Doctrina común que se impone: la norma y los tribunales son respetables mientras nos den la razón (Tribunal Constitucional). Y las autoridades académicas o morales más o menos igual. Es el imperio del estado de derecho de plastilina y del relativismo. Viva la ley que me gusta, y la Ley del Embudo –lo ancho para mí, lo estrecho para ti- cuando no me acaba de convencer. Para qué vamos a complicarnos la vida.
Como este blog no quería ser menos, también debe sumarse al clamor generalizado contra la inexplicable ocurrencia de la ministra González Sinde. O sea, que viene un mandado de Presidencia de Gobierno al que no le mola el Duende o sus comentaristas y nos quedamos sin bitácora. ¿Cómo le han colado ese disparate a esa patena de la pureza democrática que es el santo Zapatero?
Será por lo que siempre denunciaron los filósofos y moralistas. El poder absoluto, corrompe, pero el poder que, sin ser absoluto, es excesivo, anula la crítica, y por tanto fomenta la ceguera del que lo ejerce. Al punto de que llega un momento en que al baranda, convencido de que el mundo es como lo ve él, porque nadie le dice lo contrario, le parece normal cualquier exceso de su agrado. Alarma: las pajines y los pelotas le están segando la hierba bajos los pies al gran líder orbital.
Como dice el poeta, nos queda la palabra. Los académicos de la Lengua siempre han sido blanco de muchas críticas. Pero desde que uno es un modesto espadachín del lenguaje ha cobrado aprecio por ellos. En la batalla entre lo que se debe hablar y escribir según los inmortales o el coñazo del lenguaje políticamente correcto, siempre procurará estar el Duende con lo primero. Aunque quizás no tanto como para tener siempre presente las 3.800 páginas, 40.000 ejemplos, 3.700 obras y 307 cabeceras de periódicos y revistas utilizadas para las citas de la Nueva Gramática de la Lengua Española.
Es un alivio saber que García de la Concha, director de la docta casa de la RAE, dice que la fórmula feminista que pretende hacer visible la figura de la mujer en cualquier expresión –ciudadanos y ciudadanas, por ejemplo- “confunde el sexo con el género, forzando algo que contradice una ley básica: la economía de la lengua, decir con la menor cantidad de palabras posible la mayor cantidad posible de ideas”. ¿Será que hay que inflar la nada como si fuera una palomita de maíz?
Tenía que presentar el Duende un acto para la Fundación Aprocor y vivía sin vivir en él. Es ésta una ONG que se dedica a los discapacitados psíquicos –personas con discapacidad intelectual, le dijeron que sería mas correcto. Y en el acto había autoridades y autoridadas, colaboradores y colaboradoras y amigos y amigas. Aparte de trabajadores y trabajadoras, coordinadores y coordinadoras, psicólogos y psicólogas y, como en toda celebración con coktail, canaperos y canaperas. Jesús, qué sinvivir. Estaba tan pendiente de la corrección que se puso nervioso, se saltó el protocolo deseable y acabó hablando como se entiende la gente. Disculpen ustedes, pero ya estoy mayor y se me va la olla…Salvó el compromiso.
Luego, en la copa, comentaba esta nueva neurosis del lenguaje con Iñigo Muguiro, y apuntában la paradoja de que, cuanta más corrección política se le pide, menos corrección gramatical se le exige. No ya en la sintaxis o en la morfología, sino también en la ortografía. Por ejemplo: a él cada día hay más gente que le registra como Mugiro, y al Duende -¡ay!- como Figerola. Ya lo denunciaba nuestro amigo Zoupon con la lucidez y la zumba que le caracteriza: España es el mayor parque temático de la majadería. Claro que donde él dice majadería, el pueblo quizás escribiría guilipollez.







Ya lo avisó el Duende en uno de sus primeros posts: no le pongas cara a la voz que te seduce. La radio tiene su magia, y la red no digamos. No es que ambos ofrezcan un espejo engañoso de la realidad, es que presentan otra realidad que no sabemos si es virtual, ideal o simplemente tramposa. La alegoría perfecta de tal fenómeno la hemos vistos estos días en la prensa. Una pareja rumana que se odiaba buscó consuelo en internet. Cada uno chateó por su cuenta hasta que, con todos los pronunciamienos favorables, creyó dar con en al amor alternativo. Ésta (e) sí que me comprende, éste (a) sí que me ama de verdad, y no el (la) canalla con el (la) me que casé, pensaron. Cita a ciegas. Y batacazo: al fin ella era la mujer de él, y él el marido de ella. Se habían enamorado en el territorio mágico de la red los mismos que se separaban por no poder aguantarse en la vida real. Muy pragmáticos ellos, valoraron más la experiencia que lo imaginado, y acabaron, ay, rompiendo definitivamente. Aquí hay guión. Y reflexión.


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