenza. Prefería la poesía para la intimidad.

-Qué tontería –se quejó de ella- Miguel Hernández era el poeta del pueblo, y nosotros somos pueblo, ¿no? Además, se recita muy bien.

Ella creía en la transfiguración de la poesía, o más exactamente en  el poder de sugestión de las palabras. Lo demostraba su nombre, Berenice, falso nombre, pues a mi amada le pusieron Isidora en la pila bautismal. Podría haberse quedado con Dora, que no es feo, y sugiere fulgor de metal noble. Pero a los diecisiete años decidió cambiárselo por Berenice, la portadora de la victoria, según su etimología griega. Mi amada era bella, discretamente bella, diría yo, pero se daba ciertas ínfulas, como demostró adoptando ese nombre,  que yo sólo recuerdo de un cuento de Allan Poe , y con su empeño en arrastrarme al homenaje a Miguel Hernández. Estaba convencida de que recitaba tan bien como Berta Singerman. Yo no, yo lo hago regular, porque sólo me gusta recitar los poemas por dentro, mentalmente. Cuando recito en voz alta, siento tanta vergüenza como la que pasé en el homenaje a Miguel Hernández.

-Además-le dije- Nunca me he acabado de creer que Hernández fuera un cabrero. No es que no me gusten sus poemas, pero me parecen artificiosos y poco naturales. No imagino en un hombre de campo un lenguaje tan rebuscado. Llevo al cuello un vendaval sonoro, dice el verso de uno de sus sonetos…¿Te imaginas a un campesino llevando un vendaval sonoro sobre sus hombros?

Berenice  me sonrió. Aunque no se si mi argumento le hacía demasiada gracia.

2

Debo aclarar que yo me llamo Alejo. Tampoco me entusiasmaba mi nombre, pero apechugué con él. Yo también hacía mis pinitos de poeta. Creía en ese aire mágico que insufla la poesía al lenguaje. Permite interpretar la crudeza de la vida, y consuela a los sentidos. Yo también chapurreaba poesía, y de hecho creo que Berenice se había fijado en mí por esta peculiar sensibilidad que de vez en cuando plasmaba en el papel para dedicársela junto con unas pastas de te o una rosa blanca.

Adoquín de tus pasos fui esa tarde/ que jugaba la brisa con el viento-fueron los primeros versos que le escribí. Yo me llamo Alejo, pero en lugar de cambiarme el nombre combatí contra su significado, y quise acercar mi inspiración a lo cercano e inmediato. Puse un adoquín en mi poesía y, modestia aparte, me parecía una aportación maravillosa.

3

Pero Berenice estaba bajo el poderoso influjo de los grandes poetas a los que el pueblo celebra adoptando sus versos como si fueran eslogans, y recitándolos en voz alta. Qué satisfacción, la poesía como ungüento de nuestras miserias.

Ayer me llamó y me propuso dar un paseo

-¿Has visto qué día de difuntos tan maravilloso?-me dijo- Podíamos pasear por alrededor de los cementerios…

No fue un día de difuntos clásico y tétrico. Fue un día de otoño soleado y nítido, y los parques que rodean los cementerios, entreverados de hojas amarillas, anaranjadas y rojas, eran en sí mismos poemas cromáticos, y perdón por la vulgaridad de la imagen. A Berenice, siempre ansiosa de intensidad poética, no le bastó con pasear extramuros. Su cuota de romanticismo exigía entrar en el cementerio y pasear entre las tumbas, aunque no lleváramos flores, ni pensáramos homenajear a nuestros muertos. Pero claro, con tanto vagar entre panteones y lápidas acabamos dando con la tumba de mi madre.

-Espera –le dije a Berenice.

Me planté ante ella y leí para mí las letras de su lápida Carmen Galea Llopart, 15. 9. 1995.  Sin más epitafio. Guardábamos los dos un  respetuoso silencio, pero llegado un  momento no pude reprimirme. Suspiré profundamente y, desde lo más hondo del alma, exclamé.

-Ay madre, cuánto te quiero. ¡Y cómo echo de menos los maravillosos buñuelos de crema que me hacías por estas fechas!…

A mí casi se me escapó una lágrima de la emoción.  Berenice en cambio retrocedió unos pasos y dibujó un gesto de desagrado.  No comprendía mi rechazo a recitar a Miguel Hernández en voz alta y que al mismo tiempo no se me cayera la cara de vergüenza y me atreviera a evocar ante mi difunta madre sus buñuelos de crema.

Pero ya les he dicho que aunque me llamo Alejo, sólo creo en la poesía cercana. Y  les aseguro que los buñuelos de mi madre eran puros sonetos de amor.

Improperios perdidos en el universo

Menos mal que nuetros improperios, insultos y sandeces se pierden en la inmensidad del universo...

1

Sostiene la anciana tía Clota que la vejez libera. Durante toda su vida intentó ser mujer discreta y contenida. Lo que antes se decía una dama de buena educación. Le recuerda a su ya también anciano sobrino Homper que ella lo pasaba muy mal cuando en un restaurante le servían un plato impresentable o en mal estado.

-Pero no por mí- aclara- sino por la pena que me daba el restaurante…Pobrecillos. ¿Cómo les iba a mortificar encima recordándoles que eran unos incompetentes?…

Pero la vejez libera y, a menudo, también deslengua. Y en su conversación –cada vez menos frecuente-  a través de Skype con el único pariente que le queda en España, que es Homper, manifiesta que cada vez es más intransigente.

-Ya no tengo pelos en la lengua, sobrino. El otro día descubrí un pelo en un pastel de manzana que pedí en un cofe shop y no me callé. Son ustedes unos sucios, y no se para qué se ponen ese gorro blanco. ¿Cómo es posible que no cuiden esos detalles?…

Celebraba ayer su particular tea party en casa con sus amigas Thelma y Edwina. Según ella no es que estén enfadadas con Obama, sino desengañadas de la condición humana.

-Fuimos tan bobas como el ser humano-precisa-Siempre creemos lo imposible cuando es bonito, y nos dejamos encandilar por las buenas palabras…¿Cómo dice el refrán español?…¡Ah sí!: una cosa es predicar y otra dar trigo.

Predicar y dar trigo…

-A Noé le vas a hablar del diluvio, tía –rezonga Homper, siempre sorprendido por las salidas de la tía- Aquí en tu patria natal de eso sabemos mucho…

Y se enredan a hablar de España sin tocar ni a Javier Bardem ni a Pe, que son lo que más conocen de nosotros en el país del tío Sam.

2

-Recuerdas aquél libro que arrasó hace muchos años en las librerías que se titulaba La conjura de los necios?...Pues ahora tu vieja España, tía, parece la conjura de los bocazas.

Y repasa Homper las trifulcas originadas por los excesos verbales de determinados políticos e intelectuales españoles: los morritos de Leire Pajín que tanto excitan al alcalde De la Riva, el mierda con el que cariñosamente el académico Pérez Reverte despacha al ex ministro Moratinos, las lolitas japonesas con las que se entretenía Fernando Sánchez Dragó. Atrás va quedando lo de la señorita Trini que Alfonso Guerra dedicó a la hoy ministra de Asuntos Exteriores o los tontos de los cojones que votaban a la derecha que acuñó el alcalde de Getafe Pedro Castro. Deja caer al respecto la tía Clota algunas observaciones. Por ejemplo, que todos metemos la pata alguna vez. Por ejemplo, que a todos se nos escapa de vez en cuando alguna palabra improcedente.

-Y sobre lo de los escritores bocazas…Dos cosas: primera, la fama es una patente de corso para decir lo que los demás no se atreven ni a sugerir. Segunda…¿a quién le sorprende ahora la amoralidad de los creadores?

Y cita de carrerilla los nombres de Chaplin, de Woody Allen, de Polansky, de William Borroughs, ídolo de la beat generation, de Henry Miller…

-Mira, sobrino- precisa- Debe de ser que la gente no lee o no quiere enterarse. Pero yo, como profesora de español en Estados Unidos, tuve que leer toda la obra de Francisco Umbral y me quedé estupefacta de las cochinadas que su literatura, en buena parte autobiográfica y a mi gusto preciosa, larga por esa plumita…¡Angelitos, los genios! ¡Y santas las  esposas que los aguantan! Menos mal que mi marido, que en paz descanse, sólo era un granjero…

3

Se enredan hablando de libros, y Homper vuelve a decir que a sus casi sesenta y cinco años le sigue resultando cada día más difícil elegir una lectura.

-No lo se, tía –dice el Hombre Perplejo-Me encantaría leer un best seller de princesas muertas y olvidarme del mundo. Pero sabiendo tan poco de todo de cuando en cuando intento ilustrarme.

Y le habla del libro que se trae entre manos, Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson, un best seller de divulgación científica con el que trata de paliar el déficit que arrastra desde que se decantó por el bachillerato de letras.

-Sinceramente, no entiendo casi nada, tía –confiesa-Pero, gracias a Hubble, si se que nuestra galaxia es  sólo una de las 140.000 millones de galaxias que hay en el universo. Fíjate, si  cada una de esas galaxias fuera un guisante congelado cabrían a duras penas en el Royal Albert Hall de Londres. Y además las otras galaxias se alejan de la nuestra cada vez más rápidamente, porque vivimos un universo en expansión permanente…

A la tía  Clota  le reclamaban sus compañeras de tea party, pero no quiso despedirse sin una reflexión para la felicidad.

-Qué tranquila me dejas, sobrino.  Al menos estoy segura de que no llegan allí las estupideces que decimos y por las que peleamos aquí abajo.


Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Mis servicios:

El mejor regalo a un ser querido

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 791,468 hits

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.