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Pepa había esperado ese día con una paciencia y un espíritu irreprochables. Ni siquiera ver a su marido asesinado por las pistolas de ETA quebró su dignidad. Como tampoco su fe en que la especie humana es capaz de admitir sus errores y regenerarse de sus crímenes.
-Te prometo que, a pesar de todo, seguiré creyendo en la democracia, Chuchi -musitó entre lágrimas al antes de arrojar la última rosa sobre su tumba.
Ese 20 de octubre podía ser el gran día. De una parte se anunciaba la muerte de Gadaffi, otro dictador, otro terrorista como los que le habían convertido en una viuda. De otra, a las pocas horas ETA, su tormento, anunciaba el “cese definitivo de la actividad armada”.
-Qué alivio, Chuchi –le dijo al retrato que le miraba desde lo alto del televisor- El mundo es hoy un poco más respirable.
Y le sonreía mientras por sus mejillas se deslizaban dos lágrimas.
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Pero al poco tiempo el propio televisor le ofreció el comunicado de unos siniestros encapuchados. Tras el esperado anuncio, rendían homenaje a sus caídos y a sus presos, que tanto sufren, y reclamaban negociación a los gobiernos de España y Francia para solucionar “el conflicto”. Ni una palabra de recuerdo, ni una mísera disculpa a las familias de sus más de ochocientos cincuenta asesinaos. ¿Tienen enmienda los criminales? ¿Se puede seguir creyendo en la regeneración de canallas así?
Y poco después, en las noticias internacionales, las imágenes del otro gran terrorista intentando zafarse de sus ejecutores y ya muerto a tiros y ensangrentado, ojo por ojo, diente por diente. El pueblo libio exigía ver a su sátrapa caído, y mostraban a Gadaffi semidesnudo sobre una manta como a los gladiadores muertos en el circo de Roma. Qué aleccionador: un cadáver ensangrentado, desgreñado y agujereado servido para saciar la sed de venganza de los patriotas libios. Y todo el mundo viendo el fabuloso programa doble.
Debería de haber sido un gran día para la gente de bien. Quizás de sonrisas, o de sonrisas y lágrimas. Qué cosas, sin embargo no fue exactamente así. Pepa no quiso aguarle la fiesta a nadie, ni menos poner barrotes entre las ruedas al optimismo oficial. Quizás fuera por exceso de sensibilidad, pero a lo que ella sintió, sobre cualquier otra cosa, ese anhelado 20 de octubre sólo se le podía llamar arcadas.


Seguramente esto no estaba planeado asi …pero ya se sabe ; el hombre propone y Dios ………porque mientras lo de la ETA estaba muy preparado lo de Gadffi fue meramente fortuito y una cosa fastidio a la otra…..cest l” la vie,….saludos
Cogi el telefono y llamé a mis amigos de Donosti, .- Por fin, dije ,y al otro lado de la linea escuché escepticismo, algo de esperanza y preocupacion por sus esperadas peticiones del dia de ” despues de”. Ayer al ver la masiva manifestación pidiendo la”" independentxia”" pensé, efectivamente, hay todavia mucho camino por delante.
Gadafi, seguro que se merecia morir, pero me ha parecido terrible…