Archive for the 'Amigos en la red' Category

Dios bendiga al hijo de la Paqui

1

Ha sido como si en medio de un desierto hubiera manado un caudal de agua fresca y transparente. Pasabas un fin de semana delicado, acosado por tus tradicionales dolores de espalda y por nuevas lanzadas en las lumbares que hacían de cada uno de los movimientos más rutinarios -sentarse, levantarse del sillón, tenderse, incorporarse de la cama, agacharse a coger las llaves caídas, inclinarse a anudar el cordón de los zapatos, etc,etc- una tortura refinada. Un pinchazo, como un calambre fugaz, ráfagas de un lumbago que te mordía como un lobo rabioso esa libertad de culo inquieto que te has buscado siempre. Nada que ver con el aventurero que navega el Atlántico a vela, que asciende al Aconcagua, que cruza Alaska haciendo esquí de fondo, o atraviesa al Sahara en moto. Algunos amigos tuyos han firmado hazañas así. Tú solo improvisabas pequeñas aventuritas, escapadas de curioso, paseatas burguesas, hormigueos urbanos o rústicos. Vuelos de saltamontes: del Parque del Oeste al mercado de Barceló, un suponer, del estanque del Retiro enseñando a tus nietos cómo nadan los patitos a la chocolatería de San Ginés, vecina que fue de una de las casas donde vivió Boccherini en su estancia capitalina. Cuando eras niño había un sueño recurrente que te raptaba en la calle de Serrano y después de sobrevolar medio Madrid y de un descenso de vértigo te depositaba en Rosales. Echabas a pasear de nuevo y entonces te dabas cuenta de que ibas semidesnudo, vistiendo sólo una camiseta que estirabas desesperado para que la gente de las terrazas no viera tus vergüenzas.

Qué malos ratos.

2

Hoy son otros los malos ratos. Cada día se acortan más tus saltos de saltamontes. Este fin de semana, en las cuerdas de Navalcán con algunos de tus mejores amigos y ante un impresionante maremágnum de pinos, castaños, encinas, alcornoques, madroños retamas, jaras, brezos, tomillos y aulagas florecidos, praderas pintonas de margaritas y al fondo el murallón de Gredos, gigantesca ola azul petrificada al romper hace millones de años, sólo pudiste emular tus marchas de juventud. Eso sí, como tu amigo Eduardo, por otras razones, tampoco puede decirse que sea Killian Jornet, andabais a paso de convalecientes tal que dos naturalistas británicos que conversaran sin parar tomando buena nota de la flora y de la fauna que os salía al paso.

-Esa es una ranita de San Antonio-decías apuntando a una rana verde con antifaz negro que se ganaba la vida entre el pasto húmedo.

-A esa mata de florecillas moradas que cuelgan como dedales le llaman dedalera.

Aquí en Navalcán al chotacabras también le conocen como capacho o engañapastores.

El día era claro, soleado y con brisa, lo que se dice tonificante. Tan parecido al que respiraba aquella hermosa película de Vittorio de Sica que se tituló Los girasoles. Nada menos que Mastroiani y Sofía Loren, con su melena batida por el mismo viento que ajustaba su blusa ciñendo aquellos maravillosos pechos que se le desbordaban por el escote.

-¿Verdad que las margaritas son como girasoles diminutos?

-Hablando de girasoles…¿Te acuerdas de lo requetebuena que estaba Sofía Loren en aquella película? Por cierto…¿No la estás viendo retozando por ahí?…¿Te imaginas la maravilla de sus tetas bamboleándose mientras da sopapos al aire con su cazamariposas?…

Por unas causas u otras os sentíais algo viejos al iniciar el paseo. Menos mal que la imaginación y la curiosidad rejuvenecen.

3

Pero lo más notorio del fin de semana fue recibir el whatsup que puso en circulación tu amigo José María Mazarasa. Lo reproduces aquí ad majorem coñam lectorum. Primero, os hizo reír toda la tarde. Y luego también pensar: ¿dónde está el secreto de la hilaridad? ¿Por qué una simpleza como esta puede excitar de forma tan aguda el sentido del humor? Te pareció algo grandioso, como un momento Chaplin, un chispazo de Groucho, un gambito de Woody Allen, otro milagro de Gila. El absurdo hecho caramelo. Tus males te duelen incluso cuando ríes pero, aun así, que Dios bendiga al hijo de la Paqui por hacernos pasar tan buenos ratos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A pesar de todo, ¡haz reir!

Intentarás seguir tomándotelo todo con cierto sentido del humor...

.Intentarás seguir tomándotelo todo con cierto sentido del humor..

1 Te ha vuelto a llamar Homper. Está leyendo un libro de Víctor Olmos sobre la vida y obra de Jardiel Poncela que se titula ¡Haz reír, haz reír!, la consigna que le inspiró desde que se dio cuenta de que quería ser escritor. -Esa consigna se la compraría ahora mismo- le dices tú- Yo también hubiera apostado por ¡haz reír, haz reír!…Pero últimamente me he amargado más de la cuenta. Ya sabes, el sentido del thumor… La realidad es que te afecta también ese otro cáncer de desvergüenza que ha hecho metástasis en España. No iba a curar tus males, pero seguro que vivirías mejor si, en lugar de desayunarte cada día con un memorial de agravios de los que debían ser personas ejemplares, sólo te alimentaras de noticias felices. -¡Y tanto! –confirma el Hombre Perplejo- El propio Jardiel tendría que reescribir ahora su novela Pero…¿hubo alguna vez once mil vírgenes? Cambiando a las vírgenes por los políticos honrados…¿hubo alguna vez once mil ejemplares de esta especie?

2

Como a su edad el único tesoro que tiene es el tiempo, Homper fue la otra tarde a la residencia donde se aloja ahora la tía Albertina. En realidad esta anciana no es tía suya, sino la única prima de la tía Clota, aquella mujer que emigró a Estados Unidos para ganarse la vida como profesora de español y con la que el Hombre Perplejo sí guardaba una relación entrañable. Poco antes de morir en su casa de Vermont, y en el curso de una de esas conversaciones que mantenían a través de SKYPE, la tía le desveló un secreto entrañable largamente guardado. -Te acordarás de aquel coche de pedales que te regalé cuando cumpliste siete años, ¿verdad? -¡Cómo no me voy a acordar, si fue el mejor regalo que recibí en mi infancia! -Tú entonces no te preguntabas cómo una pobre maestra pudiera permitirse el lujo de comprarte aquel juguete tan caro, claro. -¿Yo?…Yo me subí como loco a aquel bólido de color rojo y empecé a pedalear por el pasillo creyéndome Fangio, ya te puedes imaginar… Entonces la tía Clota le contó que en realidad el coche de pedales no lo había comprado ella, sino que le tocó en una tómbola a su prima Albertina y ésta se lo puso como regalo de Reyes a su hijo Clementín. Sorprendentemente, la criatura no demostró por el coche de pedales el menor interés. Al contrario, lo que de verdad le gustaba era la Mariquita Pérez de su hermana Pilarín, a la que, con gran desesperación de la niña, secuestraba para cambiarle los vestiditos, darle de comer y acostarla en su camita con verdadera ternura. Así que, comprendiendo que el niño le había salido un poco nenita, un día Albertina se hartó, empaquetó el precioso coche de pedales y se lo envió a la tía Clota para que se lo regalara a ese sobrino tan especial que se asombraba por casi todo. -Ese chico eras tú, querido Homper –le confirmó la tía Clota – Si te pude regalar el coche de pedales fue gracias a ella. Por cierto, que Albertina enviudó joven, Clementín acabó saliendo del armario y murió poco después, y Pilarín se casó con un alemán y no ha vuelto por España. O sea, que mi pobre prima está sola, como tantas ancianas. Por favor te pido, no dejes de visitarla alguna vez…

3

Homper encontró a Albertina insospechadamente feliz. Se presentó ante ella con un ramo de flores recordándole que él era el niño beneficiado por el coche de pedales, y le dijo que no se lo había agradecido antes porque no se enteró de su generosidad hasta poco antes de la muerte de la tía Clota. Por lo visto, Albertina mantiene muy buena cabeza. Casualmente está leyendo Angelina o el honor de un brigadier, porque ella también es una gran amante de la literatura de Jardiel, aunque precisó que le hubiera gustado que en lugar de Angelina la protagonista se hubiera llamado Albertina, como ella misma. Toda la vida ha buscado argumentos para la autoestima, y tener nombre de heroína literaria le hubiera ayudado mucho. Cierto que había una Albertina esencial en Á la recherche du temp perdu, pero ella se consideraba demasiado simple para embarcarse en la espesura de Proust, mientras que las comedias de Jardiel eran ligeras y frescas como un polo de menta, y ésta no hubiera perdido nada, incluso hubiera ganado, si la protagonista fuera Albertina. -Es una lástima –suspiró-Porque no hay que desaprovechar ni una ocasión para la autoestima.

4

A su lado, junto al libro, había sobre el sofá un ABC en cuya portada aparecía la foto del sospechoso del día. -¿Ves?- dijo Albertina mirándola de reojo- A mí el escándalo de Rato por una parte me desanima, pero por otro lado me arroja lastre de remordimientos antiguos…¿Sabes?…Una vez, cuando él estaba en la cumbre coincidí en un te benéfico con una de sus admiradoras fanáticas, una señorona muy encopetada. Pasamos la velada juntas y charlamos mucho, casi que nos hicimos amigas. Y así, contando anécdotas y recuerdos se me ocurrió confesarle ingenuamente que yo después de la guerra lo había pasado tan mal que llegué a falsificar dos cartillas de racionamiento para poder criar mejor a mis hijos. Entonces ella dio un respingo y me soltó esto: ¿Cómo pudiste caer tan bajo?…¡La gente bien jamás robamos! Yo me excusé alegando que no debía de ser tan bien, porque mi marido era un perfecto inútil y en casa pasábamos hambre, pero lo cierto es que a partir de entonces siempre que nos encontramos desvió su mirada mientras yo fustigaba a mi conciencia repitiendo para mis adentros: ¡ladrona!…¡Estafadora!..¡Eres una delincuente! La tía Albertina se echó a reír con estrépito -¿Ves?-le dijo a Homper señalando a la portada del ABC- Como todo es relativo, hoy me siento rehabilitada, y mi autoestima ha subido muchos puntos.

5

Se quedó asombrado Homper de que en una residencia de ancianos se respirase tanta alegría. -Es sobre todo porque tenemos un grupo que nos reunimos todas las tardes para contarnos sólo cosas alegres y jugar al parchís –dijo Albertina mientras iba presentando a sus componentes- Nos llaman los Positivos, y somos Sagrario, Florestán, Bernabé y servidora. Sagrario está encantada porque desde hace meses no ve los informativos de televisión y porque ha podido desempeñar la sortija de rubíes que heredó de su madre. Florestán es un viejo tenor que está radiante: al fin le han hecho unos implantes que le permiten cantar arias y romanzas sin que se le caiga la dentadura en los sobreagudos, como le sucedía antes para bochorno propio y ajeno. Albertina se ha liberado de su mala conciencia de falsificadora de cartillas de racionamiento y de la adicción a Jorge Javier Vázquez. Además cuando acabe Angelina o el honor de un brigadier se hará más jardielera todavía leyendo el ¡Haz reir, haz reir! que le ha recomendado el propio Homper.

6

Claro que, para hacer reír de verdad, nada como el desparpajo y la desinhibición del cuarto de los Positivos, Bernabé, comandante jubilado y socio del Atlético de Madrid. -Yo les comuniqué a mis compañeros que padecía un cáncer de vejiga y que, con perdón de las señoras, lo iba a afrontar con espíritu militar-dijo-: punto uno, con dos cojones. Punto dos: optimizando los recursos. Punto tres, explotando el éxito. Reconozco que los del punto uno se me pusieron de corbata cuando me explicaron que la operación consistía en una resección transuretral, oséase, que el bisturí mágico me lo iban a meter por el mismísimo canutillo del regocijo, que sólo recordarlo me pone los pelos como escarpias. Al respective, y demostrando que había captado la metáfora, la amiga Albertina observó con malicia que el canutillo no siempre da satisfacciones, a lo que yo respondí con laconismo castrense: negativo. Pues salvo en el caso de gatillazo, que, como hombre de armas ni puedo concebir, el canutillo, en su doble función excretora y propiamente sexual, es fuente de máximo regocijo, mayormente en nuestra edad provecta. Von Clausewitz, Maquiavelo y otros tratadistas mantienen que el concepto de poder en el hombre evoluciona con la edad, siendo así que en la juventud el poder es, sobre todo, y con perdón por la expresión, poder follar, en la madurez poder mandar, y en esta vejez en que tanto luchamos por mantener enhiesto el pabellón, consiste mayormente en poder…¡mear! Y no vean ustedes el miedo que tenía yo al bloqueo miccional después de la anestesia, la jodida sonda y todas esas travesuras que menoscaban la gallardía de una verga militar…

7

En este punto el comandante Bernabé hizo un alto, bebió medio vaso de agua, secó su bigote con un pañuelo y prosiguió su discurso en un tono menos épico y con los ojos abrillantados por el esmalte de la emoción. -Ilusionado al saber que la que me iba operar era una uróloga de muy buen ver –continuó el ilustre soldado- quise optimizar los recursos y explotar el éxito intentando retrasar la acción de la anestesia al objeto de sentir unas manos femeninas maniobrando en misión de servicio sobre mi intimidad…Luché como un jabato, pero no pudo ser. Eso sí, cuando veinticuatro horas después de operado otras manos angélicas me retiraron la dichosa sonda y este menda tuvo que quedarse sólo ante el peligro…tuve la satisfacción y el orgullo de sentir que el regocijo fluía de nuevo por el canutillo en forma torrencial. Primero, del color de un reserva de Rioja, al cabo de un rato como rosado de Navarra, después tal que un amontillado, luego cual manzanilla y a los dos días claro como el agua del arroyo… Al comandante Bernabé se le saltaron las lágrimas. -Y la verdad, no se qué guerra seguirá dando el puñetero cáncer, pero esta batalla la hemos ganado.

8

Parece que lo dijo en tono heroico, pero lo cierto es que los Positivos se lo tomaron a risa, y al poco tiempo el jolgorio del comandante y de toda la residencia que había seguido su discurso era un puro disparate. Como la vida y la obra de Jardiel que ahora, en forma de libro, tenía entre sus manos tía Albertina. –¡Haz reír, haz reír!-decía mostrando la portada al aguerrido Bernabé. Tengas lo que tengas, aunque sea un cáncer.  

La excelencia o la vida

Eb muchos órdenes de la vida lo mejor es enemigo de lo bueno...

En muchos órdenes de la vida lo mejor es enemigo de lo bueno…

1

Solo en el campo. Crees que es uno de los privilegios de la jubilación. Se va la familia, te das un paseíto bajo las estrellas, te encierras en casa y te llenas de descanso. Pones un poco de orden, apagas las luces que se dejaron encendidas, cierras las puertas que a  tus hijos y nietos no les importa mantener siempre abiertas y antes de acomodar tu maltrecha osamenta en la cama –labor delicada en estos momentos- te sientas en el sofá, junto a la chimenea, y respiras.

De repente tu vista se detiene en un detalle sin importancia, pero que siempre te ha desasosegado. Varios de los cuadros sobre los que cae tu mirada están torcidos. Pasa en las mejores familias, y no todas le dan la importancia que acusa tu malestar. ¿Por qué? De la misma manera que los que se lo pueden permitir contratan entrenadores personales o paseadores de perros, debería haber un servicio de vigilantes de cuadros torcidos. A menudo vas a casas de categoría, con muebles buenos y cuadros aún mejores, y observas que algunos de estos basculan hacia un lado. No te puedes reprimir, si puedes te levantas, pides permiso y los equilibras. Tus anfitriones a menudo se quedan pasmados. Allá ellos.

Sin embargo esta noche en tu propia casa no haces nada. Te molestará irte a la cama con este nuevo desarreglo en tu vida, te parece natural. Sufres tantos desperfectos de difícil solución, que por qué te vas a desvivir para maquillar de bonito la envoltura de tu existencia.

No duermes peor por eso.

2

Tu amigo el marqués de Betanzos ha hecho una gran carrera como diplomático y abogado guiado por el afán de excelencia en todo lo que hace. Le ha ido muy bien. La norma no se limita a su modus operandi profesional, sino al resto de su vida. Espoleado por su exquisita esposa, que es una fanática controladora del orden, de la calidad y del buen gusto, es difícil sorprender en ninguna de sus casas no ya un cuadro torcido, sino tan sólo un pelo de su perro de confianza en alguno de los almohadones del sofá. Ambos pertenecen al selecto club de los perfeccionistas, del que te hubiera gustado ser socio, y del que te alejas cada día más. Echando la vista a atrás, incluso se puede decir que tu vida entera parece  modelada por la chapuza y el conformismo. No fuiste estudiante destacado. Nunca peleaste por lo mejor. Tu carrera ha sido tan importante que nadie te recordará por ella. Ni siquiera te has exigido un nivel  para hacer el gamberro en la radio o para lanzarte a escribir. Cada vez sabes menos de vinos y de restaurantes, no has probado las delicias criofilizadas de el Bulli, y además no te importan lo más mínimo. Y poner en marcha cualquier tentativa de eso que se llama negocio te ha parecido tan exigente a la hora de decidir y, sobre todo, de esforzarte y hacer esforzarse a los demás, que definitivamente has llegado a la conclusión de que no tienes carácter para ello. La excelencia no es para ti.

3

Por eso te ha aliviado mucho ver Whiplash, una película de Damien Chazelle que se sitúa en una escuela de jazz en la que el profesor Terence Fletcher machaca literalmente a sus músicos en aras de una excelencia que se va transformando poco a poco en la antesala del infierno. El rigor y la crueldad del prestigioso maestro que encarna con singular vesania el oscarizado actor J.K. Simmons se centra especialmente en un joven baterista, al que sangra literalmente para obtener de él una velocidad de ejecución y un número imposible de percusiones en la interpretación de la pieza que da nombre a la película.  Sangre, sudor y lágrimas. El chico enloquece, claro. Satisfecho a pesar de todo, y aunque en el camino de su meritorio calvario haya perdido a una novia estupenda.

La película es magnífica, pero Jesús, qué sufrimiento. El protagonista alcanza el cielo de la gloria musical, aunque a tal coste que piensas si verdaderamente merece la pena ser número uno en nada. Sabes que nadie regala el éxito, y que cualquier logro es, ante todo, trabajo. Sabes también que ninguna escuela de negocios para JASP y pequeños nicolases te compraría una propuesta tan poco ambiciosa como la tuya. Pero a estas alturas de la vida, te atreves a sugerir que el afán de ser el mejor no obnubile la razón, ni obligue a nadie a elegir entre la excelencia o el  dulce encanto mediocre de lo que viene siendo vivir.

Dolores, dudas y merluza frita

Sólo tengo claro que no tengo nada claro...

Sólo tengo claro que no tengo nada claro…

1

Te llama Homper para interesarse por tu salud cuando, antes de responderle, haces una cosa muy tuya, que es salir por la tangente con otra pregunta de tu cosecha.

-Oye, ¿tú cuando vas a hacer merluza frita qué orden sigues en el rebozo? ¿Primero pasas la pieza de merluza por el huevo batido y luego por la harina o al contrario?

Homper hace honor a su nombre y se convierte una vez más en el Hombre Perplejo. Pero es buen amigo, te conoce, y no te manda a hacer puñetas ni elude la respuesta. Dice que desde que vive solo no fríe pescado, porque el chisporroteo del aceite pone perdida la cocina y atufa hasta el hueco del ascensor, que no se sabe por qué los ascensores tienen ese poder para acumular los efluvios de las ollas vecinales. Y añade que cuando alguna vez su asistenta le fríe merluza se ausenta de casa y sale a pasear el perro de la vecina, que es enfermera y a cambio le pone las inyecciones cuando procede y le trae perrunillas de su pueblo.

-La casa donde vivo es una sociedad de auxilios recíprocos- matiza- Pero estando como estás…¿por qué te preocupa tanto  la fritura de la merluza?

2

Le dices que desde que te sacaron la tarjeta amarilla no lo puedes evitar, pero te pasas el día haciendo arqueo de casi todo: de tus haberes, de tus deberes, de tus quereres y de tus saberes. Lo primero te lleva poco tiempo, lo segundo te acaba atormentando la conciencia, y lo tercero y lo cuarto te entretienen bastante, pero a veces te descolocan. Por tu curiosidad natural peinas todos los días los medios y te das cuenta de que, al margen de la fe de horrores nuestros de cada día, la mayor parte de su contenido son noticias del futuro. Por ejemplo, se buscan futuros moradores para Marte. Por ejemplo los coches sin conductor circularán en el Reino Unido a partir de 2015. Por ejemplo, Fujitsu incorpora a sus celulares un sensor de huellas dactilares para saber si los están utilizando sus propietarios o no. Por ejemplo, la ciencia calcula que en 2045 podrá garantizarse la inmortalidad del cuerpo humano. Por ejemplo, si el calentamiento global llegara a derretir el manto de hielo de Groenlandia el nivel el mar subiría siete metros. Nadie sabe qué suerte correrán entonces los pobres osos polares. El horizonte en general es esperanzador por una parte, pero tan apocalíptico por otra que puede que en tres o cuatro décadas la humanidad tenga que asistir espantada a la aparición de las primeas patas de gallo de la Preysler.

Santo cielo! –se le escapa a Homper al otear lo que se nos viene encima.

3

-Claro- confirmas- Por lo menos inquietante. Y como yo al menos ya he vendido todo el pescado y no tengo que ir de joven, ni de moderno, ni de estar à la page, me puedo permitir el lujo de caminar sólo sobre lo que se. Me siento más cómodo pisando suelo firme.

No te pones luego demasiado socrático, aquello de solo se que nada se. Algo sabes. Pero a la vejez viruelas, las sorpresas que te da la vida son tantas que muchas de las cosas más sencillas las ignoras, y otras que creías saber a ciencia cierta resulta que no son lo que creías. Sigues sin entender cómo el mar es una marioneta en manos de la luna, que tira de sus cuerdas o las recoge según le peta. Y aunque te lo han explicado mil veces tampoco entiendes por qué nuestro Catalina, que tanto nos complace y nos inspira, se ve más grande en el orto que cuando vuela en busca del zenit. Hace unos meses, en un debate bloguero de gran altura intelectual sobre el modo de administrarse el supositorio, la preclara periodista Begoña Ortúzar, con ese aplomo que le da haber nacido en Bilbao, mantenía que el curioso pequeño obús medicinal no debía introducirse en la retaguardia por su parte afilada, sino por la plana, sembrando en ti dudas que antes no tenías. La lógica y tu querida mamá te enseñaron a empujar por la base para que la puntita penetrase mejor por el mismísimo culito. Qué sinvivir que no haya unidad de doctrina al respecto.

4

Algo parecido te ha pasado con el rebozo de la merluza. Tú jurarías que cuando entrabas en la cocina para jugar con Morito, el gato negro de la vieja casa de Serrano, y veías a Catalina -que por cierto, se llamaba como la luna- friendo pescado, el orden del rebozo era primero el huevo batido y después la harina. Has vivido toda tu vida en esa convicción. Y ahora que cuidan de ti tantos amigos marmitones y amigas cocineras te vienen a decir que no, que es justo al contrario, y que en tu casa comíais el pescado mal frito.

-Imagínate el disgusto- te lamentas a Homper- Ya no puede uno estar seguro de nada…

-Te comprendo- dice Homper con un gesto de resignación- Pero en fin, consuélate, no hay mal que por bien no venga. Si tu problema de hoy es que el rebozo de la merluza te está quitando el sueño, quizás eso quiere decir que no es tan mal como dices.

A lo mejor. A lo mejor. Pero por favor, si alguno de tus lectores de verdad te aprecia, que te confirme al menos que las cortinas de la ducha tienen que caer por dentro del borde de la bañera, y no por fuera. No vaya a ser que también en eso estés equivocado.

Otra ilusión pendiente

De repente, un antiguo amigo  reaparece para animarte y para invitarte a Sevilla, y crees que esa ilusión va a ser tu mejor terapia...

De repente, un antiguo amigo reaparece para animarte y para invitarte a Sevilla, y crees que esa ilusión va a ser tu mejor terapia…

1

Dicen que cada siete años se renuevan las células del cuerpo humano. ¿Cómo podemos seguir siendo los mismos al cabo de medio siglo? Desde que te enteraste de ello se te han renovado las tuyas no menos de siete veces. Lástima que algunas de las últimas mutaciones no dieran el mejor resultado.

Da igual, algunas cosas no cambian. Hace cincuenta años tú acababas de descubrir a Ramón Gómez de la Serna. Sobre una de las guardas finales de su Automoribundia, un ejemplar encuadernado en cartón amarillo que conservaba tu padre como un tesoro, éste había escrito a mano: es el mejor libro que he leído en mi vida. Tú discrepabas con tu padre en muchos asuntos, pero no en su admiración por Ramón. Leíste su autobiografía, irónicamente titulada a la contra, con apasionamiento y admiración. De aquel tipo original y un punto gamberro, capaz de escribir greguerías tan geniales como la dedicada al seltz, agua con agujeritos que sabe a pie dormido, y de convertir el torreón de la calle Velázquez, donde vivía, en un museo de curiosidades y objetos fascinantes entre los que se encontraba una muñeca de cera de tamaño natural, envidiabas su audacia, su ingenio y su poesía traviesa

-Trueno: –decía otra de sus greguerías- Caída de un baúl por las escaleras del cielo.

A veces la inspiración se disfraza de broma.

2

Algo parecido al refugio de Ramón con sus hallazgos del Rastro madrileño encontraste muchos años después en la casa de Pablo Neruda en Isla Negra, repleta de juguetes, cerámicas pintorescas, artes de pesca y mascarones de proa de antiguos navíos que flotaban por los salones como golondrinas varadas. La casa, rodeada de rocas contra las que rompían las olas del Pacífico, era un lugar para pasar unas vacaciones escribiendo o pintando, o para suicidarse en plan teatral. A ti el chileno, elegante poeta, te caía más bien antipático por su sinuoso pasado, y te parecía incluso cargante cuando le escuchabas declamar sus propios poemas con esa voz gangosa de pavo con vegetaciones que quiere enfatizar su lírica arrastrando los versos. En cambio Ramón se te antojaba un tipo simpático, surrealista y nada pretencioso, con sus patillas de hampón un poco paleto, su pipa y su traje de banquero de provincias, tal como aparece en La tertulia del café Pombo. Era un gran amante del circo. Un día impartió una de sus conferencias desde lo alto de un trapecio, y otro encaramado a lomos de un elefante, y él mismo se tituló Cronista del circo, título menor con el que posiblemente quisiera disimular su descomunal talento.

Cuando descubriste a Gómez de la Serna, no eras el mismo que ahora. Afortunadamente, Eras siete generaciones de células más joven, lo que quiere decir más inocente, más sano, más soñador, más juguetón y más impresionable. Pensabas que ser ligeramente ramoniano, aunque sólo fuera un poquito, era una forma de no pasar por la vida como una ameba irrelevante.

3

Un día te regalaron dos entradas para una sesión nocturna en el viejo Circo Price. No debieron de mostrar gran interés ninguno de tus hermanos en acompañarte, y tampoco te atreviste a decírselo a la chica que te gustaba.

-¿Ir al circo por la noche? –temiste que te dijera ella -Ya no tenemos edad para esas cosas.

Y acabaste ofreciendo la entrada a un compañero de primero de derecho que conocías poco de las aulas –no las frecuentabas mucho para ser exacto-, pero que te caía bien. Se llamaba José Guillermo Zubía, un vasco de Oñate que, por caprichos del destino, había nacido en Sevilla. Era un tipo simpatiquísimo y listo con voz de ochote (registro bajo) que posiblemente aquella noche no tenía plan. Ignoras si se hubiera considerado muy ramoniano, pero le gustaba el circo. El caso es que conservas en tu memoria ese extraña velada como una greguería graciosa, intrascendente, pero inolvidable. Aquella insólita noche de circo fue el primer eslabón de una amistad apenas pespunteada por diez o doce encuentros a lo largo de casi medio siglo. El se instaló en Vitoria como empresario importante y cuando venía a Madrid, convocaba un encuentro con los viejos compañeros de facultad. Al último no pudiste acudir, porque tu dichosa neoplasia te crujía la espalda.

4

El mensaje que te llegó al móvil entonces se dirigía a Siul, que es como te conocen algunos de la época en que te gustaba hablar al revés. Él era Epep Aíbuz Aeniug y tú Siul Aloreugif-Itterref. Te echamos de menos –decía el bueno de José Guillermo-. Se que no estás pasando buenos momentos, y quería darte un abrazo y decirte (y esto lo dice un vasco siempre en serio) que me tienes a tu disposición para lo que quieras…Me ha dado una ventolera y me he comprado un apartamento bastante amplio en Sevilla. Nada me haría más ilusión que cuando estés en condiciones te vinieras a pasar el tiempo que te apetezca…Ánimo y, como decimos aquí, Aurrerá.

Con el tiempo se renuevan las células de nuestro cuerpo, como recordabas, y con ellas también nuestras ideas, nuestros gustos, nuestras expectativas. Ahora que te balanceas como un funámbulo circense entre el ser y el qué será, te han entrado unos deseos irreprimibles de recuperar todo lo grato y divertido que quizás sin darte cuenta has ido dejando atrás en tu camino. Hay que imaginarse, abril en Sevilla, un vasco de Oñate nacido en Hispalis y un duende más evanescente que nunca que se ríen juntos como aquella noche de circo de otro siglo. No te lo quieres perder. Igual que Ramón, piensas que la vida es demasiado puñetera como para no ponerle ilusión y sentido del humor.

Entre los ángeles

Hay visiones de la naturaleza que le hacen a uno creerse un ángel...

Hay visiones de la naturaleza que le hacen a uno creerse un ángel…

1

Sólo unos días antes de esta Navidad despertaste en el campo y miraste al amplio valle del Tiétar. Lo que en otros días claros de anticiclón es panorama de encinares y de una especie de sabana africana que la vista extiende hasta la sierra de Guadalupe, parecía un mar de nubes blancas cuyas olas morían contra las laderas de Gredos. Crees que el fenómeno se da cuando las altas presiones producen lo que los meteorólogos llaman inversión térmica. El caso es que Candeleda y las tierras del valle quedaban bajo una espesa capa de niebla mientras tú desde tu casa disfrutabas de un sol radiante y veías cómo el Almanzor nevado acogía entre sus larguísimos brazos ese mágico mar improvisado por el amanecer. Te pareció un espectáculo natural fascinante. Por un momento imaginaste que sólo los ángeles y tú podíais gozar de tal privilegio.

2

Pero…¿existen los ángeles? ¿Y es verdad que no tienen sexo? ¿Será cierto que a todos protege un ángel de la guarda? En esta materia, como en casi todas, sigues apacentando tus dudas. Sin embargo, desde que la enfermedad te obliga a pensar más tienes la sensación de que eres rico en ángeles vigilantes y cariñosos. El que se presentó ayer en tu casa con un bizcocho de limón para felicitarte la Navidad es Inés. Es una excelente fotógrafa, está casada y es madre de tres hijos, pero te sigue llamando jefe, pese a que va hacer casi veinte años que dejasteis de trabajar juntos. Otros ángeles del sexo femenino llevan el nombre de Alicia, Ana, Ángeles –es un ángel plural- Begoña, Beatriz, Carmen, Carolina, Conchita, Francisca, Isabel, Julia, Lola, Lucila, María, Marta, Paloma, Pilar, Rosario, Silvia, Soledad, Teresa…No hay last ni least, porque para apuntalar el alma tanto te vale un jamón de pata negra como una simple llamada telefónica. Como te sirve también la atención de Borja, Carlos, Eduardo, Javier, José Pedro, Manuel, Miguel Ángel, Paco, Pepe, Quico, Rafael, Ramón, Rubén, Víctor y alguno más, que son del sexo masculino y que te han acompañado y ayudado a lo largo de este tiempo de mil maneras distintas. Tienes ángeles amigos que son hoteleros rurales, psicólogas, altos funcionarios, médicos, coralistas, abuelos y abuelas, compañeros de la radio, empresarios, amas de casa, jubilados, artistas. Otros son embajadores, y en la parte insospechada de su curriculum mantienen aficiones tan singulares como la cría de burros.

Afortunadamente, de todo hay en tu viña. No es como la del Señor, pero tampoco te puedes quejar.

3

Creías que esa legión podría rondar por allí, y compartir contigo esa percepción de poderío sobre la belleza que te ponía en bandeja el día. Aún esperas y deseas que les llegue. Ojalá puedan ver el mundo, la vida y la Navidad como si de verdad volaran entre los ángeles.

La felicidad, manda castañas

Nadie sabe la cuota de felicidad que cabe en una castaña bien asada...

Nadie sabe la cuota de felicidad que cabe en una castaña bien asada…

1

La luna había sido esta noche generosa y guapa, como siempre es de esperar en ella. Sin embargo tú has caído del sueño entre su esplendor que se iba y el del día otoñal que ya despertaba. Lo cual que, envuelto en la soledad y el silencio del campo, entre el barboteo de la primera cafetera y ese cri-cri de un par de carcomas que roen algunas vigas de la casa y ya forman parte de la familia –qué remedio: no hay quien las eche-, te ha generado una cierta sensación de amanecer incierto, dividido entre dos luces. De una parte, lo que como adulto debes vivir por fuera y, de otra, lo que, con el egoísmo de un niño que aún mantiene alguna ilusión, sientes por dentro. Lo primero es una fuerza centrípeta, que viene del exterior, y te convierte en una especie de esponja obligada a absorber todo lo que proyecta sobre tu vida el infinito y agitado mundo. Hablando en plata: quisieras que no fuera así, pero te afectan y te amargan el día las noticias: la incertidumbre del momento político y económico, la miseria moral que aflora por doquier, la pérdida de referentes ejemplares y la cada vez más profunda duda sobre la capacidad de aprender de la historia que sigue demostrando el necio género humano.

-Cuanto más lo conozco–anotas en tu dietario sin citar ejemplos de aberraciones, granujadas y abundantes estulticias de plena actualidad- más tendría que amar a mi perro. Bueno, a mi perro y a todas las criaturas irracionales…

No te queda más remedio que blindarte para sobrevivir. Eso sí, agradeces  una vez más no ser político, columnista, tertuliano, polemista, sociólogo, moralista, psicólogo social o vulgar chisgarabís radiofónico. No sabrías qué carajo decir ahora para ganarte el sueldo sin caer en una de esas obviedades machaconas que ya tienen aburrido al personal.

2

Lo segundo es una fuerza centrífuga, que parte de ti y que desearías hacer estallar como un castillo de fuegos artificiales, por si puede expandir algo de optimismo.

Ocurre que esta semana vas dejando atrás tu segunda gran batalla contra el cáncer. No sin heridas de guerra, conste. Tu estado es manifiestamente mejorable. Andas vacilante como un zombi que sale a pinchar plan el sábado noche o como la duquesa de Alba cuando se arranca por rumbas. Pero estás convencido de que, superadas las indignas e inconfesables secuelas de la dichosa quimioterapia, volverás a darte friegas con esos pequeños placeres que te enganchan al gusto por la vida.

De la quietud convaleciente has sacado partido de momento embarcándote en El hombre que amaba a los perros, una excelente novela del cubano Leonardo Padura que a pesar de la ternura de su título se centra en el asesinato de Trotski. El libro te lo recomendó tu amiga Aldara, que aparte de ser muy mona tiene un excelente criterio. Te ha servido para refrescar la historia del convulso siglo XX, para rearmarte contra los horrores del sectarismo y de la intolerancia y para embarcarte una vez más en el placer de leer junto a la chimenea mientras la lluvia del otoño tamborileaba el ventanal.

Además –no sólo de letras vive el hombre- anoche diste un paso decisivo en tu vida. Por primera vez en tu breve biografía de cocinilla compraste y cocinaste unas acelgas que, debidamente limpiadas, hervidas al dente y rehogadas con un poquito de ajo y una mezcla de pasas y piñones te han sabido exquisitas. Hay experiencias que marcan.

Te queda para cuando caiga la tarde dar un breve paseo bajo los castaños y coger unas pocas castañas. Asarlas, calentarte las manos con ellas. Sentir su aroma y evocar aquella fase de tu vida en la que no veías problema alguno, ni por dentro ni por fuera. Volver a cuando creías que el summum de la felicidad era un domingo de noviembre, una película de vaqueros en el cine Colón y comprarte a la salida un cucurucho de castañas asadas.


Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Mis servicios:

El mejor regalo a un ser querido

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,241,410 hits

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 263 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: